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Apocalipsis: Fiesta en el cielo (44)

Apocalipsis 19

¡Aleluya!

1 Después de esto oí en el cielo un tremendo bullicio, como el de una inmensa multitud que exclamaba:
«¡Aleluya!
La salvación, la gloria y el poder son de nuestro Dios,
2 pues sus juicios son verdaderos y justos:
ha condenado a la famosa prostituta
que con sus adulterios corrompía la tierra;
ha vindicado la sangre de los *siervos de Dios derramada por ella.»
3 Y volvieron a exclamar:
«¡Aleluya!
El humo de ella sube por los siglos de los siglos.»
4 Entonces los veinticuatro *ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron y adoraron a Dios, que estaba sentado en el trono, y dijeron:
«¡Amén, Aleluya!»
5 Y del trono salió una voz que decía:
«¡Alaben ustedes a nuestro Dios,
todos sus siervos, grandes y pequeños,
que con reverente temor le sirven!»
6 Después oí voces como el rumor de una inmensa multitud, como el estruendo de una catarata y como el retumbar de potentes truenos, que exclamaban:
«¡Aleluya!
Ya ha comenzado a reinar el Señor,
nuestro Dios Todopoderoso.

Aunque no creo que haya palabras que puedan expresar la grandeza de la gloria de Dios, que Juan estaba viendo, y que revela este capítulo. Sin embargo, Juan ha tratado con todos los elementos disponibles a su alcance, describir la grandeza de esta visión. Es de imaginar la impotencia que habrá experimentado… ¿cómo describir semejantes escenas celestiales?

Por ello, debemos notar que según el verso uno, el relato comienza cambiando del escenario humano a la dimensión eterna. De allí su grandeza. De allí su realidad que supera cualquier intento humano de describirlo.

Después de esto oí en el cielo…” (v1a), hay como un paréntesis de tiempo entre el relato anterior y éste cuando ya el se encuentra en el mismo cielo. Antes, Juan estaba en medio de la conclusión del juicio de Dios en medio de la Gran Babilonia – que para él representa al imperio romano de su época, perseguidor y verdadero azote de la iglesia de Cristo.

Delante del mismo trono de De Dios, mira y escucha Juan, a una gran multitud que exclama sus constantes aleluyas, expresando a la vez, y de diferentes maneras, el carácter santo y justo de Dios en relación a su fidelidad para con quienes le han seguido, aún a costa de sus propias vidas.

Notemos, que la palabra aleluya, que no se usa en ninguna parte del Nuevo Testamento, en este capítulo aparece cuatro veces en los primeros seis versículos. Esta palabra procede de dos palabras hebreas que significan: “Alaben al Señor” (Sal 135:1).

Continuando con esta idea del verso uno, y ante todo este panorama de fiesta celestial rodeando el trono, nos comenta J. Vernon McGee: “El capítulo 19 marca un cambio dramático en el tono de Apocalipsis. La destrucción de Babilonia, capital del reino de la Bestia, señala el fin de la Gran Tribulación. Lo sombrío da paso al cantar. Hay un pasar de las tinieblas a la luz, de negro a blanco, de terribles días de juicio a espléndidos días de bendición. Este capítulo hace una definida bifurcación en Apocalipsis, y desemboca en el mayor evento para el mundo: la segunda Venida de Cristo. Es el puente entre la Gran Tribulación y el Milenio”.

Podemos notar también, que el relato del verso 4 es semejante a la que ya vimos en 4:4-10, sólo que en lugar de las alabanzas de allí, aquí simplemente tenemos un Amén, seguido del tercer Aleluya del capítulo.

Ahora en el verso 5 se expresa una nueva voz, esta vez “salida del trono”, y ante su invitación la fiesta en los cielos es grande cuando los santos, los veinticuatro ancianos, los cuatro seres vivientes (cap 4), y las demás huestes celestiales reconocen que Babilonia, representativa del sistema político-militar corrompido ha caído y está totalmente eliminada.

Todos estos forman un inmenso coro, cuya magnitud numérica y potencia vocal se pone de manifiesto representándola como una gran cascada y potentes truenos. Las voces elevan su canto con el cuarto y último “aleluya” y sigue con dos expresiones, “ha comenzado a reinar el Señor” y “nuestro Dios, el Todopoderoso”. Será de una gran bendición meditar en estos versos en oración para tu vida. En el espíritu verás como Juan, el futuro de Gloria que espera a su iglesia. Y a todos aquellos que día a día son probados, pero que aún así permanecen fieles, pues han aprendido, que “ha comenzado a reinar el Señor” y “nuestro Dios, el Todopoderoso” tiene la última palabra. ¡Bendiciones!

 

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