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Lectura de la Biblia

HOMILETICA: El predicador y su oración privada (10).

julio 20, 2010 by admin 13 Comments

 

 

CAPÍTULO SIETE

 D) SU ORACIÓN PRIVADA

 En cuanto a este tema, necesitaríamos tratarlo aparte, procuraremos apuntar – por lo menos – el aspecto esencial que tiene la oración en la vida de un predicador. La oración del predicador es la señal de su profundo amor hacia aquellos que ministra con su palabra.

 «El descanso para el ministro debe ser como la máquina de afilar para la hoz: que se usa solamente cuando es necesario para el trabajo. ¿Puede un médico durante una epidemia descansar más de lo indispensable para su salud mientras los pacientes están esperando su ayuda en casos de vida o muerte? ¿Puede el cristiano contemplar a los pecadores en las agonías de la muerte y decir: “Dios no me pide que me afane por salvarlos?”  ¿Es ésta la voz de la compasión ministerial y cristiana o más bien hablan la impureza sensual o la crueldad diabólica?»

Richard Baxter

 Esto es así porque nadie que ha gustado el amor y el perdón del Salvador puede quedarse indiferente ante la angustia de los pecadores que caminan hacia la puerta del infierno. Dios necesita hombres con corazones ardientes, hombres dispuestos a colaborar en sus planes.

 La Biblia afirma esta verdad de parte de Dios cuando expresa: «Los ojos de Jehová contemplan toda la tierra para corroborar a los que tienen corazón perfecto para con él.»

 Hoy más que nunca la iglesia debe recuperar esta verdad fundamental. Cuando  la institución humana procura mejorar sus programas, modernizar sus maquinarias y crear nuevos métodos, Dios sigue buscando un hombre de corazón perfecto para con El. Ninguna organización puede suplir al hombre ungido por el Espíritu de Dios.

 «El Espíritu Santo no pasa a través de métodos sino de hombres. No desciende sobre la maquinaria sino sobre los hombres. No unge a los planes sino a los hombres: los hombres de oración.»

 Tal debe ser el carácter y la conducta que irradiará un predicador que ama la oración. E.M. Bounds en su libro “La Oración, Fuente de Poder” nos expresa lo siguiente:

 «El buen nombre y el éxito del evangelio están confiados al predicador, pues, o entrega el verdadero mensaje divino, o lo echa a perder. El es el conducto de oro para el aceite divino. El tubo no sólo debe ser de oro, además tiene que estar limpio para que nada obstruya el libre paso del aceite, y sin agujeros para que nada se pierda.

El hombre hace al predicador, Dios tiene que hacer al hombre. El mensajero, si se permite la expresión, es más que el mensaje.

El predicador es más que el sermón. Como la leche del seno de la madre no es sino la vida de la madre, así todo lo que el predicador dice está saturado por lo que él es. El tesoro está en vasos de barro y el sabor de la vasija impregna el contenido y puede hacerlo desmerecer.

El hombre – el hombre entero – está detrás del sermón. Se necesitan veinte años para hacer un sermón porque se requieren veinte años para hacer un hombre. El verdadero sermón tiene vida – nace juntamente con el hombre. El sermón es poderoso cuando el hombre es poderoso. El sermón es santo si el hombre es santo. El sermón estará lleno de unción divina siempre que el hombre esté lleno de la unción divina.»

 Vemos entonces, con claridad, que el camino de la predicación no es para cristianos con convicciones simplistas, y una experiencia superficial en la oración. Esta clase de “pretendientes al púlpito” son como nos dice Pedro en su segunda epístola:

«fuentes sin agua, y nubes empujadas por las tormentas…” (2:17a).

 Suficiente es el hambre espiritual, de afecto y amor que las ovejas sufren en el mundo para que sobre eso vengan a  la iglesia y se les alimente con “sobras espirituales”, “comida guardada” por años y en proceso de descomposición, que mas que alimentar a los hambrientos los intoxican, los enferman. Tengamos temor de Dios antes de subir a un púlpito. Si nosotros no estamos bien alimentados, ¿cómo alimentar al pueblo?

 Nada justifica a un predicador que no se prepara en oración y en estudio de la palabra. Ojalá que en la eternidad ninguno de nosotros tengamos que rendir cuentas por almas, que murieron en nuestras congregaciones por falta de un sólido alimento espiritual. ¿No te estremece al pensar en esto?

