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Homilética: El predicador y su oración privada (11).

 

(Continuación…)

“Cuando voy a orar – confesó un eminente cristiano – encuentro que mi corazón está indispuesto para ir a Dios y cuando está con El continúa indispuesto a quedarse con El. Es justo en este momento cuando la auto disciplina debe ser ejercitada. Cuando te sientes indispuesto a “orar” NO CEDAS A ELLO sino procura e intenta orar, aunque pienses que no puedes orar.”

Como cualquier otro arte, la oración necesita dedicarle tiempo. Por el tiempo que le dedicamos se expresa el concepto que de su importancia hemos comprendido.

 Escuchen la respuesta de Martín Lutero a una pregunta acerca de sus planes para el trabajo del próximo día: “Trabajar, trabajar, trabajar, desde la mañana hasta la noche. Tengo tanto trabajo que pasaré las tres primeras horas en oración.”

 No hay otra manera para aprender a orar que orando. No hay curso o método alguno que pueda hacerte un hombre de oración. Sólo tú puedes decidirlo en tu corazón. Dios no te obligará a doblar las rodillas.

 Hoy puedes decidir comenzar a probar el camino de la oración. Cualquier problema o duda que se te presente se resolverá ante un hecho indiscutible: la oración es contestada y uno puede gozar de la comunión con Dios.

 Qué mejor para inspirar nuestra vida que detenernos en la misma persona de nuestro Señor. Su ejemplo nos ilustra que El vivía pendiente de la oración, al punto que fue la oración la que lo animó a hacer y soportar la costosa voluntad de su Padre.

 D. M. McIntyre escribió: “En Lucas 5:16 tenemos una declaración general que arroja una vívida luz sobre la práctica diaria del Señor – “Mas El se apartaba a lugares desiertos y oraba.” En esta ocasión el evangelista nos habla no de una sola vez sino de muchas veces. Era un hábito en nuestro Señor buscar un lugar retirado para orar.” Jesús pasó noches enteras en la oración, (Lc.6:12).

La Biblia nos narra que se levantaba antes del amanecer para tener comunión con el Padre. Sus más profundas crisis estaban precedidas por períodos especiales de oración. (Lc.5:16).

 Todas las declaraciones de los evangelistas dejan establecido que era un hábito regular par El, el apartarse a lugares desiertos a orar. Esta misma idea de la necesidad de pasar tiempo en retiros de oración se las enseñó a sus discípulos y debieran hacernos detener a nosotros hoy. (Mr.6:46; Lc.9:28).

 Dice un escritor: “Toda oración verdadera agota la vitalidad del hombre. La verdadera intercesión es un sacrificio, un sacrificio de sangre.” Jesús realizó todas sus obras dando muestras de una energía sorprendente.

Pero en cuanto a sus oraciones la escritura dice: “… ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas.” (He.5:7).

Pablo mismo nos enseña el secreto para vivir una vida de oración cuando afirma: “… el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.” (Ro.8:26b,28).

Nunca te rindas al malestar, a la inercia o a no encontrarte cómodo en la presencia de Dios. ¡Lucha! Pero no con tus armas. Dile al Espíritu que vive en ti: “¡ayúdame en mi debilidad! ¡Intercede por mí!” Y qué maravilloso será ver que el mismo Espíritu Santo se unirá con nosotros y derramará sus súplicas dentro de las nuestras.

 En este asunto de la oración hay un sólo maestro: el Espíritu Santo. Su ayuda en la oración es su oficio mas frecuente en el cual lo mencionan las Escrituras.

 San Pablo recalca que la oración verdaderamente efectiva es la que se hace “en el Espíritu”. Esta oración produce milagros. Hace temblar al infierno y produce gozo en el cielo.

 El hombre al que Dios le ha confiado una responsabilidad en su reino debe saber que el Espíritu Santo se complace en ayudarlo en su debilidad física y moral en cuanto a la oración.

El que ora se encuentra con muchos obstáculos, por ejemplo muchas veces no podremos orar a causa de un gran sentimiento de culpa en nuestro corazón debido a nuestra maldad, entonces sólo el Espíritu Santo podrá aplicar con eficacia el poder de la sangre de Cristo y libertarnos.

