Apocalipsis: «Sí, vengo pronto.» Jesucristo (59).

Las diferentes voces que claman por la venida del Señor

“El Espíritu y la novia dicen: «¡Ven!»; y el que escuche diga: «¡Ven!» El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida” (22:17).

La primera, en expresar su ardiente deseo es “la esposa». Palabra siempre traducida como «novia». La Iglesia no puede ser la Esposa de Cristo hasta que esté completa con el último pecador de esta edad agregado a Ella. El casamiento tomará lugar en 19:7.
Todo esto ha través del Espíritu, pues ambos están entrelazados y es el mismo Espíritu que intercede en los creyentes con gemidos indecibles (Ro. 8:26, 27).

«…y el que escuche diga: ¡Ven!» Cómo que el autor insta a los oyentes a que eleven este clamoroso ruego al mismo Señor Jesús. Este versículo contiene la última invitación en la Biblia; en realidad, son dos invitaciones en una. La primera parte está dirigida a Cristo, deseando que vuelva al mundo. La segunda parte está dirigida al mundo, deseando que vuelva a Cristo.

El otro aspecto de este mensaje es una invitación evangelística. “El que tenga sed, venga”. Siempre está presente todavía el día de salvación. Este ofrecimiento para la salvación se amplia con la siguiente frase:

“… y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida”. Una invitación similar la encontramos en Isaías 55:1. No hay merito humano alguno que pueda alcanzar la salvación como premio, por mas grande o noble que parezca. Dios ha dispuesto que la salvación sea totalmente gratuita (Ro. 6:23). Y está a disposición de todo aquél que desee obtenerla.

“A todo el que escuche las palabras del mensaje profético de este libro le advierto esto: Si alguno le añade algo, Dios le añadirá a él las plagas descritas en este libro. Y si alguno quita palabras de este libro de profecía, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritos en este libro”. (22:18, 19).

El mismo Señor advierte “A todo el que escuche…”, es una clara advertencia, de que no debemos descuidar, el manejo cuidadoso de estas palabras reveladas por el ángel a Juan. Esto no quiere decir que ya Dios no puede seguir hablándonos. Lo que quiere decir, es que tanto el libro de Apocalipsis, como la Biblia están completos y no necesitamos de “supuestos soñadores y visionarios”, que quieran agregar nuevas profecías o libros a la Biblia.

Esta es la revelación escrita de Dios al hombre. Y es definitiva. (Vea Pr. 30:5,6; Dt. 4:2 y 12:32). Así, aunque la advertencia se aplica en primer lugar al libro de Apocalipsis, también es aplicable para cualquiera que quiera agregar o quitar alguna parte del texto sagrado.

Por cierto, es de destacar, que era la costumbre común de los escritores antiguos, de agregar una orden solemne a los escribas que debían corregir con mucho esmero las copias cuando esto era necesario, pero jamás debían hacer una interpolación o mutilación del original.

De todas maneras, es una advertencia muy seria pues dice que de no escucharla, Dios le quitara su parte de toda la fantástica herencia descripta en este libro. No parece referirse a la salvación. Ya que ningún discípulo regenerado y lleno del Espíritu Santo se atrevería a manipular la Palabra de Dios. Lo que no podemos asegurar de incrédulos eclesiásticos con motivaciones equivocadas.

La conclusión de esta magnífica revelación es rubricada por el mismo señor Jesucristo:
“El que da testimonio de estas cosas dice: Sí, vengo pronto” (v, 20a). Lo significativo es que esta es la tercera vez que hace esta promesa en el mismo capítulo (vv. 7, 12, 20) con la salvedad de que aquí agrega un rotundo “sí”, que en el griego significa “¡de seguro que sí!” como una afirmación que da mas fuerza y seguridad a la declaración de su inminente venida.

Como respuesta a tan sublime declaración, Juan representando aquí a la iglesia redimida responde: “¡Amén. Ven, Señor Jesús!” (v. 20b). Casi podemos imaginarnos esa novia radiante extendiendo sus brazos hacia su amado, que en algún momento se marchó hacia un largo viaje, pero con la promesa de regresar para celebrar con ella su boda. Tal vez las lágrimas corren por sus mejillas mientras espera ansiosa…. pero ella sabe “que las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos” … sabe de las heridas que su amado a recibido por amor a ella. Sabe que la ama con amor eterno. Sabe que El es el Fiel y Verdadero.

El cristiano dedicado al Señor, viviendo en medio de una sociedad secularizada y camino a una total apostasía, levanta sus ojos al cielo con la expectativa de que hoy sea el día del Señor. Esta rodeado de tinieblas que se manifiestan en una idolatría ciega y la adoración a pasiones y prácticas equivocadas. En su corazón el cristiano desea solo una sola cosa, la que es expresada con tres palabras , «Ven, Señor Jesús.» Esta frase equivale la versión aramea de 1 Corintios 16:22, «Maranatha».

“La gracia del señor Jesús sea con el pueblo de Dios. Amén” (22.21).
Muy llamativo se nos presenta el hecho, de que un libro apocalíptico, termine con una bendición apostólica, pero el libro empezó como una epístola (1:4 y siguientes), por lo tanto, esta terminación es apropiada.

Seguramente, la bendición apostólica de Juan va dirigida a los lectores y oyentes contemporáneos de Apocalipsis. Pero sin duda también a la gran multitud de creyentes, de todas las generaciones, que por esa misma gracia, leyeron y estudiaron este libro para inspirar y animar a la iglesia militante. A ellos nos sumamos nosotros hoy. Ojalá lo hagamos con la misma pasión y expectativa que ellos.

Según los manuscritos, el “Amén” fue agregado por algún copista cuyo corazón ardía por la pronta venida de Cristo. Este debería ser también el anhelo del corazón de cada persona que ha recorrido las páginas de Apocalipsis. Su visión gloriosa de nuestras vidas reinando con Cristo, nos anima en medio de un mundo cada vez mas secularizado, pero en el cual nosotros brillamos, con el firme propósito de ser usados para que muchos vengan al conocimiento del Salvador.

Una buena manera de concluir este estudio, es con las palabras que en este capítulo le son atribuidas al mismo Señor Jesús. ¡Que fuerte y claro que nos hablan!

22:7 ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.
22:12 He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.
22:13 Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.
22:16 Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.
22:20 El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.

Apocalipsis: «¡Miren que vengo pronto!» (58)

"Las puertas del cielo"

"Las puertas del cielo"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

«¡Miren que vengo pronto! Traigo conmigo mi recompensa, y le pagaré a cada uno según lo que haya hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin. (22:12,13).

La voz de Cristo anuncia la inminencia de su tribunal para los justos, 1 Corintios 3:11-15, y el trono blanco para los incrédulos, Apocalipsis 20:11-15.
En Hebreos 11:6, Él es el gran “galardonador.” «La palabra describe especialmente las recompensas divinas dadas a los creyentes por la cualidad moral de sus acciones. Su valor para el obrero individual variará de acuerdo con el trabajo que haya realizado.» (Ver Hebreos 11; Mateo 20:8 y 2 Timoteo 4:8).

Por otra parte, una vez mas si comparamos esta descripción que el mismo Cristo hace de su persona con 1:18, e Isaías 44:6 y 48:12, se prueba que Cristo era la manifestación visible del Jehová del Antiguo Testamento. Otra vez, el mismo declara también la realidad de que toda la historia humana tiene su comienzo y su final en su persona.

“Dichosos los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y para poder entrar por las puertas de la ciudad. Pero afuera se quedarán los *perros, los que practican las artes mágicas, los que cometen inmoralidades sexuales, los asesinos, los idólatras y todos los que aman y practican la mentira.
“Yo, Jesús, he enviado a mi ángel para darles a ustedes testimonio de estas cosas que conciernen a las iglesias. Yo soy la raíz y la descendencia de David, la brillante estrella de la mañana.” (22:14-16).

El árbol de la vida

Un nuevo amanecer experimentando los frutos del árbol de la vida

Ya conocemos que la gran dicha del cristiano será haber lavado sus ropas en la sangre preciosa del Cordero. El árbol de la vida representa todo lo bueno y lo mejor que había en el corazón de Dios para el hombre recién creado y que Adán y Eva perdieron. La sangre preciosa de Cristo es la que nos capacita “para tener derecho al árbol de la vida” y comer de su fruto. En Cristo el gozo inefable de la comunión con Dios es recuperado. Y por lo tanto también sus bendiciones nos son restituidas.

Las puertas del cielo solo están abierta para hombres redimidos. No porque se cierren en algún momento. Sino porque el malo simplemente nunca llegará a ese lugar. ¡Cuanta fascinación nos embarga nuestro espíritu al imaginarnos caminando hacia la santa ciudad! Vislumbrar sus puertas y ser alumbrados por la gloria divina que de ella se irradia!

Está claro quienes se quedarán fuera de tan bendita ciudad. Ya enumeramos y analizamos toda esta diferente clases de pecado y lo que significaban.

En el verso 16, que Juan se lo atribuye directamente al Jesús, vemos en primer lugar como es común en todo el libro, la actividad angelical como verdaderos ministros también en los asuntos de la revelación de las cosas venideras. Pero en segundo lugar, el mandamiento de no acallar este mensaje, sino por sobretodo darlo a conocer a las iglesias. Y no descuidar la lectura y el estudio de un libro tan alentador para los fieles peregrinos que a través de diversas pruebas llegarán a las puertas del cielo

En esta frase «la raíz…de David, la brillante estrella de la mañana». Wiersbe ofrece un bello comentario al observar que «los títulos de nuestro Señor en versículo 16 son de lo más interesantes. La raíz se sepulta en la tierra donde nadie la puede ver, pero la estrella está en el cielo donde todos pueden verla. En la raíz y linaje de David tenemos a Jesús judío, nombre nacional; pero en la estrella resplandeciente de la mañana tenemos su nombre universal. Uno habla de humildad, el otro de majestad y gloria”.

Como la raíz de David, Jesucristo trajo a David en existencia. Como linaje de David, Jesús vino a este mundo, nacido judío del linaje de David. Tanto la deidad y la humanidad de Jesús son evidentes aquí.
Este enigma, fue irresoluble para los fariseos, cuando Jesús los confundió en Mateo 22:41-45.
«La estrella de la mañana anuncia la llegada de la aurora. Jesucristo vendrá por su Iglesia como la estrella de la mañana, pero cuando Él vuelva a juzgar, será como el Sol de justicia en ardiente furia”.

Veamos también que para «estrella resplandeciente». El griego enfatiza la cualidad de la estrella al decir «la estrella, la resplandeciente, la de la mañana». Cuando las profecías del libro hayan sido cumplidas, entonces será terminada la oscuridad de la tribulación y llegará el alba del milenio.

Apocalipsis: ¿Qué haremos en el cielo? (55)

Capítulo 22

Las maravillas del cielo

Luego el ángel me mostró un río de agua de vida, claro como el cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero, y corría por el centro de la calle principal de la ciudad. A cada lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce cosechas al año, una por mes; y las hojas del árbol son para la salud de las *naciones. Ya no habrá maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad. Sus *siervos lo adorarán; lo verán cara a cara, y llevarán su nombre en la frente. Ya no habrá noche; no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios los alumbrará. Y reinarán por los siglos de los siglos” (22:1-5).

Continúa El apóstol Juan describiendo para nosotros las maravillas del cielo. En el verso uno, nos imaginamos la gloria y la majestuosidad de ese trono eterno, donde habita la plenitud de Dios. Dice: “… del trono de Dios y del Cordero”, para que no haya duda que son la misma y única persona.

También del mismo trono desciende el río de agua viva que seguramente representa al Espíritu Santo y su obra perfecta desplegada a favor de los creyentes (Jn. 7:37-39; Ap. 7:17)en la tierra, pero que en el cielo será permanente, como todas las cosas celestiales. Así se nos presenta también en esta figura, la expresión completa de la Santísima Trinidad.

La segunda gran figura que nos describe el apóstol es el árbol de la vida. Es por cierto sorprendente la figura que tenemos delante de nuestros ojos. Nos imaginamos esta gran avenida de doble vía, pues dice que el río se sitúa en el centro de ella y a todo lo largo.

Puede ser que el árbol no sea uno solo sino varios, hasta doce conjeturan algunos autores teniendo en cuenta que están situados a “ambos lados” de la ribera del río de la vida. El uso del doce nos lleva de alguna manera hacia una expresión de acabado perfecto, que muestra la gran obra de Dios por amor a su pueblo.

Ya sabemos nosotros que Jesucristo es la vida en plenitud para los que hemos creído. Este árbol nuevamente accesible para el ser humano, representa en alguna manera todo lo que Cristo gano en el Calvario para nosotros. Pues el dijo: “Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia”.

Aunque dice que su hoja será de sanidad para las naciones. No debemos interpretarlo literalmente, ya que en el cielo no habrá enfermedad. Antes bien, representa y significa la preservación eterna de la vida de Dios en el creyente. Que significa salud física y salud espiritual en un sentido perfecto. Propio de los cuerpos glorificados. Que maravilla pensar que la vida eterna regresa al hombre en el mismo lugar donde la perdió. El paraíso restaurado o completamente nuevo, se encuentra en la misma ciudad celestial.

Y un gran acontecimiento tiene que quedar demostrado y ser declarado sin ambages. ¡Ya no habrá maldición! Recordemos que por el pecado del hombre, la tierra había sido maldecida (Gn. 3:17-19). Así, todo nos da a entender en este contexto que la recuperación del paraíso perdido, en una dimensión todavía mejor se lleva a cabo en el mismo cielo. En semejante estado de perfección espiritual no hay cabida para ninguna maldición. Lo que es perenne en el cielo es la bendición.

Detengámonos ahora, en un servicio muy especial delante del trono, y veamos a los hijos de Dios, levantar un culto al Dios verdadero, donde ofrecerán un servicio continuo de adoración el el cielo….”El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad. Sus *siervos lo adorarán;”…..(v, 3b). Bien que como Reyes y sacerdotes ese será nuestro mas grande privilegio (He. 10:2; 12;28; 13:10; 1P. 2:9).

