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Las bodas del Cordero

Apocalipsis: La Batalla de Armagedón (47).

enero 11, 2012 by admin 1 Comment

 

Apocalipsis Capítulo 19

La condenación final de la bestia y del falso profeta, vv. 17-21

Es, sin duda, majestuosa la figura del ángel, que nos dice que “parado sobre el sol”, gritaba la invitación a todas las aves del cielo, a la gran cena de Dios. Cosa que de alguna manera presenta un gran contraste con las “bodas de la Cena del Cordero” en el verso 9. Pues también queda claro en el texto que es una “cena” para las aves de rapiña (vea también Ez 39:17-20).

Podemos detenernos a considerar el lugar geográfico donde se libra la batalla, y teniendo en cuenta el lugar paralelo anterior en 16:14,16. Donde se nos presenta como Armagedón, es decir la meseta de Meguido, también denominada en otros pasajes como “llanura de Jezreel o de Esdraelón”. Para citar solo algunos eventos importantes, que allí acontecieron, podemos recordar la lucha de Barac contra los cananeos (Jue. 4:5), cuando hasta las estrellas pelearon desde sus órbitas; allí también derrotó Gedeón a los Madianitas (Jue. 7). Allí murió Josías a manos del faraón Necao (2 R. 23:29), entre otros hechos.

“Los reyes de la tierra con sus ejércitos”, son los que hasta este momento tienen todo el poder político y económico. Pero el papel protagónico sobre ellos lo tiene la bestia, es decir, el Anticristo, que es la misma del 13:1-10 y los reyes serán los diez reyes de la gran confederación europea -y a cambio del poder que han recibido- además de otros aliados, ayudarán a la bestia en la batalla final. El verso 20, que nos relata la captura del Anticristo, nos muestra detalles de la actividad que el falso profeta había desarrollado a su favor. Falsos milagros, con los que había engañado sobre la tierra a los que tenían la marca de la bestia.

Debemos notar que en este relato, el Anticristo y su falso profeta son arrojados vivos al infierno (v. 20). Esto aunque no debemos olvidar, que el infierno fue creado para el diablo y sus ángeles (Mt 25:41) Cuando el diablo sea arrojado en el infierno (20:10), el Anticristo y su falso profeta, habrán pasado allí más de mil años.

Por otra parte, del resto de los enemigos solo se nos informa que “fueron matados por la espada de Cristo y que todas las aves se hartaron de sus carnes” (v. 21). Es normal que nos preguntemos ¿a dónde fueron ellos?. Pues, descendieron en su muerte al sepulcro, para acudir unos mil años después, al juicio final ante el Gran Trono Blanco (20:11 y ss), antes de ser igualmente arrojados al infierno (20:15; 21:818).

Tenemos que notar aquí, que la victoria se lleva a cabo, no por las fuerzas celestiales del ejército de Jesucristo, sino por la todopoderosa Palabra de Dios simbolizada por la “espada aguda” (vv. 15,21-VRV) que sale de su boca. Esta palabra es como espada de dos filos, ya que puede ser palabra de gracia y misericordia para unos y palabra de juicio contra otros.

Esta misma palabra deja bien claro por el mensaje del evangelio, que el gran amor de Dios por la humanidad, se hace carne en Jesucristo “para que todo aquél que en El crea no se pierda sino que tenga vida eterna”. El plan de Dios es que cada ser humano se apropie de su gracia y sea bendecido en esta tierra y en la eternidad

Pero también Dios, es en su carácter justo, santo y soberano. En El hay un equilibrio perfecto en su personalidad. Por eso confiamos en un Dios de amor que quiere lo mejor para su creación. Pero la palabra de Dios nos enseña que El no puede contradecir su propia palabra. Sería una locura despreciar su misericordia porque entonces solo queda pasar por un juicio sin misericordia.

No podemos solo tomar los pasajes bíblicos que nos hablan de su amor, e ignorar los que nos hablan de su justo juicio. Como dice un estudioso: “La presente época revela la gracia de Dios y el juicio suspendido. La época venidera aunque continuará siendo revelación de la gracia de Dios, ofrecerá evidencia contundente de que Dios trae a juicio toda obra malvada, y que los que desprecian Su gracia han de experimentar Su ira.”

