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Apocalípsis: Las siete copas (37)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

B)  Las siete copas – 15:5-16:21.

Es del palacio del gran Rey, del templo, del tabernáculo del testimonio que salen los ejecutores de la justicia divina:

Veamos con atención, que ellos no obran, sino de conformidad con la ley (el testimonio).

Otra característica notable, es la pureza de sus móviles (lino fino y resplandeciente).

Por otra parte, es destacable la autoridad majestuosa que proviene de su mismo carácter (ceñidos alrededor del pecho con cintos de oro).

Todo esto, para que podamos vislumbrar el propósito eterno de Dios un poco por adelantado. ¿Cuál es este propósito y que desea infundirnos? Claramente vemos que el propósito no es otro que el que fue desde el principio, Dios padre desea franquear la entrada a su templo a una humanidad purificada. Una que ha recobrado la imagen perdida en Adán a través de Jesucristo el cordero de Dios.

En el 16:1 vemos la orden para comenzar a derramar la ira santa de Dios, que repentinamente deja al lector sorprendido por el daño terrible que ella implica, pero sin embargo, como alguien dijo es a la vez una “ira santa, bendita y admirable” pues busca a pesar de la rebelión humana de siglos, el arrepentimiento y la salvación para todo hombre.

Analicemos, que generalmente el hombre en su iglesia, tiene miedo de los juicios y de los sufrimientos, en vez de temer al pecado como el origen del mal verdadero.

Todos estos azotes desencadenados, similares a los descriptos ya anteriormente, se nos presentan con mucho más efecto destructor, pues este último se va agravando progresivamente a la par que avanza el relato del apocalipsis.

Ahora, como podemos ver, no es solo “la tercera parte” que es herida sino toda la humanidad. Si reflexionamos, entonces, en este desenlace progresivo del juicio de Dios sobre la humanidad, no deberíamos pecar de indiferencia y mirar con mas atención las señales que al presente, y estadisticamente hablando, nos muestran que la humanidad se acerca hacia este juicio apocalíptico simbolizado aquí por las sietes copas. Nunca mas que hoy, debemos estar atentos a las “señales de los tiempos” con el fin de estar siempre preparados, ya que no sabemos, precisamente en que momento podemos estar en la misma presencia de Dios.

A medida que recorremos las páginas de la revelación apocalíptica entregada a Juan, una cosa queda clara, los juicios de Dios son sorpresivos, y generalmente llegan cuando nadie los espera. El otro aspecto, es muy importante porque nos muestra paralelamente que en medio de estas intervenciones de Dios en la historia, los que confían en El, son siempre levantados en victoria al lado del Cordero.

 

 

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