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Los nueve dones del Espíritu: Discernimiento de espíritus II (6)

 

 

DISCERNIMIENTO DE LA PROFECÍA

Al menos podemos considerar tres: profecía verdadera, la no-profecía y profecía falsa. Estos tres tipos pueden aplicarse a las carismas de hablar en lenguas y de interpretación.

1) Profecía verdadera. Cómo principio básico, la profecía no se da aislada sino dentro de la vida espiritual de la iglesia. Y cuando todos están unidos “en un mismo espiritu”, la profecía surge como un elemento de bendición y no aislado o “descolgado” de la situación que se está viviendo. La profecía verdadera edifica. Es decir, alienta, consuela, fortalece, da paz y gozo; hace sentir la presencia y la acción de Dios; lleva al arrepentimiento y a la conversión. La edificación recibida trae como respuesta un asentimiento interior que no es reacción emocional y que algunos llaman “testimonio interior.” Por ello, si una profecía no inspira, no ayuda, y al contrario, desanima o hiere, eso indica que no proviene de Dios. Porque Dios como Padre amoroso, reprende las faltas con firmeza pero con abundante amor, animando a cambiar y no dejando condenación ni desaliento.

2) No-profecía. La no-profecía ocurre cuando alguien habla, en forma de profecía, algo que en realidad no es un mensaje de parte de Dios. Y esto suele ocurrir con mucha frecuencia, lo que se dice puede ser bueno, aún podría ser un texto bíblico, pero en ese momento no es inspirado por Dios. No daña, pero tampoco edifica; parece faltarle poder, no encaja en el todo y deja una sensación de desconcierto, o peor aún, corta lo que hasta ese momento era una oración o canto armonioso y en el Espíritu. También ocurre el caso cuando a continuación de una profecía verdadera, la persona agrega sus propios pensamientos, su propia sabiduría. Llegan a modificar lo que al comienzo es auténtico. Por ejemplo, con sus propias ideas religiosas, sus emociones y problemas personales que no saben canalizar en los momentos adecuados. De allí la importancia de ser instruidos  “como miembros los unos de los otros”  para que al ejercer los dones (carismas) la meta sea edificar al Cuerpo en una actitud de negación del yo por amor al otro.

3) Profecía falsa. No se presenta con demasiada frecuencia y es relativamente fácil de discernir. Como es de suponer, siempre se presenta solapadamente, un contenido contrario a la doctrina de la iglesia. Puede estar inspirada por malos espíritus, como también de personas que sufren problemas emocionales o desórdenes en su vida moral y lo reflejan en palabras agrias, hostiles, condenatorias, presentadas en forma de profecía. A veces la raíz se encuentra en prácticas de ocultismo, o en grupos que andan en la búsqueda de experiencias de tipo espectacular o en el hecho de que en lugar de amor hay odio, envidias, desavenencias o alguna otra situación de pecado dentro del grupo.

CRITERIOS PARA JUZGAR LA PROFECÍA.

El don de discernimiento no necesita apoyos extraños; es un carisma o gracia de Dios que trae consigo su propia certidumbre. Si embargo de ser necesario, podemos buscar confirmación en diversos criterios. En cuanto a la falta de perfecta claridad, dice un escritor: “Nos es preciso aprender a vivir con las incertidumbres y ambiguedades inherentes a toda actividad espiritual en este mundo… la mayor parte de nuestras inspiraciones en esta vida son de orígen incierto y si queremos una certeza absoluta, jamás haremos nada. Sin embargo, si nuestra propia vida permanece francamente orientada hacia Dios, nuestro instinto para discernir en los otros lo que viene de El estará más desarrollado y será más seguro.” Por lo tanto, es importante destacar aquí, que todo cristiano debe depender para un juicio honesto de la profecía, de un conocimiento claro de la palabra de Dios por un lado, y de una experiencia de vida real con el Espíritu Santo por el otro. Tambien debemos notar que los criterios a seguir pueden ser objetivos y subjetivos:

CRITERIOS OBJETIVOS

Hablando siempre de la profecía verdadera:

1- Debe estar de acuerdo siempre con la enseñanza de la Biblia como Palabra de Dios aceptada por la iglesia.

2- Debe edificar la iglesia llevándola a la unidad y el crecimiento espiritual por el amor.

3- Suele presentarse con el amor y humildad del que en ese momento habla en el nombre del Señor.

CRITERIOS SUBJETIVOS

Hablando de la profecía verdadera, vemos que producen en la iglesia: paz, amor, gozo y humildad y en definitiva, ¡los frutos del Espíritu Santo! Es un mensaje a la iglesia en el contexto que se encuentra esa iglesia local. Por ello es importante el fruto que producirá en su seno. Si tenemos presente estos criterios, es facil comprender la prudencia con que deben recibirse muchas profecías. Cuando una profecía es espectacular o anuncia sucesos futuros, hay que tomarla con mucha reserva y no darle crédito si no es confirmada. Algunas iglesias han tenido experiencias lamentables debido a que tales profetas intervenían en el gobierno de las iglesias y los nombramientos en su liderazgo. En la vida personal es aconsejable no tomar decisiones a base de profecías que dígan lo que una persona o grupo debe hacer. Los profetas no están llamados a dirigir la vida de las iglesias, ni personas o grupos, mucho menos a gobernar a través de profecías o nombramientos de cargos. Como todo otro carisma, están sujetos a la autoridad de la iglesia, representadas por su consejo pastoral. Un autor experimentado advierte: “No permitas que nadie tome autoridad sobre ti diciendo: “Dice el Señor.” La decisión final es tu responsabilidad como hijo de Dios.

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  1. Jose J. Alvarado

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