Algunos se preocupan preguntándose: ¿Qué haremos en el cielo? O ¿cuál será nuestra tarea? Lo que podemos comprender es que habrá una continua adoración, pero también que la misma tendrá un alcance eterno que ni siquiera podemos imaginarnos, pues, sobrepasaría nuestro entendimiento humano.

Será todo nuevo y en constante descubrimiento acerca de la persona eterna de nuestro Dios. ¿Nos alcanzará la eternidad para conocer a un Dios tan grande y sublime? También estaremos continuamente sorprendidos por la cantidad de revelaciones y novedades que el tiene preparadas para nosotros.

Sin duda que el cielo no habrá tiempo para aburrirse. Allí de seguro, todas nuestras aspiraciones que no logramos en esta tierra podrán hacerse realidad en un proceso maravilloso trabajando en todos los aspectos de nuestra personalidad. Encajaremos perfectamente en el diseño eterno de Dios para nosotros. ¡Nosotros mismos seremos nuestra mayor sorpresa! Imaginemos…. nuestros cuerpos incorruptibles y sin limites de tiempo y espacio que nos detenga, y en un universo eterno. ¿Aburrimiento? ¡Creo que eso no existe en el cielo! ¡Gloria a Dios por su don inefable!

Pero este relato sigue sumando niveles de emoción:

… lo verán cara a cara, y llevarán su nombre en la frente”. Esto es mas de lo que podemos pedir. Nos enseña aquí el Espíritu Santo que en el cielo la comunión eterna con Dios llega a su punto mas íntimo y perfecto. Sabemos que nadie podría ver a Dios directamente a su rostro y quedar vivo (Ex. 33:20), ¿pero qué si lo hacemos a través del sacrificio perfecto y redentor de Cristo? Por supuesto que no aclara aquí hasta que grado le veremos, o soportaremos. Pero si es claro que sólo por su gracia puede permitirnos ver su rostro y adorarle. Estaremos delante de El y le alabaremos.

Esta parte concluye con el verso cinco, con una declaración de la presencia de Dios en su plenitud que todo lo ilumina.

Así, como en el verso tres, vimos a los habitantes del cielo “sirviendo” como sacerdotes; aquí, ahora, los vemos reinando, es decir, como “Reyes”. Así como Cristo continuara reinando por la eternidad como “REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES”, así también sus redimidos co-reinarán con El por toda la eternidad. Ese es nuestro destino. Este nuestro mas caro anhelo. ¡Estar siempre con El! Y así, desde lo mas profundo de la eternidad nos llegan estas palabras poderosas, destruyendo a su paso las tinieblas de la noche presente:

Ya no habrá noche; no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios los alumbrará. Y reinarán por los siglos de los siglos” (v. 5).

Apocalipsis: ¿Quiénes entraran al Cielo? (54)

Lo que sigue, en el verso 8, es un relato primero de advertencia, de quienes no entraran al cielo. Y luego una lista con los pecados que cierran las puertas del cielo.

Comienza Juan con los cobardes. Precisamente en ese momento la iglesia sufría la cruel persecución ordenada por el emperador Domiciano. Seguramente se refería a los que se avergonzaban a de confesar públicamente a Cristo como Señor lo que significaba de seguro una cruel muerte.

Los incrédulos en general, pero también los que hacían una declaración falsa de fe.

Los abominables, se hallan descritos en pasajes tales como: Job 15:16; Sal 14:1 y Tito 1:15,16. Especialmente abominables son los hipócrita, según puede verse en Mt 7:22,23.

Les siguen los que están involucrados en cualquier clase de inmoralidad sexual. Del griego pórnois de donde viene el término “pornografía”.

Los que practican artes mágicas” literalmente, los hechiceros. Advirtiendo el pensamiento de que esto no sea vigente para nuestros días, es que transcribo el comentario de M.Henry en su libro Escatología II (pág. 347):

Si vamos a la Biblia, hallamos la conexión de la hechicería con la magia, la adivinación y el espiritismo, todo lo cual era abominable a YHWH (v., por ej., Éx. 22:18; Lv. 19:26, 31; 20:6, 27; Dt. 18:11-14; 2R. 9.22; Is. 19:3; Dn. 1:1, 2; Hch. 8:9-11). En nuestros días, la hechicería primitiva sigue vigente en muchas tribus de Asia, África y América. Lo verdaderamente lamentable es el auge que el ocultismo, el espiritismo y satanismo están cobrando en nuestros días entre las gentes que se tienen por más civilizadas. Más aún ni los propios creyentes son impermeables al esoterismo, revestido de múltiples formas, algunas aparentemente suaves. Hemos de estar, pues, alertados, ya que también estos irán al infierno”.

Continúa con los idolatras, los que adoran todo tipo de imágenes de yeso o metal. Pero se refiere también a los que entronizan en su corazón sus propios dioses, como la fama, el dinero, mundanalidad etc. (Mt. 6:24; Col. 3:5).

 

Se cierra esta lista con “todos los mentirosos”. Y no solo se refiere aquí a lo que dicen mentiras, sino también a aquéllos que toda su vida es una mentira. Es decir, un estilo de vida. Y ya sabemos, quien es el mentiroso por excelencia.

Para concluir, diremos que el orden en la lista no es casual. Tiene como fin advertirnos para que estemos alertas, de que aún la mas sencilla tentación puede ser una puerta al infierno. Por ello enfatizamos el contraste, mientras que los que vencen (V, 7) ellos heredarán el cielo; éstos últimos el infierno (ver Mt. 25:34 y ss.) Lo cual es la mas tristes de las herencias.

 

Transportado en el espíritu.

Y me transportó en en el espíritu…” (V, 9), que maravilloso es pensar cuando leemos este relato, que de esta misma forma podremos trasladarnos en la eternidad que nos espera. Una donde no habrá limitaciones. ¡Y estaremos acompañados por ángeles!

Este ángel le muestra a Juan la gloria de la nueva Jerusalén. El ángel compara la ciudad a una “novia, la esposa del cordero” para darnos a entender la hermosura que se refleja a través de la misma.

La descripción de la ciudad, les plantea generalmente a los estudiosos, el clásico problema de interpretación (Hermenéutica) que se pregunta: ¿Qué es simbólico y que no lo es en este pasaje? Juan dice “lo que vio”. ¿Vio todo solamente en símbolos? Y el lo interpretó… ¿o vio las realidades y las expresó el mismo por medio de símbolos? Podemos hacer muchas explicaciones teóricas, pero lo cierto, es que lo mas importante, es que Juan vio una ciudad, que estaba habitada por santos de todas las edades y que la presencia de Dios estará presente allí de una manera especial. Parafraseando al Apóstol Pablo, fue arrebatado hasta el tercer cielo y decía, si en el espíritu o en el cuerpo no lo sé… pero yo estuve allí y vi cosas demasiados grandes para que el ser humano pueda explicarlas. (2 Co. 12:2).

 

Por otra parte, Juan también es impactado al ver la ciudad, mas que nada por su especial iluminación que describe de la siguiente manera: “Resplandecía con la gloria de Dios…” (V, 11) Es Dios mismo que manifiesta su gloria en todo su esplendor (Is. 58:8; 60:1, 2, 19). También mas adelante en el verso 23 veremos que “La ciudad no necesita ni sol ni luna que la alumbren, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera”. Aquí late nuestro corazón deseando la venida del Señor para poder participar en semejante espectáculo que dará toda la gloria al Cordero!

Juan se ocupará luego de tratar de describir con palabras humanas, la realidad y majestuosidad de tan impactante ciudad. Comenzando con sus medidas. 

“El ángel que hablaba conmigo llevaba una caña de oro para medir la ciudad,… (V, 11), de manera que cada parte de la celestial construcción tiene una medida que proyecta, o descubre un significado, como veremos ahora.

Por años, Babilonia se había enorgullecido de ser llamada la “ciudad de oro”. Ahora el ángel le muestra a Juan la verdadera ciudad dorada en su perfecto esplendor y magnificencia. Y por cierto esta llena de un pueblo santificado por la sangre preciosa del Cordero.

Se nos dice que las medidas de la ciudad son doce mil estadios, lo que equivale a dos mil docientos kilómetros. Veamos el excelente comentario, que hace H. Halley, y que nos ayudará a imaginarla en toda su grandeza:

El doce es la firma del pueblo de Dios: hay doce puertas, en las cuales están inscritas los nombres de las doce tribus de Israel, y doce cimientos, con el nombre de los doce apóstoles. La ciudad constituía un cubo perfecto, como lo era también su prototipo: el Lugar Santísimo en el tabernáculo. Si se colocara la misma sobre los Estados Unidos, abarcaría desde la punta más septentrional de Maine hasta el extremo más meridional de Florida, y desde la Costa Este hasta el estado de Colorado; y se extendería a lo largo de unos dos mil doscientos sesenta kilómetros hacia el cielo. Doce mil es, entonces, el símbolo del pueblo de Dios multiplicado por mil, y representa al estado completo, perfeccionado y glorioso de la creación redimida.”

Sin duda, esto nos ayuda a comprender que nada es casual, o sin sentido, en la revelación que Juan a recibido. Aún las medidas son divinas. Así también lo es la certeza del cristiano acerca de los eventos por venir. Están perfectamente establecidos en los diseños perfectos de Dios para nosotros.

Va a concluir Juan este relato (18-21) con un repaso de las piedras preciosas que alumbran con su brillo tan magnífica ciudad. Algunas de estas piedras preciosas no han podido ser debidamente reconocidas. Lo cierto, es que la belleza es tal que los cimientos brillan con los colores del arco iris. Vemos que cada puerta es una perla y todo esta conformado por los materiales mas bellos que el hombre pueda conocer. Eso crea un espectáculo glorioso mas allá de lo imaginable para cualquier hombre en sus cinco sentidos. Una visión de perfecta paz, belleza, gloria y seguridad. Solo la presencia de Dios puede ofrecer algo así. No es algo pasajero. Es la eterna felicidad para la que fuimos creados.

Contemplemos en el espíritu tal fascinante reino, y notemos que como la lumbrera del cielo es el Cordero… ¡allí no habrá noche!

Tampoco habrá necesidad de cerrar sus puertas… ¡pues allí no habrá criminales!

También esta asegurado quienes podrán entrar… ¡Los inscritos en el libro de la vida del Cordero! ¿Está tu nombre escrito en este libro?

Si no es así, no tardes en venir a sus pies. El nunca rechaza a los que se acercan buscando perdón y salvación.

¡Alabemos a Dios por una salvación tan grande!

 

 

Apocalipsis: El Orden Perfecto del Cielo (53).

Oí una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres *humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir.» Ap 21:3,4

En estos versículos podemos vislumbrar, aunque sea con nuestras limitaciones, lo que será en el cielo la maravillosa experiencia de nuestra íntima comunión con Dios.

Él acampará en medio de ellos…” se refiere al tabernáculo donde la presencia de Dios estuvo siempre en medio de ellos.

Por otra parte nos hace recordar a la peregrinación de Israel por el desierto, donde Dios moraba en medio de su pueblo en el tabernáculo. A su alrededor estaban las tiendas de las doce tribus de Israel que sumaban toda una nación.

De la misma manera, el Verbo de Dios, al hacerse hombre, acampó (en gr. eskénosen, puso su tienda de campaña) entre nosotros (Jn 1:14). Ahora, sin embargo, en la mansión celestial habrá un solo tabernáculo donde el padre celestial vivirá con los suyos en una perfecta comunión.

Es maravillosa la frase “y ellos serán su pueblo.”, pues aquí se trata de la renovación del pacto de Dios con este pueblo que tanto ama y que tantas veces se ha alejado de El. Ahora, sin embargo, esta renovación es definitiva y gloriosa. El pacto ha llegado a la perfección y todas las promesas se han cumplido. ¡El pueblo de Dios ha llegado a su casa!

Ni lágrimas, ni muerte.

El vr 4, nos da a entender una verdad muy alentadora, que no habrá mas lágrimas que enjugar, pues en el orden perfecto del cielo, todo aquello que causa el dolor y tormento del alma – que es el pecado – habrá desaparecido por completo.

En este contexto celestial no existirá ya la muerte, no habrá que lamentarse, ni existirá trabajo que resulte penoso para el hombre redimido. El orden de vida actual, donde toda clase de calamidad impera y destruye lo mejor de la naturaleza humana, habrá desaparecido. A su vez la gloria de la comunión con Dios volverá con creces a manifestarse en una felicidad indescriptible por la relación personal con Dios recuperada.

El mismo Señor Jesucristo declara en la eternidad:

El que estaba sentado en el trono dijo: «¡Yo hago nuevas todas las cosas!» Y añadió: «Escribe, porque estas palabras son verdaderas y dignas de confianza.» (Vr. 5).

Si le tiene que ordenar nuevamente a Juan que escriba, es sin duda, porque el apóstol debía estar absorto contemplando la persona de Cristo y la gloria que le rodeaba. ¿Y quién podría moverse cuando El habla? El mismo continua diciendo:

También me dijo: «Ya todo está hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tenga sed le daré a beber gratuitamente de la fuente del agua de la vida. (Vr. 6).

De una manera muy determinante, el Señor da a conocer cualidades de su carácter, para que quede claro Quién es el que ha hablado, como por ejemplo:

Yo soy el Alfa y la Omega…” expresión que también hemos visto en 1:8. Se refiere a la primera y la ultima letra del alfabeto griego, lengua en la que está escribiendo Juan. Dando a entender que El es el comienzo de todo.

… el Principio y el Fin.” De manera que la frase es equivalente con la anterior y la completa. Dejando establecido inequívocamente, que el que comenzó la historia humana, y controló su desarrollo en los tiempos, es el mismo que la culmina. Tanto mas cuando el sentido profético de la historia tiene que ver con la salvación eterna del hombre. Donde Cristo es su causa y el centro mismo donde todo se completa.

