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SANIDAD INTERIOR: El maltrato infantil (Pte 12)

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Este es mucho mas frecuente de lo que uno cree. A través de los medios de comunicación, frecuentemente somos testigos de casos extremos, pero el gran problema radica en los miles de casos que quedan en el anonimato. Por otra parte, lo que es tremendamente traumático, más allá del dolor que la criatura siente, es que el maltrato se perpetúa.

 

Por maltrato infantil entendemos cualquier acción u omisión – no accidental- que provoque daño a un niño, por parte de sus padres o cuidadores.

El factor común que lo caracteriza es el abuso de poder o de autoridad. Ocurre cuando una persona mas fuerte o poderosa (padre/adulto) aprovecha la ventaja que tiene sobre otro menos fuerte o poderosos (niño).

 

-Diferentes tipos de maltrato:

 

a) Abuso físico: cualquier acción – no accidental- por parte de los padres o cuidadores, que provoque daño físico o enfermedad en el niño. La intensidad del daño puede variar desde una contusión leve hasta una lesión mortal.

 

b) Abuso sexual: cualquier clase de contacto sexual con un niño por parte de un adulto, con el objeto de obtener la excitación y/o gratificación sexual del adulto. La intensidad del abuso puede variar desde la exibición sexual hasta la violación.

 

c) Abuso emocional: típicamente se presenta bajo la forma de hostilidad verbal crónica (insultos, burlas, desprecios, críticas o amenazas de abandono) y constante bloqueo de las iniciativas infantiles (que puede llegar hasta el encierro o confinamiento), por parte de cualquier persona que cohabita con el niño.

 

d) Abandono físico: es un maltrato pasivo; ocurre cuando las necesidades físicas del niño (alimentación, abrigo, higiene, protección, cuidados médicos) no son atendidas – temporaria o permanentemente- por ningún miembro del grupo que convive con él.

 

 

e) Abandono emocional: es la falta de respuesta a las necesidades de contacto afectivo del niño (ausencia de contacto corporal, caricias, etc.) y/o la indiferencia frente a sus estados anímicos.

 

f)Niños testigos de violencia: cuando los niños presencian situaciones crónicas de violencia entre sus padres, estudios comporativos muestran que estos niños presentan trastornos muy similares a los que caracterizan a quienes son víctimas de abuso.

Estadísticas realizadas han estasblecido que la mayoría de los padres golpeadores han sido niños maltratados, golpeados y abusados en su infancia.

 

Mucha gente cree – erróneamente- que el maltrato de niños se da solamente en los estratos sociales más bajos (gente sin educación, etc…). La realidad nos muestra que la violencia sucede en todas las clases sociales; no importa la situación económica de esa familia, y aun ocurre en muchos hogares cristianos. Algunos especialistas sostienen que, cuando los padres sufren frustraciones y tensión en el medio en que víven, los los niños terminan siendo el blanco de esa frustración.

 

Signos de abuso físico:

 

Hematomas y contusiones inexplicables,

Considerables números de cicatrices,

Marca de mordeduras de la medida de un adulto,

Quemaduras, etc,

Por decir solo algunos, pero existen otros menos visibles.

 

Signos de abuso emocional:

 

Extrema falta de confianza en sí mismo,

Exagerada necesidad de ganar o sobresalir,

Demandas excesivas de atención,

Mucha agresividad – o pasividad- frente a otros niños.

El abuso emocional es mas difícil de identificar y probar. Insultos, descalificaciones, amenazas, castigos desproporcionados, cuando son la regla -no la excepción- dentro de la relación entre padres e hijos, provocan graves daños Psicológicos en el niño.

 

Si, constantemente, el niño escucha que sus padres le dicen: “Eres una porquería”, o “Eres un inútil”, es probable que llegue a creerlo, y actúe en consecuencia.

Un niño puede estar gravemente dañado desde el punto de vista emocional y, sin embargo, no mostrar cicatrices exteriores. Puede estar sufriendo el efecto paralizante de sentirse despreciable, sin comprender ni poder explicar la razón.

 

Sintomas que genera la violencia:

 

Sentimientos de inseguridad. Pobre autoestima. Sentimientos de culpa. Depresión. Miedos. Lesiones físicas.

Es posible, además, que una persona que se crió en un ambiente de violencia, repita su historia con sus hijos. Manifestando una marcada agresividad y una disciplina rígida, llegando en muchos casos a una excesiva violencia.

 

(Próxima entrega: “Las carencias afectivas” (13)

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