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Apocalipsis: Eventos Del Milenio (49)

 

Apocalipsis: Eventos Del Milenio (49): profecias biblicas

 

 

 

 

 

 

 

 

Apocalipsis

Capítulo 20

Versos 4-6

Eventos del Milenio

4 Entonces vi tronos donde se sentaron los que recibieron autoridad para juzgar. Vi también las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios. No habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni se habían dejado poner su marca en la frente ni en la mano. Volvieron a vivir y reinaron con *Cristo mil años.5 Ésta es la primera resurrección; los demás muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron los mil años.6 *Dichosos y santos los que tienen parte en la primera resurrección. La segunda muerte no tiene poder sobre ellos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.

La breve descripción de estos versos, comenzando con el v. 4, se refiere de una manera bastante breve a procurar describir los acontecimientos mas importantes de este nuevo orden milenario. Juan comienza aquí contemplando unos tronos y también a quienes se sientan en ellos (Lc 22:29-30; Mt 19:28). El Señor debemos recordar adelantó a los apóstoles que habrían de juzgar a las doce tribu de Israel.

Pero lo llamativo en este v. 4 es la acotación a “… las almas…” ya que se refiere a los mártires que habían sido decapitados -según la costumbre de las ejecuciones romanas- por negarse a adorar a la Bestia, ni reconocer su falsa autoridad, guardando el testimonio de Jesucristo con sus propias vidas. ¡Cuanto amor por el Salvador! ¡Que entrega! ¡Que compromiso! ¡Que consagración! Como sacude este testimonio, el lecho de una iglesia contemporánea que duerme el sueño de la complacencia. “Despiértanos Señor… porque a la puerta está el cumplimiento de la profecía!”

“Volvieron a vivir”… añade Juan, sí… volvieron a vivir, porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos pues para él todos viven! (Lc. 20:38). Nada nos puede separar de su amor… ni siquiera la muerte… que para el cristiano es nacer a la verdadera vida… como la cigarra cuando abandona su hábitat para elevar sus alas al vuelo de la verdadera libertad.

Así ellos, habiendo vencido la muerte “reinaron con Cristo mil años”. Ahora podrían gozar de las bendiciones de haber ofrendado sus vidas a su Señor.

¿Qué incluía ese nuevo estado de resurrección? Administrar el reino universal en la tierra como reyes, para concluir luego en un estado perfecto proyectado hacia la misma eternidad, como veremos luego en el capítulo siguiente.

Ahora bien, al llegar al v. 5, no debemos confundirnos, y entender, que los del v. 4 ya estaban resucitados. ¿Qué queremos decir?

Pues, que nos ayudará recordar, que esta primera resurrección – teniendo en cuenta todo el contexto del Nuevo Testamento – es una de etapas sucesivas y gloriosas.

Así, tenemos a Cristo que seguramente vendrá acompañado por los mencionados en el pasaje de Mt 27: 52,53.

Luego también, los que hayan participado en el arrebatamiento de la iglesia, según 1 Ts 4:15-17, el cual es muy importante consultar.

También le seguirán, los santos no pertenecientes a la iglesia y que se mencionan específicamente en el pasaje que estamos tratando en el verso 4. Podemos preguntarnos ¿Porqué? Pues, porque así como ellos, fueron humillados públicamente por su testimonio, así, son apartados por el Señor para presentar una victoria notable y relacionada con el establecimiento del reino de Cristo en la tierra.

Y los creyentes que hayan muerto durante el milenio, si entendemos que aun allí existirá la muerte (v. Is 65:20). Aunque aquí hay opiniones encontradas.

Finalmente, viene la segunda resurrección que está relacionada al juicio final de los impíos delante del Gran Trono Blanco. Donde comparecerán solo los incrédulos.

De esta manera el verso 6, enumera frases de bendición para los cristianos, como que son llamados “felices” o “dichosos”, dando a entender así, que se encuentran en un estado de perfecta felicidad, la que solo puede encontrarse en la misma presencia de Dios.

Es notable también la alusión que reza: “Sobre estos la segunda muerte no tiene autoridad”, recordemos que en el verso 14, leemos que “el lago de fuego es la muerte segunda”. Aclarando, así, que los que han muerto en el Señor, no sufren daño alguno de esta muerte segunda, pues “para los que están en Cristo Jesús no hay ya ahora ninguna condenación” (Ro. 8:1). ¡Sus ropas están lavadas con la sangre del Cordero!

Cobra mayor significado todavía, la verdad de que “… serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con El durante mil años”. A quién, si no a estos, se refiere ya desde el capítulo uno Juan, cuando dice en el 1:6, de que Cristo “… nos ha hecho un reino, sacerdotes para su Dios y Padre”. ¡Que maravilloso futuro para los lavados por la sangre del Cordero! Administrar los tesoros sagrados de nuestro Padre… privilegio exclusivo solo de sus sacerdotes y reyes. ¡Aleluya!

 

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