 Hoy en día pululan en nuestras congregaciones muchos “picos de oro” – personas de palabra fácil.

Yo no estoy de acuerdo que cualquiera predique. A veces no se toma conciencia de lo que es un púlpito. Muchos creen que es como un arco de fútbol – cada vez que les hacen un gol, otro jugador pasa de arquero y el desastre es cada vez peor. Porque entonces es la iglesia la que pierde por goleada.

 Si no hay alguien capacitado es mejor que nadie hable. Se puede leer la Biblia, orar y cantar. No se trata de que agarre la pelota el primero que llegue. Un hermano sencillo pero con sentido común puede hablar si es necesario. Pero lo hacen con una conducta y una trayectoria que los respalda. Mis hermanos, cuidemos la calidad y el contenido de nuestra enseñanza.

 Sobretodo estemos alerta para evitar que se nos suban a los púlpitos ciertas cotorras de saco y corbata, muy en moda en estos días que hablan de todo y no dicen nada.

Es para mí tan importante este tema que quiero citar otras palabras de este gran hombre de Dios:

 «La predicación más enérgica y más dura del ministro ha de ser para sí mismo … Dios demanda no grandes talentos, ni grandes conocimientos, ni grandes predicadores, SINO HOMBRES GRANDES EN SANTIDAD, EN FE, EN AMOR, EN FIDELIDAD, GRANDES PARA CON DIOS … Estos son los que pueden modelar una generación que sirva a Dios.»

 Cuánto pierde la iglesia y cada uno de nosotros por no orar con más fervor, con más entrega! … Cuánta superficialidad notamos muchas veces en las oraciones de la iglesia. Parecen ser solamente un número del programa.

 Y cuán pocos se dan cuenta que el “no orar”, es un grave pecado. ¿Por qué? Es decirle a Dios: no te necesito, yo sólo me basto. Creo que hoy, cada uno de nosotros debemos pedirle perdón al Señor por el pecado de nuestra falta de oración.

No me cabe la menor duda que aún si nos faltaran otros dones pero somos fieles intercesores delante de Dios, eso sería más que suficiente para que Dios pueda usarnos para su gloria.

 Día a día quienes sirven al Señor se sienten abrumados por cargas y tentaciones tan difíciles y complicadas que solo una auto disciplina seria, aplicada a la oración, les mantendria en pie, vigorosos y bien parados, en medio del fragor de la batalla.

 Muchas veces el activismo es nuestro peor enemigo – corremos de aquí para allá sin detenernos. Hay tantas cosas por hacer que olvidamos lo más importante.

Es cierto que nos damos cuenta que la oración «es en verdad la respiración vital del creyente, el aire que respira a diario», sin embargo, nos cuesta buscar la presencia de Dios. No nos es fácil deleitarnos en su presencia.

 Nuestra naturaleza se opone al espíritu como bien explica Pablo: «Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí para que no hagáis lo que quisiereis.» (Gal.5:17)

Esto no debe amilanarnos. Debemos mirar y considerar las vidas de hombres igual a nosotros que lucharon para superarse y lo lograron.

 El biógrafo de Samuel Chadwick escribió: «Era esencialmente un hombre de oración: cada día se levantaba poco después de las seis e iba a una pequeña habitación, su santuario privado, donde tenía su hora devocional antes del desayuno.

Era potente en la oración pública porque era constante en su devoción privada.

Cuando oraba esperaba una respuesta de Dios. Ojalá hubiese orado más – escribió al final de su vida – aún si hubiese trabajado menos; y de lo más profundo de mi corazón desearía haber orado mejor.”

 Cuando aprendamos que la oración privada es lo más importante, nuestra predicación sacudirá el corazón de los pecadores y molestará a los creyentes perezosos.

 La oración es la que determina si hacemos nuestra predicación con nuestras propias fuerzas o si la hacemos con la unción del Espíritu.

 No importa la clase de servicio que prestas en tu iglesia, cualquiera que sea, si no está previamente regado con lágrimas de oración y acciones de gracias en la presencia de Dios, será nada más que la presunción religiosa vestida de hermoso ropaje por fuera, pero vacía e inútil por dentro.

 Así era el “celo religioso” de Pedro. Cuando a viva voz juraba que no negaría al Señor su orgullosa carne quería quedar bien con lo que lo miraban y le escuchaban. En realidad lo que él pensaba en su corazón era: «¡qué bien que estoy quedando delante de todos! El Señor debe estar contentísimo conmigo!»

