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11 »El Señor te concederá abundancia de bienes: multiplicará tus hijos, tu ganado y tus cosechas en la tierra que a tus antepasados juró que te daría.
12 »El Señor abrirá los cielos, su generoso tesoro, para derramar a su debido tiempo la lluvia sobre la tierra, y para bendecir todo el trabajo de tus manos. Tú les prestarás a muchas naciones, pero no tomarás prestado de nadie.
13 El Señor te pondrá a la cabeza, nunca en la cola. Siempre estarás en la cima, nunca en el fondo, con tal de que prestes atención a los mandamientos del Señor tu Dios que hoy te mando, y los obedezcas con cuidado.
Deuteronomio 28:11-13 (Nueva Versión Internacional)
38 Denles a otros lo necesario, y Dios les dará a ustedes lo que necesiten. En verdad, Dios les dará la misma medida que den a los demás. Si dan trigo, recibirán una bolsa llena de trigo, bien apretada y repleta, sin que tengan que ir a buscarla”.
Lucas 6:38 (Biblia en Lenguaje Sencillo)

Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno. (2 Co 4:18 NVI).
El término «pequeño» califica el tamaño de un objeto, pero también puede designar algo de poca importancia. Aunque es un objeto pequeño, ¿Qué lugar esencial ocupa la pequeña pantalla en nuestra sociedad? Pequeña, ¿Dice usted?, pero gigantesco en el impacto que ejerce hoy.
Desde la infancia no se concibe más vivir sin televisión. Incluso los hogares más modestos no se imaginan arreglárselas sin ella. La pequeña pantalla capta la información de todo el mundo para cautivar al mundo entero. Diariamente y durante horas la pequeña pantalla acapara los ojos, los oídos y los pensamientos de millones de nuestros contemporáneos en el planeta.
Creyente o no, cada uno dará cuenta a Dios del empleo del tiempo que Él le otorgó. Sin duda queremos mirar sólo «buenas emisiones». No obstante, seamos bien conscientes de que además del tiempo que pasamos en mirarlas, ellas influyen en nuestros pensamientos.
Apaguemos nuestra TV y coloquémonos delante de Dios. Abramos su Palabra y dejémonos penetrar por sus pensamientos. Cristianos, vayamos a lo esencial. Tomémonos el tiempo para orar; no sólo unos minutos a la carrera, sino seriamente y con perseverancia, porque Dios escucha. Tal actitud tendrá consecuencias felices y eternas para nosotros.
¡Cuántas personas, absorbidas por la televisión, han entrado en la eternidad sin que la pequeña pantalla les haya dejado el tiempo de pensar en su eterno porvenir!
Fuente: La Buena Semilla
CUARTO GRUPO: LOS PROFETAS MAYORES
ISAÍAS – JEREMÍAS – LAMENTACIONES – EZEQUIEL – DANIEL
Los cuatro profetas que escribieron los llamados libros de los “Profetas Mayores” fueron de la historia de Israel. Isaías tuvo por misión llamar a la nación de Judá al arrepentimiento, lo cual tuvo como resultado el que ésta se salvase del juicio divino durante ciento treinta años.
Jeremías intentó hacer lo propio en sus días, pero fue rechazado. El pequeño libro de Lamentaciones contiene los lamentos de Jeremías porque la gran ciudad de Jerusalén y el pueblo de Judá fueron destruidos innecesariamente debido a que rechazaron al Señor.
Tanto Ezequiel como Daniel fueron llevados al cautiverio babilónico y profetizaron la restauración de Israel antes de la primera venida de Cristo, y nuevamente en los “últimos días”. La profecía de Daniel ocupa un lugar destacado en el Antiguo Testamento y se compara con el libro de Apocalipsis. Una aclaración importante es que al denominar estos libros “profetas mayores” no se debe a que son más importantes que los otros profetas, sino simplemente, porque el volúmen de estos libros es mucho mas extenso que los demás.
Pregunta: ¿Cuál es el propósito de las pruebas? Pte II
Respuesta: (a) Las pruebas nos purifican
Cuando el oro es purificado, se necesita ponerlo en el horno a temperaturas muy altas. Unicamente de esa manera pueden las impurezas del oro salir a la superficie para ser descubiertas y eliminadas. Algunas veces se necesita la aplicación de grandes presiones y temperaturas altas a nuestra vidas para revelar los pensamientos impuros, motivos y acciones. A medida que esas impurezas suben a la superficie, es entonces que tenemos la oportunidad de confesarlas y arrepentirnos delante de Dios. Luego El nos limpia de toda injusticia (1 Juan 1:9), en el proceso de nuestra purificación y preparación para hacer la voluntad divina (1 P 4:1-3).
(b) Las pruebas nos enseñan dependencia y humildad.
La humanidad no camina por la senda de Dios automáticamente; por el contrario, usualmente es todo lo opuesto (Is 55:8). Las pruebas muchas veces revelan el error de nuestros propios caminos, dirigiéndonos hacia el lugar de una dependencia mayor en Dios. A medida que nos humillamos ante El, procuramos buscar sus caminos con más diligencia. Estamos más dispuestos a cooperar y a rendirnos a El. Reconocemos cuán desesperadamente necesitamos depender de El – y de su fortaleza, sabiduría y dirección.
