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Leer y estudiar la biblia

Por ALEC CLIFFORD

¡Enalbardad el gazofilacio y los maravedies!

Recientemente, estuve durante algunos meses sin poder leer absolutamente nada. Era algo así como estar encerrado en una cárcel: muy cómoda, con el cariño constante de mis hijos y mis hermanos, es cierto, pero cárcel al fin.
No podía “leer la Biblia”, y entonces procuré hacer lo que han hecho durante siglos los prisioneros cristianos en cárceles, campos de concentración y lechos de enfermo; recordar todos los pasajes que había aprendido de “memoria”.
Por primera vez en la vida me di cuenta real del valor de aprender de la “Palabra de Dios”. Recordé muchos pasajes, pero hubiese recordado muchos más si hubiese tenido el hábito de “memorizar” (perdonen el neologismo) largas porciones de “la Biblia”.
Yo me crié leyendo y escuchando la lectura de las viejas versiones bíblicas de l909 y anteriores. Los textos que me vinieron a la memoria eran casi todos de esas viejas y preciosas Biblias. Pero si bien algunos eran realmente preciosos, portadores de consuelo y ánimo, otros eran expresiones arcaicas que nada me decían. Por ejemplo, me venían a la mente continuamente las palabras “Enalbardadme un asno…” (2 Samuel 19:26) “Echaban sus ofrendas en el gazofilacio…” (Lucas 21:1)
“Hasta que hayas pagado el último maravedi” (Lucas 12:59).
Supongo que en estos tres casos se trataba de palabras que me impresionaron en mi infancia por su sonoridad, pero que por cierto de muy poca ayuda me fueron en mi lecho de enfermo, y poco han de significar para mis contemporáneos latinoamericanos.
¡Cuánto de enalbardamiento y de gazofilacios queda todavía en nuestra Biblia! Y ¡Cómo se mejora todo esto en las versiones denominadas populares! He podido hojear en estos días la nueva Biblia completa en Versión Popular y he quedado admirado ante la facilidad con que se lee y se comprende.
Los evangélicos de este continente llevamos más de un siglo protestando por el uso del latín en la liturgia de Roma, práctica
que en gran parte se ha abandonado luego del Concilio Vaticano. Pero al mismo tiempo nos aferramos en nuestras lecturas bíblicas a algo que no está por cierto muy alejado de ser un idioma desconocido e incomprensible para el hombre común del siglo XX.

VERSION 1909 UNA SANCTA

La Biblia verdadera y única, para muchos, es la Revisión 1909 de la versión Reina-Valera. Las posteriores son sospechosas de modernismo y otros males.
Los principales revisores de la 1909, que fue apenas una de las veinte revisiones, fueron Cipriano Tornos y Juan Bautista Cabrera, fogosos predicadores y admirables estilistas. Ambos eran ex-sacerdotes, y sabían de hebreo y griego lo que sabía un español culto del siglo XIX, que por cierto no era demasiado.
Dentro de sus limitaciones, hicieron un buen trabajo. ¡Gracias a Dios por él!.
La revisión 1960, la más difundida, la hicieron en cambio personas que a la consagración unían otra condición indispensable: la de ser eminentes especialistas. A lo que se agrega el hecho muy importante de que para su trabajo contaron con muchos documentos antiguos que ni Casiodoro, ni Tornos, ni Cabrera conocían.

Lo mismo en cuanto a las vapuleadas versiones populares. Los “vapuleadores” se olvidan que el Nuevo Testamento, en su original fue escrito en un lenguaje popular muy parecido al de “Dios llega al hombre”. Y en sus vapuleos gritan, con sus hechos si no con sus palabras: “¡Viva la oscuridad! ¡Viva lo incomprensible! ¡Muera la claridad! ¡Si lo bueno es oscuro, es dos veces bueno!”
Mientras escribía los párrafos anteriores, llegó una de mis nietas pequeñas de un campamento de niños. Estaba entusiasmada por los hermosos días pasados en las sierras, y por todo lo que había aprendido. Era su primera salida del hogar paterno, y tenía para ella las características de una tremenda aventura. Se puso a recitar una cantidad de textos bíblicos que le habían enseñado.
Por supuesto, ello me emocionó mucho. Entre otros versículos me repitió 2 Timoteo 3:16. Le pregunté entonces qué quería decir la palabra, redagüir. No tenía la menor idea. Es un término poco usual, pero muy sonoro. Queda muy bien, pero la generalidad de las personas no lo entiende.
Si en lugar de enseñarle el texto de la querida versión Reina Valera se hubiese utilizado la despreciada Versión Popular, la chiquitilla hubiese sabido que “Toda Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar y reprender para corregir y educar en una vida recta”.