 Pero no terminó el señor de darle la espalda cuando el tuvo que aprender con dolor que él no estaba capacitado con sus propias fuerzas naturales para ser un discípulo fiel. Saboreando con amargura sus lágrimas aprendió una dura verdad. El servicio natural no sirve en el reino de Dios.

 Antes de servir hay que morir. Mi hermano, la oración mata tu carne. La oración quiebra tu orgullo. La oración te humilla bien humillado. Para que no le robes la gloria a Dios.

 Lo que quiero decir es que sin oración no hay fruto. Es trabajar en vano. Como pretender que la semilla germine en tierra seca.

 «La forma, la hermosura y la fuerza del sermón es como paja a menos que tenga el poderoso impulso de la oración en él, a través de él y tras él.

El predicador debe, por la oración, poner a Dios en el sermón. El predicador por medio de la oración, acerca a Dios al pueblo, antes de que sus palabras hayan movido al pueblo hacia Dios.

Hay innumerables predicadores que desarrollan sermones notables, pero los efectos tienen corta vida y no entran como un factor determinante en las regiones del Espíritu donde se libra la batalla tremenda entre Dios y Satanás, el cielo y el infierno, porque los que entregan el mensaje no se han hecho militantes, fuertes y victoriosos en la oración.» (E.M. Bounds).

 El diablo sabe esto y procurará que los predicadores no oren. Hará todo lo que está a su alcance para impedirlo. Así que no te extrañes de que te cueste orar. Eso demuestra que debes elegir entre la vida y la muerte. Cada vez que oras eliges por la vida. La tuya y la de todos aquellos que alcanzarás por tu ministerio.

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Homilética: El predicador y su disciplina personal (9).

julio 5, 2010 by admin 19 Comments

                                     

Hay temas que son como las columnas en las cuales descansa el carácter de todo lo que será nuestra vida. Muchos estarán pensando: pero, ¿por qué no hablamos de cómo predicar? Sin embargo, les recuerdo que nuestro énfasis principal, es en lo concerniente a la personalidad del predicador. Ni el bosquejo, ni la técnica oratoria que utilicemos podrá suplir la falta de integridad en cualquier aspecto de la vida del predicador.

 No me imagino como alguien que no aprendió disciplina podrá arengar a su congregación a que ordene su vida según el Reino de Dios.

«Las palabras discípulo y disciplina tienen la misma raíz. Un líder es una persona que primero se ha sometido voluntariamente y ha aprendido a obedecer una disciplina que proviene de fuera de si mismo, pero que entonces, se impone una disciplina aún más rigurosa desde dentro de él. Los que se rebelan contra la autoridad y desprecian la auto-disciplina pocas veces califican para los cargos importantes del liderazgo. (Entre ellos predicadores y maestros). Eluden los rigores y sacrificios que exige la disciplina divina. Muchos que han dejado la obra misionera lo han hecho no porque no tienen dones suficientes, sino porque hay muchas partes de su vida que no han sido puestas bajo el control del Espíritu Santo.»

 Muchos creen erróneamente que porque hacen cursos y seminarios de liderazgo ya están habilitados para el ministerio. Pues están equivocados, ¡por millones de kilómetros!

 El que no ha aprendido a obedecer, a estar sumiso a las autoridades de la iglesia jamás debe permitírsele tocar las cosas santas del ministerio.

 La desobediencia viene del mismo infierno. Es el mismo espíritu del diablo y aunque se disfrace de religiosidad, eso no es mérito para dejar que personas de ese tipo contaminen los utensilios del santuario. Como el sacerdote en la antigüedad llevaba escrito a la vista de todos “Santidad a Jehová”, así también, la vida de una persona debe mostrar claramente su espíritu de obediencia, porque santidad y obediencia van tomadas de la mano.

 Muchos cristianos “desordenados” de hoy andan con la cara larga, según ellos porque se sienten “ofendidos”. Aducen: es que en mi iglesia el pastor no comparte el ministerio – cuando en verdad lo que quieren decir es: «Yo no sé por qué no me deja lucir mis grandes capacidades de predicar. ¡Oh, si yo predicara! Qué distinto sería la unción de las reuniones … “No dudes de que sería tan distinto que a la segunda semana le predicaría a la sillas …!

