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Apocalipsis: La gran ramera (38)

 

CAPÍTULO 17: 1-13

LA GRAN RAMERA (Parte I)

Representada según el verso 3, por una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres blasfemos que tenía siete cabezas y diez cuernos. Es notable, como al leer los capítulos 50 y 51 de Jeremías, se nos amplia el entendimiento de este relato, inclusive hasta el capítulo 18 de apocalipsis. ¿Quién es esta gran ramera, ó a quien representa? La figura de la mujer y su nombre escrito en la frente según el verso 5, ha sido el blanco de una serie de interpretaciones. La más común es aquella que la identifica con la iglesia Romana. Una iglesia que habiendo conocido en los primeros tres siglos la verdad, se prostituyó con el edicto de un emperador tras las riquezas, el lujo desmedido y la inmoralidad.

También se la ha identificado como la Roma imperial, que derramó tanta sangre de cristianos como expresa el verso 6. Sea como sea, no hay duda que esta gran ciudad, que personalmente creo, identifica al poder político mundial unificado de los últimos tiempos, está bajo el control absoluto de la bestia, que no es otro que el mismo Satanás. No debemos cometer el error de detenernos en detalles materiales del relato. Al fin y al cabo son casi idénticos a los de Jeremías.

Históricamente sabemos que la gran babilonia cayó en manos de un gran ejército. Pero esa babilonia de Nabucodonosor, representaba el orgullo y la soberbia del hombre, que cree que puede escapar de la mano de Dios. Y aún levantarse contra el pueblo escogido de Dios. Así que, el verdadero significado de estos pasajes, es eminentemente espiritual.

¿Qué por qué afirmamos esto? En primer lugar, porque el relato bíblico general nos enseña que la primera realidad es espiritual. Y en segundo término, porque la biblia afirma también que el diablo es el “príncipe de este siglo.” Y aunque esto sea momentáneo, sin embargo el tiene y llegará a tener en los últimos tiempos una influencia casi completa. Especialmente en el poder político, lo que le permitirá decidir la suerte de las personas que se le opongan.

Son capítulos como estos, los que nos demuestran que los verdaderos enemigos son espirituales y por lo tanto, como iglesia, deberemos usar las armas espirituales que nos enseña el Nuevo Testamento es nuestro deber. Eso implica aprender a usar las armas correctas. Nunca como hoy el poder de las tinieblas se levanta contra todo lo que exalte el Nombre de Dios. Llevando además a las almas humanas a un estilo de vida material y ateo, con el fin de que cuando quieran reaccionar sea demasiado tarde.

Esta gran ramera nos habla de una manera muy fuerte. Noten ustedes que Juan dice el verso 6, “Y cuando la vi, quede asombrado con gran asombro.” ¿Qué estaba viendo Juan? Hay aquí algo impactante. Porque dice también en el verso 7, que también los moradores de la tierra que no están anotados en el libro de la vida ¡se asombraron! Es decir, ¡aún los incrédulos! ¿Saben qué creo que es? Llegará un día que esos espíritus de prostitución se meterán en los lugares más increíbles. No olvidemos que hay prostitución física, material, emocional y espiritual. El pueblo de Israel se prostituyó tras dioses ajenos (idolatría), dice la biblia, cuando se refiere al descenso de Moisés del monte para encontrarse con el becerro de oro que el pueblo se había fabricado. La iglesia primitiva se prostituyó tras los maestros judaizantes (ley) y gnósticos (filosofía incrédula) lo dice el Nuevo Testamento (Ver epístola a los Gálatas).

En el siglo III D.C se prostituyó tras el poder terrenal, lo podemos verificar leyendo la historia de los papas, donde la corrupción moral llegó a extremos nunca vistos. Prostituirse es vender lo que somos en alma, cuerpo y espíritu al diablo por deleites pasajeros. Hoy hay toda una humanidad que gime de dolor por causa de su prostitución.  Creo que Juan, que estaba en el espíritu debe haber visto en esa gran visión, muchos hombres que él conocía como “cristianos”, muchas iglesias que aparecían muy “espirituales”, pero que en su corazón se habían prostituido. Hasta el mundo incrédulo se queda mudo de asombro, cuando los cristianos dan la espalda a Dios. Son cristianos del gremio de Esaú que vendió su primogenitura (tipo de la unción) por un plato barato de lentejas (símbolo de los placeres pasajeros del mundo). 2 Tes. 2:7 expresa que este “misterio de iniquidad” ya está en acción y aunque desea manifestarse plenamente algo se lo impide. Y en el verso 8 del mismo capítulo nos dice el fin de esta bestia en correspondencia con lo que estamos viendo en el 17:8 y 11 de apocalipsis.

V 9. Se necesitará mucha sabiduría para resistir a la fascinación que ejercerá la bestia sobre los habitantes de la tierra. V 10. Todos los gobernadores de la tierra, todas las potencias y aún todas las personalidades que en algo sobresalen del nivel ordinario, le prestan el apoyo de su prestigio y por supuesto el poder religioso oficial. Aquí es importante detenernos, pues no siempre veremos personas en este escenario. Tal vez éstas sólo sean realidades del mundo espiritual solamente. La figura solo expresa el espíritu que estará dominando. Ahora nos dice, que una tras otras van cayendo esas cabezas (cinco ya han caído), lo notable es que siempre queda una en pleno vigor, en espera de la última, ya que en esta se concentrará todo el poder y la brutalidad de la bestia, que aquí se nos revela como la octava cabeza o rey.

Según 2 Tes. 2:3 “el hijo de perdición.” Similar a las siete cabezas, los diez cuernos representan también a diez reyes, tal vez con menos poder, que son totalmente dominados por la bestia. Como ven, se va cerrando el círculo de manera que este gobierno mundial, centralizado en la octava cabeza (el hijo de perdición), gobernará el destino de la humanidad. Pero no por mucho tiempo, ya que aún sus socios, dice el verso 12, solo recibirán poder…¡¡ por una hora !!… Así de efímero, es siempre lo que el diablo ofrece. Todo lo contrario a “la corona de vida que Dios ha prometido a los que le aman.” ¡Gracias a Dios por su don inefable!

 

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