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El Verdadero Espíritu de Servicio (6).

 

Y ya que estamos en el capítulo 3 de San Juan veamos otro ejemplo: El de Juan el Bautista.
Después de la aparición del Mesías al cual Juan bautizó, algunos de los que habían seguido a Juan como discípulos se pasaron a las filas de Jesús. Y otros continuaron a su lado; Juan mismo les había señalado quién era el Mesías.
Sucedió que los que se habían unido a Cristo empezaron también a bautizar. Cuando ésto se supo entre los que estaban con el Bautista, se pusieron celosos y dijeron: Maestro, el que estuvo contigo y de quien nos hablaste está ahora bautizando y todos lo están siguiendo.

Este es un fenómeno muy corriente en el mundo para los seguidores de algún notable dirigente. Es el celo que se siente porque alguien trate de opacar en algo su prestigio.
Y fue así como les pareció a los discípulos de Juan el Bautista. Habían hecho tanto por despertar la conciencia de tanta gente sobre la necesidad del arrepentimiento, aún a riesgo de su propia vida. No era justo que de pronto viniera otro y cosechara los beneficios y hasta se llevara gran número de sus discípulos.

Sin embargo, Juan sabía bien el terreno que pisaba y sus limitaciones. Y con toda nobleza de alma no sólo justificó plenamente lo que Jesús hacía, sino que con sublimes palabras afirmó decididamente la divinidad y Mesianidad del Señor. En Juan 3:27-30 dice: “Nadie tiene algo al menos que Dios se lo dé. Ustedes ya me han escuchado decir claramente que yo no soy el Mesías sino su enviado a prepararle el camino. Así como en una boda el amigo del novio se alegra, mas no es el personaje principal sino el novio, así también yo me lleno de alegría porque El tiene que ser cada vez más importante y yo menos.”

Juan tuvo una cabal comprensión del ministerio de Cristo:
1) Juan sabía con certeza que él era sólo su precursor y por lo tanto “Jesús tiene que
ser más importante”, v.30.

2) Juan rechazó todos los empeños de los suyos de tener preeminencia sobre el Mesías, pues el no era sino su predecesor, v.28.

3) Su oficio era sólo el de un amigo del novio, (v.29), y que cumpliendo con tal oficio “se llenaba de alegría.”

4) Juan sigue adelante diciendo en el v.31, que Jesús venía de arriba, y que estaba por sobre todo, proclamando la divinidad de Cristo.

5) San Juan dice en el v.34, que El enviado de Dios habla palabras de Dios, pues Dios le ha dado sin límites su Espíritu.

6) Cristo es el amado del Padre, a quien ha entregado todas las cosas en sus manos, v.35.

7) Tener fe en Jesús es tener vida eterna; rechazarlo es ganarse la condenación eterna
de Dios, v.36.

Juan el Bautista se levanta por encima de todos los pobres celos humanos y rivalidades. Había renunciado completamente a ambiciones personales y reafirma su absoluta fe en Aquel de quien sólo era su heraldo y lo identificó claramente como el Mesías de Israel.

Rogemos al Señor, que estos dos ejemplos de HUMILDAD y SUMISIÓN comiencen a adornar nuestra vida cristiana.

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  1. RAMONITA DEL CASTILLO

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