Algunos son como los niños que juegan a la guerra en la calle, cuando uno pasó y los vio tan quietos y sentados les preguntó qué les pasaba. Uno de ellos le respondió: «Es que todos somos generales y no encontramos ninguno que quiera jugar de soldado.»

 Mis queridos hermanos, es demasiada profunda la obra que Dios deberá hacer en nuestro carácter y en nuestro corazón, antes que podamos estar capacitados siquiera para participar de soldados en el ejército del Señor.

 Nada es superficial en el Reino de Dios. Nada puede tomarse a la ligera. No es sólo pararse a dar un discurso. Es predicar para determinar el destino eterno de las almas. ¿Crees que se puede hacer esta tarea como cualquier charlatán de feria? No sería ésto más bien vergonzoso para el evangelio y para el mismo Maestro de quien se dijo: «¡Nunca nadie nos ha hablado como este hombre!»

 ¿Avergonzaremos el nombre de nuestro Maestro por nuestra indisciplina y falta de dedicación a las cosas sagradas?

 Dios nos dé un santo temor cada vez que por la misericordia de Dios, nos sea dado ponernos de pie con el sagrado libro en nuestras manos.

 Y ¿qué decir de los jóvenes que piensan que con mucha prontitud pueden ocupar un lugar en el servicio de nuestro Rey? ¿Estarías dispuesto a Someter tu carne y tus pasiones a la disciplina de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo? ¿Qué precio estás dispuesto a pagar para servir a Jesús?

 A un gran estadista que en una oportunidad hizo un discurso que cambió el rumbo político de su nación, le preguntaron ¿cuánto tiempo tardó en preparar su discurso? El le respondió a su admirador: «Toda mi vida ha sido una preparación para lo que he dicho hoy.»

 Como dice J.O. Sanders: «Un joven con posibilidades de liderazgo trabajará cuando otros pierden el tiempo, estudiará cuando otros duermen, orará cuando otros juegan. No habrá lugar para hábitos descuidados y malogrados, ni en palabra, ni en pensamiento, ni en obra, ni en vestido. Observara una disciplina igual a la de un soldado en cuanto a régimen y comportamiento, para que pueda sostener una buena lucha. El se encargará del trabajo ingrato que los demás eluden. Emprenderá la responsabilidad oculta que otros evitan porque no les dará el aplauso de los demás, ni gana con ella ningún aprecio.

El líder controlado por el Espíritu Santo no eludirá el enfrentarse a situaciones o personas difíciles y cogerá la ortiga cuando sea necesario. Con amabilidad y valor hará una crítica cuando sea necesaria o administrará la disciplina cuando así lo exige la obra del Señor. No aplazará el escribir una carta difícil.

Su papelera no esconderá las evidencias de su falta de coraje para enfrentarse con los problemas urgentes. Su oración será:

Dios enduréceme para no obedecer a mis deseos,

Los deseos del cobarde con voz patética,

quien implora por la comodidad, el descanso y el gozo.

Yo mismo, soy el traidor más grande de mi persona,

Mi amigo mas falso,

Mi enemigo mortal,

Mi obstáculo, en cualquier camino en que yo vaya.

Amy Carmichael

 ¿Qué les parece? ¿Demasiado duro? Veamos entonces, otro ejemplo.

Cuando el Dr. Thomas Cochrane, el fundador de World Dominion Movement, fue entrevistado como aspirante para la obra misionera, se le preguntó: «¿A qué sitio en el campo misionero crees estar llamado?» contestó: «Sólo sé que deseo que me ofrezcáis el sitio más difícil.» La respuesta de un hombre fuertemente auto disciplinado.

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Homilética: El estímulo de la lectura apropiada (8).

junio 19, 2010 by admin 16 Comments

LO QUE EL PREDICADOR CRISTIANO NO DEBE DESCUIDAR

B) SU LECTURA (Continuación…)

Repasemos algunos motivos por los cuales el predicador cristiano debe leer:

– Para alcanzar un avivamiento personal. Porque sólo aquel en quien fluyen “ríos de agua viva» en su corazón puede trasmitir vida a sus oyentes.

– Para su propio provecho espiritual. Eso hará que aprenda a seleccionar sus lecturas, prefiriendo aquellos autores que «descifran nuestros corazones, retan nuestra conciencia y hacen que intentemos llegar a lo más alto. Esa lectura que nos inspira y nos impulsa debe ser nuestra preferida.»

– Para su estímulo mental. Un predicador con pereza mental que no estimula sus capacidades mentales no tendrá nada nuevo ni original. Muy al contrario, será especialista en “llamar el sueño” a los ojos de sus oyentes.