La invitación a beber del agua de la vida es siempre vigente. El alma humana sin Dios es un desierto seco y vacío. La invitación a beber del agua viva es al que verdaderamente tiene sed, a toda persona que íntimamente se insatisfecha. A través de toda la biblia se repite esta invitación vez tras vez. ¿Y quién no la necesita? Vea Is 55:1; Jn 4:10, 13, 14; 7:37-39. ¡Jesús es el agua viva que el alma necesita para conocer la verdadera felicidad!

Al que venciere

En los versículos 7 y 8 vemos un contraste muy llamativo entre sí, porque nos muestra los destinos opuestos de los malvados y de los que aman a Dios.

Primero, vemos que encierra una gran motivación pues promete bendición para “para los que venzan”. Y es llamativo porque esta expresión ocurre en el libro unas ocho veces. Esto tiene especial sentido, pues, en un libro que narra la lucha diaria por mantenerse firme en la fe, cobra especial relevancia (ver 1Jn 5:4). Juan mismo se encuentra desterrado por el emperador en la isla de Patmos mientras escribe. Entretanto la iglesia lucha cada día entre la vida y la muerte para mantenerse fiel en un imperio diabólico e idolátrico.

Así, por dura y dramática que sea la aflicción que cause esta persecución sufrida por la fe, el creyente mira la promesa concreta para “el que venciere”. Dice que “heredará estas cosas”, refiriéndose a todas las cosas que se han dicho acerca de la fe eterna. Y que encontramos a través de las páginas de la Biblia, como señales en el camino que nos impulsan a seguir el santo llamamiento. El alcance de lo que el vencedor recibirá se da a entender por la frase siguiente:

… y yo seré su Dios y él será mi hijo” ¡Que maravillosa promesa y que inmenso privilegio! En otras partes de las escrituras encontramos también esta idea por demás alentadora (Ex 4:22; Dt. 14:1; 2 Sam. 7:14; Ro 8:17).

 

Apocalipsis: La Gloria del Cielo (52).

Capítulo 21

Cielos nuevos y tierra nueva

Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar”. (Ap 21:1).

La revelación que Juan escribe en su libro, no tiene su punto final con el espanto y el terror de los que fueron rechazados por su incredulidad.

La conclusión del relato en todo caso, será una descripción maravillosa de la bendita felicidad de los creyentes que con valor han persistido hasta llegar al cielo.

Ya no se trata del orden social establecido en el mundo del hombre pecador. Todo lo contrario. Se trata del hogar eterno en su plenitud y en su gloria. De lo que el mismo Señor Jesucristo prometió a sus seguidores:

En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. (S. Juan 14:2).

Un pasaje muy reconfortante y que nunca nos cansaremos de leer. Cuando se trata de una de las mas hermosas promesas para la fe cristiana. ¡La gloria del cielo! Es en estas maravillosas páginas que se inspiró San Agustín para escribir una de sus obras célebres: “La ciudad de Dios”.

Se trata, por otra parte, de no olvidarnos de donde somos, y frecuentemente, levantar nuestros ojos hacia el cielo. San Pablo también nos ayuda enseñando acerca de este concepto de una fe con proyección eterna, de esta manera:

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.

Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. (Col. 3:1-4).

La convicción de una eternidad que nos espera, nos hace personas con visión. Amamos el cielo, porque allí se encuentra nuestra verdadera morada. Con su realidad en el corazón marchamos lleno de esperanza por este mundo. Como peregrinos. Con la certeza que ninguna prueba o dificultad será suficiente para detenernos. Tal como lo describe Juan Bunyan en su libro “El progreso del peregrino” -que les recomiendo leer para vivir una experiencia verdaderamente apasionante en la fe – cristiano, el personajes principal pasa por muchas tribulaciones. Pero sabiendo el que en su corazón el cielo es su hogar, cada acontecimiento es solo permitido para llevarlo a las puertas de la gloria.

 

El mundo tal como lo conocemos nosotros había dejado de existir.

Así comienza declarando Juan en esta sección de su relato,tal como lo describe el verso 1. En otras palabras el planeta tierra ha desaparecido. Tal es lo que Juan está viendo. Por cierto, en este punto hay muchas apreciaciones diferentes. Sin embargo parece estar muy claro que la transición es definitiva. Mas aún si tenemos en cuenta lo que nos enseña también Pedro en su epístola:

Pero El Día del Señor vendrá Como un ladrón.En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada.

Notas al pie: 2 Pedro 3:10 sueros: quemada. Var. Quedara Al Descubierto.

Es notable, que al parecer, esta descripción implicará grandes cambios físicos en el universo. Además, la idea es de una destrucción violenta y total. Hay en las frases una fuerza muy ilustrativa “los cielos pasarán con grande estruendo” (VRV), lo que puede referirse a una gran explosión, tanto por agentes internos de la humanidad misma, o externos procedentes del mismo espacio donde gravita la tierra.

Dice también “los elementos ardiendo serán deshechos” (VRV), lo cual como podemos ver involucra que la tierra “y las obras que en ella hay serán quemadas.” Así que no sabemos, si los cielos nuevos y la tierra nueva se refiere a esta tierra, la cual será renovada. O, en mejor de los casos, se trata de otra totalmente distinta. Aunque personalmente, pienso que esto es lo mas acertado de afirmar. Pues, creo sin lugar a dudas que Dios hace verdaderamente las cosas nuevas. La biblia afirma que el origen de todas las cosas es espiritual. Y así, el espíritu del hombre redimido, vuelve a su casa, a su hogar celestial. Donde lo espera una dimensión acabada de perfección.

A este pensamiento, le sigue otro punto sumamente interesante. Que si luego de la segunda venida de Cristo tendremos cuerpos espirituales, incorruptibles y glorificados, esto solo tiene sentido, ante el hecho de que no estamos ya confinados a un planeta, ni a casa material ninguna.

Antes, podremos recorrer libremente las esferas ilimitadas del espacio creado y de la eternidad,siguiendo los pasos de nuestro amado Señor. Meditemos en esto. Como El, luego de la resurrección, subió al padre y regreso con un cuerpo glorificado pero muy especial en sus capacidades.

El relato del evangelio nos dice que pasó a través de las paredes, y se presento en medio de la habitación donde estaban encerrados los discípulos por temor a los judíos. Ellos se aterrorizaron pensando que era un fantasma. Para tranquilizarlos Jesús les pide algo de comer. Y delante de sus ojos se come un pescado y un panal de miel.

¿Qué clase de cuerpo es uno que sube a la eternidad, hasta el trono del Padre, y luego baja en medio del hombre mortal y participa de sus alimentos? Esto que representa un gran problemas para un científico, no es mas que una señal de gozo para el cristiano!

Solo su cuerpo resucitado y glorificado podía hacerlo. Este era el primer precedente. Un cuerpo humano transformado y glorificado por el poder de Dios. Y lo maravilloso es que la escritura afirma que el Señor Jesucristo fue el primogénito entre “muchos hermanos”. Luego le seguimos nosotros!

Si por fe podemos afirmar que “Pues, como el es, así somos nosotros en este mundo”, (1 Jn 4:17). ¡Cuanto mas en la eternidad! El cielo nuevo y la tierra nueva es una clara descripción del cielo de Dios donde habitaremos los creyentes sin limitaciones físicas ni humanas. Y transformados a su imagen.

Por otra parte, los nuevos cielos y la nueva tierra ya habían sido profetizados por Isaías (Is. 65:17; 66:22), pero la conexión no es con la eternidad, sino con el milenio. La consecuencia ha sido que esto ha producido confusión en muchos autores, ya que no lograron percatarse del doble plano que encierran dichas profecías.

Es decir, aplicaban en la misma profecía, sucesos separados históricamente entre sí por muchos siglos. Así que no debemos confundir el milenio, que es un tiempo de gobierno de Dios en la tierra, con el establecimiento eterno de los cielos nuevos y la tierra nueva, que simplemente son manifestados ante los ojos de Juan como una realidad ya existente, como hemos visto.

La nueva Jerusalén

Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido. (Ap 21:2).

Sorprende la descripción de la escena. La nueva Jerusalén es llamada aquí la ciudad santa, pues representa la morada de Dios. La visión de Juan deja bien claro que está describiendo algo que viene desde fuera de la tierra y que existía desde antes en el cielo (vea Juan 14:2; Heb 12:22-24).

Aquí, quiero transcribir un párrafo que me parece muy interesante acerca de la frase “bajando del cielo” en este verso que hace el reconocido comentarista Matthew Henry:

La misma expresión se halla en 3:12, y esta repetición es notable, pues favorece la idea sostenida por muchos autores de que la nueva Jerusalén existía ya antes de ahora en el cielo (comp. con Jn 14:2) y se hallará, durante el Milenio, en torno a la tierra, como un satélite girando en su órbita, siendo retirada de la escena durante la destrucción de la primera tierra y el primer cielo, para descender después a la nueva tierra y posarse allí para siempre”.

Luego se destaca la frase “hermosamente vestida (o acicalada) para su prometido”, (Ap 19:7,8; Ef 5:27). Preparación esta que solo se puede alcanzar a través de la gracia (Ef 5:26,27), que justifica y santifica a la iglesia, para presentarla santa y sin mancha a su prometido.

De una u otra manera el cielo se manifestará en toda su gloria. Y cada uno de los que hemos creído seremos parte de su irrupción en el horizonte próximo de la historia humana. Historia que tiene un solo centro y un único clímax: Jesucristo! ¡Alabado sea su Nombre!

Apocalipsis: El juicio final ante el gran Trono Blanco (51)

Juicio de los muertos

11 Luego vi un gran trono blanco y a alguien que estaba sentado en él. De su presencia huyeron la tierra y el cielo, sin dejar rastro alguno.12 Vi también a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono. Se abrieron unos libros, y luego otro, que es el libro de la vida. Los muertos fueron juzgados según lo que habían hecho, conforme a lo que estaba escrito en los libros.13 El mar devolvió sus muertos; la muerte y el infierno[a]devolvieron los suyos; y cada uno fue juzgado según lo que había hecho.14 La muerte y el infierno fueron arrojados al lago de fuego. Este lago de fuego es la muerte segunda.15 Aquel cuyo nombre no estaba escrito en el libro de la vida era arrojado al lago de fuego.  (NVI).

Notas al pie:
  1. Apocalipsis 20:13 infierno. Lit. *Hades; también en v. 14.

 

El juicio final, vv. 11-15

Este pasaje contiene uno de los mensajes más personales de la Biblia. Debemos leerlo a menudo: nos ayudará a estar preparados para responder cuando se pase lista.” Henry Halley

Cómo ya hemos visto este juicio tendrá lugar después de los mil años del Reinado Milenario de Cristo sobre la tierra, que será seguido por el evento de la segunda resurrección.

El v11, comienza con la aparición ante los ojos de Juan de un gran trono blanco ocupado por la majestuosa figura del Dios eterno. Tan gloriosa es esa presencia, que dice que el cielo y la tierra huyeron delante de El. Algunos creen que el fuego es la causa de la huida teniendo como referencia 2 P 3:10-12.

Un aspecto muy destacable, es que el juicio es completo y definitivo. Al punto que personas de toda época y región de la tierra estarán allí. Ante la realidad de que todos los motivos del corazón humano y sus hechos estarán allí reflejados en los libros.

De este día tan terrible, es el que nos habla Pablo, cuando dice: “El día en que Dios juzgará los secretos de toda persona”. (Ro. 2:16).

Por otra parte, podemos notar que solo habrá dos clases de personas. Los salvos y los perdidos. Pues nos dice que en “los libros” estarán escritas todas las obras de la gente. A su vez, se nos hace notar que otro libro fue abierto, es decir, “el libro de la vida”… haciendo una clara diferenciación, entre este, y “los libros” en base a cuyo contenido serán juzgados los muertos.

¿Por qué esta diferencia? Puede estar preguntando el lector. Pues, precisamente, porque el Libro de la Vida es donde están registrados todos los redimidos. Los que formaron parte de la primera resurrección (arrebatamiento) y también los que creyeron en el milenio (1 Tes 4:15,16; Ap 20:6). Lo que nos tiene que quedar claro: El juicio del gran trono blanco solo está relacionado con las personas cuyos nombres no están registrados en el libro de la vida.

Así, aunque la figura de este relato es terrible. Sin embargo, nos ayuda a tomar conciencia de estar siempre preparados. De conocernos mejor a nosotros mismo a través de la Palabra de Dios. Para el verdadero cristiano, estas imágenes no causan miedo o confusión ninguna. Al contrario, traen gozo y reverencia profunda a nuestro Dios y Padre que nos ama tanto, que ha provisto una salvación tan grande por medio de nuestro Señor Jesucristo. Bien podemos proclamar con certeza: “Dichosos y santos los que tienen parte en la primera resurrección. La segunda muerte no tiene poder sobre ellos” (Ap 20:6). ¡Gloria a Dios por una esperanza tan completa!

 

Apocalipsis: El Destino Final de Satanás (50)

Apocalipisis 20:7-10

El diablo es lanzado al lago de fuego y azufre

Ya hemos visto en los capítulos precedentes (17-19) como todo el sistema diabólico mundial, representado por Babilonia y la bestia y el falso profeta como los agentes de Satanás eran completamente destruidos.

Al cumplimiento de los mil años, nos dice que será suelto deliberadamente – lo cual comprueba de una manera precisa que todo hecho en la historia humana, aún las fuerzas espirituales de maldad que lo generan – están bajo el control soberano de Dios.

En este momento de la historia, ha llegado otra vez el momento esperado por el diablo. De manera que aunque no se nos brindan mas detalles, vemos que la reacción del enemigo es violenta y furiosa. Como no podía ser de otra manera. Es como un intento desesperado, ya que el objetivo es recuperar el dominio sobre la tierra.

