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Personajes del contexto social y religioso en la Vida de Jesucristo (7).

Veremos ahora, entremezclados con los acontecimientos, los personajes que conformaban esa sociedad tan abrumada por el yugo romano y sus propias luchas internas.

En primer lugar, tenemos la aparición de los cobradores de impuestos, llamados “publicanos”, que se asentaron en toda ciudad y villa, contando con la aversión del pueblo por ser la mayoría de ellos judíos al servicio de los romanos.

EL SANHEDRIN, era la máxima autoridad religiosa y judicial de la nación, sin embargo, terminó siendo un nuevo títere del imperio.

Todo esto no apagó el fervor del patriotismo en el corazón de la gente, que estaban dispuestos a embarcarse en cualquier esfuerzo para lograr la independencia.

Es importante destacar, que aunque Herodes el Grande había construido un nuevo templo, que rivalizaba en esplendor con el levantado por Salomón un milenio atrás, surgió una nueva institución que puso el templo casi en segundo lugar: LA SINAGOGA. Las había a lo largo de toda Palestina y también en el exterior. Los días sábados, las sinagogas se llenaban de gente para sus servicios religiosos en los que se oraba, se escuchaba la lectura de las escrituras y las exhortaciones de los rabinos o maestros de la ley.

En el “período de silencio” que abarcaba los cuatrocientos años que van desde Malaquías hasta Mateo, fueron naciendo diversas sectas como las que encontramos en los relatos evangélicos.

LOS FARISEOS, se proclamaron los portavoces de la bandera racial que proclamaba la superioridad racial judía. Por lo tanto, se creían los favoritos del cielo por ser “descendientes de Abraham”. Enseñaban también doctrinas como la resurrección, la vida futura y la jerarquía de los ángeles – que los SADUCEOS (principales oponentes) rechazaban. Como eran profundamente sectarios y de mentalidad cerrada, convirtieron a vida en algo legal y formal, haciendo a la religión presentable como un cascarón bonito por fuera pero vacío de verdadero significado por dentro.

Así también, hay muchas denominaciones cristianas a las cuales les queda el brillo y la grandeza exterior “de lo que fueron” pero no están transmitiendo la vida y el poder del Espíritu Santo.

Jesús fue muy duro con ellos – los llamó “sepulcros blanqueados” que por dentro están llenos de huesos de muertos.

Los fariseos son un claro ejemplo de lo que puede pasarle a un cristiano, cuando, se olvida de ejercitar diariamente su corazón en una actitud de arrepentimiento.

LOS ESCRIBAS o MAESTROS DE LA LEY, actuaban en íntima asociación con los fariseos y su oficio era dedicar sus vidas a copiar las Escrituras por las que profesaban una gran reverencia, al extremo que tenían contadas las palabras y hasta las letras que contenían.

Sin embargo, su interpretación del A.T. Fue totalmente literal y superficial, sin haberse percatado de todo su mensaje noble y espiritual. Además, agregaron a las escrituras una masa incongruente de sus propias opiniones y tradiciones que, con el correr del tiempo las elevaron a la categoría de las mismas Escrituras. Toda esta interpretación de los escribas o maestros estaba contenida en el TALMUD. Posteriormente, la proliferación de interpretaciones alcanzó tal proporción que regulaban hasta los detalles mínimos de la vida personal, doméstica y social. Esto llegó a ser tal carga para el pueblo que nadie era capaz de soportar.

Esto también es una fuerte ilustración para la iglesia de Cristo. Debemos enseñar la Palabra con esmero y dedicación. El pueblo mismo debe ser diligente en aprender. Pero no hagamos “doctrinas legalistas” que pongan una carga sobre los hombros de aquellos que aman a Dios.

LOS SADUCEOS, eran algo así como “los modernistas” de nuestros días. Rechazaban la tradición pero no tenían nada nuevo que ofrecer salvo su actitud negativa. Era gente mundana y poseedora de riquezas. Ridiculizaban la fe farisaica pero ellos mismo carecían de fe en Dios. No creían en milagros ni ángeles, eran completamente materialistas en su manera de pensar y, por supuesto, rechazaban la posibilidad de la resurrección, algo en lo que sí creían los fariseos.

En nuestros días hay también muchos círculos cristianos muy a gusto con sus concepciones teológicas pero han perdido la fe, tal como sucedía con los fariseos. Nunca debemos olvidarnos que Jesús dijo: “Si no os hacéis como niños no podrán ver el Reino de Dios.” El conocimiento no debe hacernos vanidosos, al contrario, debe mostrarnos que no sabemos nada. Como niños siempre debemos esperar milagros, pequeños y grandes. Cada día la fe de un cristiano sencillo espera milagros de la mano de su Padre amoroso.

Había también, un grupo que adulaban a Herodes y andaban detrás de sus favores. A este sector se les llamaba LOS HERODIANOS, los que constituían un grupo político muy cercano a la corte de Herodes.


Como es natural, no faltó la gente que, ajena a los partidos religiosos (denominaciones o sectas según nuestro vocabulario) conformaron grupos “de protesta” ante la descomposición socio-político-religioso de la nación.

Así surgieron LOS ESENIOS, quienes se cree fueron los precursores de lo que serían las órdenes monásticas de la edad media; quienes se cree también influenciaron sobre la vida y formación de Juan el Bautista en el desierto.

Ellos adoptaron una resistencia pasiva y de protesta muda frente al “orden establecido”. Decidieron retirarse por completo de la sociedad judía de entonces y vivir en el desierto en comunidades de hombres, en su mayoría célibes.

Por los documentos encontrados a orillas del Mar Muerto, en ocasión del hallazgo de los importantes documentos de QUMRAN, se cree que esta comunidad fue laboriosa en extremo, habitaban en cuevas y tenían un reglamento de vida altamente disciplinado.

Terminemos esta parte recordando que fuera de los partidos religiosos estaba la masa del pueblo, en cuya escala más baja se consideraban a LOS PUBLICANOS, las prostitutas y los pecadores, algo así como el desecho social y la escoria del mundo de cuyas almas nadie se ocupaba. Para sorpresa de todos, a esa gente y no a los fariseos o a los saduceos, Jesús los llamó los “hijos de Abraham” a quiénes el Mesías había sido prometido. Y como ustedes recordarán por el evangelio de Lucas, en esa masa se encontraba gente como Ana y Simeón que oraban y ayunaban con frecuencia, y con lágrimas en los ojos clamaban al Señor que visitara a su pueblo y lo redimiera de sus pecados.

 

 

 

 

 

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