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PRIMERA EPISTOLA A TIMOTEO (3)

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CAPITULO I

LAS CREDENCIALES DE PABLO: v.l y 2

 

a) Apóstol – Así comienza presentándose Pablo. No es para Timoteo que recuerda lo que él es y porqué lo es, sino para la iglesia de Efeso, que se acuerde de su fundador y que considere a Timoteo como su hijo. (Hechos 19: 20:17-38)

b) Por mandato de Dios y del señor Jesucristo – La autoridad apostólica de Pablo se basa en la divinidad del Padre y el mandato de Jesucristo. También como lo expone en Gal.l:l “… no de hombres ni por hombres, sino por Jesucristo y por Dios el Padre.” En otras palabras dice Pablo, mi vida no está comprometida con ninguna filosofía humana, “no es de hombres”, ni tampoco sirvo o soy enviado por alguna personalidad que este mundo considere importante. No, no. Mi mensaje y mi comisión es mucho más trascendente. Tiene que ver con una experiencia celestial. El mismo Dios a través de Cristo, me ha hablado. A partir de ese día nunca más he sido el mismo, ya no soy Saulo, ahora soy Pablo el apóstol. Saulo era enemigo de Cristo, Pablo es seguidor de Jesucristo. Pero, que quede bien claro: “por mandato de Dios.”

Y por el hecho de aclararnos de que el mandato es tanto de parte de Dios corno de Jesucristo, el apóstol pone en un mismo pie de igualdad los nombres del Padre y de Cristo. Como también lo hace en el v.2. De esta manera no deja duda alguna acerca de la divinidad de cristo, tema siempre puesto en tela de jucio, tanto por lo contemporáneos de Pablo con sus herejías gnósticas, como en la actualidad; hoy vestido de otro ropaje, llámenle Uds. humanismo, nueva era, pensamiento positivo y mas doctrinalmente, Testigo de Jehová, Mormones y otras herejías que abundan en nuestro medio.

Así que, resumiendo, Pablo nos dice:

  1. mi mensaje es celestial

  2. el mandato es divino.

     

Estas deben ser las credenciales de todo cristiano que se llame discípulo, obrero, diácono, anciano o pastor. Debe haber un claro llamado de Dios. Su vida tiene que estar claramente marcada por un ANTES y un DESPUES. Antes del llamado y después del llamado. En otras palabras, el llamado de Dios marca a fuego el corazón de un cristiano.

El problema de hoy es que muchos quieren “servir” al Señor y no saben explicar claramente el por qué. Pablo no tenía ese problema: él sabía CUANDO había muerto. Y dónde había dejado su “yo”. ¿Dónde? A los pies de la CRUZ.

Fíjense lo que él les dice a los Gálatas en 6:14:

 

“Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo por quien el mundo me es crucificado a mí y yo al mundo.”

“De aquí en adelante nadie me causa molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús.” v.17

 

¿Qué creen Uds. hayan sido las marcas en el cuerpo de Pablo?

 El mismo lo agrega en otro pasaje: II Co.ll:23-33. (Por favor, deténgase y léa esta descripción de servicio.)

 

Si un hombre puede experimentar todo ésto y a pesar de ello seguir adelante, es por que tiene en claro el principio rector que anima toda su existencia. ¿Cuál es ese principio? Pablo decía: “mi gloria es la cruz de Cristo”. Mi gloria es sufrir por él al punto de entregar mi vida en sacrificio si fuera necesario.

 

Por supuesto que ésto choca con algunos “siervos” de hoy en día que parecen buscar más la gloria de su éxito personal que la gloria de Dios.

 

Es necesario que no nos dejemos engañar por las luces del éxito y sepamos que nuestro lugar seguro se encuentra a los pies de la cruz. Allí solamente es revelada nuestra verdadera condición de pecadores y débiles seres humanos. Allí también nos es revelada la gloriosa solución para el perdón de nuestros pecados, y lo que es más, aprender cada día a morir a nosotros mismos para que viva Cristo en nosotros.

 

No busques grandezas, no busques cargos. No busques sobresalir, busca a Cristo. El es mucho más que eso que buscas. Si lo encuentras a El lo tendrás todo. Te sentirás completo.

Pablo entendía bien ésto cuando dijo a los Colosenses:

.

“Porque en El habita corporalmente toda la plenitud de la deidad, y vosotros

estáis completos en El, que es la cabeza de todo principado y potestad. 2:9.10

Las credenciales de Pablo incluían sufrimiento y entrega. ¿Se imaginan cuando Pablo iba con algunos hermanos a nadar al río? “Pablo, ¿qué son esas terribles marcas en tu espalda?” le preguntaría alguno. “Son los latigazos que me dieron los judíos por predicarles a cristo … pero el Señor me dio fuerzas, como ves, aquí estoy, de pie.

 ¿Se imaginan cómo tenia el cuerpo Pablo? Marcas, golpes de piedras, hasta debe haber parecido mas viejo por sufrimiento físico ( incluida el hambre) y emocional al que fue sometido. Pero en el fondo sus ojos … brillaban como una hoguera!

¿Se acuerdan?… “…antes aunque este nuestro hombre interior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de en dia” …así explicaba él la experiencia de vivir entregado a la causa de Cristo.

Lo que importa es el hombre interior, lo que llevas por dentro. Si tu hombre

interior

es fuerte, si estás unido en un solo espíritu con Cristo, cada prueba o cada

dificultad

solo será el camino a una nueva bendición. Nada detiene al cristiano que ha sido

llamado por Dios. (Léa Rom. 8:31-39)

Las marcas en su cuerpo eran una prueba clara del carácter de Pablo. Ellas eran el testimonio de que jamás retrocedió.

No sé si estara pensando algo parecido, pero yo me pregunto: ¿cuánto amo yo a Jesús? ¿Sería capaz de amarle de esa manera? ¿Que me impide amar a Jesús?

Oremos entonces:

Señor te necesito, ayúdame a entregarme mas cada dia, a buscarte con todo mi corazón, con verdadero ahínco y consagración, ház que la llama arda en mi corazón y que brille en mis ojos con tu amor…para que los que me rodean véan que tu vives! Amén!

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