El v 8 comienza describiendo la actividad con la que comienza este plan diabólico. Es decir, con el engaño. Siempre será esa el arma que Satanás usa contra el ser humano. Magog es un nombre que define en general a muchas naciones, especialmente descendientes de Jafet (Gn 10:2) y el príncipe es Gog. Ezequiel también relata algo similar en los capítulos 38 y 39, los que nos ayuda a entender a lo que se refiere Juan. Es decir, los enemigos de Dios de todas las naciones que descenderán contra la ciudad santa.

Algunos lectores y estudiosos se preguntan al llegar a este punto: ¿Cómo pudo Satanás reunir a un número tan grande seguidores, si estuvo encadenado durante mil años y la humanidad vivió en un reino de justicia? Es necesario entender entonces, que como desde el principio Dios dio al hombre libre albedrío, de la misma manera será en el milenio.

Y también de que aunque será un reinado de justicia, sin embargo la naturaleza del hombre seguirá siendo pecadora.También nos hace reflexionar como cuando hay bonanza y prosperidad el hombre se olvida de Dios y le da la espalda. Como en nuestros días, y aún en las iglesias, que les molesta que se les enseñe un mensaje bíblico que habla del mal, del pecado y del diablo. Prefieren hacer oídos sordos y continuar mirando al diablo como un personaje de cómic rojo, con cuernos y tridente, mas bien inofensivo… que es lo que el precisamente quiere. ¡Y que decir si les hablamos de arrepentimiento!

Así reflexionamos, por el posible motivo que Dios tuvo al soltar al diablo. Debían ver otra vez, que el mal es una realidad, y que necesitaban a Cristo como Salvador de sus vidas. Pero luego de esa ultima oportunidad la humanidad nunca volverá atrás para mal. Solo vivirá en la plenitud de Cristo y de su Gloria!!Por último, en este relato tenemos el destino final de Satanás. El lago de fuego y azufre el cual pasa a compartir con la bestia y el falso profeta que ya le habían precedido.

En este punto muchos siguen preguntándose: «¿pero acaso el diablo no habita de por siempre en el infierno?» Pues nada mas alejado de la verdad. La escritura nos deja bien informados de que Satanás es “el príncipe de la potestad del aire”, y “el dios de este mundo” (2 Co 4:4). Así todo su ejercito puede deambular por los aires y la tierra hasta que sean expulsados del cielo (Ap 12:7-9). Ya hemos visto que toda su actividad termina con el regreso de Cristo a la tierra, donde es atado y encadenado en el abismo, y luego liberado por un breve período de tiempo, al final del cual es arrojado al lago de fuego y azufre donde – nos relata el v 10 – junto con todas las almas perdidas vivirá para siempre en tormento de “día y de noche por los siglos de los siglos”.

Otra vez, cerramos la página del relato para entrar a otra, no menos impactante y conmovedora cuando de la eternidad se trata. Tiene que ver con el destino eterno de las almas de los hombres. Lo veremos en la próxima entrega. ¡Bendiciones!

 

Apocalipsis: Eventos Del Milenio (49)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Apocalipsis

Capítulo 20

Versos 4-6

Eventos del Milenio

4 Entonces vi tronos donde se sentaron los que recibieron autoridad para juzgar. Vi también las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios. No habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni se habían dejado poner su marca en la frente ni en la mano. Volvieron a vivir y reinaron con *Cristo mil años.5 Ésta es la primera resurrección; los demás muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron los mil años.6 *Dichosos y santos los que tienen parte en la primera resurrección. La segunda muerte no tiene poder sobre ellos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.

La breve descripción de estos versos, comenzando con el v. 4, se refiere de una manera bastante breve a procurar describir los acontecimientos mas importantes de este nuevo orden milenario. Juan comienza aquí contemplando unos tronos y también a quienes se sientan en ellos (Lc 22:29-30; Mt 19:28). El Señor debemos recordar adelantó a los apóstoles que habrían de juzgar a las doce tribu de Israel.

Pero lo llamativo en este v. 4 es la acotación a “… las almas…” ya que se refiere a los mártires que habían sido decapitados -según la costumbre de las ejecuciones romanas- por negarse a adorar a la Bestia, ni reconocer su falsa autoridad, guardando el testimonio de Jesucristo con sus propias vidas. ¡Cuanto amor por el Salvador! ¡Que entrega! ¡Que compromiso! ¡Que consagración! Como sacude este testimonio, el lecho de una iglesia contemporánea que duerme el sueño de la complacencia. “Despiértanos Señor… porque a la puerta está el cumplimiento de la profecía!”

Volvieron a vivir”… añade Juan, sí… volvieron a vivir, porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos pues para él todos viven! (Lc. 20:38). Nada nos puede separar de su amor… ni siquiera la muerte… que para el cristiano es nacer a la verdadera vida… como la cigarra cuando abandona su hábitat para elevar sus alas al vuelo de la verdadera libertad.

Así ellos, habiendo vencido la muerte “reinaron con Cristo mil años”. Ahora podrían gozar de las bendiciones de haber ofrendado sus vidas a su Señor.

¿Qué incluía ese nuevo estado de resurrección? Administrar el reino universal en la tierra como reyes, para concluir luego en un estado perfecto proyectado hacia la misma eternidad, como veremos luego en el capítulo siguiente.

Ahora bien, al llegar al v. 5, no debemos confundirnos, y entender, que los del v. 4 ya estaban resucitados. ¿Qué queremos decir?

Pues, que nos ayudará recordar, que esta primera resurrección – teniendo en cuenta todo el contexto del Nuevo Testamento – es una de etapas sucesivas y gloriosas.

Así, tenemos a Cristo que seguramente vendrá acompañado por los mencionados en el pasaje de Mt 27: 52,53.

Luego también, los que hayan participado en el arrebatamiento de la iglesia, según 1 Ts 4:15-17, el cual es muy importante consultar.

También le seguirán, los santos no pertenecientes a la iglesia y que se mencionan específicamente en el pasaje que estamos tratando en el verso 4. Podemos preguntarnos ¿Porqué? Pues, porque así como ellos, fueron humillados públicamente por su testimonio, así, son apartados por el Señor para presentar una victoria notable y relacionada con el establecimiento del reino de Cristo en la tierra.

Y los creyentes que hayan muerto durante el milenio, si entendemos que aun allí existirá la muerte (v. Is 65:20). Aunque aquí hay opiniones encontradas.

Finalmente, viene la segunda resurrección que está relacionada al juicio final de los impíos delante del Gran Trono Blanco. Donde comparecerán solo los incrédulos.

De esta manera el verso 6, enumera frases de bendición para los cristianos, como que son llamados “felices” o “dichosos”, dando a entender así, que se encuentran en un estado de perfecta felicidad, la que solo puede encontrarse en la misma presencia de Dios.

Es notable también la alusión que reza: “Sobre estos la segunda muerte no tiene autoridad”, recordemos que en el verso 14, leemos que “el lago de fuego es la muerte segunda”. Aclarando, así, que los que han muerto en el Señor, no sufren daño alguno de esta muerte segunda, pues “para los que están en Cristo Jesús no hay ya ahora ninguna condenación” (Ro. 8:1). ¡Sus ropas están lavadas con la sangre del Cordero!

Cobra mayor significado todavía, la verdad de que “… serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con El durante mil años”. A quién, si no a estos, se refiere ya desde el capítulo uno Juan, cuando dice en el 1:6, de que Cristo “… nos ha hecho un reino, sacerdotes para su Dios y Padre”. ¡Que maravilloso futuro para los lavados por la sangre del Cordero! Administrar los tesoros sagrados de nuestro Padre… privilegio exclusivo solo de sus sacerdotes y reyes. ¡Aleluya!

 

Apocalipsis: El Milenio (48).

 

 

 

 

 

 

Apocalipsis

Capítulo 20

Otra vez, un ángel, es el protagonista, cuando Juan inicia el relato de otra faceta de  su revelación. Son por lo menos, catorce veces, que contempla un ángel (Ap 10:1;  1:18; 9:1 para citar algunos ejemplos). Las imágenes sobrenaturales se suceden  unas a otras a medida que el Espíritu lo hace recorrer sus caminos reveladores.

Los mil años

1 Vi además a un ángel que bajaba del cielo con la llave del *abismo y una gran cadena en la mano. 2 Sujetó al dragón, a aquella serpiente antigua que es el diablo y Satanás, y lo encadenó por mil años. 3 Lo arrojó al abismo, lo encerró y tapó la salida para que no engañara más a las *naciones, hasta que se cumplieran los mil años. Después habrá de ser soltado por algún tiempo. (Ap 20:1-3 NVI).

El ángel, tiene la guarda de “la llave del abismo”, que es el lugar de los demonios y espíritus inmundos según la Biblia nos enseña (Por ej. Ap 9:1, 2, 11; Lc 8:31; Ro 10:7). En relación con esta responsabilidad, el ángel, tiene la tarea de prender al diablo, atarlo y tenerlo atado por mil años. Ello involucra arrojarlo al abismo, usar la llave para encerrarlo, sellar la prisión y por último soltarlo al finalizar esos mil años.

Así vemos, que por designio divino, previamente planificado, el diablo es totalmente anulado por un lapso de tiempo específico. Lo que resalta de una manera evidente, la soberanía de Dios, en relación a la “autoridad” que el diablo tiene como “príncipe de las tinieblas” sobre la humanidad caída.

Nunca debemos olvidar, que el control de todas las situaciones le pertenece al Señor, aún cuando no entendamos dichos acontecimientos en el orden natural.

En el verso 2, se describe al diablo con cuatro palabras muy claras acerca de quien es… “dragón, aquella serpiente antigua… el diablo… Satanás…”. Vale por su importancia citar aquí un comentario de Matthew Henry que nos clarifica la situación presente y también futura del diablo, respondiendo a una pregunta, así lo expone el:

Pero dirá alguien: ¿Es que el diablo no está, y ha estado siempre, en el infierno? ¡Pues no! La Palabra de Dios nos asegura que eso no es así: Hasta Apocalipsis 12:8 (comp. con Ef. 6:11,12), vemos que el diablo y la mayor parte de sus ángeles (excepto los de Jud. v. 6) están ubicados en el cielo atmosférico. Desde allí, será arrojado a la tierra en lo mas álgido de la Gran Tribulación (v. Ap. 12:9). Ahora, en el tiempo señalado en el versículo 3, del presente capítulo, es arrojado de la tierra al Abismo (que no es todavía el infierno). Finalmente, en el versículo 10, lo vemos arrojado al lago de azufre ardiente, es decir, al infierno.” Como habrán apreciado es un comentario muy revelador.

Así concluye este relato del verso 3. Describiendo la entrada de la raza humana redimida a un período de paz sin límites en la tierra, que se entiende como el reino milenial y universal en la tierra. Y esto solo será posible debido al plan divino que ha cancelado al diablo y sus mentiras con las que engañaba a los habitantes de la tierra.

Mas allá de los diferentes puntos de vista interpretativos de estos acontecimientos,  debemos tener en cuenta, que su realidad, como un hecho concreto en medio del  devenir histórico, es que se repite tan solo entre los versos 2 al 7, ¡seis veces! … lo  suficiente como para tomar el significado literal, como una realidad, basada en la Palabra de  Dios (2 Ti 3:16). Evento del que tendremos el privilegio de participar todos los que  esperamos la manifestación gloriosa de nuestro Señor Jesucristo acompañado de su  iglesia.

Por ello el estudio, la meditación, o simplemente la lectura de este maravilloso libro, es tan significativa para el cristiano, pues a medida que avanza página tras página en el desarrollo de esta revelación, nuestro corazón se inflama de amor y pasión, esperando ese día glorioso.

Apocalipsis, es el libro que hace arder el corazón del guerrero cristiano, mientras avanza a la ciudad celestial. La misma presencia de Dios lo atrae. El anhelo ardiente de ver su gloria.

Aquí, la visión de lo eterno, renueva las fuerzas debilitadas. El resplandor de Su gloria, da nueva vida al cansado.

Es demasiado grande y maravilloso, para describir con palabras… ¡lo que el Padre a preparado para los que le aman!

 

Apocalipsis: La Batalla de Armagedón (47).

 

Apocalipsis Capítulo 19

La condenación final de la bestia y del falso profeta, vv. 17-21

Es, sin duda, majestuosa la figura del ángel, que nos dice que “parado sobre el sol”, gritaba la invitación a todas las aves del cielo, a la gran cena de Dios. Cosa que de alguna manera presenta un gran contraste con las “bodas de la Cena del Cordero” en el verso 9. Pues también queda claro en el texto que es una “cena” para las aves de rapiña (vea también Ez 39:17-20).

Podemos detenernos a considerar el lugar geográfico donde se libra la batalla, y teniendo en cuenta el lugar paralelo anterior en 16:14,16. Donde se nos presenta como Armagedón, es decir la meseta de Meguido, también denominada en otros pasajes como “llanura de Jezreel o de Esdraelón”. Para citar solo algunos eventos importantes, que allí acontecieron, podemos recordar la lucha de Barac contra los cananeos (Jue. 4:5), cuando hasta las estrellas pelearon desde sus órbitas; allí también derrotó Gedeón a los Madianitas (Jue. 7). Allí murió Josías a manos del faraón Necao (2 R. 23:29), entre otros hechos.

Los reyes de la tierra con sus ejércitos”, son los que hasta este momento tienen todo el poder político y económico. Pero el papel protagónico sobre ellos lo tiene la bestia, es decir, el Anticristo, que es la misma del 13:1-10 y los reyes serán los diez reyes de la gran confederación europea -y a cambio del poder que han recibido- además de otros aliados, ayudarán a la bestia en la batalla final. El verso 20, que nos relata la captura del Anticristo, nos muestra detalles de la actividad que el falso profeta había desarrollado a su favor. Falsos milagros, con los que había engañado sobre la tierra a los que tenían la marca de la bestia.

