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Tres cualidades basicas del predicador… (5)

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LO QUE EL PREDICADOR ES SEGUN LA BIBLIA. (Continuación…)

a) LAS TRES CUALIDADES BASICAS DEL PREDICADOR

1- Debe tener autoridad. Eso sólo es posible si él mismo tiene una profunda experiencia con el Espíritu Santo.

Por otra parte, a la gente le agrada ser guiada por alguien que sabe adonde va y que les inspira confianza.

Podríamos decir muchas cosas sobre la autoridad, pero lo cierto, es que la autoridad sólo existe, cuando Dios respalda nuestra palabra. ¿Cómo se consigue, entonces?

De rodillas, y sólo de rodillas. Vaciando nuestro corazón en Su presencia para que el lo llene. No hay autoridad si no estamos pegados al corazón de Dios – al punto de sentir cada latido de su voluntad, por eso podemos decir que TU PRIMER Y MEJOR ESTUDIO ES y DEBE SER LA ORACION.

Martín Lutero lo sabía por experiencia, y dijo: Haber orado bien es haber estudiado bien.” Y este consejo deberíamos recordarlo con frecuencia. Especialmente si queremos que la unción del Espíritu Santo esté sobre nosotros.

Spurgeon dijo: “Cuando vuestro texto viene como señal de que Dios ha aceptado vuestra oración, será precioso para vosotros, y tendrá un sabor y una unción enteramente desconocidos al orador formal, para quien un tema es igual a otro.

Autoridad es igual a intimidad. Dios no autoriza ni respalda a desconocidos. ¿cuánto te conoce Dios por habitar en Su presencia? De tu respuesta depende la autoridad que tendrás.

2) Debe ser espiritual. No santulón”, ni “fachero” religioso, que es lo mismo que decir hipócrita, palabra que describía muy bien a los fariseos.

Ustedes saben que muchas veces, se confunde la capacidad natural de un individuo, con un don espiritual. Pero nunca esta capacidad intelectual, fuerza de voluntad y entusiasmo – aunque sean de mucha importancia – nunca pueden reemplazar al hombre que ha muerto a si mismo – aquel que ya no vive para sí, sino para Cristo. Como dijimos antes, hombres a quienes Dios les encuentra en condiciones para ser ungidos por su Espíritu Santo.

“La iglesia siempre ha prosperado con mayor ímpetu cuando ha sido bendecida con líderes espirituales y fuertes, que esperaban y experimentaban de manera palpable lo sobrenatural en su servicio.”

C.H. Spurgeon en suDiscurso a mis Estudiantes” nos dice que:La primera señal del llamamiento celestial, es un deseo intenso que todo lo absorbe de emprender esa obra. Para que sea verdadera la vocación al ministerio, debe sentirse una sed irresistible, abrumadora, insaciable de comunicar a los demás lo que Dios ha hecho en bien de nuestras almas; lo que yo llamaría una especie de comezón, tal como la que tienen las aves por criar a sus polluelos cuando llega la estación, tiempo en que la madre antes moria que abandonar su nido.

Se decía de Alleine, por uno que lo conocía íntimamente, que “sentía un hambre infinita e insaciable por la conversión de las almas. Cuando pudo haber disfrutado una beca en la universidad, prefiruna capellanía porque “estaba movido por una impaciencia irreprimible de que se le ocupara directamente en el trabajo ministerial.””

No entréis en el ministerio si podéis evitarlo” fue el consejo profundamente sabio que dio cierto teólogo a quien le consultaba su opinión. “Si algún estudiante de entre los que ésto escuchan o leen, pudiese darse por satisfecho con ser editor de un periódico, comerciante, agricultor, doctor, abogado, senador o rey, en nombre del cielo y de la tierra, que siga su camino: no es el hombre en quien mora el Espíritu de Dios en plenitud; porque aquel que estuviera lleno de Dios, sentiría suma repugnancia por todo lo que fuera aquello por lo cual suspira en lo íntimo de su alma. Si por el contrario podéis decir que ni por todas las riquezas de ambas Indias, consentiríais ni osaríais optar por empleo alguno que no fuera el de consagraros a la predicación del evangelio de Jesucristo; en ese caso, descansad en ello, si en lo demás obtenéis resultados igualmente satisfactorios pues tendréis las señales requeridas por este apostolado.

Debemos sentirnos llenos de inquietud si no predicamos el evangelio. La Palabra de Dios debe ser en nosotros como fuego en nuestros huesos, de lo contrario, si emprendemos los trabajos ministeriales, seremos desdichados al ocuparnos en ellos.

