La Importancia de la Oración (9)

11. Hay una razón más por qué e necesaria la oración constante, persistente, desvelada y victoriosa, y es poderosa: Por lo que la oración hace.

(1) La oración promueve nuestro crecimiento más que cualquier otra cosa con excepción del estudio de la Biblia; y el verdadero estudio de la Biblia y la oración sincera son compañeros inseparables.

Es por medio de la oración que mi pecado más oculto se pone a descubierto. Cuando me hinco ante Dios y oro: “Examíname oh Dios, y conoce mi corazón: pruébame y reconoce mis pensamientos; y ve si hay en mí, camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Sal. 139:23, 24). Dios hace que los rayos penetrantes de su luz lleguen a los recintos mas recónditos de mi corazón y los pecados que nunca había sospechado se descubran. En contestación a la oración Dios me lava de mis iniquidades y me limpia de mi pecado (Salmo 51:2). En respuesta a la oración, mis ojos se abren para ver las maravillas de la Palabra de Dios (Salmo 119:18). En contestación a la oración, obtengo sabiduría para conocer los caminos de Dios (Sant. 1:5), y fuerza para andar en ellos. Cuando encuentro a Dios en la  oración y veo su rostro, soy transformado de gloria en gloria (2 Cor. 3:18). Cada día de la vida de oración  me encuentro mas semejante a mi Señor glorioso.

Juan Welch, yerno de Juan Knox, fue uno de los hombres mas felices en la oración que jamás ha vivido en este mundo. Consideraba el día mal empleado en el que no pasaba siete u ocho horas a solas con Dios en oración y el estudio de su palabra. Un anciano, hablando de él después de su muerte, dijo: “Era un tipo de Cristo”.

¿Cómo llegó a ser tan semejante a su Maestro?

Su vida de oración explica el misterio.

(2) La oración hace poderosa nuestra obra.

Si deseamos tener poder para cualquier trabajo al cual Dios nos llama, sea de predicación, de enseñanza, de obra personal, o la crianza de nuestros niños, podemos conseguirlo por medio de la oración ferviente.

Una mujer una vez en desesperación me vino a visitar, trayendo un niño incorregible y dijo: ¿Qué debo hacer con él?

Pregunté: ¿Ha probado alguna vez la oración?

Contestó que creía haber orado por él. Le pregunté si había orado definitivamente y con esperanza de su conversión y la formación de un buen carácter. Contestó que no había orado definitivamente. Comenzó aquél mismo día, y pronto hubo un cambio notable en el niño y llegó a ser un hombre cristiano.

¡Cuantos maestros de la escuela dominical han trabajado por meses y años, sin ver el fruto de sus labores, y después han comprendido el secreto de la intercesión y mediante oración ferviente a Dios, han visto a sus alumnos convertidos un por uno a Cristo! ¡Cuántos pobres predicadores han llegado a ser hombres valientes de Dios, abandonando su confianza en su propia habilidad y entregándose a Dios para esperar de él el poder que viene de lo alto! Juan Livingstone pasó una noche, con algunos compañeros de semejantes ideas, en oración a Dios y en la conversión religiosa, y cuando predicó al siguiente día en la iglesia de Shotts, quinientas personas fueron convertidas, o recibieron una inspiración definida en su ida en esa ocasión. La oración y el poder son inseparables.

Escogido del libro: Cómo Orar por R. A. Torrey

(Continúa en la próxima edición (La Importancia de la Oración (10))…

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