Debemos notar que en este relato, el Anticristo y su falso profeta son arrojados vivos al infierno (v. 20). Esto aunque no debemos olvidar, que el infierno fue creado para el diablo y sus ángeles (Mt 25:41) Cuando el diablo sea arrojado en el infierno (20:10), el Anticristo y su falso profeta, habrán pasado allí más de mil años.

Por otra parte, del resto de los enemigos solo se nos informa que “fueron matados por la espada de Cristo y que todas las aves se hartaron de sus carnes” (v. 21). Es normal que nos preguntemos ¿a dónde fueron ellos?. Pues, descendieron en su muerte al sepulcro, para acudir unos mil años después, al juicio final ante el Gran Trono Blanco (20:11 y ss), antes de ser igualmente arrojados al infierno (20:15; 21:818).

Tenemos que notar aquí, que la victoria se lleva a cabo, no por las fuerzas celestiales del ejército de Jesucristo, sino por la todopoderosa Palabra de Dios simbolizada por la “espada aguda” (vv. 15,21-VRV) que sale de su boca. Esta palabra es como espada de dos filos, ya que puede ser palabra de gracia y misericordia para unos y palabra de juicio contra otros.

Esta misma palabra deja bien claro por el mensaje del evangelio, que el gran amor de Dios por la humanidad, se hace carne en Jesucristo “para que todo aquél que en El crea no se pierda sino que tenga vida eterna”. El plan de Dios es que cada ser humano se apropie de su gracia y sea bendecido en esta tierra y en la eternidad

Pero también Dios, es en su carácter justo, santo y soberano. En El hay un equilibrio perfecto en su personalidad. Por eso confiamos en un Dios de amor que quiere lo mejor para su creación. Pero la palabra de Dios nos enseña que El no puede contradecir su propia palabra. Sería una locura despreciar su misericordia porque entonces solo queda pasar por un juicio sin misericordia.

No podemos solo tomar los pasajes bíblicos que nos hablan de su amor, e ignorar los que nos hablan de su justo juicio. Como dice un estudioso: “La presente época revela la gracia de Dios y el juicio suspendido. La época venidera aunque continuará siendo revelación de la gracia de Dios, ofrecerá evidencia contundente de que Dios trae a juicio toda obra malvada, y que los que desprecian Su gracia han de experimentar Su ira.”

 

 

 

Apocalipsis: La Segunda Venida de Cristo (46)

Apocalipsis Capítulo 19

La Segunda venida de Cristo (vs 11-16)

En este momento crucial del relato Juan ve los cielos abiertos, y a Cristo, que regresa a la tierra en la figura de un jinete montado en su caballo blanco. Esta descripción de “ví el cielo abierto” nos hace relacionarla directamente con Ezequiel 1.1, donde también el profeta afirma:

En el día quinto del mes cuarto del año treinta, mientras me encontraba entre los deportados a orillas del río Quebar, los cielos se abrieron y recibí visiones de Dios.”

Verdaderamente el Espíritu Santo lleva a sus siervos a una dimensión espiritual gloriosa. Las limitaciones terrenas de tiempo y espacio parecen no existir. La actividad espiritual llega a ser de tal magnitud que nos deja sin palabras. Especialmente, porque si lees el Apocalipsis en oración, tu imaginación además de tu entendimiento también recibirá revelación. Y es ante ella, que quedamos sin palabras. Porque ¿cómo explicar con palabras humanas la manifestación de lo sobrenatural?

Este es el gran acontecimiento con el que comienza este libro, y al cual se le llama “la revelación”. Porque este es el momento en que Jesucristo se manifiesta, o revela al mundo en toda su gloria. Recordemos las palabras de Juan en el capítulo uno:

¡Miren que viene en las nubes!

Y todos lo verán con sus propios ojos,

incluso quienes lo traspasaron;

y por él harán lamentación

todos los pueblos de la tierra. ¡Así será! Amén.

«Yo soy el Alfa y la Omega —dice el Señor Dios—, el que es y que era y

que ha de venir, el Todopoderoso.» (Ap 1:7,8).

Pero quiero que veamos también que en esta manifestación lo hace con toda la gloria y la magnificencia de Dios. Su figura es hermosa, y a la vez temible. Sólo sus seguidores pueden estar delante de el en adoración y disfrutando de su presencia. Los que no quisieron reconocerle… ese día lamentarán. Así lo describe el apóstol:

«Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba y, al volverme, vi siete candelabros de oro.13 En medio de los candelabros estaba alguien «semejante al Hijo del hombre»,[a] vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies y ceñido con una banda de oro a la altura del pecho.14 Su cabellera lucía blanca como la lana, como la nieve; y sus ojos resplandecían como llama de fuego.15 Sus pies parecían bronce al rojo vivo en un horno, y su voz era tan fuerte como el estruendo de una catarata.16 En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su rostro era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17 Al verlo, caí a sus pies como muerto; pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo. Yo soy el Primero y el Último,18 y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno. Ap 1:12-18.

¿No es hermoso como la biblia se amplía y explica a sí misma? Así sucede, cuando como en este caso, unimos los relatos relacionados aunque estén separado en el desarrollo.

Ante esta primera visión Juan queda tan afectado que cae como muerto a sus pies. ¿Quién podría estar en pie ante semejante gloria? Imaginemos entonces ante este relato del capítulo 19 que estamos tratando, cuando esa gloria de la presencia del Señor se manifieste en proyección a todo el mundo. Sin duda, toda rodilla se doblará!

Hay que notar también que esta es la segunda oportunidad en que se abre la puerta del cielo, como en 4:1 donde tenemos también un relato del arrebatamiento de la iglesia. Ahora en cambio, se abren para que Cristo y su iglesia regresen triunfantes a la tierra. Claro que para comenzar un proceso de conquista que terminará en un reinado de mil años.

Es normal entonces que nos preguntemos, pero ¿quiénes forman parte de esta iglesia conquistadora? Pues todos los santos redimidos del cielo, con los santos del Antiguo Testamento, los santos de la era de la iglesia y los santos de la tribulación. Todos ellos regresan pues deben participar en esa grande y determinante batalla denominada el armagedón.

El Nombre que describe al Señor aquí es Fiel y Verdadero. Los creyentes los saben porque es el mismo Juan quien nos lo ha enseñado (1 Jn 1:9). Gracias a ese carácter perfecto del señor tenemos garantizado el perdón de nuestros pecados. El se mueve en fidelidad y verdad.

La otra característica es su justicia. Nunca debemos dudar que El siempre hará lo que es mejor. Aunque a veces nosotros no comprendamos sus caminos. Sus ojos –v 12– resplandecen como llama de fuego. Nada escapa a su Omnisciencia, El todo lo sabe. Las diademas que ciñen su cabeza representan su autoridad, son muchas porque El es El todopoderoso, y simbolizan la soberanía total y universal. No son perecederas como las del dragón y su agente el anticristo.

Lleva escrito un nombre que nadie conoce sino sólo él.” Relacionado con los nombres con que se presenta el jinete aquí transcribimos el comentario de H. A. Ironside: «…el sentido de cada uno de los tres nombres es como sigue: a)El nombre que sólo Él conoce indica la gloria eterna del Hijo, al que solamente el Padre conoce; b) el Verbo de Dios alude a su Encarnación (Jn. 1:1, 14, 18); c) el Rey de Reyes y Señor de Señores alude a su segunda venida.”

Por otra parte, se nos dice que el jinete lleva un manto salpicado de sangre (como los generales romanos). Algunos creen que representa a otras batallas victoriosas. Sin embargo se me ocurre que puede representar la mayor de las batallas ganada por Cristo en la cruz del calvario. Su sangre derramada. Que venció al diablo, a la muerte y al pecado. En este caso será precisamente esa autoridad la que será aplicada en la batalla de armagedón contra sus enemigos.

En el verso 14, podemos apreciar el gran ejército que le sigue, que obviamente por la vestimenta “vestidos de lino blanco puro” se refiere a los redimidos. Lo cual no imposibilita que también lo acompañan ángeles, ya que siempre son ellos los que en el mundo espiritual ganan las batallas que se materializan en la dimensión humana.

Ahora en el verso 15, vemos las armas de este majestuoso general que dirige sus tropas victoriosas. La primera es:

a) Su palabra, simbolizada aquí por la espada que sale de su boca. “De su boca sale una espada afilada, con la que herirá a las *naciones.” Dice Bruce: “La espada simboliza el poder irresistible de su palabra de Juicio y de gracia.”

b) «Las gobernará con puño de hierro.» ( Comp. con 2:27; 12:5; Salmo 2:9; Is 11:4). Poniendo de relieve su autoridad indiscutible.

c) “Él mismo exprime uvas en el lagar del furor del castigo que viene de Dios Todopoderoso.” Solo podemos añadir aquí que ya es tarde para pedir misericordia luego de haber rechazado tantas y numerosas oportunidades de redención.

Concluye aquí con el v 16, “En su manto y sobre el muslo lleva escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.” Como decíamos al empezar este pasaje, imposible de siquiera poder captar toda la gloria de la persona de Cristo que aquí se presenta. Toda ella es llena de gloria e iluminada por la santidad del carácter de su presencia. El nombre en su muslo manifiesta su poderío y autoridad. Como lo describe M. Henry “… la rebelión contra Dios y contra su ungido (Sal. 2: 1-4) va a ser totalmente destruida. ¡Cómo se aprecia ahora la intimación del mismo Salmo 2:10-12, a fin de llegar a tiempo a la bendición que obtienen los que creen en Él.” ¡Gloria al REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES!

Notas al pie:

  1. Apocalipsis 19:15 gobernará — hierro. Lit. pastoreará con cetro de hierro; Sal 2:9.

 

 

Apocalipsis: Las Bodas del Cordero (45)



 

Apocalipsis capítulo 19

Las bodas del Cordero

6 «Después oí voces como el rumor de una inmensa multitud, como el estruendo de una catarata y como el retumbar de potentes truenos, que exclamaban:
«¡Aleluya!
Ya ha comenzado a reinar el Señor,
nuestro Dios Todopoderoso.
7 ¡Alegrémonos y regocijémonos
y démosle gloria!
Ya ha llegado el día de las bodas del Cordero.
Su novia se ha preparado,
8 y se le ha concedido vestirse
de lino fino, limpio y resplandeciente.»

(El lino fino representa las acciones justas de los *santos.)

9 El ángel me dijo: «Escribe: “¡*Dichosos los que han sido convidados a la cena de las bodas del Cordero!” » Y añadió: «Estas son las palabras verdaderas de Dios.»
10 Me postré a sus pies para adorarlo. Pero él me dijo: «¡No, cuidado! Soy un siervo como tú y como tus hermanos que se mantienen fieles al testimonio de Jesús. ¡Adora sólo a Dios! El testimonio de Jesús es el espíritu que inspira la profecía.»

Siguiendo la continuidad con el pasaje anterior, ahora vemos que esta gran multitud hace un anuncio. Las bodas del Cordero. Y con un desarrollo que va creciendo paulatinamente en importancia. Pues en este caso, es un clímax, que nos lleva al cumplimiento de la Palabra de Dios para todos los que esperamos viviendo en fe cada día.

Todo el multitudinario coro celestial canta:

¡Alegrémonos y regocijémonos
y démosle gloria!
Ya ha llegado el día de las bodas del Cordero.
Su novia se ha preparado…” (v. 7).

Al comienzo de este estudio vimos brevemente algunas escuelas de interpretación. Entre ellas la futurista. Ellos creen que la iglesia fue llevada al cielo al comienzo de los siete años de la tribulación (4:1). Esto nos da a entender claramente que el compromiso nupcial de Cristo con su esposa, la iglesia, se hizo ya en el cielo. Esto es también afirmado en 1 Ts 4:17, donde nos dice que la iglesia salió al encuentro del Señor “en el aire”. Aquí se la describe como “preparada” término éste que en el griego significaba “que se preparó a si misma”, es decir, ya perfectamente “ataviada”.

¿Qué significa esto entonces? Que ahora, ya pasada la gran tribulación, y que los reinos del mundo han regresado a manos del Señor y de su Cristo, todo está listo para celebrar el gran banquete en la tierra. He aquí esa diferencia que ha veces confunde el bosquejo de los acontecimientos. Me refiero a que primero Cristo viene “por sus santos” (antes de la gran tribulación) y luego “viene con sus santos” (posterior a la gran tribulación).

En otras palabras, primero la iglesia se fue al cielo -mientras duró la gran tribulación – y luego regresará para reinar con Cristo por mil años.

Aquí debemos detenernos, pues es interpretado por la mayoría de los estudiosos, que al ser arrebatados nosotros la Iglesia – previo a la boda – entraremos en el reino celestial al tribunal de Cristo (que es una tribuna para recibir galardones y coronas). Así lo describe San Pablo:

Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo.” (2 Co 5:10). Vea también 1 Corintios 3:14,15.

Esto es parte de la preparación que ya mencionamos, pues entonces, luego de este juicio el pueblo de Dios estará vestido de gala con lino fino, limpio y resplandeciente porque la sangre de Cristo le habrá santificado y perfeccionado. Con cuanta expectativa anhelamos escuchar a nuestro Señor decirnos: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!” (Mt 25:21).

Está claro que en esta boda cada creyente es invitado, pues es parte de la novia que representa la iglesia. No importa a que dispensación pertenezca como algunos discuten. Tampoco a que nación. En ese día glorioso solo podrán entrar a la boda los que habiendo sido lavados con la sangre del cordero, y como su novia… se le ha concedido vestirse de lino fino, limpio y resplandeciente.» (19:8). ¡Que alto privilegio al que somos llamados! Como lo describe el ángel:

¡*Dichosos los que han sido convidados a la cena de las bodas del Cordero!” Y añadió: «Estas son las palabras verdaderas de Dios.» (19:9).

