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MUJERES DE ORACION…¡Y MADRES! (8)

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Primera epístola a timoteo

CAPITULO II (Continuación)

5. Deberes de los hombres y de las mujeres. v.815.

Titulamos así por que evidentemente los v.8-15 hacen un todo; y cuando Pablo hace las indicaciones para las mujeres, debemos tener en claro por el contexto que se refiere a cómo debe presentarse la mujer a la oración.

 

 

La recomendación es que no vaya a la reunión como a una exhibición de modas sino en el espíritu que conviene a una mujer cristiana. Lo mismo dice en I P.3:3 y ss. Se refiere sin duda, a la debilidad humana y la tentación que puede sentir la mujer de buscar llamar la atención con su manera de vestir, peinados o joyas, que en las costumbres de la época era muy común. Lo que se deduce claramente es que toda exageración provocativa en la manera de vestir debe ser evitada.

 

 

Siguiendo con el pasaje, del 11-15, primero afirma que la mujer no trate de dirijir pues eso le corresponde al hombre y segundo que debe estar sujeta. Para ello recurre a la narración del Génesis donde claramente aparece la prioridad del hombre en la creación, siendo la mujer que vino despúes la ocasión de su caída, v.13,14; Gn. 2:7-22; 3:2-6.

 

 

Aunque todo este argumento da la impresión de ser muy estricto, tenemos que tener en cuenta: primero, que Pablo se refería al ámbito de la iglesia donde la mujer no debía ejercer autoridad. Por otra parte estas argumentaciones sacadas de la biblia y muy en uso entre los judíos, no siempre se les daba carácter estricto de demostración dogmática, sino más bien de ejemplo ilustrativo.

 

 

Para no caer en exageraciones que pueden ser dañinas, es importante que miremos estos temas a la luz de todo el Nuevo Testamento. Asi descubrimos tambien que es el mismo Pablo que díce en Gálatas estas maravillosas palabras: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” ¡¿Sorprendente, verdad?!.

 

 

También encontramos mujeres como diaconisas y profetizas como las hijas de Felipe. O matrimonios como Aquila y Priscila donde se nota claramente que ambos lideraban la iglesia que comenzó en su casa.

 

Hay otros ejemplos, pero lo que queremos hacer notar es que nunca debemos hacer doctrina con pasajes aislados, sino analizar el todo para sacar una conclusión válida que sea de bendición para la iglesia.

 

 

En el mismo ministerio de Jesús vemos el valor que El le da a la mujer, y más aún si notamos que a quienes se aparece por primera vez después de la resurrección es a dos mujeres. Claro ejemplo éste de que Jesús no sólo amaba y respetaba por igual a hómbres y mujeres, sino que a lo largo de su ministerio puso siempre en honra a la mujer. Si hay algo de lo cuál puede presumir el cristianismo es haber logrado por su marcada influencia la clara igualdad de los sexos en lo que se refiere a la dignidad y el respeto de la persona.

 

 

En la biblia la mujer aparece como más sensible espiritualmente que el hombre. La semilla del evangelio prende más rápidamente en ellas y vemos ejemplos de cómo muchas de ellas fueron utilizadas por el Señor para comenzar iglesias poderosas.

 

 

Ahora es también esa sensibilidad la que la hace más proclive a ser engañada por el diablo. De ahí que no debemos ignorar ni descuidar el orden de Dios para la familia y para la iglesia.

 

 

Puede parecer gracioso para nosotros hoy, pero miren el comentario que hace San Juan Crisóstomo de este pasaje: “Ella (la mujer) enseñó una vez al hombre, y todo se perdió. Por eso Dios la sujetó, porque había usado mal de su autoridad, o por mejor decir, de su igualdad.”

 

 

En conclusión, cuando el hombre y la mujer se encuentran en correcta relación con Dios ambos se realizan como personas, aprenden a ocupar su lugar y a respetarse.

 

 

En momentos en que la familia vive una de las peores crisis de su historia -crisis de identidad- (hoy es difícil distinguir desde lejos quien es hombre o mujer) crisis de valores (los hijos no honran a los padres y éstos se olvidan de los hijos), hoy más que nunca, necesitamos valorar en toda su dimensión a la mujer como esposa y madre. ¡Cuánto necesita nuestra sociedad, mujeres, esposas y madres que amen la vocación natural de criar y educar a sus hijos; mujeres llenas de una fe sencilla que irradien amor y santidad en sus vidas!

 

 

Es cierto que la responsabilidad es muy grande pero la vocación la ha puesto Dios mismo en el corazón de cada mujer. ¿La recompensa? ¿Quién puede pagar la satisfacción que siente una madre en su corazón cuando al correr los años puede ver a sus hijos reflejando en su carácter una vida santa y consagrada a Dios, ciudadanos útiles a Dios y a su patria?.

 

 

Yo tengo una palabra de parte de Dios para las madres que estan leyendo este mensaje: “Nunca te desanimes; todo tu trabajo, todo tu sacrificio TIENE GARANTIA, por que educar los hijos como dice la Palabra de Dios nunca falla. Esa es la mejor garantía. ¡Así que no te desanimes!”

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