Careceremos de aptitud para armarnos de la abnegación que debe acompañarnos y serán de poca utilidad para aquellos entre quienes trabajemos. Hablo de abnegación y bien puedo hacerlo, porque la obra del verdadero pastor está llena de ella, y sin amor a su vocación pronto sucumbirá, o dejará por penosas las tareas que se ha impuesto, o las proseguirá con disgusto, abrumado por una monotonía tan cansadora como la del caballo ciego que tira de la rueda de un molino.

Hay un consuelo en la fuerza del amor; y éste haría soportable una cosa que de otra manera, destrozaría el corazón.”

Ceñidos de ese amor, seréis intrépidos…

… Este deseo debe ser meditado. No basta que sea un impulso repentino que no vaya acompañado de una ansiosa consideración. Es preciso que sea el fruto de nuestro corazón en sus mejores momentos, el objeto de nuestras reverentes aspiraciones, el sujeto de nuestras más fervorosas oraciones. Debe persistir en nosotros aún cuando ofertas tentadoras de riquezas y comodidades vengan a ponerse en conflicto con él y permanecer con una resolución tomada con calma y con la cabeza despejada, después que todo haya sido estimado en su justo valor y calculado concienzudamente su costo.

Cuando siendo yo niño vivía en el campo en la casa de mi abuelo, vi una partida de cazadores vestidos de casacas coloradas, corriendo a caballo a través de los campos en persecución de un zorro. Mi corazón infantil se entusiasmó y me sentí dispuesto a seguir tras los sabuesos saltando setos y zanjas. Siempre he sentido una inclinación natural por esa clase de ejercicios y cuando de muchacho se me preguntaba lo que yo quería ser, generalmente contestaba que iba a ser cazador. ¡Hermosa profesión, a fe mía!

Muchos jóvenes tienen, de ser pastores de almas, la misma idea que yo tenía de ser cazador. Los anima un pensamiento meramente pueril de que les agradaría la casaca roja y el silbato de cuerno, es decir, los honores, los respetos, las comodidades y son probablemente bastante necios, para pensar también en las riquezas del ministerio.

La fascinación que ejerce el cargo de predicador en los espíritus débiles es muy grande y por lo mismo -concluye Spurgeon- exhorto encarecidamente a todos los jóvenes a que no confundan un capricho con la inspiración, y un antojo pueril con el llamamiento del Espíritu Santo.”

Creo que con ésto es suficiente material de estudio para que entendamos por qué una cualidad esencial del predicador debe ser su espiritualidad.

Su vocación nace en el corazón. Brota del amor del Esritu Santo por las almas que se pierden.

Samuel Brengle escribió: El poder espiritual es el derramamiento de la vidaespiritual y, como toda vida, es de Dios, desde el musgo sobre la pared hasta el arcángel ante el trono. Por eso los que desean el liderazgo deben pagar el precio y buscarlo de Dios.”

3) DEBE SER SACRIFICADO. Si el modelo de vida sobre el cual vamos a predicar y enseñar es de UNO que dio su vida por amor, será una contradicción que el predicador sea un mero orador.

Debemos seguir el ejemplo que nos ha dejado el Maestro. La vida del predicador es, muchas veces orar mucho, predicar constantemente. En ocasiones nos sorprenderá la madrugada, buscando una palabra adecuada para el pueblo de Dios; otras serán motivos de oración por conflictos espirituales.

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Lo que quiero decir, es que hay un precio que pagar cada día. Nos guste o no, hay una cruz en la cual tenemos que consentir ser clavados.

“El puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.” (1 Juan 3:16).

Antes que predicar debemos estar dispuestos a servir. Porque sólo cuando nos vean hacer lo que predicamos obedecerán a nuestra palabra. Si queremos escapar de la cruz posiblemente perderemos el liderazgo.

“Y cualquiera de vosotros que desee ser el primero seel esclavo de

todos. Porque aun el hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para

servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (Mr.10:44,45).

El predicador debe tener un amor especial por la gente. Debe ser sociable e interesarse por sus necesidades espirituales. Como su Sor, debe mirarles con compasión “como ovejas que no tienen pastor.” Sólo un corazón sensible que se identifica con el dolor humano puede predicar solicitud.

Si sientes amor por los perdidos, y te duele el corazón el ver a los cautivos del diablo, sólo debes asegurarte de que has recibido la unción del Espíritu Santo. Si es así, predica, en cualquier lugar y a toda hora; predica, porque eso es tu vida.

Por eso también en palabras de Spurgeon: “Fijaos bien en que el deseo de que os he hablado, debe ser profundamente desinteresado. Si un hombre después de un cuidadoso examen de si mismo, puede descubrir que tiene un motivo diferente del de la gloria de Dios y el bien de las almas, para optar por el pastorado, haría bien en volverse de él inmediatamente; porque el Señor llevará a mal el ingreso de compradores y vendedores en su templo: la introduccn de cualquier cosa mercenaria, aún en el menor grado, será como la mosca en el bote de un ungüento, y todo lo echará a perder.”

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