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Apocalipsis: Las Bodas del Cordero (45)

Apocalipsis: Las Bodas del Cordero (45): profecias biblicas

 

Apocalipsis capítulo 19

Las bodas del Cordero

6 “Después oí voces como el rumor de una inmensa multitud, como el estruendo de una catarata y como el retumbar de potentes truenos, que exclamaban:
«¡Aleluya!
Ya ha comenzado a reinar el Señor,
nuestro Dios Todopoderoso.
7 ¡Alegrémonos y regocijémonos
y démosle gloria!
Ya ha llegado el día de las bodas del Cordero.
Su novia se ha preparado,
8 y se le ha concedido vestirse
de lino fino, limpio y resplandeciente.»

(El lino fino representa las acciones justas de los *santos.)

9 El ángel me dijo: «Escribe: “¡*Dichosos los que han sido convidados a la cena de las bodas del Cordero!” » Y añadió: «Estas son las palabras verdaderas de Dios.»
10 Me postré a sus pies para adorarlo. Pero él me dijo: «¡No, cuidado! Soy un siervo como tú y como tus hermanos que se mantienen fieles al testimonio de Jesús. ¡Adora sólo a Dios! El testimonio de Jesús es el espíritu que inspira la profecía.»

Siguiendo la continuidad con el pasaje anterior, ahora vemos que esta gran multitud hace un anuncio. Las bodas del Cordero. Y con un desarrollo que va creciendo paulatinamente en importancia. Pues en este caso, es un clímax, que nos lleva al cumplimiento de la Palabra de Dios para todos los que esperamos viviendo en fe cada día.

Todo el multitudinario coro celestial canta:

¡Alegrémonos y regocijémonos
y démosle gloria!
Ya ha llegado el día de las bodas del Cordero.
Su novia se ha preparado…” (v. 7).

Al comienzo de este estudio vimos brevemente algunas escuelas de interpretación. Entre ellas la futurista. Ellos creen que la iglesia fue llevada al cielo al comienzo de los siete años de la tribulación (4:1). Esto nos da a entender claramente que el compromiso nupcial de Cristo con su esposa, la iglesia, se hizo ya en el cielo. Esto es también afirmado en 1 Ts 4:17, donde nos dice que la iglesia salió al encuentro del Señor “en el aire”. Aquí se la describe como “preparada” término éste que en el griego significaba “que se preparó a si misma”, es decir, ya perfectamente “ataviada”.

¿Qué significa esto entonces? Que ahora, ya pasada la gran tribulación, y que los reinos del mundo han regresado a manos del Señor y de su Cristo, todo está listo para celebrar el gran banquete en la tierra. He aquí esa diferencia que ha veces confunde el bosquejo de los acontecimientos. Me refiero a que primero Cristo viene “por sus santos” (antes de la gran tribulación) y luego “viene con sus santos” (posterior a la gran tribulación).

En otras palabras, primero la iglesia se fue al cielo -mientras duró la gran tribulación – y luego regresará para reinar con Cristo por mil años.

Aquí debemos detenernos, pues es interpretado por la mayoría de los estudiosos, que al ser arrebatados nosotros la Iglesia – previo a la boda – entraremos en el reino celestial al tribunal de Cristo (que es una tribuna para recibir galardones y coronas). Así lo describe San Pablo:

Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo.” (2 Co 5:10). Vea también 1 Corintios 3:14,15.

Esto es parte de la preparación que ya mencionamos, pues entonces, luego de este juicio el pueblo de Dios estará vestido de gala con lino fino, limpio y resplandeciente porque la sangre de Cristo le habrá santificado y perfeccionado. Con cuanta expectativa anhelamos escuchar a nuestro Señor decirnos: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!” (Mt 25:21).

Está claro que en esta boda cada creyente es invitado, pues es parte de la novia que representa la iglesia. No importa a que dispensación pertenezca como algunos discuten. Tampoco a que nación. En ese día glorioso solo podrán entrar a la boda los que habiendo sido lavados con la sangre del cordero, y como su novia… se le ha concedido vestirse de lino fino, limpio y resplandeciente.» (19:8). ¡Que alto privilegio al que somos llamados! Como lo describe el ángel:

¡*Dichosos los que han sido convidados a la cena de las bodas del Cordero!” Y añadió: «Estas son las palabras verdaderas de Dios.» (19:9).

Ante tales palabras Juan es movido a la adoración. Quizás por todo lo que el ángel representaba. Sin embargo estaba equivocado. Dios no comparte su gloria. Por ello debemos notar que no hay lugar en la fe cristiana y bíblica para la adoración a ángeles. Mucho menos para para la oración a ellos por quienes pretenden desviar la fe de un solo Dios verdadero.


Mientras todo eso sucede en el cielo, paralelamente aquí en la tierra estará la semana 70 o Angustia de Jacob y la gran tribulación. (Daniel 9:24-27, Jeremías 30:5-11, Mateo 24:21). Esto significa que una vez cumplidos los tiempos, la espera para la redención final habrá terminado y Cristo viene desde el cielo con sus santos. Sin duda que en el calendario y en el reloj de Dios, el tiempo se está acercando a su fin. ¡Dichosos los que estamos invitados a la boda del Cordero!

 




Un Comentario para “Apocalipsis: Las Bodas del Cordero (45)”

  1. LA GLORIA SEA DADA A EL, POR QUE ES EL UNICO QUE LA MERECE, DESDE AHORA Y PARA SIEMPRE. A M E N

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