Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en Google+

Preguntas y Excusas: ¿Cuál es el propósito de las pruebas? Pte III

 

 

Pregunta: ¿Cuál es el propósito de las pruebas? Pte III

Respuesta: (c) Las pruebas liberan el poder de Dios.

Durante los tiempos de grandes pruebas, nuestras debilidades o puntos débiles son revelados – expuestos. Estas no vienen para desalentarnos, sino para enseñarnos a depender de Dios y para recibir de El. Pues El “da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” (Is 40:29).

Una vez Pablo se sintió muy débil y oró a Cristo por Su ayuda. Entonces Jesús le dijo: “Bástate mi gracia, porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona” (2 Co 12:9).

Dios no es limitado por nuestras flaquezas, pues El ve o entiende qué podemos hacer con Su ayuda y poder. El llamó a Gedeón “…varón esforzado” (Jueces 6:12). Para esa ocasión, Gedeón estaba aterrado y escondiéndose de los madianitas que oprimían a los israelitas (v.11). Pero a pesar de todo, Dios llamó a Gedeón, y después le capacitó para cumplir una asignación o propósito muy importante (lea los capítulos 6 – 8 de Jueces).

“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros” 2 Co 4:7.

Podemos expresar nuestra gratitud a Dios por las pruebas que revelan nuestras debilidades o flaquezas. Aunque las pruebas son dolorosas para nuestra carne (la naturaleza humana), éstas refuerzan nuestro espíritu – impulsándonos para lograr una mayor dependencia en Cristo – que todo lo puede.

Leamos aquí lo que nos exhorta Pablo en 2 Co 12:9, 10b:

“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo…porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

(d) Las pruebas nos fortalecen – nos hacen fuertes

No puede haber victorias sin batallas. Las pruebas nos enseñan a utilizar nuestra armadura espiritual debidamente; éstas nos ayudan a resistir y nos fortalecen para los “combates espirituales” que tenemos que afrontar (Ef 6:11-18). Aprendemos a desarrollar  las destrezas en el campo de batalla contra el diablo y sus demonios; además, aprendemos acerca de nuestra guerra espiritual y la intercesión en la oración, siempre creciendo en nuestra fe vencedora (2 Co 10:3-6; 1 Jn 5:4).

A medida que pasemos por las pruebas, nuestros “músculos espirituales” son ejercitados. Por supuesto que esos ejercicios nos hacen más fuertes para confrontar las siguientes pruebas. Entonces estaremos listos para batallar contra enemigos más diestros en el arte de la guerra. A medida que lo hacemos, somos cada vez más útiles desarrollando la virtud de la perseverancia (Ro 5:3,4; Stg 1:3). Por tanto, Dios podrá usarnos de maneras aún más poderosas. Vamos de “gloria en gloria” (de “fortaleza en fortaleza” – de victoria en victoria (Sal 84:7; 2 Co 3:18).

En medio de esas batallas, podríamos ser tentados por temor o – a sentir piedad por nosotros mismos. Pero tenemos que resistir esos temores y lanzarnos a orar de rodillas para clamar por la misericordia divina. Podemos admitirle que en realidad somos carne – débiles – y luego en esa flaqueza, orar por su ayuda y fortaleza. Cuando oremos: “¡Dios mío, te necesito! ¡No puedo lograrlo sin Tí” – El nos responderá. Pues según Mateo 19:26, no podemos hacer nada sin El.

 

Ultimos comentarios
  1. ruben gracia
  2. Ysaira
    • admin

Dejar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 × dos =