– Para mejorar y cultivar su estilo de predicar. Por ello es importante seleccionar autores que estimulan nuestra imaginación, aumentan nuestro vocabulario y nos capacitan en el arte de hablar en forma clara y llamativa.

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¿Por qué leer entonces? La regla famosa de Francis Bacon era:

“Lee, no para contradecir o confundir, no para creer o tomar por sentado, no para buscar conversación y discurso, sino para pensar y considerar.
Algunos libros son para ser probados, otros para ser tragados y unos pocos para ser masticados y digeridos.”

Es importante entender que si nuestro motivo para leer es sólo archivar información en nuestra mente no nos será de mucho provecho. Y aún si lo hacemos para mostrarnos superiores o “intelectuales”. La motivación debe ser una sola: glorificar a Dios con nuestro conocimiento, ser más útiles, ser más siervos de nuestros hermanos, instrumentos de bendición.

Cuánta falta hacen en nuestro medio hermanos con estas condiciones. Son aquellos que no buscan sobresalir. Sólo buscan aplicar lo aprendido.

¿Qué se debe leer? No se trata de leer todo lo que llega a mano. A veces estamos saturados de libros, boletines, revistas etc. de los círculos evangélicos. y lo mismo si a ésto le sumamos la cantidad de material impreso en el mundo secular. Como el predicador debe estar informado en todos los campos, será importante leer solamente lo mejor, escoger siempre lo que nos será más útil para el cumplimiento de nuestra obra.

«En otras palabras, nuestra lectura debe escogerse a base de lo que somos, de lo que hacemos o de lo que pensamos hacer.»

También es importante leer buenas biografías de hombres y mujeres cuya vida será reveladora para nosotros, tanto sus sueños como sus fracasos y victorias, muchas veces iluminarán nuestro propio sendero, responderán a nuestras inquietudes y nos inspirarán en nuestro servicio.

El predicador y el líder debe ser exigente consigo mismo. No debe leer solamente lo fácil que lee la mayoría del pueblo, porque estaría a su mismo nivel. No debe, ni puede conformarse con lo que les conforma a ellos.

Así lo aconseja un autor (Muriel Ormrod) :
Es mejor que emprendamos en lo que es un poco más allá de nuestro alcance. Siempre debemos leer algo diferente, no sólo leer lo autores con los cuales estamos de acuerdo, sino con los que tenemos que enfrentamos. No debemos condenarles por no estar de acuerdo con nosotros (les suena conocido?…) sino tomar el desafío y probar sus puntos de vista contra la verdad de las escrituras. No debemos comentar ni criticar a autores que conocemos sólo de segunda o tercera mano, sin molestarnos en leer sus obras por nosotros
mismos … no temamos las ideas nuevas, pero tampoco nos dejemos llevar
por ellas.»
Además, lo que el líder lee revela el carácter y la grandeza de su meta hacia la cual dirige a su pueblo. ¿Les parece entonces, que puede estar al mismo nivel de los seguidores? Como ven, en cada aspecto que hace al predicador, a él se le exige más tiempo, más concentración, más estudio. Muchos ven solamente la fachada, la “importancia” de ocupar un púlpito. Los que así piensan están muy equivocados. Me atrevo a decir que sólo quienes estén dispuestos a abandonar sus vidas en el altar del sacrificio, son aptos para este ministerio. Y créanme «también que cuando levantamos nuestros ojos buscando esa clase de líderes, el horizonte se nos presenta vacío. Todos quieren la gloria, el cargo y los aplausos. Pocos están dispuestos a pagar el precio.

Si nos detenemos en este apartado es porque debemos apuntar hacia la calidad en el servicio. Ya hay demasiada mediocridad en nuestros púlpitos. Y porque además, la lectura es el elemento indispensable en la labor de un predicador. Quien no esté actualizado en ésto, mejor que se olvide de querer predicar. Un predicador que no lea será como un ciego dando al auditorio una conferencia explicativa sobre la tabla de los colores, las distintas mezclas de los colores primarios y la variedad de tonos que se pueden conseguir.

Si vamos a predicar es mejor que como primera regla entendamos nosotros bien la verdad del evangelio y la doctrina de Jesucristo. Caso contrario, lo único que haremos será confundir a la gente y ustedes saben, que tal el predicador así serán sus seguidores.

