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Los nueve dones del Espíritu: Discernimiento de espíritus (5)

Los nueve dones del Espíritu: Discernimiento de espíritus (5): dones espirituales 2

 

7- DISCERNIMIENTO DE ESPÍRITUS V10

Escribe un autor lo siguiente:

“El discernimiento presupone una vida de la iglesia que está llena de poderes sobrenaturales y manifestaciones de la presencia de Dios. La misma riqueza de la actividad divina hacer surgir a la superficie las fuerzas del mal, y es también un campo para actividad religiosa desviada.

El discernimiento… es la capacidad de penetrar a través de las apariencias externas para descubrir en el fondo si el orígen de una moción es Dios, el hombre con sus impulsos naturales, o el mal.”

Tenemos aquí un concepto general de lo que es discernimiento y una clara acentuación de su necesidad. Por supuesto, que en un ambiente de indiferencia espiritual nadie se interesa en discernir el orígen divino, humano o demoníaco de las motivaciones que hacen al ejercicio de los dones espirituales en el seno de la iglesia. Pero el cristiano verdaderamente entregado a su Señor le importa mucho precaverse del engaño y percibir con gozo cuando “es el Señor.” ( S. Juan 21:7).

Por ello, San Pablo nos exhorta: “Examinadlo todo, retened lo bueno.” ( I Ts 5:21) y da criterios de discernimiento en varios de sus escritos. Por ejemplo, puede leer: I Cor 13:1,2; 12: 2,3; Gal 5:16-26 entre otros. También señala el discernimiento de espíritus, como uno de los dones (carismas) necesarios para el bien de la iglesia, (I Co 12:10). Lo mismo hace San Juan cuando expresa sus recomendaciones tales como: “…no creáis a todo espíritu… Probad los espíritus si son de Dios.” Y continúa describiendo elementos para que la iglesia discierna el espíritu del anticristo que sutilmente se disfraza para entrar en al iglesia (I Juan 4:1-3).

ALGUNAS MANERAS DE DISCERNIR

Todos nos encontramos con situaciones que tenemos que definir, conductas a seguir, o determinaciones a tomar, ya sea en lo personal o en relación con la marcha de la comunidad cristiana, es decir, la iglesia.

1- Examinar las circunstancias con la luz de la razón, con prudencia y contando con la ayuda de la gracias de Dios. Dándole por cierto, prioridad a esta última en relación con las dos primeras.

Hacemos una evaluación de las experiencias pasadas y pesamos las posibles consecuencias de una u otra posición para elegir la mejor. La confirmación de una elección acertada será el sentirnos satisfechos y en paz interior.

2- Es en la que actúan los dones del Espíritu Santo – Sabiduría, entendimiento, consejo. Estas “inspiraciones” son difíciles de distinguir respecto de las inclinaciones naturales con las cuales se suelen mezclar, porque ambas las sentimos brotar de nosotros mismos.

Pero lo llamativo, es que las inspiraciones del Espíritu están impregnadas de un amor diferente que viene de Dios. No se trata tanto de distinguir el bien y el mal, sino de conocer la voluntad de Dios dentro de varias alternativas buenas. Si tenemos un espíritu dócil, la inspiración de Dios nos impulsa de continuo como una save brisa. Su paz, su consolación, que no consiste en consuelos sensibles se hacen sentir cuando se está en el lugar que Dios quiere.

3- Esta manera consiste en el don de Dios o carisma de discernimiento de espíritus. Este carisma, se define como una iluminación divina o manifestación del Espíritu Santo, por lo que una persona conoce cuáles espíritus están motivando o impulsando determinada actuación, para proteger del engaño del engaño a la iglesia. Es como un mensaje que viene de afuera, no de la persona misma. Se forma espontáneamente y súbitamente, sin aparente ocasión natural, completo en la mente. Nada tiene que ver la iniciativa, esfuerzo, ni preparación. Es un conocimiento que lleva consigo su propia convicción. No es perspicacia, instinto sicológico o espíriritu crítico; ni tampoco se confunde co el agrado o desagrado que nos infunden las cosas. (Continúa…)

Es un medio por el cual Dios da a conocer el orígen de lo que está sucediendo en un grupo, en una reunión, en una persona, o bien, en el ejercicio de algún carisma. Todo esto para el provecho del Cuerpo de Cristo. De allí que este don lo necesitan de una manera muy particular por su tarea, los pastores.

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