Ante tales palabras Juan es movido a la adoración. Quizás por todo lo que el ángel representaba. Sin embargo estaba equivocado. Dios no comparte su gloria. Por ello debemos notar que no hay lugar en la fe cristiana y bíblica para la adoración a ángeles. Mucho menos para para la oración a ellos por quienes pretenden desviar la fe de un solo Dios verdadero.


Mientras todo eso sucede en el cielo, paralelamente aquí en la tierra estará la semana 70 o Angustia de Jacob y la gran tribulación. (Daniel 9:24-27, Jeremías 30:5-11, Mateo 24:21). Esto significa que una vez cumplidos los tiempos, la espera para la redención final habrá terminado y Cristo viene desde el cielo con sus santos. Sin duda que en el calendario y en el reloj de Dios, el tiempo se está acercando a su fin. ¡Dichosos los que estamos invitados a la boda del Cordero!

 


Apocalipsis: Fiesta en el cielo (44)

Apocalipsis 19

¡Aleluya!

1 Después de esto oí en el cielo un tremendo bullicio, como el de una inmensa multitud que exclamaba:
«¡Aleluya!
La salvación, la gloria y el poder son de nuestro Dios,
2 pues sus juicios son verdaderos y justos:
ha condenado a la famosa prostituta
que con sus adulterios corrompía la tierra;
ha vindicado la sangre de los *siervos de Dios derramada por ella.»
3 Y volvieron a exclamar:
«¡Aleluya!
El humo de ella sube por los siglos de los siglos.»
4 Entonces los veinticuatro *ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron y adoraron a Dios, que estaba sentado en el trono, y dijeron:
«¡Amén, Aleluya!»
5 Y del trono salió una voz que decía:
«¡Alaben ustedes a nuestro Dios,
todos sus siervos, grandes y pequeños,
que con reverente temor le sirven!»
6 Después oí voces como el rumor de una inmensa multitud, como el estruendo de una catarata y como el retumbar de potentes truenos, que exclamaban:
«¡Aleluya!
Ya ha comenzado a reinar el Señor,
nuestro Dios Todopoderoso.

Aunque no creo que haya palabras que puedan expresar la grandeza de la gloria de Dios, que Juan estaba viendo, y que revela este capítulo. Sin embargo, Juan ha tratado con todos los elementos disponibles a su alcance, describir la grandeza de esta visión. Es de imaginar la impotencia que habrá experimentado… ¿cómo describir semejantes escenas celestiales?

Por ello, debemos notar que según el verso uno, el relato comienza cambiando del escenario humano a la dimensión eterna. De allí su grandeza. De allí su realidad que supera cualquier intento humano de describirlo.

Después de esto oí en el cielo…” (v1a), hay como un paréntesis de tiempo entre el relato anterior y éste cuando ya el se encuentra en el mismo cielo. Antes, Juan estaba en medio de la conclusión del juicio de Dios en medio de la Gran Babilonia – que para él representa al imperio romano de su época, perseguidor y verdadero azote de la iglesia de Cristo.

Delante del mismo trono de De Dios, mira y escucha Juan, a una gran multitud que exclama sus constantes aleluyas, expresando a la vez, y de diferentes maneras, el carácter santo y justo de Dios en relación a su fidelidad para con quienes le han seguido, aún a costa de sus propias vidas.

Notemos, que la palabra aleluya, que no se usa en ninguna parte del Nuevo Testamento, en este capítulo aparece cuatro veces en los primeros seis versículos. Esta palabra procede de dos palabras hebreas que significan: “Alaben al Señor” (Sal 135:1).

Continuando con esta idea del verso uno, y ante todo este panorama de fiesta celestial rodeando el trono, nos comenta J. Vernon McGee: “El capítulo 19 marca un cambio dramático en el tono de Apocalipsis. La destrucción de Babilonia, capital del reino de la Bestia, señala el fin de la Gran Tribulación. Lo sombrío da paso al cantar. Hay un pasar de las tinieblas a la luz, de negro a blanco, de terribles días de juicio a espléndidos días de bendición. Este capítulo hace una definida bifurcación en Apocalipsis, y desemboca en el mayor evento para el mundo: la segunda Venida de Cristo. Es el puente entre la Gran Tribulación y el Milenio”.

Podemos notar también, que el relato del verso 4 es semejante a la que ya vimos en 4:4-10, sólo que en lugar de las alabanzas de allí, aquí simplemente tenemos un Amén, seguido del tercer Aleluya del capítulo.

Ahora en el verso 5 se expresa una nueva voz, esta vez “salida del trono”, y ante su invitación la fiesta en los cielos es grande cuando los santos, los veinticuatro ancianos, los cuatro seres vivientes (cap 4), y las demás huestes celestiales reconocen que Babilonia, representativa del sistema político-militar corrompido ha caído y está totalmente eliminada.

Todos estos forman un inmenso coro, cuya magnitud numérica y potencia vocal se pone de manifiesto representándola como una gran cascada y potentes truenos. Las voces elevan su canto con el cuarto y último “aleluya” y sigue con dos expresiones, “ha comenzado a reinar el Señor” y “nuestro Dios, el Todopoderoso”. Será de una gran bendición meditar en estos versos en oración para tu vida. En el espíritu verás como Juan, el futuro de Gloria que espera a su iglesia. Y a todos aquellos que día a día son probados, pero que aún así permanecen fieles, pues han aprendido, que “ha comenzado a reinar el Señor” y “nuestro Dios, el Todopoderoso” tiene la última palabra. ¡Bendiciones!

 

Apocalipsis: Alegría por la caída de Babilonia (43)

Apocalipsis 18

Versos 20-24

Concluimos el estudio anterior, con la angustia de los reyes y mercaderes de la tierra. Ahora como un contraste muy significativo el apóstol Juan nos describe las aclamaciones en el cielo, donde los santos, los apóstoles y los profetas son estimulados a regocijarse por la caída de Babilonia. No es un festejo con espíritu vengativo, sino con la alegría de ver el triunfo de la justicia de Dios tan largamente esperado.

En primer lugar, (v. 20) el grito de aclamación, probablemente de labios del mismo Juan, como algunos piensan. Y que dice en la NVI:

20 ¡Alégrate, oh cielo, por lo que le ha sucedido!
¡Alégrense también ustedes, *santos, apóstoles y profetas!,
porque Dios, al juzgarla,
les ha hecho justicia a ustedes.» (18:20)

Y aunque el juicio de los malos sea la vindicación de los justos, sin embargo es significativo entender la actitud que debemos tener en estos casos. Un comentario esclarecedor es el de Bruce (ob. Cit., 1.705, 1.706) que dice: “En los juicios de Dios, rectamente considerados, el pueblo de Dios puede regocijarse de modo apropiado, pero se regocijará temblando, al recordar que Sus juicios comienzan por los de Su propia casa (1 P.4:1, siguiendo a Ez. 9:6; Am. 3:2.)”

En segundo lugar, tenemos lo que debemos interpretar como una acción simbólica de la desaparición total de la Gran Babilonia en el v21. Un ángel extremadamente fuerte levanta una gran rueda de molino y la arroja al mar con una palabra profética de inminente ejecución.

21 Entonces un ángel poderoso levantó una piedra del tamaño de una gran rueda de molino, y la arrojó al mar diciendo:
«Así también tú, Babilonia, gran ciudad,
serás derribada con la misma violencia,
y desaparecerás de la faz de la tierra.

Esta escena es similar a la de Jeremías 51:61-64 en la que Dios le ordena al profeta que ejecute para representar la caída de Babilonia. El acto tiene una connotación destructiva, de la misma manera que una piedra arrojada al mar jamás volverá a ser hallada. Así sucedería con la Gran Babilonia.

Lo que vemos en tercer y último lugar en este capítulo tiene que ver con un silencio sepulcral… “Jamás volverá a oírse en ti…” (v.22ª).

Y en este caso será de importancia leer las palabras del ángel:

22 Jamás volverá a oírse en ti
la música de los cantantes
y de arpas, flautas y trompetas.
Jamás volverá a hallarse en ti
ningún tipo de artesano.
Jamás volverá a oírse en ti
el ruido de la rueda de molino.
23 Jamás volverá a brillar en ti
la luz de ninguna lámpara.
Jamás volverá a sentirse en ti
el regocijo de las nupcias.[b]
Porque tus comerciantes
eran los magnates del mundo,
porque con tus hechicerías
engañaste a todas las naciones,
24 porque en ti se halló sangre de profetas y de santos,
y de todos los que han sido asesinados en la tierra.»

Así que vemos aquí que el mismo ángel nos ayuda a descubrir las causas que determinaron la destrucción de la ciudad. (Podemos ver también textos similares en Jeremías 7:34; 16:9; 25:10; Isaías 13:20-22; Ezequiel 26:13).

Los mercaderes-que en el momento de escribir Juan pueden representar a Roma-habían traficado con las personas y corrompido la tierra (v 23b) convirtiéndose en magnates sin Dios que todo lo controlaban y manipulaban. Puede ver Isaías 23:8.

Por otra parte, con sus brujerías (hechicerías en la VRV), lo cual incluía drogas, venenos y pociones en las copas etc. Habían engañado, seducido y extraviado no solo a sí mismos sino también al mundo entero (v.23d, comp. Con Is.47:12).

Sin embargo, el peor crimen de todos era haber derramado sangre inocente. Esta siempre ha sido una de las marcas de los imperios a lo largo de la historia, v.24: “la de los profetas, que habían predicado el evangelio de salvación y habían amonestado para bien; la de los santos, que habían sellado con su sangre el difícil testimonio durante la Gran Tribulación; y la de todos los degollados (lit.) sobre la tierra”, por el mero hecho de obedecer a Dios y creer en Jesús (12:17).”

Concluyendo, les comparto un comentario sobre los versos 22 y 23, por D. Turner, en el Curso de la Academia Cristiana del Aire, Apocalipsis, página 105, col. 1ª.:”Todos estos que tuvieron relación con Babilonia, se acaban. No habrá mas jazz ni rock and roll, ni pinturas modernistas, ni novelas llamadas realistas, en vez de nombrarlas por su verdadero carácter de inmorales pornográficas, obscenas. Estas cosas que los espíritus diabólicos han usado como carnada o cebo para atraer y entrampar a la juventud especialmente, ya dejarán de existir, siendo quemadas todas en el fuego de Dios.” (Citado por M. Henry).

Todavía la Babilonia moderna que representa a nuestra sociedad mundial se siente arrogantemente auto poderosa. Pero la Palabra de Dios es fiel y verdadera. Dios no abandona a sus santos.

 

Apocalipsis: El llanto de los Reyes y los Mercaderes (42)

Apocalipsis 18: 9 – 19

En estos versos, se nos describe de una manera bastante dramática, lo que sienten los Reyes y los Mercaderes por la caída de Babilonia. También las endechas con que se lamentan por su destrucción.

Al menos son tres los grupos específicos que lloran también paralelamente (vv 11-19), al ver el incendio y la destrucción total de la tan próspera ciudad. Ellos representan a todas luces el corazón del sistema político y comercial del cual se vanagloriaban. Reyes, comerciantes y marineros. A través de ellos se realizaba toda transacción de las diferentes riquezas de objetos preciosos y de manufacturación. Es interesante observar esa larga lista con la que los mercaderes comerciaban con la gran ciudad, en algunos de sus detalles.

Todo lo que servía para la ostentación humana, joyas y atuendos diversos (v 12). Vea también Ezequiel 27:12 y ss.

Muebles de lujo: las maderas más finas y olorosas (v 12b).

Luego describe las diferentes especies, y también los ungüentos y lo mejor del trigo, del vino y del aceite (v 13ª).

Continúa con el ganado y los caballos, para las carreras o para la guerra (v 13b).

Y concluye su lista con lo más triste, enmarcando hasta dónde puede llegar la corrupción humana. El tráfico humano. Las almas de los hombres. Su esclavitud.

De este trágico panorama comenta Matthew Henry lo siguiente: “Finalmente, “cuerpos” (gr. Sómata). El vocablo griego es el que los LXX usan para designar a los esclavos en Génesis 36:6. Realmente, para los amos paganos, los esclavos eran meramente cuerpos para el trabajo, para los juegos circenses o para los burdeles de prostitución masculina. Y, con los cuerpos, las almas humanas o, mejor, vidas humanas, ya que psukhás no tiene aquí ningún sentido moral ni espiritual, sino que designa probablemente “los esclavos dedicados a las artes liberales, a ser pedagogos, literatos, artistas” (Bartina, ob. Cit., pág. 796).”

¿Cómo se puede explicar tanta maldad para que el hombre venda y compre a su semejante como mercadería? Solo la diabólica presencia del espíritu del anticristo operando en la humanidad hasta enceguecerla. Hoy como lo ha sido en toda la historia humana el tráfico humano sigue siendo una realidad aún en niños pequeños. La sociedad contemporánea en su bajeza moral ha llegado a aceptar la prostitución en sus diferentes formas como legal. Indefectiblemente a la venta o servicio del cuerpo van unidas las preciosas “… almas de los hombres.” Almas que Satanás quiere que se pierdan. Pero que Dios ama hasta el límite de toda paciencia concebible y quiere que se salven (2P 3:9b).

Posteriormente, el autor hace como una “recapitulación final”. La versión Reina Valera dice:

Los frutos codiciados por tu alma se apartaron de ti, y todas las cosas exquisitas y espléndidas te han faltado, y nunca más las hallarás (18:14).

La primera frase de este verso, nos muestra el origen de toda esta calamidad inminente por la que viene el juicio de Dios. La codicia y el amor hacia lo espléndidamente mundano como forma de vida egoísta. Tal es la situación de un alma que no ha sido redimida por la obra redentora del Cordero de Dios.

Pues la idea en el texto original designa “todo lo que más apetecían los que compraban y vendían”, esa es la idea del v 14 que dice literalmente: “y el fruto del deseo de tu alma se alejó de ti.”

Así que todo lo que representaba su prosperidad y esplendor -que los enorgullecía- se había desvanecido definitivamente.