Por último, terminaremos este aspecto dando algunas reglas sumamente importantes de “cómo leer” – consejos que buscan que el alumno se ejercite de una manera práctica y a la vez útil, donde pueda cosechar resultados:

    1) No elijas libros que se olvidan inmediatamente; eso sólo nos ayuda a fomentar el hábito de olvidar.
    2) Lee acompañado de un lápiz y un cuaderno de notas. Desarrollar un método para tomar notas, caso contrario, la lectura será una pérdida de tiempo porque pronto olvidamos lo leído.
    3)Debes tener un cuaderno de notas permanente o un fichero donde guardar el material que sea de utilidad para tus sermones o charlas.
    4)Lee con un diccionario al lado. No dejes pasar una sola palabra que no entiendas. Verifica toda información histórica o científica que vayas a utilizar.
  5) Hay que variar los temas de lectura; ésa renovará el interés para la mente y no caerás en la rutina.
6) Las lecturas deben estar relacionadas entre sí mientras sea posible:
historia con poesía, biografía con novelas históricas, por ejemplo, si leemos “El Peregrino” de Juan Bunyan, paralelamente leer algo de historia contemporánea del siglo XVII de la cual el autor fue parte.

Carlos H. Spurgeon aconsejó a sus estudiantes:
«Domina los libros que tienes. Léelos cuidadosamente. Saturarte en ellos hasta que te impregnen. Léelos una y otra vez, mastícalos y digiérelos. Deja que lleguen a formar parte de tu propio ser.
Estudia un buen libro varias veces y toma notas y analízalo. Un estudiante encontrará que su mente será afectada mayormente por un libro que domina bien que por 20 libros que sólo ha hojeado. Poca sabiduría y mucho orgullo provienen de una lectura apresurada. Algunos hombres no pueden pensar porque en vez de meditar, leen mucho. Al leer, haz tu lema: “calidad no cantidad”.”

Y aquí, por cierto, recordaros que ante la abundancia de material, sólo un buen asesoramiento nos librará de leer lo inservible. Preguntemos a quienes pueden guiarnos bien porque están empapados del tema, de ediciones, editoriales y autores. De esa manera invertiremos el dinero en textos útiles.

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Como el tiempo no nos permite detenernos más en este tema tan fundamental, les aconsejo que lean de C.H. Spurgeon el capítulo XIII de «Discursos a mis Estudiantes», titulado: “A los que cuentan con escasos útiles para trabajar.”

Algunos de sus comentarios bastante mordaces pero ciertos son como los que siguen:
– Comenta que la iglesia en vez de lamentarse acerca de la decadencia en la enseñanza y el poder del púlpito debería, a través de sus miembros más influyentes, obreros y diáconos, proveer al predicador de buen alimento espiritual. ¿Cómo? Estableciendo bibliotecas en las iglesias para los ministros como cosa de primera necesidad. Ya sea a través de donaciones de material o contribuyendo con una cuenta destinada a la compra de buenos libros. En el caso personal del predicador que no pueda comprar más que muy pocos libros – dice Spurgeon – el primer consejo que yo le daría es que compre los mejores. Si no puede gastar mucho, que lo poco que gaste lo emplee bien.

«La segunda recomendación que yo haría es dominad los libros que tengáis. Leedlos con la mayor atención. Bañaos en ellos hasta que os saturen. Leedlos y releedlos, masticadlos, rumiadlos y digeridlos. Haced que formen parte de vuestro ser.
Examinad un buen libro varias veces, tomad notas y analizadlo. Un estudiante hallará que su constitución mental se afecta más por un libro que ha llegado a dominar que por veinte que haya visto a la ligera, lamiéndolos por decirlo así, según dice un clásico refrán: “como los perros beben en el Nilo.””

Y para aquellos que compran montones de libros para abarrotar los estantes, pero que nunca los leen, como también los que se paran dos horas en los estantes de las grandes librerías, comenta:
«Y no sé por qué nos pasa a todos cosa semejante, pues ¿no es verdad que nos sentimos más sabios después de haber pasado una hora o dos contemplando los aparadores de una librería? Pero con igual razón podríamos creernos más ricos después de haber contemplado la caja fuerte del Banco poderoso de Londres. ¡No! señores, en la lectura de libros, llevad por lema: “mucho, no muchos.” Pensad al mismo tiempo que leáis. Que vuestro pensamientos sea siempre proporcionado a la lectura, y vuestra pequeña biblioteca no será para vosotros gran mal.”
Aconseja también que en el caso de necesitar más libros podemos con toda discreción pedirlos prestados.

