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SANIDAD INTERIOR: Comprendiendo la importancia del perdón (Pte 14)

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    ¿Qué tenemos que hacer entonces si nosotros queremos ser sanados?

Creo que la respuesta se encuentra en tres pasos que Jesús nos expresa en palabras cargados de esperanza y consuelo para nosotros:

VENID A MI los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”.

LLEVAD MI YUGO SOBRE VOSOTROS, Y APRENDED DE MI, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso (restauración) para vuestras almas”. (Mateo 11:28,29).

 

1- Venga a Jesús: Este es el primer paso para la sanidad de su alma y corazón. Si vamos a cualquier otro lugar o procuramos otro recurso, seremos desilucionados. ¿A quién se vuelve usted en tiempo de necesidad?

El dice: “Venid a Mí…” Necesitamos ser perdonados y librados de la pesada carga de culpa y condenación. Es vital, entonces, que nos arrepintamos si es que deseamos ser restaurados.

 

2- Tomemos su yugo: El yugo de Cristo se refiere a su gobierno sobre nuestra vida. El no solo quiere ser nuestro salvador, sino también nuestro Señor y maestro. (Si es guiado por el Espíritu invitemos a una oración de aceptación y entrega a Jesús).

 

Muchos cristianos sufren bajo el peso de un yugo que ellos mismos fabrican. Es el peso de una vida obstinada. Ellos han confesado a Cristo como Salvador. Desean ir al cielo cuando mueran. Sin embargo, no quieren someter su voluntad a nada ni a nadie; sólo desean hacer su propia voluntad en muchas áreas de sus vidas aquí sobre la tierra.

Dios a veces nos deja seguir en nuestra propia voluntad a fin de enseñarnos una lección. Pronto descubriremos que es una trayectoria muy dolorosa. El andar en “la carne” incluye muchas caídas trágicas.

Cada una deja una cicatriz dolorosa sobre nuestras almas como ya hemos visto.

 

Esa clase de dolor interior solo puede ser sanado cuando nos volvemos – arrepentidos- a Jesús y le confesamos como el Señor de nuestras vidas. Entonces y solo a partir de entonces, descubriremos para nuestra felicidad, que su yugo es y liviano, como las plumas de un ave.

 

3- Aprendamos de El: cuando venimos a Jesús como Señor, venimos a ser sus discípulos. Un discípulo es uno que vigila, escucha y aprende de us maestro. ¿Qué es lo que podemos aprender de Jesús en relación a la sanidad de nuestras almas? ¿Acaso Jesús se halló en circunstancias donde su alma fue lesionada y herida? Y si lo estuvo, ¿Cómo reaccionó ante tal dolor? ¿Cómo fue su alma restaurada? Sabemos cuanto Jesús sufrió por amor a nosotros en su humanidad. El escenario donde los agravios de Jesús comenzaron fue el huerto de Getsemaní:

 

Y tomando a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera… entonces Jesús les dijo: MI ALMA ESTA MUY TRISTE HASTA LA MUERTE. Quedaos aquí, y velad conmigo”. (Mt. 26:37,38). Las horas horrible que siguieron en el calvario fueron descritas por el profeta Isaías. El dijo que el cuerpo de nuestro señor seria azotado, y que por sus heridas o llagas, nosotros seriamos curados. (Is. 53:5).

 

Creo que El también sufrió en su alma – para que nuestras propias almas fueran sanadas – escuche estas palabras adicionales de la pluma del profeta: “Verá el fruto de la AFLICCION DE SU ALMA, y quedará satisfecho… por cuanto derramó SU VIDA hasta la muerte…” (Is. 53:11,12).

 

Esta terrible profecía fue cumplida durante los eventos de la crucifixión de Cristo. El no solo sufrió en cuerpo, sino que también su alma padeció. Fue desamparado por sus propios discipulos y rechazado de los judíos, su propia raza.

Ellos se burlaron de El, le arrancaron brutalmente su barba y abofetearon su rostro. Escupieron su rostro, le desnudaron públicamente y le sentenciaron a morir de la muerte mas vergonzosa pronunciada sobre los criminales mas terribles de la época, la crucifixión. Los lideres religiosos de aquel tiempo le escarnecieron en voz alta y en público, mientras El en silencio sufría con dolor.

¿Qué mas podría haberse hecho para hacer su agonía del alma peor? Sólo una cosa. Verse abandonado por su Padre Celestial. No podría haber una herida mayor para el corazón humano. Con todo, tenia que sufrirla. Ese era el precio que tenia que pagar por nuestros pecados.

El corazón de su hijo no sólo fue quebrantado, sino que como Padre Celestial, el suyo también lo fué. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en El”. (2 Co. 5:21).

 

No alcanzamos a imaginar, cuán doloroso tuvo que haber sido aquel clamor surgido de los labios de Jesús, a medida que ascendia desde la tierra hasta el cielo: “Dios mío, Dios mío, ¿ Porqué me has desamparado?”. (Mr. 15:34). En realidad, cuando la lanza fue incrustada en el costado de Jesús, lo que salió fuera de su cuerpo fue más que solamente agua y sangre: “Por cuanto derramó su vida (alma) hasta la muerte…” (Is. 53:12). Sí, el Señor Jesús ofreció su alma, a fin de que nosotros pudieramos recibir sanidad para la nuestra. Sin duda alguna que el experimentó cada lesión dolorosa sufrida por el alma del hombre.