Todo el clamor y duelo de estos comerciantes, en realidad (vs 16,17) que era lo que ellos tenían fijado en sus corazones. En contrapartida, nos hará bien y traerá luz a nuestro espíritu, recordar las palabras de nuestros Señor Jesucristo.

No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. Mt 6: 19-21

¡Cuán fácil podemos ser contaminados por los valores seculares que niegan los principios de Dios! Por ello la misma palabra de Dios nos exhorta a examinar de continuo nuestro corazón.

Todas las lamentaciones y lloros de los marinos y sus socios mercantes, por ejemplo en el v 19, no eran de pena por la ciudad o sus habitantes, sino más bien por lo mucho que les dolía a su orgullo lo que ellos mismos habían perdido. Todo ese arrojarse polvo sobre su cabeza era señal de gran duelo entre los orientales. Claro que era un gran dolor egoísta por ellos mismos y que más amaban ¡sus riquezas!


 

Apocalipsis: ¡Escapa de Babilonia! (41)

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Apocalipsis 18: 4 – 8

Aunque ya hemos comentado el verso cuatro, sin embargo, cabe reflexionar acerca de que esta orden de Dios a su pueblo (el remanente que todavía quedaba en la ciudad), tiene un cariz de urgencia, porque nos da la impresión de que los acontecimientos están viniendo ahora mismo sobre sus cabezas.

Tan urgente – recordamos aquí – como la forma apresurada en que los ángeles de Dios empujaron a Lot y su familia a salir de Sodoma y Gomorra ante su inminente destrucción (Gn 19:15).

Nos ayudará leer estos versículos del capítulo 18 en la NVI de la Biblia:

4 Luego oí otra voz del cielo que decía:
«Salgan de ella, pueblo mío,
para que no sean cómplices de sus pecados,
ni los alcance ninguna de sus plagas;
5 pues sus pecados se han amontonado hasta el cielo,
y de sus injusticias se ha acordado Dios.
6 Páguenle con la misma moneda;
denle el doble de lo que ha cometido,
y en la misma copa en que ella preparó bebida
mézclenle una doble porción.
7 En la medida en que ella se entregó a la vanagloria y al arrogante lujo
denle tormento y aflicción;
porque en su corazón se jacta:
«Estoy sentada como reina;
no soy viuda ni sufriré jamás.»
8 Por eso, en un solo día le sobrevendrán sus plagas:
pestilencia, aflicción y hambre.
Será consumida por el fuego,
porque poderoso es el Señor Dios que la juzga.»

Si miramos con atención los eventos se desarrollan delante de nosotros de una manera ordenada. Primero, porque si los creyentes que sobrevivieron a la persecución de la bestia no salen a tiempo les alcanzará también a ellos todas estas plagas, que van a ser derramadas inmediatamente.

A continuación se nos describe la causa de tan gran castigo. A Babilonia le ha llegado su hora por el hecho de que “sus pecados se han apilado hasta el cielo”, que es como decir, que han llegado hasta el mismo Dios. Haciendo “recordar” a Dios la magnitud de sus maldades.

En el verso 7, podemos apreciar lo grave de su pecado que es glorificarse a sí misma y vivir en un lujo desmesurado, lo que expresa en su corazón un orgullo y una jactancia sumamente exagerada. Convencida de que su pretendido estado de seguridad perduraría para siempre.

Así es siempre el engaño que el diablo ofrece a cualquier sistema jurídico social que pretende vivir en prosperidad sin tener conciencia de un verdadero temor de Dios.

Dios tiene mucha paciencia (2P 3:9). Pero en sus planes eternos, cuando el juicio llega es siempre instantáneo y llega cuando nadie lo espera (Mt 24:36-44). Es lo que da a entender la frase “en un solo día la alcanzarán todas sus plagas…” remarcando así, la rapidez de esta visitación. También podemos ver otros ejemplos en Dn 5:5 “…en aquella misma hora” ó en Lc 12:20 donde afirma “esta noche” allí nos recalca que el rico insensato lo perdió todo en una sola noche.

¿Qué aprendemos nosotros de esta parte del relato de Juan? Debemos estar siempre preparados porque no sabemos cuando El puede visitarnos. O que juicio puede caer sobre la tierra. O sobre nuestra ciudad. Siempre pensando que nos toca vivir en una sociedad trastocada en sus valores espirituales y morales. También ahora como esta babilonia simbólica el mundo se jacta de no necesitar ayuda y mucho menos a Dios.

Mientras tanto, seamos nosotros por la gracia de Dios sal y luz en medio de ella. Ya que en cualquier momento el Señor puede decirnos “salid de en medio de ella pueblo mío…” porque ha llegado su hora. La cual para ellos será de juico más para nosotros de gloria. Clamemos a Dios para que siga derramando su misericordia sobre la tierra y en cada lugar donde nos toca vivir a cada uno. “¡Úsame Señor como instrumento para la salvación de las almas perdidas!”

Por eso, queridos hermanos, mientras esperan estos acontecimientos, esfuércense para que Dios los halle sin mancha y sin defecto, y en paz con él. 2P 3:14

 

 

 

 

Apocalipsis: La caída de Babilonia (40)

Capítulo 18

LA CAÍDA DE BABILONIA

Recapitulemos entonces, pues debemos notar que los capítulos diecisiete y dieciocho son en realidad una especie de intervalo, que nos brindan más información acerca de la caída de Babilonia.

El capítulo diecisiete nos proporcionó por su relato, una mayor y más detallada comprensión relacionada con la desaparición de ese sistema religioso llamado – según el vr 5 – el misterio de la gran Babilonia (vea también el 14:8).

El capítulo que nos ocupa ahora, nos dará aún más datos significativos sobre la gran destrucción del sistema político, militar y económico entre otros que la ciudad de Babilonia representa en este relato.

Lo primero que nos llama la atención, como ya lo mencionamos anteriormente es como la actividad angélica continúa siendo protagonista en estos capítulos. De allí el comienzo del relato del verso uno, que nos presenta otra vez la imagen gloriosa de un ángel que desciende del cielo, y hace notar Juan “…con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria.”

Contrastando así mucho más notablemente el poder y la gloria del mensajero, que representa a su Señor con la maldad de quiénes debían recibir el mensaje de juicio y sobre el cual ya no tenían poder de cambiar su designio. Simplemente porque el tiempo estaba ya cumplido y el juicio ya se estaba ejecutando.



Nos podemos imaginar esa ciudad, orgullosa de sí misma, una verdadera fortaleza que se construyó a orillas del gran rio Éufrates, se dice que sus jardines colgantes eran una de las siete maravillas del mundo conocido, y que contaba entre sus hazañas el haber llevado al pueblo de Dios cautivo según el relato del Antiguo Testamento.

Así que de una manera metafórica, Dios utiliza el mismo nombre de esa potencia mundial pagana, para la que posterior al relato de Juan cautivará a los habitantes de la tierra.

Veremos entonces que en este capítulo Juan nos describirá de una manera muy llamativa la destrucción de la ciudad de Babilonia, que es la sede del poder político y económico del Anticristo. En el capítulo anterior vimos como nos describía el desmantelamiento del sistema religioso idólatra mundial. Ahora comienza el capítulo dieciocho diciendo: “Después de esto”; en clara referencia a la destrucción de la Babilonia religiosa. Tal como le fuese mostrado en la visión que le fue revelada.

Dice en el verso 2, que la gran ciudad que representa los sistemas políticos y religiosos del mundo se convirtió en “morada de demonios.” Y desde la isla de Patmos donde se encuentra exiliado predice la destrucción de Babilonia, como un hecho ya consumado. Para algunos intérpretes se refiere a la caída del imperio romano. ( Ap 11:8; 14:8).

En el verso 3, dice que los Reyes de la tierra cometieron adulterio (espiritual) con ella y que los comerciantes se enriquecieron a costa de sus lujos excesivos. Bien advierte la escritura que el amor al dinero es la raíz de toda clase de males (1 Ti 6:10).

Ahora, como en un paréntesis obligado aparece el verso 4, con una clara advertencia profética que es común siempre al pueblo de Dios (Is 52:11; Jer 51:45) cuando se refiere a Israel o en todo caso a la iglesia contemporánea (2Co 6:17).

En todo caso, esta voz celestial que se escucha viene revestida de autoridad. Su propósito es claro. Nos enseña que debemos vivir en santidad para no ser partícipes de pecados ajenos. Mucho más si tenemos en cuenta que cada día esperamos la venida de nuestro Señor y Salvador.

El verso 5, nos hace reflexionar acerca de la enseñanza en el Antiguo Testamento donde se nos enseña que la demora de los juicios divinos significaba una mayor retribución para la siguiente (Mt 23:34-36).

De todas maneras hasta aquí el relato nos hace tomar conciencia de la inminente manifestación de este juicio final. Oremos y perseveremos, para que en ese dia estemos de pie con una fe fortalecida, por el conocimiento de su palabra y una vida verdaderamente consagrada. Aún en la debilidad humana, y cuando la gente tiene miedo por toda clase de crisis, el cristiano levanta su cabeza para mirar a su Señor. No lo olvides entonces:

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,
puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.” Hebreos 12:1-3

Este es el secreto en medio de la crisis moral y espiritual que está destruyendo nuestra sociedad. Correr con paciencia la carrera, no abandonar nunca. Jesús no se cansó. Y espera que nosotros le emulemos. ¡¡Puestos los ojos en Jesús!!

 

 

Apocalipsis: La gran ramera (39)

La gran ramera – Parte II

Apocalipsis 17: 14-18

Decíamos en el estudio previo sobre el verso 13, que siempre lo que las tinieblas ofrecen es efímero y superficial… ¡no lo olvides!

Y sin embargo sabemos que en ese tiempo de confusión muchos cristianos serán engañados. Oremos para que el Señor nos guarde en fidelidad a su Nombre, puesto que todos somos propensos a caer, mantengamos un corazón arrepentido.

V 14. Tarde o temprano se enfrentarán el espíritu egoísta, bestial y orgulloso, y el espíritu del Cordero, manso y humilde de corazón.

El desenlace también es definitivo. El cordero es Señor de los Señores. El Cordero alcanzará esta victoria acompañado por su ejército de vencedores, 12:7, y los 144.000 de 7:1-8 y 14:1-5. Ellos son nombrados aquí como “llamados y elegidos y fieles.”

Vs 15-18. Bien que esta descripción puede corresponder, según algunos, al juicio sobre la iglesia mundanalizada que se alió con la bestia misma que ahora se vuelve contra ella.

Como una esposa infiel es juzgada conforme a la ley del talión, por no haber odiado a la bestia y sus seguidores (Lc 14:26), estos la hacen objeto de su odio.

Paradójicamente, ella no quiso quedarse en el desierto y quedará desierta, desamparada.

Se había vestido con galas preciosas, la dejaron desnuda.

Ha cuidado su carne (Ro. 8:14), quemarán sus carnes, y la quemarán con fuego por no haber aceptado ser “salada con fuego” (Mr. 9:49).

 

Apocalipsis: La gran ramera (38)

 

CAPÍTULO 17: 1-13

LA GRAN RAMERA (Parte I)

Representada según el verso 3, por una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres blasfemos que tenía siete cabezas y diez cuernos. Es notable, como al leer los capítulos 50 y 51 de Jeremías, se nos amplia el entendimiento de este relato, inclusive hasta el capítulo 18 de apocalipsis. ¿Quién es esta gran ramera, ó a quien representa? La figura de la mujer y su nombre escrito en la frente según el verso 5, ha sido el blanco de una serie de interpretaciones. La más común es aquella que la identifica con la iglesia Romana. Una iglesia que habiendo conocido en los primeros tres siglos la verdad, se prostituyó con el edicto de un emperador tras las riquezas, el lujo desmedido y la inmoralidad.

También se la ha identificado como la Roma imperial, que derramó tanta sangre de cristianos como expresa el verso 6. Sea como sea, no hay duda que esta gran ciudad, que personalmente creo, identifica al poder político mundial unificado de los últimos tiempos, está bajo el control absoluto de la bestia, que no es otro que el mismo Satanás. No debemos cometer el error de detenernos en detalles materiales del relato. Al fin y al cabo son casi idénticos a los de Jeremías.

Históricamente sabemos que la gran babilonia cayó en manos de un gran ejército. Pero esa babilonia de Nabucodonosor, representaba el orgullo y la soberbia del hombre, que cree que puede escapar de la mano de Dios. Y aún levantarse contra el pueblo escogido de Dios. Así que, el verdadero significado de estos pasajes, es eminentemente espiritual.

¿Qué por qué afirmamos esto? En primer lugar, porque el relato bíblico general nos enseña que la primera realidad es espiritual. Y en segundo término, porque la biblia afirma también que el diablo es el “príncipe de este siglo.” Y aunque esto sea momentáneo, sin embargo el tiene y llegará a tener en los últimos tiempos una influencia casi completa. Especialmente en el poder político, lo que le permitirá decidir la suerte de las personas que se le opongan.

Son capítulos como estos, los que nos demuestran que los verdaderos enemigos son espirituales y por lo tanto, como iglesia, deberemos usar las armas espirituales que nos enseña el Nuevo Testamento es nuestro deber. Eso implica aprender a usar las armas correctas. Nunca como hoy el poder de las tinieblas se levanta contra todo lo que exalte el Nombre de Dios. Llevando además a las almas humanas a un estilo de vida material y ateo, con el fin de que cuando quieran reaccionar sea demasiado tarde.

