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HOMILETICA: Ganando la atención del público (14).

 

CAPÍTULO OCHO

ELEMENTOS DEL SERMON (Continuación…)

 C) GANANDO LA ATENCION DEL PÚBLICO.

Muchas veces nos habremos hecho esta pregunta ¿cómo conseguir la atención de nuestros oyentes y retenerla? Es sumamente importante ganar la atención de los oyentes, de otra manera no podremos causarles ninguna impresión.

 Por regla general el público tiende a distraerse y de esta manero no pueden recibir la verdad.

 Debemos procurar aprender a inspirar su ánimo de manera que se mantengan despiertos. No debemos conformarnos con hablar 30 minutos sin parar y dar por concluida nuestra tarea.

Hay muchos que se conforman con ver un auditorio lleno de cabezas sin importarles si están dormidos o despiertos.

 Nuestra oración y nuestro mejor esfuerzo al predicar debe ser el llegar al corazón de la gente con nuestro mensaje. Nunca debemos conformarnos sólo con dar dircursos. No, si antes no hemos logrado conmover los corazones hasta llevarlos a Dios .

Es muy importante para el predicador le atención de todos sus oyentes desde los mayores hasta los más jóvenes.

 A veces nos quejamos de que los niños molestan en el culto – si no hay un programa para ellos – ¿no debemos esforzamos para que nuestra predicación atraiga aún a los niños?

Esto es muy importante. A veces es importante mirar fijamente a las personascuando hablamos; nadie a quien se lo observa directamente se mantendrá indiferente mucho tiempo.

 A veces lo que no contribuye a la atención son las malas costumbres de los oyentes. Por ejemplo, el hábito nada disimulado de voltear la cabeza para ver quien está entrando.

También algunos que llegan tarde y hacen tanto ruido con sus zapatos y el chirrido de sillas al moverse, que hasta el último asistente se entera de su llegada. Todo ésto ha de corregir el predicador, enseñando nuevos comportamientos. Que claro está tienen que ver con la educación y las buenas costumbres.

Los motivos de la falta de atención pueden ser muy variados pero a continua- ción enumeramos algunos consejos atinentes al predicador, y a la presentación de su mensaje, con el fin de evitar que el auditorio pierda el hilo del sermón.

 1- Asegurarnos de que lo que estamos diciendo es digno de oírse y vale la pena dedicar tiempo a escuchar.

Ustedes saben, todos los seres humanos por instinto nos agrada escuchar algo interesante, y en contrapartida desinteresarnos de palabras vacías de contenido. Dice un predicador: “Dadles algo notable, algo que valiera la pena de que un hombre se levantara a medianoche para oírlo  y que anduviera 100 kilómetros con ese objetivo.”

 2- Asegurarnos también gue nuestro pensamientos estén bien ordenados.

Un montón de buenas ideas entremezcladas sin orden y propósito no harán más que frustrarnos a nosotros y empachar los oídos de la gente.

 3- No olvidemos hablar con sencillez.

Esto ya lo hemos comentado. Según el nivel de los oyentes debemos aprender a subir o bajar el lenguaje y el estilo del sermón. Debe ser bendecido el anciano, el joven y el niño.

4- Para ganar la atención de los oyentes debemos predicar de un modo agradable.

 Y ésto tiene que ver con la variedad de su estilo de que echará mano el predicador.

 5- Y algo sumamente importante: no hagamos tan larga la introducción del sermón que sea mas extensa que el mensaje mismo.

La introducción debe ser breve, y tener algo de interés especial que despertará la expectativa de los asistentes por oír el sermón. Puede ser a través de preguntas, o temas relacionados con hechos recientes de orden público, etc.

Esto es así, porque la introducción es el gancho que captará el interés, despertando la curiosidad del oyente, para así con expectativa no querrá perder nada del desarrollo del sermón. Así que debe contener alguna idea creativa y que despierte o desafié al oyente.

Es sumamente importante cuidarnos de repetir la misma idea muchas veces. Debemos procurar decir algo nuevo en cada frase. Como alguien dijo: “No podemos estar martillando siempre en el mismo clavo” cuando tenemos una Biblia con inmensurables tesoros en sus páginas.

 Por otra parte, la mejor manera de ganar la atención de la congregación es cuidarnos de mensajes demasiados largos.

 Bien se dice que lo bueno y breve, doblemente bueno.

Un sermón de 30 minutos es más que suficiente si tenemos claro el propósito que queremos lograr; a lo máximo 40 minutos en ocasiones. Es mejor dejar a la gente con apetito que con un empacho de palabras que no quieran oír.

 Otra cosa muy distinta es cuando sentimos que la unción del Espíritu nos está dirigiendo porque aunque hablemos dos horas, la gente estará sumamente atenta.

 Debemos saber discernir – las técnicas humanas no pueden ayudar a un predicador vacío.

 Pero cuando el agua de vida fluye por el hombre, el pueblo recibe con deleite – es más, no quisieran que termine nunca la fiesta en su corazón.

 La mejor manera de abreviar nuestro sermón, es estudiarlo mejor y profundamente.

 Spurgeon dice: “Predicamos siempre más tiempo cuando tenemos menos que decir. Un predicador que tiene su sermón bien preparado, rara vez pasará de los 40 minutos; si tiene menos que decir, continuará por otros 10 minutos; y cuando no tiene nada preparado, necesitará por lo menos una hora.”

 No olvidemos tampoco que sólo por medio del Espíritu Santo se puede conseguir la atención del público. Además, para interesar a otros, debemos primero estarlo nosotros. Si es así, usaremos nuestras mejores facultades para presentar el mensaje.

 No es extraño muchas veces, que la gente no atienda, si el predicador no se muestra interesado por su propio tema. ¿Cómo inspirar a otros cuando tu mismo no estás entusiasmado?

Romaine decía que era conveniente conocer el arte de predicar, pero que era una cosa infinitamente mejor, SABER PREDICAR CON EL CORAZON.

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