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Los nueve dones del Espíritu: Hacer milagros y profecía (4)

 

 

 

5- HACER MILAGROS. Estos milagros son las “señales” que dijo Jesús “seguirían a los que creen.” (Mr. 16:17,18). En griego quiere decir literalmente “operación poderosa o sobrenatural.” Realizado delante de la gente incrédula, son señales poderosas que quebrantan a los corazones paganos ante la evidencia del poder de Dios. Tal era el método de predicación seguido por apóstoles y Pablo mismo: “con demostración del Espíritu y de poder…” I Co. 2:4,5. Así aún hoy en dia algunos discípulos tienen “el don” de lograr lo que es imposible para otros.

6- PROFECIA. Usamos esta palabra para designar comunicaciones que se presentan como mensajes explícitos de parte del Señor. Suelen estar formuladas en primera persona, por ejemplo: “Hijos míos, no tengan temor; Yo estoy con ustedes.”

“El que profetiza habla a los hombres para EDIFICACIÓN, EXHORTACIÓN Y CONSOLACIÓN.”       I co. 14:3.

“El que profetiza EDIFICA a la iglesia.” I Co. 14: 4. 

Estas tres palabras describen de una manera muy clara los rasgos de la verdadera profecia. Si no tiene como propósito edificar, exhortar y consolar a la iglesia, ya sea de manera personal o colectiva, tal profecia no es mas que una parodia, y no debe ser tenida en cuenta. Lo que se olvida con demasiada frecuencia es que la profecia siempre se ejerce en un espíritu de amor. Y el amor no hace daño al prójimo, asi que… ¡mucho menos a la iglesia!

El clima de la profecia.

Generalmente Dios habla al grupo cuando éste se encuentra preparado para escuchar. Cuando hay un CLIMA DE COMUNIÓN en el ESPÍRITU y un silencio que es silencio de oración.

Es bueno y ayuda mucho un clima de confianza, aceptación e indulgencia para los posibles errores, ya que la persona que no tiene el hábito de hacerlo suele sentirse cohibida al principio. Por cierto, que en un ambiente de incredulidad o indiferencia nada puede suceder. Pero si somos cristianos qn quienes el Espíritu santo se mueve con libertad, habrá en el grupo una “expectativa de fe” acerca de lo que el Señor puede decirnos.

No debemos privar a la iglesia de esta gran bendición. San Pablo anima a la iglesia diciéndoles… “procurad los nodnes espirituales, pero sobre todo que profeticeis.” I Co. 14:1. Y también repite en el mismo capítulo en el v.39 “procurad profetizar…” otra versión dice: “aspirar al don de la profecia.”

¿Qué debemos decir entonces? Que junto con la desaparición de la profecía en la iglesia aparece un empobrecimiento del ejercicio de los dones espirituales en el seno de la iglesia y ésto debilita y daña al Cuerpo de Cristo. Es como cercenar las raíces de un árbol y pretender que siga verde y lleno de vigor.

El proceso de la profecía.

Como podemos ver a continuación involucra tres elementos sucesivos:

(1) La inspiración profética.

(2) La comunicación de la profecía.

(3) La recepción por los que escuchan.

Cuando la persona recibe el mensaje se dan dos aspectos sucesivos:

En primer lugar, es el hecho de sentirse movido por Dios a hablar, o sea “la unción” que recibe para capacitarlo.

Y en segundo lugar, el aspecto siguiente es la iluminación de la mente, o sea, el mensaje claramente revelado.

El impulso a hablar se experimenta de distintas maneras en las personas: inclinación, inquietud, una carga que persiste, un sentimiento fuerte de la presencia de Dios, etc. La persona debe orar preguntándole al Señor si es suyo que hable, y si recibe una paz íntima luego de esa oración, ésta es la confirmación de estar en su voluntad. No debemos olvidar que hay una persona que necesita esa palabra. A su vez esa palabra puede significar un cambio trascendente para ella.

