Apocalipsis: El mensajero gigante (12).

CAPITULO 10:1-4. EL MENSAJERO GIGANTE.

 

Luego de la dantesca escena del capítulo anterior, vemos a Juan, ahora sobre la tierra. Desde donde ve un ángel que baja del cielo.

 El aspecto del ángel era imponente, poderoso y toda su figura majestuosa. Certificando de esta manera que viene de la misma presencia de Dios.

 Debemos notar que el relato del Apocalipsis entre 10:1 y 11:14, es una especie de “intervalo” entre el sonido de la sexta trompeta (9:13-21), y la séptima trompeta. La sexta trompeta ya ha tocado pero la séptima no hará hasta el 11:15. Notaremos que las cosas que suceden entre esto dos llamados de atención son terribles.

 Características del mensajero:

 a)   Vr. 1. Para cubrir un su majestad viene “envuelto en una nube. “La nube siempre aparece como vehículo de los visitantes celestiales. También son los carros de Dios (Sal. 104:3).

b)   Llevaba sobre su cabeza un «ARCO IRIS», que como una aureola ó halo glorioso rodeaba su cabeza. Era producido este resplandor por el rostro del ángel a través de la nube. El arco iris indica su procedencia celestial a la vez que anuncia un mensaje de paz para los fieles cristianos perseguidos.

c)  Agrega que el rostro del ángel era COMO EL SOL. De esta misma manera se describe el rostro de Jesús en el monte de la transfiguración, (Mat. 17:2).

d)  La voz del ángel es como el rugido de un león; así también en las escrituras, muchas veces, la voz de dios es comparada con el rugido de un león, para mostrarnos el poder que ella posee al ser emitida, (Joél 3:16; Oseas 11:10; Amós 3:8).

Como podemos ver, la descripción de este ángel, es en parte la descripción de Dios y por otra también de Jesucristo. Y como viene directamente de la presencia de Dios, muchos estudiosos creen que no es otro que el mismo Cristo glorificado en persona.

e)   El ángel puso un pie sobre la tierra y otro sobre el mar. Debemos observar con atención este detalle porque esto nos demuestra el tamaño gigantesco y el poder que posee esta creatura. Siempre la tierra y el mar representan la totalidad del universo. El alcance del poder de este ángel es realmente portentoso. Nos demuestra la soberanía de Dios sobre todo lo creado.

Esta figura también nos recuerda la visión del ángel (que ya vimos) en Apocalipsis 5:2. Quizás aquí uno llegue a preguntarse, ¿quién es este ángel? Podría ser Gabriel, cuyo nombre significa “fuerza de Dios”, al que le cabria perfectamente el nombre de poderoso o fuerte.

f)    Por otra parte, dice que el ángel “tenía en su mano un librito abierto” (vr.2), es decir un pequeño rollo, abierto y desenrollado. Lo que parece indicar que el mensaje entregado a Juan es por un tiempo corto y limitado. Cuando habló la voz del ángel resonaron los SIETE TRUENOS.

Nos imaginamos toda esta escena gloriosa. Juan estaba viendo y oyendo algo realmente estremecedor. Sin embargo no hay en la visión nada que produzca miedo o aterre a Juan.

La visión está claramente establecida. El mensajero celestial bien identificado. La voz que ruge como un león no produce miedo en Juan. El conoce la voz de su Padre. Esa voz le asegura que el mensaje que está recibiendo viene de Dios. Por eso se dispone a escribir sin pérdida de tiempo.

Nos imaginamos entonces que este ángel gigantesco dio un grito inarticulado, parecido al rugido de un león, el que se convirtió en un eco inmenso semejante al de siete truenos (vr.3). El ángel emitió con su fuerte y poderosa voz, probablemente siete mensajes, cuyo eco iba retumbando en todos los ángulos de la tierra.

 Tal visión celestial nos trae otra vez a meditar en la belleza, a la par que efectiva Palabra de Dios, a su alcance universal.

 En el mundo del espíritu no hay límites, y no debemos olvidar que Juan estaba con los pies en la tierra, pero su espíritu había entrado en la dimensión espiritual de Dios. Allí Juan podía ver y oír lo que de otra manera hubiera ignorado y permanece invisible a la mayoría de los seres humanos, aún a lo largo de todas sus vidas en este mundo.

 Una experiencia similar a esta es la que afirma San Pablo, experimentaremos los cristianos cuando estemos en la casa de nuestro Padre en el cielo. Y vale la pena leerlo atentamente. (1 Cor. 13:9-12). El verso 12, a la vez que profundo y misterioso, es también revelador.“Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.”

El “ahora” de nuestra existencia limitada, contrasta con el “entonces” de la realidad eterna, de nuestra morada en el cielo, donde viviremos sin limitación el gozo del verdadero conocimiento. “Conoceré como fui conocido”… miraré mi vida y la historia como Dios la ve y la conoce “ahora”… ¿no es esto maravilloso e inspirador? Apocalipsis no es otra cosa que instantáneas del cielo. Un adelanto de la gloria que nos espera. Por ello leerlo y estudiarlo, aumenta la fe y la pasión del cristiano que espera cosas mejores. Este es el ambiente sobrenatural del espíritu en el que el Apóstol Juan recibe toda esta revelación.

 Volviendo a nuestro texto de estudio, debemos notar que el trueno en las escrituras representa, o mejor “es” LA VOZ DE DIOS.

 LOS SIETE TRUENOS, eco del poderoso grito del ángel, parecen indicar ó representar todo EL CONJUNTO DE LA REVELACIÓN PROFETICA, ó cierto número de revelaciones ya hechas a los cristianos, por lo que Juan se dispone a escribir inmediatamente. Pero UNA VOZ DEL CIELO SE LO PROHÍBE misteriosamente. Esto significa mantenerlas en secreto. También nos hace ver que Juan había oído muchos secretos acerca de los planes futuros de Dios para la humanidad.

 Este estilo literario es muy similar a otros libros de género apocalíptico. Como es el ejemplo de Daniel que en el 12:4 dice: “Tu Daniel, ten en secreto estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin.”

 No debemos especular cual haya sido el contenido de misma. Esta idea también la encontramos en 2 Cor. 12:4, cuando Pablo dice haber sido transportado al tercer cielo y haber escuchado voces cuyo mensaje era inefable.

 Aún en nuestra vida personal, Dios muchas veces nos revela y nos dice cosas que no podemos comunicar a los demás.

 Porque en su amor nos dice mucho más de lo que nosotros podemos decir, o más de lo que otros podrán entender o aceptar.

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