 

ES NECESARIO RECORDAR TODO ESTO PARA “APRENDER DE EL”… ¿Y qué es lo mas importante que debemos aprender?

 

1- QUE EL PERDONO: La tensión sobre su alma durante aquellas horribles horas debieron haber sido terribles. ¿Cómo mantuvo El su ser interno en victoria? ¿Qué era lo que protegía su alma de la destrucción?

Creo que la respuesta puede ser encontrada en las palabras que el dirigió a sus “atormentadores” – los líderes y soldados crueles a los pies de la cruz – “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, (Lc. 23:34).

¿Qué era lo que protegía y restauraba su alma? Escuche bien… era EL PERDON.

En realidad, ESO ES LO QUE TENEMOS QUE APRENDER DE JESUS – EL COMO PERDONAR, que es la clave o llave principal hacia la sanidad interior.

 

Creo entonces, que sabemos, cual debe ser nuestra respuesta:

2- TENEMOS QUE PERDONAR… ¿recuerdan la historia que Jesús relató acerca del hombre a quien su amo le había perdonado una gran deuda? Sin embargo, él no pudo (ó no quiso “por la dureza de su corazón”) perdonar a otra persona una deuda menor que le debía. Su amo se enojó mucho con él cuando se enteró acerca de su espíritu implacable. Por consiguiente lo mandó echar en prisión para que fuera “atormentado” por sus verdugos.

 

Jesús aplicó la historia de una manera muy personal: “Así también mi Padre Celestial hará con vosotros si no perdonáis de TODO CORAZON CADA UNO A SUS HERMANO SUS OFENSAS”, (Mt. 18:30-35).

¿Qué quiso decir Jesús con esto? Que si somos negligentes en perdonar a los demás, una raíz de amargura o resentimiento puede comenzar a crecer en nuestras almas. Llegará el tiempo en el cual resultará en frutos muy amargos.

Nuestras almas sufrirán si escondemos “rencores o sentimientos de enojo” contra otros. Este dolor resultará en verdaderos “tormentos” en diferentes áreas de nuestra vida. Una vida que vendrá a ser un infierno en la tierra. Porque los verdugos están a la puerta.

 

Así que, si usted está sufriendo esta cruel enfermad del resentimiento, odio o falta de perdón, vuelva su mirada a Jesús para que le otorgue la “gracia del perdón”. Ese es un remedio rápido y seguro que puede traer sanidad a su alma y corazón.

 

Hága conmigo -ahora mismo- esta sencilla oración:

Padre amado, en este momento tomo conciencia de todo lo que me has perdonado -tan gran deuda- derrama tu gracia y tu amor sobre mí, capacítame para aprender de Tí y obedecer… perdona a todos los que me han dañado y perdóname a mí mismo por haber mantenido la dureza de mi corazón. Cómo tu me has yo también los perdono. En el Nombre de Jesús. Amén!!!!!!!!!

 

Me gustaría que recorramos el camino de nuestras vidas desde donde podamos recordar y pasaremos por lo hablado, el abuso y la violación, el maltrato en tu niñez en las diferentes formas que hemos visto y también en cuanto al carencia afectiva… pediremos al Espíritu Santo que levante los portones que “los mecanismos de defensa” han cerrado en nuestra memoria, como también que obre sobre la represión que el dolor nos ha traído. O el escapismo a través del aislamiento, el desplazamiento o la proyección.

 

TOMAMOS AQUÍ EL TIEMPO PARA ORAR QUE EL ESPÍRITU SANTO LIBERE LA MEMORIA Y LAS EMOCIONES DE LAS PERSONAS Y LUEGO HACEMOS EL EJERCICIO DE RETROPROYECCION DESDE EL 1er RECUERDO QUE LA PERSONA TENGA HASTA EL PRESENTE, SIEMPRE IMAGINANDO EN LA PANTALLA DE SU MENTE QUE LO HACE CON LA PERSONA DE JESÚS A SU LADO.

 

Terminado esto, se puede separar en grupos con los lideres capacitados, para que hágan preguntas y oren confirmando la obra del Espíritu Santo de una manera mas profunda.

 

 

¿Cómo lo hacemos?

 

  • En primer lugar, le expresamos a la persona que este/os suceso/s ha generado una atadura en su vida, la cual debe entregar al Señor.

  • Luego conducimos al ministrado a una oración de renuncia y pedimos al Espíritu Santo que corte toda atadura emocional, espiritual y física que este hecho pudo haber provocado en la vida de la persona.

  • Le llevamos a la persona a que perdone a su agresor, es importante

    remarcarle que el odio, la bronca, o el resentimiento son sentimientos contrarios a la voluntad de Dios.

 

Nota: Este material ha sido hecho para encuentros de sanidad interior. Auque usted puede seguir solo estas indicaciones, de necesitarlo pida ayuda a sus pastores.

Próxima entrega: “La práctica del ocultismo y sus consecuencias”, (Pte 15).

 

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