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SANIDAD INTERIOR: El alcance de las maldiciones. (19).

SANIDAD INTERIOR: El alcance de las maldiciones. (19).: sanidad interior

 

4- COSAS U OBJETOS MALDITOS.

‚ÄúLas esculturas de sus dioses (√≠dolos) quemar√°s en el fuego; no codiciar√°s plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en ello; pues es abominaci√≥n a Jehov√° tu Dios, y no traer√°s cosa abominable (√≠dolos) a tu casa, para que no seas anatema (cosa maldita); del todo aborrecer√°s y la abominar√°s, porque es anatema (cosa maldita)‚ÄĚ, Dt. 7:25-26.

Uno se pone bajo maldici√≥n cuando toma una cosa maldita (anatema) como posesi√≥n propia. La palabra hebrea mas com√ļn para ‚Äúanatema‚ÄĚ o ‚Äúcosa maldita‚ÄĚ es ‚Äúcherem‚ÄĚ que literalmente significa ‚Äúcosa dedicada‚ÄĚ.

Un relato clarificador se encuentra en Jos. 6:17-20. Se nos dice que Jaricó y todo cuanto había dentro de sus murallas fueron las primicias de la conquista de Canaán. Todo el botín de la ciudad se dedicó a Dios.

Acán se apoderó de un manto, de alguna cantidad de oro y de plata, cosas dedicadas a Dios. Robó a Dios y lo que tomó le convirtió en una maldición para él, para su familia y para todo el campamento de Israel.

Así es como un objeto que ha sido trabajado en actividades ocultistas, o de hechicerías puede maldecir nuestras vidas y hogares. De la misma manera si tomamos algo que está consagrado a Dios se nos vuelve una maldición. Por ejemplo, si alguien retiene el diezmo, le caerá una maldición de pobreza que no se puede romper.

‚Äú¬ŅRobar√° el hombre a Dios? Pues vosotros me hab√©is robado. Y dijisteis: ¬ŅEn que te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. MALDITOS SOIS CON MALDICION, porque vosotros, la naci√≥n toda, me hab√©is robado‚ÄĚ. Mal. 3:8,9.

Además, los objetos de idolatría o de lo oculto que poseamos, nos traerán maldiciones. Dios decretó en su palabra que tales objetos sean destinados a la destrucción.

Hoy en d√≠a, hay muchas cosas que se clasifican como ‚Äúarte‚ÄĚ y que tienen demonios asociados con ellas.

El libro de los hechos nos habla de algunas personas recién convertidas que se vieron obligadas a hacer una seria limpieza de sus casas:

‚ÄúY muchos de los que hab√≠an cre√≠do ven√≠an confesando y denunciando sus pr√°cticas supersticiosas. Y bastantes que practicaban artes m√°gicas, llevando sus libros, los quemaban delante de todos. Y calcularon su precio en cincuenta monedas de plata‚ÄĚ. Hch. 19:18-19 (N.T. Ecum√©nico del com. Evang√©lica de Taiz√©).

‚ÄúEl arte demon√≠aco tiene un aire extra√Īo que produce curiosidad, ‚Äúarte curioso‚ÄĚ. Necesitamos tomar conciencia de las cosas de ‚Äúarte curioso‚ÄĚ que tengamos entre nuestras posesiones. Los almacenes o tiendas de curiosidades se especializan en art√≠culos curiosos. Cuando se compr√≥ uno de estos objetos, usualmente se obtiene un bono gratis: ¬°un esp√≠ritu demon√≠aco!

5- PALABRAS DE MALDICION.

‚ÄúLa muerte y la vida est√°n en el poder de la lengua‚ÄĚ Prov. 18:21.Es decir, las palabras tienen poder para bendecir o para maldecir. Jes√ļs dijo a una higuera: ‚ÄúNunca jam√°s coma nadie fruto de ti‚ÄĚ (Mr. 11:14), y a la ma√Īana siguiente el √°rbol se hab√≠a secado de ra√≠z.

Se puede leer tambi√©n Stg 3:5-6, y 8-10… enfatizando: ‚ÄúY ELLA MISMA ES INCENDIADA POR EL INFIERNO…‚ÄĚ

Debemos considerar:

1) Cuando hablamos mal contra otros. Las malas palabras pueden producir maldiciones, no sólo cuando se dicen con toda maldad, sino también cuando se pronuncian con descuido.

Esta es una de las razones por la que debemos aprender a disciplinar nuestra lengua, por una parte y por la otra, aprender a romper el poder de las palabras que dicen mal de nosotros.