El mismo cuenta una anécdota:
«El otro día cierto ministro que me había prestado 5 libros hacía dos años o más, me escribió un recado rogándome le devolviera tres de ellos y con gran sorpresa suya recibió a la vuelta de correo no solamente los que pedía sino los otros dos que el había olvidado. Yo había formado y conservado cuidadosamente una lista de los libros que me habían sido prestados y podía por lo mismo devolverlos completos a sus respectivos dueños. La persona a la que me refiero no esperaba seguramente que yo le contestara remitiéndole los libros con tanta prontitud, pues me escribió una carta manifestándome su agradecimiento; y cuando volví a visitar su estudio, lo hallé en la mejor disposición de hacerme un nuevo préstamo. »
Y observa que es común escribir en la hoja en blanco de los libros el siguiente poema:

«Si te presto a algún amigo
Para que él en ti se instruya,
Dile que no te destruya
Y te envíe pronto conmigo.
Que me holgaré si consigo
Que de provecho le seas
Comunícale ideas
Con que promover su bien;
Que no en cambio, con desdén
Por él mirando te veas.»

De todas maneras, aún si no tuviéramos otro libro, pero poseyesen la Biblia, ella es más que suficiente para equiparnos para nuestro trabajo.

Nadie puede morir de sed espiritual teniendo en cada página de ella raudales de aguas vivas que fluyen del mismo trono de Dios.

El propósito del cristiano al leer es uno sólo: La sana ambición de entender la Biblia, como la revelación de Dios al hombre.
Aquél que no sólo haya aprendido la letra literal de la misma, sino que ha captado su verdadero espíritu, no será un hombre común, aunque le falte instrucción en otras áreas. Siempre será un hombre completo.

Los cristianos de hoy deberían – como en la época de la reforma – ser llamados
“personas de un sólo libro” porque lo conocen, lo aman y lo estudian.

Spurgeon agrega:
«Cuídate del hombre de un libro. Un hombre así es un terrible antagonista. El que tiene su Biblia en la punta de los dedos y en el fondo del
corazón es un campeón de nuestro Israel: no os será posible competir con él.»

Ojalá ésto pudiera decirse de cada cristiano y por sobretodo de los predicadores y maestros.

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RETRATO DE UN JOVEN CRISTIANO (PTE 2) (23)

octubre 31, 2009 by admin 25 Comments

cd742f019_a.jpg ACALLANDO LA CRITICA (2)4:10-16 La gran dificultad que tendría que superar Timoteo era su juventud. Sin embargo no lo dice porque Timoteo fuera un adolescente . Hacía 15 años que estaba asistiendo a Pablo. Aquí la palabra «juventud « designa a alguien que está listo para prestar el servicio militar – en este caso – hasta los 40 años. Los cánones apostólicos establecieron más tarde que nadie podía ser obispo antes de los 50 años porque para entonces «habría superado las incoherencias juveniles«.

A sí que, como Timoteo era joven en comparación con Pablo, habría muchos ojos críticos vigilándolo. El único consejo posible para Timoteo es el mismo para todo joven que ama a Jesús y desea servirle. Timoteo debía silenciar cualquier crítica con su conducta.Se dice de Platón, el gran filósofo griego, que en una ocasión fue acusado falsamente a lo que él respondió: «Bien debemos vivir de tal manera que todos vean que la acusación es falsa».

La discusión y la defensa verbal nunca puede callar a los chismosos, la conducta sí.

Habiendo entendido esta situación pasamos a ver las características de la conducta que debía tener Timoteo, y que siguen vigentes hoy para todo el que quiera servir a Jesucristo. Son cualidades personales que muestran la madurez y el carácter del líder.

1) Debía haber amor. En este caso la palabra es Ágape, cuyo verdadero significado es de benevolencia invencible. Es una de las más grandes virtudes cristianas. Si un cristiano lleva dentro el amor ágape, no importa lo que le hagan o lo que le digan, siempre buscara el bien de los demás. Nunca será resentido ni vengativo. Nunca se permitirá odiar a nadie. Tiene el espíritu que hubo en Cristo Jesús.Generalmente el amor es algo que pertenece al corazón; pero es evidente que este amor cristiano es algo más; pertenece a la voluntad, una voluntad fortalecida, o mejor conquistada por el Espíritu Santo. Amor sobrenatural. Amor que fluye de un corazón regenerado.

