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HOMILETICA: ¿De qué voy a predicar?…(12)

CAPÍTULO OCHO

ELEMENTOS DEL SERMON

 A) ENCONTRANDONOS CON EL TEMA.

 Seguramente éste es el mayor problema: “¿De qué predicaré este domingo?” Pero recordemos lo dicho anteriormente. “El mejor estudio comienza con la oración.”  Martin Lutero afirmó: “Haber orado bien es haber estudiado bien.” Esto debemos repetirlo con frecuencia y no olvidarlo. Dios contestará nuestra oración y nos dará el pasaje. Otras veces nos dirá que no al pasaje que nos había entusiasmado.

                                                  

De todas maneras una vez escogido el pasaje descansemos en la verdad de que la misma Palabra de Dios “es mas penetrante que una espada de dos filos” y ella misma hará la obra en los corazones.

Una vez claro el punto de partida haremos los siguiente:

 1) Debemos poner todo nuestro empeño a  través de los medios que poseemos para concentrarnos en nuestro tema.

 2) Al escoger nuestros temas debemos hacerlo pensando EN LA NECESIDAD de nuestros oyentes. No por su condición social o económica. Si hacemos diferencia de personas pecamos contra Dios quien ama a todos por igual.

Así que deben ser temas que todos puedan entender. Lo simple no quita lo profundo.

Temas que puedan consolarlos de sus muchas tristezas. Palabras que les animen a confiar en un Dios amoroso. Así que repetimos: debemos pensar en lo que nuestros oyentes realmente necesitan para su edificación espiritual; allí estará nuestro tema.

 3- También es útil considerar que pecados se encuentran afectando a la iglesia. Deberemos exhortar con una fuerte autoridad; pero siempre con amor.

 4) Nuestra predicación debe contener “todo el mensaje de Dios.”

La iglesia debe recibir une dieta completa. Cada predicación debe estar rela- cionada en algún modo a la anterior.

 Sin embargo, no es bueno insistir siempre en la misma doctriná descuidando la variedad del todo, cada parte de la doctrina del Señor es provechosa y cuando una parte falta debilita a los creyentes.

Así que debemos dar a cada parte de la Biblia su propio lugar en nuestro corazón y en nuestra inteligencia. Nuestros sermones deberán nutrirse de toda la verdad inspirada, las doctrinas, los mandamientos, la historia, los símbolos, salmos, proverbios, las promesas, los juicios y las exhortaciones.

 Muchas veces aún habiendo perseverado hasta el último momento en oración la inspiración parece no llegar. No debemos olvidarnos entonces, que nuestro servicio “no es con ejército ni con espada, sino con el Espíritu de Jehová. Si confiamos en El no nos desampará, no puede hacerlo porque El es fiel.

 

5) El predicador debe estar siempre ocupado elaborando sermones, anotando ideas y guardando el material adecuado. Nadie que que desea predicar puede darse el lujo de esperar a último momento para preparar el alimento para su grey.

 Atendamos otra vez algunos consejos  del “príncipe de los predicadores”:

“…Como precaución, permitidme que haga la observación de que debemos estar siempre preparándonos para encontrar textos y para hacernos sermones. Debemos conservar siempre la actividad santa de nuestro entendimiento. ¡Ay del ministro que se atreva a malgastar una hora!…

 La hoja de vuestro ministerio pronto caerá, a no ser que, como el hombre bendito de que se habla en el primer Salmo, meditéis en la ley de Dios de día y de noche.

Vuestras preparaciones para el púlpito son de la mayor importancia, y si las descuidáis no honraréis ni a vosotros mismos ni a vuestra vocación.

Las abejas están haciendo miel desde la mañana hasta la noche y a semejanza de ellas nosotros debemos ocupamos siempre en juntar víveres espirituales para nuestra congregación …

Vosotros los que os alistáis para predicar, debéis encontraros siempre ocupados en la preparación de los mensajes …

Conservad abiertos los ojos y los dos y veréis y oiréis ángeles. El mundo está lleno de sermones: atrapadlos al vuelo.

 Como vemos entonces, es muy importante mantenernos en una actitud atenta; pues, todo lo que nos rodea puede contener el tema que necesitamos y ante el cual, Dios llamará la atención de nuestra alma.

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