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SANIDAD INTERIOR: Las maldiciones generacionales.(Pte 17).

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3- LAS MALDICIONES GENERACIONALES.

Pasemos ahora a tratar, la relación directa, que estas prácticas tienen con las maldiciones generacionales y que afectan a familias enteras, como también a individuos que sinceramente buscan hacer la voluntad de Dios.

A cuantos cristianos sinceros conocemos que asisten regularmente a la iglesia y se esfuerzan con todo su corazón por vivir en santidad… y sin embargo sus esfuerzos parecen condenados al fracaso, vez tras vez. Nada parece salirles bien.

O por ejemplo, escuchar algo como esto: “mi vida marchaba muy bien hasta que acepté a Jesucristo… ¡luego todo lo malo que podía pasarme, me pasó!”.

Sí, es cierto, puede estarle pasando a usted hoy. Múchos no pueden comprender que es lo que está pasando.

También están los cristianos que batallan año tras año con toda clase de enfermedades y accidentes catastróficos.

Familias atormentadas por problemas tales como enfermedades mentales, suicidios, alcoholismo, enfermades físicas, divorcios, incestos y pobreza.

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Esto afecta tanto a personas como también a iglesias, que batallan por años, no pueden crecer o se dividen constantemente y hasta algunas … se cierran!!

Todo esto se debe a maldiciones que por ignorancia no han sido quebrantadas.

Definición: maldición, es una imprecación que se dirige contra una persona o cosa, manifestando enojo y aversión hacia ella, y muy particularmente con el deseo de que le venga algún daño.

Maldecir: hechar maldiciones sobre una persona.

El propósito es causarle mal y ruina y ha veces hasta la muerte.

La ignorancia no es una bendición: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conomiento”. Oséas 4:6

La palabra “maldición”, en sus diversas formas, se encuentra mas de 230 veces en la Biblia. En hebreo hay seis palabras diferentes y en griego hay tres palabras distintas que se traducen como “maldición”. Dando a conocer diversos aspectos de la maldición. Sin duda que cualquier tema de la Biblia que tenga un énfasis tan extenso merece nuestra atención.

Además, es obvio, que en muchas personas escacean las bendiciones de Dios en sus vidas, como explicábamos anteriormente.

La ausencia de la bendición de Dios es prueba de una maldición. Somos malditos o bendecidos: no hay términos medios.

Debemos determinar el “si” y el “por qué” estamos bajo una maldición y estar seguros de lo que debemos hacer para echar atrás esa condición.

DIOS, EN NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, NOS HA DADO GRANDES PROVISIONES PARA PASAR DE LA MALDICION A LA BENDICION.

A) CARACTERISTICAS:

1- Son reales: La Biblia afirma su realidad cuando Dios mismo dice que El: “…visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación”. Exodo 34:7

Y como los israelitas veían que estas maldiciones pasaban a sus desdendientes, inventaron este dicho: “… Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera”. Ezequiel 18:2

En otras palabras, los hijos sufrían por los pecados de sus padres. Las maldiciones generacionales impuestas por Dios, eran verdaderas. Hay muchos relatos bíblicos que nos muestran la realidad de las maldiciones y no podríamos detenernos en todos.

2- Maldiciones generacionales:

“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, PARA QUE VIVAS TU Y TU DESCENDENCIA”. Dt. 30:19

Cuando el hombre escoge andar en obediencia con Dios, se le aseguran las bendiciones de Dios sobre su vida; y estas bendiciones pasarán a sus hijos y a los hijos. No así, cuando el hombre elige ignorar los mandamientos de Dios, o en forma abierta se rebela contra las leyes de Dios, será maldito al igual que su descendencia.

“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que este arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que VISITO LA MALDAD DE LOS PADRES SOBRE LOS HIJOS HASTA LA TERCERA Y CUARTA GENERACION DE LOS QUE ME ABORRECEN, Y HAGO MISERICORDIA A MILLARES, A LOS QUE ME AMAN Y GUARDAN MIS MANDAMIENTOS”. Exodo 20:4-6

Dios se comunicó en el Sinaí y le dio los diez mandamientos. En ellos, Dios prohibió la idolatría bajo la pena de una maldición que iba a pasar hasta la “… tercera y cuarta generación”, (Ex. 34:7). Supongamos que un hombre comete el pecado de idolatría (que incluye lo oculto). Además, supongamos también, que él y cada uno de sus descendientes por cuatro generaciones tienen tres hijos cada uno. Esto eleva la cantidad hasta cuarenta descendientes que estarán bajo la maldición puesta por la iniquidad de un antecesor.

Si regresamos al árbol genealógico, cada uno de nosotros tiene dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos y dieciseis tatarabuelos – es decir, un total de treinta antepasados de los cuales posiblemente, se derivan las maldiciones. Al buscar la causa de las maldiciones con esta luz, es fácil ver que una persona puede perfectamente sufrir toda clase de maldiciones debido a pecados de sus antecesores.

La Santa Biblia en la segunda parte del capítulo 28 de Deuteronomio, enumera varios efectos comunes como consecuencias de las maldiciones, que por otra parte, siempre están ligados a la desobediencia, ellos son:

1- Pobreza o insuficiencia financiera completa.

2- Esterilidad e impotencia, así como abortos y otras complicaciones en el área de la reproducción.

3- Fracasos en planes y proyectos.

4- Enfermades y dolencias, sobre todo afecciones crónicas y hereditarias.

5- Muertes prematuras y muertes por causas no naturales.

6- Vidas con traumas, siempre se va de una crisis a otra.

7- Quebrantos mentales y emocionales.

8- Ruptura de las relaciones familiares e inclusive divorcios.

9- Obstáculos espirituales para oír la voz de Dios, percibir la presencia del Señor, comprender la Biblia, concentrarse en la oración y la ausencia de dones espirituales.

Ya dijimos anteriormente, acerca del dícho que los judíos habían inventado. Sin embargo, Dios declaró que llegaría el tiempo cuando este dícho iba a dejar de ser apropiado. Su pueblo iba a entrar bajo un “pacto nuevo”. Dios mismo escribiría su ley en “sus corazones”, y todo hombre sería directamente responsable de sus propios pecados, (Jer. 31:29-33). Este nuevo pacto es la gracia provista por nuestro Señor Jesucristo, cuando vertió su sangre preciosa a favor de la humanidad.

La gracia no significa que una maldición ya no vuelve a pasar a las generaciones siguientes. Significa que por medio de la muerte redentora de Jesús, Dios ha provisto un remedio para la maldición.

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado de un madero)”. Gál. 3:13. Cualquier persona que tenga evidencias de maldicones generacionales que obren en su vida. Debe apropiarse de las provisiones de la cruz. Debe confesar sus propios pecados y los pecados (conocidos y desconocidos) de sus progenitores y antepasados. Los efectos de las maldicones no son otra cosa que parte de las obras del diablo que Jesús vino a destruir, (1 Juan 3:8). Los demonios han perpetuado maldiciones que ahora se pueden echar fuera y cancelar. ¡Se les debe ordenar salir en el Nombre de Jesús!

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