Es una conquista del ser que nos hace capaces de desarrollar una invencible preocupación por los demás…la primera señal que otorga autenticidad al líder cristiano es que se preocupa por los demás, sin importarle lo que los demás le hagan.

Debemos estar atentos a no ser tan quisquillosos, ofendernos con demasiada facilidad. Siempre están en juego los planes de Dios y nosotros podemos echarles a perder.

2) Debía haber fe. La verdadera fe es una fidelidad incondicional a Cristo. Es estar dispuesto a pagar cualquier precio por amor al que nos amó. No es difícil ser buen soldado en la fe cuando estamos bien y nada nos falta, «pero el soldado realmente valioso es aquel que puede luchar bien cuando su cuerpo está cansado, y su estómago vacío; cuando la situación parece irremediable y cuando está en medio de una campaña cuyos movimientos no puede comprender.» Y ésto es lo que muchas veces nos sucede. El verdadero líder sabe desafiar las circunstancias.

3) Debía tener pureza. Siempre fue esta cualidad la que demostró al mundo el poder de Cristo. Si no estamos dispuestos a vivir en pureza es porque no hemos entendido que la misma Biblia nos advierte «que sin santidad nadie verá al Señor» (Hebreos 12: 14) Sólo una vida santa cuenta con el respaldo de Dios. Si el mundo será impactado lo será sólo cuando la iglesia demuestre que «produce los mejores hombres y mujeres del mundo.» Lo que te respalda es una vida que sigue las normas de Jesucristo y no las normas del mundo.

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COMO LEER LA BIBLIA

septiembre 2, 2009 by admin 24 Comments

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Muchas personas, se me han acercado en diferentes oportunidades, para hacerme una pregunta, qué créo es común a todos los que buscan a Dios de corazón, y mediante la Biblia quieren conocerle mejor. La pregunta en cuestión es: “¿Cómo hay que leér la biblia para entenderla?”.

 

Encontrarás que la lectura de la Biblia es gratificante, sin embargo, ¡no siempre resulta fácil! Estas pautas pueden ayudarte:

  • Antes de leer cada pasaje, pídele a Dios que te hable a través de su Palabra.

  • Reserva un tiempo especial cada día para leer la Biblia, y procura mantenerlo.

  • Si puedes encontrar un lugar tranquilo, aún mejor.

  • Tendrás que decidir si prefieres leer a solas o en grupo. La compañía, a veces, ayuda sobre todo para entender el texto. Cuando hayas leído, piensa en las respuestas a estas preguntas:

  • ¿Por qué se escribió este pasaje? ¿Cuál es el significado de cada palabra del texto que no entiendo? ¿Qué significado tenía este pasaje para sus lectores originales? ¿Qué me dice a mí este texto hoy? ¿Qué díce el pasaje acerca de Dios? Aplicación: ¿Qué pide que yo haga?

 

Pide a Dios, en oración, que lo que acabas de leer te ayude a vivir de acuerdo a su voluntad. “Señor, ayúdame a entender tu Palabra y a saber vivir conforme a tu voluntad. Amén».

 

¡Adelante!

Mantén la costumbre de leer la Biblia y orar diariamente. Te será de utilidad conseguir un plan de lectura bíblica, especialmente para ayudarte en la primera, y -por lo tanto- más difícil etapa de lectura bíblica, cuando es una experiencia nueva. Para ello puedes acercarte a una librería cristiana o tambien una oficina de la sociedad bíblica de tu país. ( Tambien puedes entrar en este link, para mas información: http://www.sociedadbiblica.org ).

 

Cuando comenzamos a apreciar la Biblia por nosotros mismos, nos damos cuenta de la gran necesidad que el mundo tiene de ella. La Biblia es la Palabra de Dios. Su mensaje de amor es esperanza y vida para el mundo.

 

Así como el pan alimenta nuestro cuerpo, la Palabra de Dios alimenta nuestro espíritu. Jesucristo dijo: “Mis palabras son espiritu y vida…” y “Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia”. ¡Dios bendiga tu lectúra!

Filed Under: TEMAS ESCOGIDOS Tagged With: biblia, enseñanza biblica, estudios biblicos, Lectura de la Biblia, Prédicaciones cristianas, principios cristianos de vida, repuestas cristianas, vida cristiana.

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