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Apocalipsis: ¿Qué haremos en el cielo? (55)

Capítulo 22

Las maravillas del cielo

Luego el ángel me mostró un río de agua de vida, claro como el cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero, y corría por el centro de la calle principal de la ciudad. A cada lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce cosechas al año, una por mes; y las hojas del árbol son para la salud de las *naciones. Ya no habrá maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad. Sus *siervos lo adorarán; lo verán cara a cara, y llevarán su nombre en la frente. Ya no habrá noche; no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios los alumbrará. Y reinarán por los siglos de los siglos” (22:1-5).

Continúa El apóstol Juan describiendo para nosotros las maravillas del cielo. En el verso uno, nos imaginamos la gloria y la majestuosidad de ese trono eterno, donde habita la plenitud de Dios. Dice: “… del trono de Dios y del Cordero”, para que no haya duda que son la misma y única persona.

También del mismo trono desciende el río de agua viva que seguramente representa al Espíritu Santo y su obra perfecta desplegada a favor de los creyentes (Jn. 7:37-39; Ap. 7:17)en la tierra, pero que en el cielo será permanente, como todas las cosas celestiales. Así se nos presenta también en esta figura, la expresión completa de la Santísima Trinidad.

La segunda gran figura que nos describe el apóstol es el árbol de la vida. Es por cierto sorprendente la figura que tenemos delante de nuestros ojos. Nos imaginamos esta gran avenida de doble vía, pues dice que el río se sitúa en el centro de ella y a todo lo largo.

Puede ser que el árbol no sea uno solo sino varios, hasta doce conjeturan algunos autores teniendo en cuenta que están situados a “ambos lados” de la ribera del río de la vida. El uso del doce nos lleva de alguna manera hacia una expresión de acabado perfecto, que muestra la gran obra de Dios por amor a su pueblo.

Ya sabemos nosotros que Jesucristo es la vida en plenitud para los que hemos creído. Este árbol nuevamente accesible para el ser humano, representa en alguna manera todo lo que Cristo gano en el Calvario para nosotros. Pues el dijo: “Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia”.

Aunque dice que su hoja será de sanidad para las naciones. No debemos interpretarlo literalmente, ya que en el cielo no habrá enfermedad. Antes bien, representa y significa la preservación eterna de la vida de Dios en el creyente. Que significa salud física y salud espiritual en un sentido perfecto. Propio de los cuerpos glorificados. Que maravilla pensar que la vida eterna regresa al hombre en el mismo lugar donde la perdió. El paraíso restaurado o completamente nuevo, se encuentra en la misma ciudad celestial.

Y un gran acontecimiento tiene que quedar demostrado y ser declarado sin ambages. ¡Ya no habrá maldición! Recordemos que por el pecado del hombre, la tierra había sido maldecida (Gn. 3:17-19). Así, todo nos da a entender en este contexto que la recuperación del paraíso perdido, en una dimensión todavía mejor se lleva a cabo en el mismo cielo. En semejante estado de perfección espiritual no hay cabida para ninguna maldición. Lo que es perenne en el cielo es la bendición.

Detengámonos ahora, en un servicio muy especial delante del trono, y veamos a los hijos de Dios, levantar un culto al Dios verdadero, donde ofrecerán un servicio continuo de adoración el el cielo….”El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad. Sus *siervos lo adorarán;”…..(v, 3b). Bien que como Reyes y sacerdotes ese será nuestro mas grande privilegio (He. 10:2; 12;28; 13:10; 1P. 2:9).

Algunos se preocupan preguntándose: ¿Qué haremos en el cielo? O ¿cuál será nuestra tarea? Lo que podemos comprender es que habrá una continua adoración, pero también que la misma tendrá un alcance eterno que ni siquiera podemos imaginarnos, pues, sobrepasaría nuestro entendimiento humano.

Será todo nuevo y en constante descubrimiento acerca de la persona eterna de nuestro Dios. ¿Nos alcanzará la eternidad para conocer a un Dios tan grande y sublime? También estaremos continuamente sorprendidos por la cantidad de revelaciones y novedades que el tiene preparadas para nosotros.

Sin duda que el cielo no habrá tiempo para aburrirse. Allí de seguro, todas nuestras aspiraciones que no logramos en esta tierra podrán hacerse realidad en un proceso maravilloso trabajando en todos los aspectos de nuestra personalidad. Encajaremos perfectamente en el diseño eterno de Dios para nosotros. ¡Nosotros mismos seremos nuestra mayor sorpresa! Imaginemos…. nuestros cuerpos incorruptibles y sin limites de tiempo y espacio que nos detenga, y en un universo eterno. ¿Aburrimiento? ¡Creo que eso no existe en el cielo! ¡Gloria a Dios por su don inefable!

Pero este relato sigue sumando niveles de emoción:

… lo verán cara a cara, y llevarán su nombre en la frente”. Esto es mas de lo que podemos pedir. Nos enseña aquí el Espíritu Santo que en el cielo la comunión eterna con Dios llega a su punto mas íntimo y perfecto. Sabemos que nadie podría ver a Dios directamente a su rostro y quedar vivo (Ex. 33:20), ¿pero qué si lo hacemos a través del sacrificio perfecto y redentor de Cristo? Por supuesto que no aclara aquí hasta que grado le veremos, o soportaremos. Pero si es claro que sólo por su gracia puede permitirnos ver su rostro y adorarle. Estaremos delante de El y le alabaremos.

Esta parte concluye con el verso cinco, con una declaración de la presencia de Dios en su plenitud que todo lo ilumina.

Así, como en el verso tres, vimos a los habitantes del cielo “sirviendo” como sacerdotes; aquí, ahora, los vemos reinando, es decir, como “Reyes”. Así como Cristo continuara reinando por la eternidad como “REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES”, así también sus redimidos co-reinarán con El por toda la eternidad. Ese es nuestro destino. Este nuestro mas caro anhelo. ¡Estar siempre con El! Y así, desde lo mas profundo de la eternidad nos llegan estas palabras poderosas, destruyendo a su paso las tinieblas de la noche presente:

Ya no habrá noche; no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios los alumbrará. Y reinarán por los siglos de los siglos” (v. 5).

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