Apocalipsis: El Cordero y los 144.000 (31)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

APOCALIPSIS 14

LA VICTORIA FINAL DEL CORDERO

Vr.1. Esta visión comienza con el cordero triunfante sobre el monte Sion. Acompañado por los 144.000, que ya vimos en el capítulo siete. En este punto nos detenemos para analizar lo que las marcas en la frente podrían significar:

Una marca de propiedad. Como sucedía con los esclavos. Así, los que acompañan al Cordero pertenecen a Dios.

Una señal de lealtad. El soldado solía marcar su mano con el nombre del general a quien respetaba y por quien estaba dispuesto a dar su vida. Aquí los que acompañan al Cordero serían los veteranos que han demostrado su lealtad.

Pueden significar seguridad. En casos de extremos peligros las marcas en el cuerpo ayudaban a identificarlo. Este grupo que acompaña al cordero está marcado, como medida de seguridad en la vida y en la muerte.

En el mundo antiguo era muy común que los seguidores de distintos dioses, se marcaran con la señal de ese dios y a veces con procesos muy dolorosos.

Un ejemplo histórico importante de esta práctica antigua, lo relata el libro de III Macabeos, allí se nos dice que Tolomeo IV de Egipto, ordenó que “degradasen a todos los judíos al grado más bajo y a la condición de esclavos. Quienes dijeran algo contra la medida debían ser llevados por la fuerza y matados, y cuando se los registrara se los debía marcar con una señal en el cuerpo, con la hoja de hiedra que es el emblema de Baco.” (3 Macabeos 2:28,29).

Por ello vemos que este vocabulario de marcas y señales no era extraño para los lectores del tiempo de Juan.

Claro que aquí la marca escrita en la frente solo podía ser simbólica. ¿No dice la escritura que los creyentes hemos sido sellados con el Espíritu Santo de la promesa?

Todas las marcas de este mundo dirigido por el príncipe de las tinieblas son mentirosas y crueles.

La marca de Dios y el cordero tiene la suavidad y ternura del Espíritu Santo. Como garantía de que “…ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” Ro. 8:38,39.

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