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INTERCESIÓN: La Oración con Dolores de Parto (10).

INTERCEDIENDO CON LA AYUDA DEL ESPÍRITU SANTO (Continuación)…

Todo esto está de acuerdo con lo que Pablo dice: “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu (por el Espíritu Santo en mi) ora.” (1Cor. 14:14). EL GEMIR EN ORACIÓN Y EL HABLAR EN LENGUAS ES EL ESPÍRITU SANTO AYUDÁNDONOS A ORAR EN INTERCESIÓN ESPIRITUAL. Por ello, una de las armas más poderosas que pueden ser usadas en la oración es el orar en lenguas. Tal como lo afirma 2Cor. 10:4, “Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.” Hay fuerzas del enemigo – fortalezas de Satanás – que nunca serán destruidas hasta que aprendamos a usar esta arma de la oración en lenguas.

En relación con esto, tratemos ahora algo acerca del PARTO ESPIRITUAL Y A LA ORACIÓN INTERCESORA. Los dos están relacionados. Pero muy pocas veces escuchamos que se trate del primero. Escribiendo a la iglesia de Galacia, Pablo dijo: “Hijitos míos, por quienes VUELVO A SUFRIR DOLORES DE PARTO, HASTA QUE CRISTO SEA FORMADO EN VOSOTROS.” (Gál. 4:19). Pablo ya había sufrido dolores de parto por ellos, pero el continuó orando, HACIENDO INTERCESIÓN EN EL ESPÍRITU POR SU CRECIMIENTO ESPIRITUAL. Es muy importante notar la secuencia de ese crecimiento. Ellos habían nacido de nuevo. Habían sido llenos del Espíritu. Pero Cristo aún no había sido formado en ellos como debiera. No habían crecido en Cristo. En vez de estar sanamente desarrollados en Cristo, el crecimiento se había detenido, y según el contexto se debía a que habían vuelto a retroceder bajo la ley. ¿Es esto posible? Pues esto es lo que claramente se desprende del contexto del pasaje. En nuestros días aunque no fuese “la ley” hay un sinfín de situaciones similares que impiden el crecimiento de los nuevos convertidos. Tal vez podríamos resumirlas en una frase, como por ejemplo, amor al sistema mundano de vida.

Por ello, la tarea de los intercesores es orar para que Cristo sea formado en los nuevos creyentes (“bebés espirituales”). Atendamos a la siguiente escritura:

“¿Quién oyó cosa semejante? ¿Quién vio tal cosa? ¿Concebirá la tierra en un día? ¿Nacerá una nación de una vez? Pues en cuanto Sión estuvo de parto, dio a luz a sus hijos. Yo que hago dar a luz, ¿no haré nacer? Dijo Jehová. Yo que hago engendrar, ¿impediré el nacimiento? Dice tu Dios.” (Isaías 66:8,9).

Muchos piensan que esta escritura sólo se refiere al renacimiento y reconstrucción de Israel como una nación tal y como hemos visto.

Pero si leemos detenidamente Hebreos 12:8-21, vemos que estos verso se refieren al monte Sinaí donde fue dada la ley; tiene que ver con Israel. Pero a los creyentes hebreos que habían nacido de nuevo, Pablo les dijo: “sino que os habéis acercado al monte de Sión.” Como si les dijera: “No os habéis acercado al monte Sinaí. Os habéis acercado al monte de Sión.”

Y del monte Sión dice en Hebreos 12:22-24 lo siguiente:

22. Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

23. a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

24. A Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

De manera que de una cuidadosa lectura se desprende que cuando Isaías profetizó sobre el monte de Sión, se estaba refiriendo a todos aquellos que creen en Cristo.

Con este pensamiento en mente repasemos nuevamente Isaías 66:8,9 y Gál. 4:19 en nuestras biblias. Concluyendo este punto, Pablo les dice a los gálatas, “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto.” En otras palabras o parafraseando les dice, “he sufrido dolores de parto por ustedes al nacer. ¡Y ahora estoy sufriendo dolores de parto para que Cristo sea formado verdaderamente en ustedes!”

A la luz de los pasajes vistos, nuestro texto en Rom. 8:26,27, cobra un nuevo significado. Leámoslo con atención una vez más. Ahora bien, cuando una mujer da a luz un hijo (ilustración usada tanto por Isaías como por Pablo), ella sufre dolores de parto en el nacimiento. Ella gime. ¿Saben algo? La razón por la cual pocas personas están siendo salvas, y que muchas conversiones nunca llegan a nada, es que Dios no quiere conversiones. ¡Él quiere nacimientos! Pues en cuanto Sión estuvo de parto, dio a luz a sus hijos. Si no hay partos, no hay hijos. Esta es la mejor manera de que haya multiplicación en la iglesia.

¿Sabemos algo acerca del parto espiritual con gemidos? Creo que sabemos bastante poco. Pero muchos no saben nada. Y en muchas iglesias si los creyentes comenzaran a gemir y a llorar quebrantados por la carga de la salvación de las almas en el altar, molestarían a la gente, que digo, ¡a los mismos cristianos! Hasta algunos comentarán con aire farisaico: “Nosotros no vamos a permitir estas cosas en “nuestra congregación””. Entonces… ¡tampoco van a tener nacimientos! Esta es la mejor manera de que haya multiplicación en la iglesia.

De la misma manera, podemos interceder por los santos, recordando lo que Pablo nos enseña: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a tener dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros.” (Gál. 4:19). Es decir, que él tuvo dolores de parto por ellos en oración hasta que crecieron como cristianos fuertes. Qué diferente sería el resultado de tantas vidas, que habiendo conocido a Cristo, terminan en la desdicha y el abandono de su fe si en la iglesia hubiese grupos fuertes de oración que estén intercediendo por los nuevos creyentes. Esta es la mejor manera para que los bebés espirituales crezcan y se conviertan en discípulos fuertes.

La oración es un arma sobrenatural muy poderosa. Generalmente pensamos que con buenos estudios bíblicos haremos buenos discípulos, y que “Cristo será formado en ellos.” En parte es verdad, pero esto es sólo un aspecto. El otro es que se necesita el poder sobrenatural de la oración. Es lo que hará el cambio en el carácter de las personas. Pablo comenzó muchas iglesias, pero si los creyentes crecían espiritualmente era porque él, aparte de enseñarles todo el consejo de Dios (Hchs 20:27), los presentaba en oración con la misma intensidad del principio, sufriendo dolores de parto espiritual hasta que Cristo fuese formado en ellos (Gál. 4:19). ¡Cuanto ganaríamos en eficiencia si aplicáramos este modelo!

 

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