Me preocupa y me entristece bastante, cuando escucho de l√≠deres que ense√Īan a maldecir a quienes nos maldicen, o que ellos mismos, maldicen a quienes no est√°n de acuerdo con ellos. Jes√ļs ense√Ī√≥ todo lo contrario, notemos cuan claras son sus palabras:

‚ÄúPero yo os digo: amad a vuestros enemigos, BENDECID A LOS QUE OS MALDICEN, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen‚ÄĚ Mt. 5:44.

No debemos olvidar que… ¬°¬°¬°SOMOS HIJOS DE BENDICION Y QUE ESTAMOS EN ESTE MUNDO PARA BENDECIR!!!

 

Con demasiada frecuencia las maldiciones de otros se producen dentro de la propia familia. Hay padres que maldicen a sus hijos con sus expresiones.

SANIDAD INTERIOR: El alcance de las maldiciones. (19).: sanidad interior

Los esposos y las esposas se maldicen unos a otros cuando se critican, se insultan y se condenan, en lugar de mostrarse amor y respeto mutuo. Deber√≠an darse cuenta que han venido a ser ‚Äúuna sola carne‚ÄĚ. Decir y hablar mal del c√≥nyuge, es igual a decir y hablar mal de uno mismo.

2) Cuando los dem√°s hablan mal de nosotros.

Supongamos que alguien haya hablado o siga hablando mal de nosotros, mal del que no tenemos conciencia. ¬ŅSomos responsables de salirnos, por as√≠ decir en forma rutinaria de todas las maldiciones desconocidas puestas sobre nuestras existencias? Si seguimos esta l√≠nea de pensamiento, r√°pidamente nos volveremos paranoicos; vamos a estar controlados por el temor que otros conspiren en secreto en contra nuestra o que pongan en pr√°ctica alguna cosa mala contra nosotros.

El principio básico es este: Nadie nos puede poner una maldición, (un demonio), a menos que haya una puerta abierta en nuestras propias vidas.

Un ejemplo de esto es la incapacidad que tuvo el profeta Bala√°m para maldecir a Israel, ya que el pueblo estaba caminando en obediencia. Y se tuvo que lamentar diciendo:

‚Äú¬ŅPorqu√© maldecir√© yo al que Dios no maldijo? ¬ŅY c√≥mo he de execrar al que Jehov√° no ha execrado?‚ÄĚ Nm. 23:28.

¡Alabado sea Dios! Todo aquel que sea bendecido por Dios no puede recibir maldiciones mediante los poderes de la hechicería.

Nuestra protecci√≥n se halla en andar en rectitud ante el Se√Īor.

3) Cuando uno habla mal contra si mismo.

‚ÄúTe has enlazado en las palabras de tu boca, y has quedado preso en los dichos de tus labios‚ÄĚ Prov. 6:2.

La palabra hebrea YAQOSH, que se tradujo ‚Äúpreso‚ÄĚ significa, llevar a la ruina o la destrucci√≥n, como cuando a las aves se las captura en una red.

Rebeca, la esposa de Isaac, qued√≥ presa en las palabras de su boca. Hab√≠a conspirado con su hijo Jacob para enga√Īar a Isaac a fin de robar al hijo mayor, Esa√ļ, la bendici√≥n del padre. Jacob tem√≠a que se descubriera el enga√Īo y el anciano Isaac lo maldijera en lugar de bendecirlo. Por esto Rebeca declar√≥: ‚ÄúHijo m√≠o, sea sobre m√≠ tu maldici√≥n‚ÄĚ Gn. 27:13.

Y resulta que la maldición le vino y en efecto, nunca volvió a ver a su hijo, pues murió prematuramente.

Otro ejemplo, es como el pueblo de Israel se auto-maldijo:

‚ÄúSe quejaron contra Mois√©s y contra Aar√≥n todos los hijos de Isra√©l; y dijo toda la multitud: ¬°Ojal√° muri√©ramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojal√° muri√©ramos!‚ÄĚ Nm. 14:2.

Hablaron una maldición contra si mismos, quedaron presos por sus corazones quejosos y por sus palabras murmuradoras. Por medio de ellos, Dios nos advierte hoy:

‚ÄúNi murmur√©is, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y est√°n escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos‚ÄĚ 1Co.10:10-11.

También por:

a. Votos o juramentos (Mt. 5:34).

b. Pactos con la masonería o fraternidades.

4- MALDICIONES POR BRUJERIA.

Hay dos fuentes espirituales de poder; Dios y satanás. Los siervos del Dios Altísimo usan su autoridad espiritual delegada para bendecir a los demás y para derrotar al mal. Los emisarios de satanás emplean su poder para maldecir, controlar y hacer males. A este poder sobrenatural, maligno y perverso, se le conoce como brujería o hechicería.

La palabra de Dios condena en forma absoluta todas las prácticas de la hechicería y las prohíbe totalmente.

“No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quién practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos.

