Apocalipsis: La bestia que sube del mar… (29)


Apocalipsis 13: 1-10. (Continuación…)
Corresponde a la bestia del occidente, la que a su vez se relaciona con Apocalipsis 17:10-14, representando a todas las fuerzas persecutorias que se levantarán contra la iglesia a través de los siglos.
Vr.1. Juan ve esta bestia venir del mar mediterráneo con siete cabezas y diez cuernos.
Se interpreta desde el punto de vista historicista que estas siete cabezas representan una sucesión de siete emperadores que pasaron por el trono de Roma. Como también se relacionan a las siete colinas sobres las cuales fue fundada la ciudad por Rómulo y Remo.

La figura con corte mitológico alude a la Hidra con muchas cabezas para significar su resistencia a la muerte, en la fábula destruida una cabeza quedaban las otras. Los cuernos son en la Biblia símbolos de su fuerza.
Las cabezas representan a su vez, el poder casi absoluto de los soberanos en todo el espectro social y espiritual de la época. Tomen nota, además que en cada una de las siete cabezas hay un nombre de blasfemia.
Esto significa sin duda alguna lo que sería para los cristianos contemporáneos a Juan, los títulos que los emperadores romanos se daban a sí mismos, como se puede observar en las monedas y sus inscripciones de la época.
Algunos de ellos eran indudablemente blasfemos: Augustus, Divus, Deus, Filius Dei, Dominus, Salvator, Benefactor, solo por citar algunos. Cada unos de estos significados herían profundamente a los judíos monoteístas y a los cristianos porque con ellos, un simple mortal, se arrogaba atributos que solo pertenecían a la divinidad.

Acercándonos ahora a la imagen de la bestia que nos presenta Juan, encontramos que está compuesta por elementos tomados de las cuatro bestias que describe también el profeta Daniel, (Dn 7:2-8, leer). Este ve en una visión nocturna salir del mar grande, es decir, del mediterráneo, cuatro grandes bestias diferentes unas de las otras. La primera era como un león con alas de águila; la segunda era semejante a un oso; la tercera era como un leopardo con cuatro cabezas; la cuarta totalmente diferente de estas, era terrible, espantosa y muy fuerte, armada con dientes de hierro y tenía diez cuernos.

Juan toma varios elementos de estas cuatro bestias para componer su terrible bestia. La cual es la síntesis de las cuatro bestias de Daniel. Parece que el vidente de Patmos nos dijera: ésta espantosa bestia reúne todo lo peor y lo terrible que las fuerzas del mal han podido organizar alguna vez en la historia humana para oponerse a los planes de Dios para ella.

Destaquemos aquí el vr.7ª, pues dice que: “…y se le permitió hacer guerra contra los santos y vencerlos.” Sabemos que los santos son los miembros de la iglesia, la que ya se había extendido por “… toda tribu, pueblo, lengua y nación.”

Aunque a veces no entendemos los planes de Dios, vemos que él muchas veces permite que la iglesia sea perseguida y muchos de sus miembros muertos. Tal vez sea porque la tribulación sirve para purificarla (vea I Pedro 4:12,13). Y es bien cierto que una vida cristiana sin prueba alguna, no puede formar cristianos con el carácter de Cristo. Además, muestra la gloria de Dios, en quien confían.

Sea de una u otra manera, ninguna persecución puedo abatir jamás a la iglesia como cuerpo de Cristo sobre la tierra. Al contrario, los que sean vencidos en las persecuciones serán los vencedores de sus propios enemigos (Apoc. 20:4-6). “La sangre de los mártires – cómo diría Tertuliano – es semilla de cristianos.”

El orgulloso imperio romano con sus pompas y fulgores de grandeza terrena, arrastró a muchos a que le rindieran culto. Los cristianos que se resistían eran sacrificados como enemigos del estado y de la religión.

“Pocos años después de la composición del Apocalipsis, Plinio el joven, narra en una carta al emperador Trajano la conducta que había seguido con los cristianos de Bitinia. A los acusados de cristianismo los hacía llevar ante la imagen del emperador y de los otros dioses para que les ofrecieran incienso e hicieran una libación de vino. Los que ejecutaban este rito eran puestos en libertad, en cambio, los que se negaban eran ejecutados como rebeldes.”

También se cuenta que el procónsul de Asia exigió a San Policarpo jurar por el nombre del César y llamarle Señor (Kirios), a lo que éste se negó rechazando esa confesión por idolátrica.

El vr.8, relata todo este proceso pues nos dice que adoraron a la bestia todos los moradores de la tierra. Solamente los cristianos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero, se negaron a esa adoración. Ya sea ofreciendo incienso a las imágenes de los emperadores, como tampoco siguiendo su estilo de vida pagano.

El espíritu del anticristo, el cual representa esta bestia, sigue operando hoy. Hoy se rinde culto a una sociedad materialista que no aprecia al ser humano por lo que es, sino por lo que tiene. Tal como hicieron quienes tenían su nombre escrito en el libro de la vida, asi debemos hacerlo nosotros hoy. Claro, siempre y cuando estemos seguros que nuestro nombre está escrito en el libro de la vida del Cordero.

Por ello, la advertencia del vr.9, que sin duda procede de la misma boca del Señor Jesucristo ya que la persecución y la violencia (vr.10) con que la iglesia será perseguida pondrán a prueba la paciencia y la fe de los santos.

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