Dios utiliza las pruebas para hacernos humildes y para examinar la consistencia de nuestra fe. (Dt 8:16). Además, utiliza las adversidades para recordarnos que todas las cosas buenas, éxitos, toda cosa fructífera nos vienen únicamente por la gracia de Dios en su gran amor y poder (Dt 8:17,18; Stg 1:17). Tengamos estas cosas en mente a fin de evitar que nuestra propia arrogancia nos haga pensar en alguna ocasión que el éxito que tenemos en el ministerio nos viene por nuestros propios esfuerzos. Pablo fue usado poderosamente por Dios. Sin embargo, sufría de un aguijón o prueba física que evitaba que no fuera a “exaltarse sobremanera” (2 Co 12:7-10).
A medida que Dios efectúa poderosas obras a través de nosotros, las pruebas nos recuerdan que no poseemos de fuerzas espirituales genuinas sino que nos vienen de parte de la gran gracia y capacitación divina.
Apocalipsis 18: 9 – 19
En estos versos, se nos describe de una manera bastante dramática, lo que sienten los Reyes y los Mercaderes por la caída de Babilonia. También las endechas con que se lamentan por su destrucción.
Al menos son tres los grupos específicos que lloran también paralelamente (vv 11-19), al ver el incendio y la destrucción total de la tan próspera ciudad. Ellos representan a todas luces el corazón del sistema político y comercial del cual se vanagloriaban. Reyes, comerciantes y marineros. A través de ellos se realizaba toda transacción de las diferentes riquezas de objetos preciosos y de manufacturación. Es interesante observar esa larga lista con la que los mercaderes comerciaban con la gran ciudad, en algunos de sus detalles.
Todo lo que servía para la ostentación humana, joyas y atuendos diversos (v 12). Vea también Ezequiel 27:12 y ss.
Muebles de lujo: las maderas más finas y olorosas (v 12b).
Luego describe las diferentes especies, y también los ungüentos y lo mejor del trigo, del vino y del aceite (v 13ª).
Continúa con el ganado y los caballos, para las carreras o para la guerra (v 13b).
Y concluye su lista con lo más triste, enmarcando hasta dónde puede llegar la corrupción humana. El tráfico humano. Las almas de los hombres. Su esclavitud.
De este trágico panorama comenta Matthew Henry lo siguiente: “Finalmente, “cuerpos” (gr. Sómata). El vocablo griego es el que los LXX usan para designar a los esclavos en Génesis 36:6. Realmente, para los amos paganos, los esclavos eran meramente cuerpos para el trabajo, para los juegos circenses o para los burdeles de prostitución masculina. Y, con los cuerpos, las almas humanas o, mejor, vidas humanas, ya que psukhás no tiene aquí ningún sentido moral ni espiritual, sino que designa probablemente “los esclavos dedicados a las artes liberales, a ser pedagogos, literatos, artistas” (Bartina, ob. Cit., pág. 796).”
¿Cómo se puede explicar tanta maldad para que el hombre venda y compre a su semejante como mercadería? Solo la diabólica presencia del espíritu del anticristo operando en la humanidad hasta enceguecerla. Hoy como lo ha sido en toda la historia humana el tráfico humano sigue siendo una realidad aún en niños pequeños. La sociedad contemporánea en su bajeza moral ha llegado a aceptar la prostitución en sus diferentes formas como legal. Indefectiblemente a la venta o servicio del cuerpo van unidas las preciosas “… almas de los hombres.” Almas que Satanás quiere que se pierdan. Pero que Dios ama hasta el límite de toda paciencia concebible y quiere que se salven (2P 3:9b).
Posteriormente, el autor hace como una “recapitulación final”. La versión Reina Valera dice:
Los frutos codiciados por tu alma se apartaron de ti, y todas las cosas exquisitas y espléndidas te han faltado, y nunca más las hallarás (18:14).
La primera frase de este verso, nos muestra el origen de toda esta calamidad inminente por la que viene el juicio de Dios. La codicia y el amor hacia lo espléndidamente mundano como forma de vida egoísta. Tal es la situación de un alma que no ha sido redimida por la obra redentora del Cordero de Dios.
Pues la idea en el texto original designa “todo lo que más apetecían los que compraban y vendían”, esa es la idea del v 14 que dice literalmente: “y el fruto del deseo de tu alma se alejó de ti.”
Así que todo lo que representaba su prosperidad y esplendor -que los enorgullecía- se había desvanecido definitivamente.
Todo el clamor y duelo de estos comerciantes, en realidad (vs 16,17) que era lo que ellos tenían fijado en sus corazones. En contrapartida, nos hará bien y traerá luz a nuestro espíritu, recordar las palabras de nuestros Señor Jesucristo.
No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. Mt 6: 19-21
¡Cuán fácil podemos ser contaminados por los valores seculares que niegan los principios de Dios! Por ello la misma palabra de Dios nos exhorta a examinar de continuo nuestro corazón.
Todas las lamentaciones y lloros de los marinos y sus socios mercantes, por ejemplo en el v 19, no eran de pena por la ciudad o sus habitantes, sino más bien por lo mucho que les dolía a su orgullo lo que ellos mismos habían perdido. Todo ese arrojarse polvo sobre su cabeza era señal de gran duelo entre los orientales. Claro que era un gran dolor egoísta por ellos mismos y que más amaban ¡sus riquezas!
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