Esta gran ramera nos habla de una manera muy fuerte. Noten ustedes que Juan dice el verso 6, “Y cuando la vi, quede asombrado con gran asombro.” ¿Qué estaba viendo Juan? Hay aquí algo impactante. Porque dice también en el verso 7, que también los moradores de la tierra que no están anotados en el libro de la vida ¡se asombraron! Es decir, ¡aún los incrédulos! ¿Saben qué creo que es? Llegará un día que esos espíritus de prostitución se meterán en los lugares más increíbles. No olvidemos que hay prostitución física, material, emocional y espiritual. El pueblo de Israel se prostituyó tras dioses ajenos (idolatría), dice la biblia, cuando se refiere al descenso de Moisés del monte para encontrarse con el becerro de oro que el pueblo se había fabricado. La iglesia primitiva se prostituyó tras los maestros judaizantes (ley) y gnósticos (filosofía incrédula) lo dice el Nuevo Testamento (Ver epístola a los Gálatas).

En el siglo III D.C se prostituyó tras el poder terrenal, lo podemos verificar leyendo la historia de los papas, donde la corrupción moral llegó a extremos nunca vistos. Prostituirse es vender lo que somos en alma, cuerpo y espíritu al diablo por deleites pasajeros. Hoy hay toda una humanidad que gime de dolor por causa de su prostitución.  Creo que Juan, que estaba en el espíritu debe haber visto en esa gran visión, muchos hombres que él conocía como “cristianos”, muchas iglesias que aparecían muy “espirituales”, pero que en su corazón se habían prostituido. Hasta el mundo incrédulo se queda mudo de asombro, cuando los cristianos dan la espalda a Dios. Son cristianos del gremio de Esaú que vendió su primogenitura (tipo de la unción) por un plato barato de lentejas (símbolo de los placeres pasajeros del mundo). 2 Tes. 2:7 expresa que este “misterio de iniquidad” ya está en acción y aunque desea manifestarse plenamente algo se lo impide. Y en el verso 8 del mismo capítulo nos dice el fin de esta bestia en correspondencia con lo que estamos viendo en el 17:8 y 11 de apocalipsis.

V 9. Se necesitará mucha sabiduría para resistir a la fascinación que ejercerá la bestia sobre los habitantes de la tierra. V 10. Todos los gobernadores de la tierra, todas las potencias y aún todas las personalidades que en algo sobresalen del nivel ordinario, le prestan el apoyo de su prestigio y por supuesto el poder religioso oficial. Aquí es importante detenernos, pues no siempre veremos personas en este escenario. Tal vez éstas sólo sean realidades del mundo espiritual solamente. La figura solo expresa el espíritu que estará dominando. Ahora nos dice, que una tras otras van cayendo esas cabezas (cinco ya han caído), lo notable es que siempre queda una en pleno vigor, en espera de la última, ya que en esta se concentrará todo el poder y la brutalidad de la bestia, que aquí se nos revela como la octava cabeza o rey.

Según 2 Tes. 2:3 “el hijo de perdición.” Similar a las siete cabezas, los diez cuernos representan también a diez reyes, tal vez con menos poder, que son totalmente dominados por la bestia. Como ven, se va cerrando el círculo de manera que este gobierno mundial, centralizado en la octava cabeza (el hijo de perdición), gobernará el destino de la humanidad. Pero no por mucho tiempo, ya que aún sus socios, dice el verso 12, solo recibirán poder…¡¡ por una hora !!… Así de efímero, es siempre lo que el diablo ofrece. Todo lo contrario a «la corona de vida que Dios ha prometido a los que le aman.» ¡Gracias a Dios por su don inefable!

 

Apocalípsis: Las siete copas (37)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

B)  Las siete copas – 15:5-16:21.

Es del palacio del gran Rey, del templo, del tabernáculo del testimonio que salen los ejecutores de la justicia divina:

Veamos con atención, que ellos no obran, sino de conformidad con la ley (el testimonio).

Otra característica notable, es la pureza de sus móviles (lino fino y resplandeciente).

Por otra parte, es destacable la autoridad majestuosa que proviene de su mismo carácter (ceñidos alrededor del pecho con cintos de oro).

Todo esto, para que podamos vislumbrar el propósito eterno de Dios un poco por adelantado. ¿Cuál es este propósito y que desea infundirnos? Claramente vemos que el propósito no es otro que el que fue desde el principio, Dios padre desea franquear la entrada a su templo a una humanidad purificada. Una que ha recobrado la imagen perdida en Adán a través de Jesucristo el cordero de Dios.

En el 16:1 vemos la orden para comenzar a derramar la ira santa de Dios, que repentinamente deja al lector sorprendido por el daño terrible que ella implica, pero sin embargo, como alguien dijo es a la vez una “ira santa, bendita y admirable” pues busca a pesar de la rebelión humana de siglos, el arrepentimiento y la salvación para todo hombre.

Analicemos, que generalmente el hombre en su iglesia, tiene miedo de los juicios y de los sufrimientos, en vez de temer al pecado como el origen del mal verdadero.

Todos estos azotes desencadenados, similares a los descriptos ya anteriormente, se nos presentan con mucho más efecto destructor, pues este último se va agravando progresivamente a la par que avanza el relato del apocalipsis.

Ahora, como podemos ver, no es solo “la tercera parte” que es herida sino toda la humanidad. Si reflexionamos, entonces, en este desenlace progresivo del juicio de Dios sobre la humanidad, no deberíamos pecar de indiferencia y mirar con mas atención las señales que al presente, y estadisticamente hablando, nos muestran que la humanidad se acerca hacia este juicio apocalíptico simbolizado aquí por las sietes copas. Nunca mas que hoy, debemos estar atentos a las «señales de los tiempos» con el fin de estar siempre preparados, ya que no sabemos, precisamente en que momento podemos estar en la misma presencia de Dios.

A medida que recorremos las páginas de la revelación apocalíptica entregada a Juan, una cosa queda clara, los juicios de Dios son sorpresivos, y generalmente llegan cuando nadie los espera. El otro aspecto, es muy importante porque nos muestra paralelamente que en medio de estas intervenciones de Dios en la historia, los que confían en El, son siempre levantados en victoria al lado del Cordero.

 

 

Apocalipsis: El mar de vidrio mezclado con fuego (36)

 

 

CAPÍTULO 15:1-4

EL MAR DE VIDRIO MEZCLADO CON FUEGO Y LOS VENCEDORES

Así como vimos anteriormente las siete trompetas como una señal, ahora tenemos las siete copas, que nos indican la inminencia del acontecimiento. Las copas ya están llenas y es imposible sustraerse a ellas (Jer. 25:28).

A)  El cántico de los vencedores de la bestia – 15:1-4

También recordamos que las señales de las siete trompetas habían sido precedidas por la ofrenda de las oraciones de los santos (8:3-5), en el caso de las siete copas la orden de derramarlas es precedida por el cántico triunfal de los vencedores de la bestia.

El Espíritu Santo le revela aquí a Juan, el significado de una figura histórica. Relacionada con la semejanza de los hijos de Israel después de pasar milagrosamente el mar rojo. Aquí los vencedores están de pie sobre la playa de “un mar de vidrio mezclado con fuego.”

El arpa puesta por Dios mismo en sus manos, representa los corazones de estos vencedores que son verdaderos adoradores que no han dudado en ofrecer sus propias vidas.

Así, el arpa representa, todo lo suave y hermoso de la música que lleva a la adoración.

Los vencedores son gente que adora. Quienes han aprendido a estar con Dios en su misma presencia.

Sus labios entonan un himno celestial. El mismo que el pueblo de Dios cantará por primera vez en su liberación de la esclavitud.

El cántico de Moisés, fue el primer cántico en honor del Dios viviente y verdadero. Un cántico profético.

“Los harás entrar y los plantarás en el monte de tu herencia… al santuario, Señor, que establecieron tus manos. Jehová reinará para siempre jamás.”

Y aquí se cumple esta grandiosa profecía. Vemos que los vencedores cruzan victoriosamente este mar de vidrio transparente, que representa la idea de un tiempo de aflicción, tanto mas penoso cuanto no hay posibilidad de esconderse.

Prueba que se vive en campo raso, donde todos nos miran, a fin de templar nuestro carácter.

A las aguas se agrega el fuego, otro elemento purificador.

Han salido victoriosos de la persecución de la bestia, y este es el sentimiento que provoca su himno de alabanza. Vs 3 y 4.

SOLO TU ERES SANTO

Ex. 15:11,13. Contemplándolo todo ante la gran luz de un Dios Santo, comprenden por fin, el porqué de sus vivencias. ¿Qué pensamos cuando nos toca caminar por el valle de sombra y de muerte en las circunstancias adversas de este mundo?

Cuando la oscuridad ha pasado, bendecimos esos momentos. Derramamos lágrimas de gratitud ante Aquél que permitió que nuestro vaso de barro se hiciera pedazos.

Nunca te olvides del carácter de tu Dios. Santo. “Sólo Tú eres Santo.” ¿No es suficiente para confiar en Él?

Cuando pases por experiencias difíciles de entender, o casi misteriosas, recuerda:

“Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.” (1 Co. 13:12)

Aquél día mirarás la gloria de Dios y la luz de su presencia te revelará cada secreto por pequeño que sea. En su presencia comprenderemos sin limitaciones.

Esta es la razón del cántico de los vencedores su voz y lo que expresan es un preludio que va a dar a los juicios que van a seguir su verdadera significación.

Ahora Dios puede herir, se sabe por qué y en qué espíritu lo hace. Son juicios relacionados a la soberanía de sus planes eternos. Es aquí donde nuestro entendimiento limitado no entiende plenamente, hasta que estemos en su presencia.

 

 

Apocalipsis: Una visión del juicio (35)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

14: 14-20 – UNA VISIÓN DEL JUICIO

Así termina este capítulo, con una visión del juicio ilustrada por imágenes de la vida cotidiana, ejemplificadas por las figuras de la cosecha y la fabricación del vino.
Es frecuente en el relato bíblico encontrarnos con que el juicio es como una cosecha.

– “Echad la hoz, porque la mies está ya madura.” Joel 3:14.
– Igualmente lo expresó Jesús en Mr. 4:29, cuando habla de los frutos maduros y los preparativos para la cosecha.
– También en la parábola del trigo y cizaña, (Mt 13: 24-30; 37-43).
– La otra figura utilizada es la del lagar o prensa para fabricar el vino. Por ello, es muy común en el antiguo testamento, la comparación del juicio con el pisado de las uvas (Lam. 1:15; Is. 63:3).
Vemos que el juicio tendrá lugar en las afueras de Jerusalén, allí donde según se sostenía, los gentiles serían reunidos en el fin (Joel 3:2, 12; Zac. 14:1-4).
El Cristo resucitado recoge personalmente a los suyos, para llevarlos con el a la gloria.
Por otra parte, el ángel del juicio recoge a los que están destinados para condenación, para que sean juzgados.

Apocalipsis: La visión de los tres ángeles (34)

 

 

 

LA VISIÓN DE LOS TRES ÁNGELES

1)   El ángel con el evangelio eterno. Vs 6,7.

Es una invitación para que todos los hombres adoren a Dios.

a)   La señal que precederá al fin. Mt. 24:14.

b)   Es un evangelio eterno de buena nueva o de condenación.

c)   Es un llamado a la adoración.

2)   La caída de Babilonia Vr. 8.

Se interpreta que esta es la profecía de la condenación de Roma. La caída de Babilonia en manos de Ciro el Persa, había sido uno de los eventos más conmovedores de la historia antigua.

Se dice que Babilonia hizo beber a todas las naciones el vino de la ira de su fornicación. En esa expresión se entremezclan dos imágenes y conceptos del antiguo testamento. En Jer. 5:17, se dice con respecto a Babilonia, “copa de oro fue Babilonia en la mano de Jehová, que embriagó a toda la tierra; de su vino bebieron los pueblos, se aturdieron por lo tanto las naciones.”

Describe de esa manera que el poder y la influencia de Babilonia han sido fuerzas corruptoras y seductoras que arrastraron a muchos hombres a una insana inmoralidad.

Hasta aquí la figura de Babilonia representa cualquier sistema de gobierno, cuya fuerza moral y espiritual se opone a los principios de Dios.

Ya sea la gran Babilonia, ya represente a la Roma imperial, o como otros interpretan el poder político y religioso de la iglesia católica.

La expresión del vr 8 va a ser desarrollada más ampliamente en los capítulos 17 y 18, en los que Babilonia está representada bajo la figura de una mujer sentada sobre la bestia, último grado – según una interpretación histórica – del decaimiento de la iglesia mundanalizada, según Ap. 3:14-20, representada por la iglesia  de Laodicea.

Según I Ped 4:17, esta es una señal absoluta del juicio final.

3)   La consecuencia de una adoración equivocada. Vs 9-13.

“La gran voz” del ángel es un mensaje de advertencia. Siempre Dios insiste con su mensaje a pesar de la dureza del corazón humano.

Es lógico preguntarse, ¿qué significa esta marca, que tantos caerán bajo su poder?

Sin duda que la marca en la frente ó en la mano identifica claramente un amor dependiente de una posición social y económica. Propia de las mentes enceguecidas por las tinieblas.

Ver I Juan 2:15-17, aquí se nos describe un corazón equivocado en cuanto a sus valores. Se nos dice que “ama al mundo”. Ama “las cosas.” En otras palabras, sus sentidos gobiernan su vida. Ama lo que toca, ve, oye, gusta y siente.

Todo lo contrario a lo que expresa Pablo: “…por fe andamos, no por vista (sentidos).” Esta manera de vivir hace que el hombre, por sus orgullosas pretensiones, pierda el juicio (2 Tes 2:10-12). El resultado en el caso que nos toca es que beberán “del vino de la ira de Dios”, vr 10.

Sin embargo, la tortura perpetua, será la vista de los santos ángeles y del cordero, ese remordimiento no les permitirá ningún descanso, vs 10,11.

Noten también que en la eternidad, la personalidad sigue con sus sentidos intactos.

Los vrs 12 y 13 nos muestran el triunfo y la recompensa de la paciencia de los santos, de aquéllos que de aquí en adelante, en los tiempos del anticristo, mueren en el Señor, sin duda como mártires, ellos tienen su reposo, pues sus obras les van siguiendo. Y esto es afirmado por el mismo Espíritu.