Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en Google+

Apocalipsis: La caída de Babilonia (40)

Capítulo 18

LA CAÍDA DE BABILONIA

Recapitulemos entonces, pues debemos notar que los capítulos diecisiete y dieciocho son en realidad una especie de intervalo, que nos brindan más información acerca de la caída de Babilonia.

El capítulo diecisiete nos proporcionó por su relato, una mayor y más detallada comprensión relacionada con la desaparición de ese sistema religioso llamado – según el vr 5 – el misterio de la gran Babilonia (vea también el 14:8).

El capítulo que nos ocupa ahora, nos dará aún más datos significativos sobre la gran destrucción del sistema político, militar y económico entre otros que la ciudad de Babilonia representa en este relato.

Lo primero que nos llama la atención, como ya lo mencionamos anteriormente es como la actividad angélica continúa siendo protagonista en estos capítulos. De allí el comienzo del relato del verso uno, que nos presenta otra vez la imagen gloriosa de un ángel que desciende del cielo, y hace notar Juan “…con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria.”

Contrastando así mucho más notablemente el poder y la gloria del mensajero, que representa a su Señor con la maldad de quiénes debían recibir el mensaje de juicio y sobre el cual ya no tenían poder de cambiar su designio. Simplemente porque el tiempo estaba ya cumplido y el juicio ya se estaba ejecutando.



Nos podemos imaginar esa ciudad, orgullosa de sí misma, una verdadera fortaleza que se construyó a orillas del gran rio Éufrates, se dice que sus jardines colgantes eran una de las siete maravillas del mundo conocido, y que contaba entre sus hazañas el haber llevado al pueblo de Dios cautivo según el relato del Antiguo Testamento.

Así que de una manera metafórica, Dios utiliza el mismo nombre de esa potencia mundial pagana, para la que posterior al relato de Juan cautivará a los habitantes de la tierra.

Veremos entonces que en este capítulo Juan nos describirá de una manera muy llamativa la destrucción de la ciudad de Babilonia, que es la sede del poder político y económico del Anticristo. En el capítulo anterior vimos como nos describía el desmantelamiento del sistema religioso idólatra mundial. Ahora comienza el capítulo dieciocho diciendo: “Después de esto”; en clara referencia a la destrucción de la Babilonia religiosa. Tal como le fuese mostrado en la visión que le fue revelada.

Dice en el verso 2, que la gran ciudad que representa los sistemas políticos y religiosos del mundo se convirtió en “morada de demonios.” Y desde la isla de Patmos donde se encuentra exiliado predice la destrucción de Babilonia, como un hecho ya consumado. Para algunos intérpretes se refiere a la caída del imperio romano. ( Ap 11:8; 14:8).

En el verso 3, dice que los Reyes de la tierra cometieron adulterio (espiritual) con ella y que los comerciantes se enriquecieron a costa de sus lujos excesivos. Bien advierte la escritura que el amor al dinero es la raíz de toda clase de males (1 Ti 6:10).

Ahora, como en un paréntesis obligado aparece el verso 4, con una clara advertencia profética que es común siempre al pueblo de Dios (Is 52:11; Jer 51:45) cuando se refiere a Israel o en todo caso a la iglesia contemporánea (2Co 6:17).

En todo caso, esta voz celestial que se escucha viene revestida de autoridad. Su propósito es claro. Nos enseña que debemos vivir en santidad para no ser partícipes de pecados ajenos. Mucho más si tenemos en cuenta que cada día esperamos la venida de nuestro Señor y Salvador.

El verso 5, nos hace reflexionar acerca de la enseñanza en el Antiguo Testamento donde se nos enseña que la demora de los juicios divinos significaba una mayor retribución para la siguiente (Mt 23:34-36).

De todas maneras hasta aquí el relato nos hace tomar conciencia de la inminente manifestación de este juicio final. Oremos y perseveremos, para que en ese dia estemos de pie con una fe fortalecida, por el conocimiento de su palabra y una vida verdaderamente consagrada. Aún en la debilidad humana, y cuando la gente tiene miedo por toda clase de crisis, el cristiano levanta su cabeza para mirar a su Señor. No lo olvides entonces:

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,
puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.” Hebreos 12:1-3

Este es el secreto en medio de la crisis moral y espiritual que está destruyendo nuestra sociedad. Correr con paciencia la carrera, no abandonar nunca. Jesús no se cansó. Y espera que nosotros le emulemos. ¡¡Puestos los ojos en Jesús!!

 

 

Ultimos comentarios
  1. Hector Morales

Dejar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

dos × 3 =