Detengámonos un momento a decidir, si realmente, vale la pena dedicarle todo el tiempo que requiere. Resulta perfectamente legítimo que nos preguntemos: ¿Que beneficios obtendré con 15 minutos diarios de lectura de la Biblia y 15 minutos diarios de estudio de la misma? Veamos:
Nadie quiere ser raquítico, ni física ni espiritualmente. Los «jóvenes» a los que se refiere el apóstol, ya no eran «hijitos», sino personas «fuertes». ¿Por qué? Porque la Palabra de Dios permanecía en ellos y «habían vencido al maligno.» Esto significa que se habian alimentado con la Palabra de Dios hasta fortalecerse suficientemente en la fe como para que no fueran constantemente derribados por el pecado y la tentación. No hay más que una forma de adquirir fortaleza espiritual, y esta forma es leyendo y estudiando la Palabra de Dios.
El ser fuerte espiritualmente no depende que si hemos hecho la secundaria o si tenemos una carrera universitaria (lo cual es muy loable), ni tampoco de que seamos inteligentes, sino de haber DESARROLLADO EL HABITO de alimentar el espíritu y el intelecto con la Palabra de Dios. El poder «vencer al maligno» requiere una fortaleza espiritual que se obtiene solamente estudiando y obedeciendo la Palabra de Dios. Creo que todos conocemos a personas que siempre están con los mismos problemas – no avanzan, no crecen – y esta es la característica de los que no conocen la Palabra de Dios.
El creyente que tiene la seguridad inconmovible de que es hijo de Dios y de que Dios es su Padre celestial, posee la base de una sólida vida emocional. La gran mayoría de las personas que tienen temores, preocupaciones y otras debilidades espirituales, generalmente no tienen seguridad en cuanto a la salvación porque escuchan la voz de su propia mente en lugar de leer La Biblia. Nadie puede tener la seguridad que ofrece Dios se se limita a los pensamientos de su propia mente, porque, como enseña La Biblia, los conceptos de Dios no vienen mediante el pensamiento, la reflexión, sino mediante «la sabiduria de Dios.» (1Cor. 1:21). Si deseamos disfrutar de seguridad en cuanto al salvación, debemos apresurarnos a estudiar la Palabra regularmente, ya que ella constituye LA ÚNICA FUENTE para obtener dicha seguridad.
A Confucio le preguntó cierta vez uno de sus discípulos: «¿Tiene sentido que oremos por nuestros pecados?» Se dice que a esto contestó diciendo: «No estoy seguro, pero no se pierde nada con probar.» ¡Para que sirve ésto! Unicamente la Biblia enseña que Dios contesta la oración, y el cristiano instruido en la Biblia posee esta confianza.
La Palabra de Dios tiene un efecto purificador en el creyente. Nuestro Señor oró diciendo: «Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.» (Juan 17:17). De algún modo la palabra de Dios tiene este efecto purificador en el cristiano que la estudia.
Si nuestra lectura consiste solamente de libros seculares, revistas, periódicos informativos etc. pronto encontrarás que el gozo del Señor se ha transformado en temor, inseguridad o incluso depresión.
Es solamente la Palabra de Dios la que proporciona gozo al corazón, cualquiera sean las circusntancias por las que estemos atravesando.