Lo mismo sucede con la iluminación del mensaje en diversas formas: ideas, palabras o frases en la mente, palabras escuchadas o leídas (Ej. salmos, textos bíblicos, etc), frases de un sermón, visiones, o simplemente una inspiración que la persona no sabe explicar.

El contenido de la profecía

En ocasiones la persona recibe todo el mensaje, otras veces lo va recibiendo a medida que lo dice, pero siempre lo dirá como algo que no surge de ella misma. Siempre es una palabra de Dios para ese momento: edifica, ayuda a conocer la voluntad de Dios y a crecer en su servicio; consuela produciendo paz y gozo, anima a los desanimados, fortalece a los débiles; corrige y amonesta suavemente y con amor, nunca en forma áspera o hiriente. Y lo más importante es que nos enseñan y dirigen en la vida cristiana.

Cómo dar  y escuchar las profecías

No se debe adoptar un aire de “solemnidad extrema” con gestos por demas religiosos. Tampoco hablemos tan bajo que no se escuche, ni tan alto que espantemos al auditorio, ya que la profecia se desarrolla en el contexto del cuerpo que es la iglesia. Y mientras se desarrolla en orden y con buen criterio todos están siendo bendecidos.

Una verdad que debe quedar claramente establecida: la profecía no es solamente palabra de Dios – queriendo o no, la persona puede agregar mucho de su parte. Según el grado de consagración de la persona, más pura y transparente podrá ser su profecía; pero no es perfecta por eso está sujeta, en primer lugar al discernimiento pastoral y luego a la supervisión de la iglesia.

Los cristianos que escuchan la profecía tienen la fe de la iglesia y el Espíritu Santo que los capacita para “juzgar” de lo oído (1 co 14:29 y 1 Ts 5:21), en base a los efectos que produce; es un discernimiento que opera de manera espontánea e inmediata en cada oyente. Debemos cuidarnos de no tener una actitud crítica o negativa pero tampoco de aceptarlo todo con excesiva ingenuidad. Un pastor anglicano escribe al respecto: “Lo profundo responde a lo profundo y el Espíritu testifica a nuestros espíritus si la profecía de de Dios o no.”

He aquí un testimonio como ejemplo: Oír las profecías siempre me produce paz, tranquilidad. A veces han significado una respuesta muy personal para mí. La mayor parte de las profecías que he escuchado me han ayudado, me han impulsado a corregir actitudes equivocadas. Algunas veces escuchando, me he sentido molesto, he experimentado rechazo por ese mensaje. Cuando esto mismo  les ha sucedido a los demás miembros reunidos hemos pensado que se trataba de no-profecía.”

¿De que se trataba entonces? Sin duda de un espíritu equivocado, también relacionaremos este tema cuando veamos el don de discernimiento de espíritus.

Enseñanza y profecía: Diferenciación.

Generalmente, el maestro apela a la inteligencia del alumno tratando de transmitirles las verdades de la fe como él mismo las ve, ordenadas en un sistema doctrinal (o teológico). Y todo esto supone capacidad pedagógica, es decir, formación e instrucción previa. Casi todo el que enseña teologia ha experimentado momentos de inspiración, manifestando un verdadero don de enseñar.

En cambio, la profecía es recibida SIEMPRE por inspiración y sucede de manera imprevisible, por ellos no se puede hacer de la profecía un ministerio estable ni programado, pero por supuesto, puede ser ordenado.

Hay personas mas sensibles y abiertas que otras en relación a este don, a las que Dios usa más a menudo para bendecir al cuerpo. Se dice de ellas que tienen “un ministerio de profecía.”

El contenido puede asemejarse al de la predicación o enseñanza; puede ser una exhortación o instrucción para los oyentes, perol no se trata de un cuerpo de doctrina, sino de un mensaje para la ocasión presente.

Profecía y enseñanza se complementan y pueden darse ambos ministerios en la misma persona, pero es bueno distinguirlos, ya que la iglesia necesita a ambos.

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