 También muchas veces nos impedirá orar la limitación de nuestra mente – nos sentiremos como entorpecidos en su presencia. Allí solo el Espíritu Santo que conoce la mente y el corazón de Dios le revelará al hombre cómo orar adecuadamente. Sólo El podrá darle convicción acerca de la voluntad de Dios.

 La misma flaqueza de nuestro cuerpo se opondrá a que oremos. Ya hemos citado a Pablo en Gal.5:17.

 Pero aquí nos referimos más específicamente al cuerpo humano. Mayormente los que viven en climas tropicales se sentirán decaídos y faltos de concentración para orar. Como dice Pablo el Espíritu vivificará nuestro cuerpo mortal para sobreponernos a las adversidades físicas y también a las condíciones climatológicas.

 Y por sobre todo el predicador que ora, debe enfrentarse a la sutil y persistente oposición de Satanás que buscará por todos los medios crear duda, sensaciones de derrota, estados de opresión y también profundos pozos de depresión.

 Ante un enemigo espiritual tan poderoso, el hombre que ora cuenta con la fiel presencia sobrenatural del Espíritu Santo, el paracleto (ayudador) que Jesús prometió cuando dijo: “No os dejaré huérfanos; el consolador (parakleto) vendrá a vosotros.”

 El Espíritu Santo es mucho más que un ángel – es la misma presencia de Dios – es El mismo como persona viviendo en ti, y ¿sabes algo? El diablo le tiene temor al brazo del Espíritu Santo, porque El levantó a Cristo de entre los muertos!.

 Aún si estuvieras muerto … el Espíritu Santo te levantará para orar. Nunca dejes de orar. Ora siempre, en las buenas y en las malas circunstancias. Aún cuando te sientas derrotado clama al Espíritu que te ayude allí donde estés. Entonces, el Espíritu se manifestará en tu corazón, te pondrá de pie y convertirá tu debilidad en fortaleza.

 Salmo 34:17: “CLAMAN LOS JUSTOS, Y JEHOVA OYE, Y LOS LIBRA DE TODAS SUS ANGUSTIAS.”

 No nos olvidemos entonces:

“Nosotros podemos cultivar la técnica de orar y entender su filosofía; podemos tener confianza ilimitada en la veracidad y validez de las promesas concernientes a la oración. Podemos defenderla tenazmente pero si nosotros ignoramos el papel que juega el Espíritu Santo, habremos dejado de usar la llave maestra. La enseñanza progresiva es necesaria para el arte de orar, y el Espíritu Santo es el Maestro de los Maestros.” (Sanders).

 Y hay otros muchos aspectos de la oración que no podremos tratar aquí; terminaremos entonces con estas palabras de Spurgeon:

 “La gloriosa bendición que la oración privada atrae sobre el ministerio es algo indescriptible e inimitable que mejor se entiende que se explica; es un rocío que viene del Señor, una presencia divina que reconoceréis en el acto cuando os digo que es “una unción del Santísimo.” ¿Y esto qué es? No sé cuanto tiempo tendríamos que devanarnos los sesos antes de expresar por medio de palabras con la conveniente claridad, lo que significa con la frase de “predicar con unción”; CON TODO; el que predica conoce la presencia de ella; y él que oye advierte pronto su ausencia …

 Si la unción que usamos no nos viene del Señor de los ejércitos, somos impostores, y puesto que sólo por medio de la oración podemos obtenerla, persistamos sin cesar en súplicas fervientes. Que vuestro vellón permanezca en la era de la oración hasta que sea mojado con el rocío de los cielos.

No vayáis a ministrar en el templo hasta que os hayáis purificado en el lavacro. No penséis en llevar un mensaje de gracia a los demás antes de haber visto al Dios de la gracia vosotros mismos, y de haber recibido la palabra de sus labios.”

 Esto nos lleva a nuestro próximo tema: ¿Cómo y en dónde nace el tema que el predicador expondrá? EL SERMON DEBE NACER EN LA PRESENCIADE DIOS. Por eso el predicador debe amar la oración – sólo a los pies de Jesucristo el Espíritu Santo nos habla. Es recién a partir de ese momento que podemos empezar a trabajar en la elaboración del sermón.

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