MORTADELA EQUINA
De niño, con frecuencia acompañaba a mi padre los sábados a la fiambreróa vecina, para comprar el jamón cocido para el domingo. (La “obra” no le dejaba tiempo a mamá para cocinar en el Día del Señor).
El fiambrero amigo, un buen italiano, era célebre por la calidad de sus mortadelas, que en una buena proporción eran hechas de carne de burro.
Un día la Municipalidad de Tucumán, mi ciudad, exigió que las mortadelas tan sabrosas llevaran un rótulo que las identificara como “carne equina”.
Papá creía que las ventas diminuirían. Al contrario. Cuando le preguntó a su amigo el fiambrero, éste le contestó sonriente. “Vea don Caime la quente vienneno come nunca ante. E lo campesino todo pideno la nueva mortadela de la marca Equina. Non sabeno que equino quiere decire “burro”.
Mortadela equina. Equinos enalbardables. Maravedies en el gazofilacio. Son la misma cosa. El culto a lo desconocido. El aplauso a lo oscuro. ¡Nada de versiones populares! ¡Ni en Biblias, ni en mortadelas ¡si lo bueno es complicado y oscuro, es dos veces bueno!.
Claro que el asunto de aprender de memoria la Biblia hoy se presenta como hace medio siglo, cuando la mayoría, teníamos una sola versión, la de 1909. Es necesario que nuestros niños y nuestros adultos memoricen textos. Pero ¿en qué versión? Personalmente no sé cómo resolvería el problema. ¿Será porque me crié entre enalbardamientos y gazofilacios? Es posible. No lo sé. Lo fundamental es que conozcamos la Palabra. Y que luego la apliquemos a las situaciones de la vida diaria.

MURIO JORGE W. ABALOS

Ha muerto Jorge W. Abalos. Zoólogo, investigadora, foklorista, poeta y periodista, fue sobre todas las cosas autor de Shunko un tierno relato acerca de su labor de juventud como maestro de una escuela rural perdida en la selva de Santiago del Estero. Shunko ha sido traducido a varios idiomas, entre ellos al japonés y al ruso.
Con el cariño que siempre demostró a los niños, poco antes de morir Abalos concedió una entrevista a un grupo de escolares. Muchas de las preguntas eran ingenuas. Abalos las contestó a todas. Nos pareció de especial interés la respuesta a la siguiente:
“¿Qué consejos daría a todo aquel que quiere dedicarse a escribir?”
Abalos respondió: “En primer lugar, que escriba. En segundo lugar, si ya no va más a la escuela secundaria o a la superior, que no le preocupe demasiado la gramática formal… No vacile en escribir. Pero no procure escribir sobre lo que no conoce, sino lo que está a la vista y sí conoce. Un escritor francés escribió algo sobre el tiempo perdido, y no lo hizo más que escribir sobre su casa y sobre lo que lo rodeaba. Hizo una obra, que a través de los años sigue siendo famosa. Se escribe con más calor sobre lo que se conoce y sobre lo que se siente. Escribir sinceramente sobre lo que se conoce. Ese es mí consejo”.
Creo que los consejos de Abalos encierran gran sabiduría, para todos los que intentamos comunicarnos por medio de la pluma, y muy especialmente para los jóvenes que desean empezar a escribir para nuestro Señor. El ministerio de la pluma está muy descuidado. Las revistas están languideciendo por falta de artículos, y buscando desesperadamente la colaboración en este sentido del pueblo evangélico. No pretenden recibir obras maestras. Pero si quisieran poder publicar artículos breves, originales, claros, escritos con sencillez, sobre alguno de los mil temas que ofrecen nuestra Biblia y nuestra experiencia diaria.
Y no irse por las ramas. Antes de Abalos, alguien, creo que Tolstoi, dijo algo así: “Si escribes acerca de tu casa, te escuchará el universo entero,” ¡Pero en tu casa no debe haber enalbardamientos, gazofilacios, maravedies ni mortadela equina!

Relacionado: http://libroscristianosgratis.net/como-nos-llego-la-biblia/

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