Porque es abominaci√≥n para con Jehov√° cualquiera que hace estas cosas‚ÄĚ Dt. 18:10-12.

A los brujos o hechiceros o magos se les condenaba a muerte bajo la ley de Mois√©s (Lev. 20:27). La palabra de Dios es enf√°tica en condenar a todo cuanto hoy se conoce con el nombre de ‚Äúlas artes negras (m√°gicas)‚ÄĚ.

El obtener control sobre los dem√°s es otro objetivo de la hechicer√≠a. El brujo, hechicero o mago, as√≠ como quienes les siguen, intentan controlar a los otros y esperan obtener alg√ļn provecho sobre sus semejantes o sus compa√Īeros. Este poder es real, pero es el poder de satan√°s y su fin es la ruina.

La historia de Israél relata como en muchas ocaciones el pueblo daba la espalda a Dios y se volvía a las tinieblas para buscar ayuda. Dios reprendió y juzgó a Israél por confiar en la hechicería:

‚ÄúY si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¬ŅNo consultar√° el pueblo a su Dios? ¬Ņconsultar√° a los muertos por los vivos? ¬°a la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido. Y pasar√°n por la tierra fatigados y hambrientos, y acontecer√° que teniendo hambre, se enojar√°n y maldecir√°n a su rey y a su Dios, levantando el rostro en alto‚ÄĚ Is. 8:19-21.

En este tiempo la hechicer√≠a se ha incrementado y extendido de manera tremenda en nuestra naci√≥n y en todas nuestras propias sociedades durante los √ļltimos a√Īos. La palabra del Se√Īor establece: ‚Äúel mundo entero est√° bajo el maligno‚ÄĚ (1Jn 5:19), pues ‚Äúel drag√≥n, la serpiente antigua, que se llama diablo y satan√°s, el cual enga√Īa al mundo entero…‚ÄĚ Ap. 12:9. Dios dijo que el diablo enga√Īar√≠a al mundo entero, y hemos visto el cumplimiento de esta porci√≥n de las escrituras.

Los enga√Īos del diablo se infiltran en el cuerpo de Cristo. La hechicer√≠a se disemina en muchas congregaciones locales por medio de las influencias de la Nueva Era. Hay una gran incre√≠ble cantidad de cristianos que se han vuelto a poderes distintos de los de Dios, en b√ļsqueda de sanidad, gu√≠a y poder.

Los hechiceros emplean encantos, pociones, conocimientos de yerbas y otras diversas y variadas artes mágicas para poner maldiciones sobre las personas. Hay muchos relatos, dignos de todo crédito, de gente que ha sufrido e inclusive ha muerto debido a las maldiciones de la hechicería enviadas en su contra.

Hoy much√≠simos cristianos consideran incre√≠ble que la hechicer√≠a pueda tener tales poderes. Ezequiel profetiz√≥ a las mujeres que efectuaban ciertas clases de brujer√≠a o vud√ļ.

‚Äú¬°Ay de aquellas que cosen vendas m√°gicas para todas las manos, y hacen velos m√°gicos para la cabeza de toda edad, para cazar las almas! ¬ŅHab√©is de cazar las almas de mi pueblo, para mantener as√≠ vuestra propia vida? ¬ŅY hab√©is de profanarme entre mi pueblo por pu√Īados de cebada y por pedazos de pan, matando a las personas que no deben morir, y dando vida a las personas que no deben vivir, mintiendo a mi pueblo que escucha la mentira?‚ÄĚ Ez. 13:18-19.

CONCLUSION

Gracias a Dios hoy los cristianos sabemos que nuestra autoridad está en Dios. Cada día los cristianos se hacen más sabios en conocer como protegerse de la hechicería y cómo cancelar los poderes de la brujería.

Recordemos, que debemos colocarnos toda la armadura de Dios, seg√ļn nos la describe Pablo en Efesios capitulo 6. La armadura total y completa de Dios, es nuestra defensa , pero tambi√©n, cada una de sus partes son armas poderosas y certeras tanto para un ataque efectivo, como tambi√©n para una buena defensa.

Un soldado valiente de la cruz no se deja amilanar por satan√°s. Conoce sus armas y autoridad. Nunca debemos temblar ante los poderes de la hechicer√≠a ni intimidarnos por las amenazas que nos dirija; por el contrario, debemos permanecer firmes en el se√Īor y en la verdad de su palabra, pues el mismo se√Īor Jesucristo nos prometi√≥:

‚ÄúHe aqu√≠ os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os da√Īar√°‚ÄĚ. Lc. 10:19.

‚ÄúLes he dado autoridad para caminar sobre serpientes y escorpiones, y para superar todos los poderes del enemigo; nada les podr√° hacer da√Īo‚ÄĚ, (NUEVA VERSION INTERNACIONAL).

 

 

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