Preguntas y Excusas: ¿Para qué usa Dios las pruebas y tribulaciones en nuestra vida?

 

 

 

 

 

 

 

 

Pregunta: ¿Para qué usa Dios las pruebas y tribulaciones en nuestra vida?

Respuesta: a) Aprendemos a caminar seguros en el amor de Dios, aún en medio de las pruebas.

Dios usa las pruebas y las tribulaciones para prepararnos, no para señalar o criticar nuestros fracasos ni para condenarnos (Ro 8:1). Recuerde: Dios quiere que nosotros triunfemos en cumplir Su llamado. El desea purificarnos a fin de que nuestro futuro sea fructífero. Dios está con nosotros, no contra nosotros (Ro 8:31).

Dios es omnipotente -vasto y que tiene todo poder. Sus perspectivas son eternas. El puede ver y entender todas las cosas – tanto más que los seres humanos mas capaces. El tiene un plan, Reino y propósito eternos que cumplir. Podemos escoger ser parte con El en tal cumplimiento, pero para hacerlo, vamos a tener que confiar en El para cualquiera que sea el papel que nos otorgue desempeñar.

Dios también nos promete que nunca nos dejará ni nos desamparará, que será nuestro pronto auxilio en la tribulaciones; por consiguiente, no necesitamos temer (He 13:5,6). Así como fue con José en medio de sus pruebas. Dios también estará con nosotros, sin importar las circunstancias, jamás seremos separados de su inmenso amor (Ro 8:38,39).

Puede que usted haya sufrido mucho por su entrega devota a Cristo. Sin embargo, escuche las palabras animadoras a Pedro:

“… sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.

Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado.” (1 P 4:13, 14).

b) El castigo de Dios nos moldea

Es importante recordar que José no hizo nada malo para que todas esas pruebas vinieran sobre él. La Biblia no nos relata que José se rebelara o pecara contra Dios. Algunas veces nuestro propio egoísmo y pecado puede acarrear las pruebas y adversidades sobre nuestras vidas. Esto no es lo mismo que sufrir por la causa de Cristo. No habrá remuneración por los sufrimientos que nos acarreamos sobre sí mismos.

Cuando María, la hermana de Moisés habló contra él y fue herida de lepra, ese no fue un sufrimiento por la causa de Dios (Capítulo 12 de Números). Cuando Jonás pasó tres días en el vientre de una ballena, se debió a su propia rebelión (Capítulo 1 de Jonás). Cuando Ananías y Safira cayeron muertos a tierra, fue causa o resultado directo de sus propias acciones deceptivas (Hch 5:1-11).

Si somos precipitados y desobedientes o codiciamos posiciones de poder para las cuales Dios no nos ha llamado, sufriremos por nuestra propia codicia carnal. Si nuestras ambiciones y pasiones terrenales controlan nuestro buen juicio o si intentamos exaltarnos a sí mismos por sobre la verdad escritural, es posible que tengamos que padecer de terribles problemas.

Somos amonestados por las Santas Escrituras a ser diligentes a fin de evitar ser castigados por nuestra propia maldad:

“Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno;” (1 P 4:15).

No obstante, aún cuando hayamos pecado voluntariamente contra Dios, no todo está perdido. El aún puede librarnos si nos arrepentimos sinceramente (renunciamos a nuestros pecados y nos volvemos de ellos, los abandonamos). Nuestros fracasos pueden acarrearnos sufrimientos innecesarios sobre sí o sobre nuestros seres amados. Sin embargo, Dios puede utilizar el peor de los fracasos de nuestras vidas para ayudarnos en el proceso de formación para transformarnos. Su castigo y disciplina, agregado a nuestra actitud de reacción, también nos formarán (Dt 8:5; Pr 3:12; He 12:7, 8).

Dios en su infinita misericordia, puede redimir y usar aun nuestros fracasos. El es digno de toda alabanza por Su gran misericordia para perdonar y por Su gracias redentora. Pero tampoco debemos olvidar la brevedad de la vida y que no podemos jugar con su gracia. Esto quiere decir, que hoy es todo lo que tenemos, mañana puede ser tarde. ¡Hoy es el dia de salvación!

 

 

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