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Los Nueve Dones del Espíritu: Interpretación de Lenguas (14).

 

9- Interpretación de lenguas – I Corintios 12:10.

Así, llegamos aquí al noveno de los dones que hemos venido tratando. La frase “interpretación de lenguas” viene del griego “hermeneía glusson”. La nueva Biblia española dice: “traducirlas”. Este don capacita a la persona para traducir cualquier mensaje divino que Dios quiera comunicar a través del don de lenguas. De manera que es un don de revelación sobrenatural.

Según I Corintios 14, este don funciona en combinación con el género de lenguas. También suele funcionar estrechamente asociado con los dones de palabra de sabiduría y palabra de ciencia. Es notable que en I Corintios 14, Pablo dedica 40 versículos a los dones de “hablar en lenguas”, “interpretación de lenguas” y “profecía”. Por ello no es de asombrar, que en éstas caiga el mayor abuso carismático en el uso del don. I Co. 14:13, generalmente parece ser cierto que la suma de los dones de “géneros de lenguas” e interpretación se constituye en profecía. Ver I Co. 14:26.

En una reunión del don de lenguas puede funcionar simultáneamente con el de interpretación de lenguas. También puede la persona hablar en lenguas, y luego ella misma interpretarlas. En otras ocaciones, puede darse que una persona hable en lenguas y más de dos traigan interpretación. Siempre debe darse tiempo al don de interpretación. Si el Espíritu Santo ha inspirado a alguien para que hable en lenguas hará lo mismo con otro para que las interprete.

En cuanto al abuso del don, algunos caen en un hábito de interpretación reiterativo poco aconsejable y que debe corregirse con buena enseñanza. Otra manera de abusar del don es cuando se hace una interpretación confusa, conflictiva y personal. El consejo es siempre el mismo, enseñar y corregir en amor. Pues este tipo de situaciones suelen darse en reuniones clandestinas o no autorizadas, en donde el pastor o los líderes no están presentes. A veces hay creyentes mal intencionados que aprovechan de su ausencia para proclamar sus diferencias y desacuerdos, haciendo interpretaciones difamatorias o contrarias a la enseñanza pastoral. Así en vez de unir, dividen la obra del Señor.

Muchos profetas y profetizas sólo saben presentar en sus mensajes a un Dios malo que castiga y amenaza. De allí que una solida enseñanza bíblica debe preceder a la práctica de los dones espirituales. Tal es el modelo bíblico de nuestro Señor y los Apóstoles. Ademas, no debemos olvidar que nuestro Dios es también un Padre amoroso y bueno. El bendice. El ayuda y protege a sus hijos. Y aunque los disciplina con amor “como el padre que ama su hijo”, siempre es para rescatar al perdido, y restaurar al caído. De manera que ningun ejercicio de los dones, será para acusar o condenar. Y menos aún en público. Porque Dios nos ama, nos respeta también. Esto en breve, porque como afirma la Palabra de Dios “muchos falsos profetas han salido por el mundo”… y engañan y confunden.

Es muy sencillo saber cuando una profecia, o el ejercicio de un don es realmente del Espíritu Santo. Notemos lo que nos dice San Pablo: “Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación”, I Co. 14:3. Si el ejercicio del don no apunta a lograr algunos de estos tres resultados, no debemos aceptarla. Los dones del Espíritu y la base bíblica que los respalda van tomados de la mano. ¡Bendiciones!

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