 

 

 

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Apocalipsis: La Segunda Venida de Cristo (46)

diciembre 29, 2011 by admin 8 Comments

Apocalipsis Capítulo 19

La Segunda venida de Cristo (vs 11-16)

En este momento crucial del relato Juan ve los cielos abiertos, y a Cristo, que regresa a la tierra en la figura de un jinete montado en su caballo blanco. Esta descripción de “ví el cielo abierto” nos hace relacionarla directamente con Ezequiel 1.1, donde también el profeta afirma:

“En el día quinto del mes cuarto del año treinta, mientras me encontraba entre los deportados a orillas del río Quebar, los cielos se abrieron y recibí visiones de Dios.”

Verdaderamente el Espíritu Santo lleva a sus siervos a una dimensión espiritual gloriosa. Las limitaciones terrenas de tiempo y espacio parecen no existir. La actividad espiritual llega a ser de tal magnitud que nos deja sin palabras. Especialmente, porque si lees el Apocalipsis en oración, tu imaginación además de tu entendimiento también recibirá revelación. Y es ante ella, que quedamos sin palabras. Porque ¿cómo explicar con palabras humanas la manifestación de lo sobrenatural?

Este es el gran acontecimiento con el que comienza este libro, y al cual se le llama “la revelación”. Porque este es el momento en que Jesucristo se manifiesta, o revela al mundo en toda su gloria. Recordemos las palabras de Juan en el capítulo uno:

“¡Miren que viene en las nubes!

Y todos lo verán con sus propios ojos,

incluso quienes lo traspasaron;

y por él harán lamentación

todos los pueblos de la tierra. ¡Así será! Amén.

«Yo soy el Alfa y la Omega —dice el Señor Dios—, el que es y que era y

que ha de venir, el Todopoderoso.» (Ap 1:7,8).

Pero quiero que veamos también que en esta manifestación lo hace con toda la gloria y la magnificencia de Dios. Su figura es hermosa, y a la vez temible. Sólo sus seguidores pueden estar delante de el en adoración y disfrutando de su presencia. Los que no quisieron reconocerle… ese día lamentarán. Así lo describe el apóstol:

«Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba y, al volverme, vi siete candelabros de oro.13 En medio de los candelabros estaba alguien «semejante al Hijo del hombre»,[a] vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies y ceñido con una banda de oro a la altura del pecho.14 Su cabellera lucía blanca como la lana, como la nieve; y sus ojos resplandecían como llama de fuego.15 Sus pies parecían bronce al rojo vivo en un horno, y su voz era tan fuerte como el estruendo de una catarata.16 En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su rostro era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17 Al verlo, caí a sus pies como muerto; pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo. Yo soy el Primero y el Último,18 y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno. Ap 1:12-18.

¿No es hermoso como la biblia se amplía y explica a sí misma? Así sucede, cuando como en este caso, unimos los relatos relacionados aunque estén separado en el desarrollo.

Ante esta primera visión Juan queda tan afectado que cae como muerto a sus pies. ¿Quién podría estar en pie ante semejante gloria? Imaginemos entonces ante este relato del capítulo 19 que estamos tratando, cuando esa gloria de la presencia del Señor se manifieste en proyección a todo el mundo. Sin duda, toda rodilla se doblará!

Hay que notar también que esta es la segunda oportunidad en que se abre la puerta del cielo, como en 4:1 donde tenemos también un relato del arrebatamiento de la iglesia. Ahora en cambio, se abren para que Cristo y su iglesia regresen triunfantes a la tierra. Claro que para comenzar un proceso de conquista que terminará en un reinado de mil años.

Es normal entonces que nos preguntemos, pero ¿quiénes forman parte de esta iglesia conquistadora? Pues todos los santos redimidos del cielo, con los santos del Antiguo Testamento, los santos de la era de la iglesia y los santos de la tribulación. Todos ellos regresan pues deben participar en esa grande y determinante batalla denominada el armagedón.

El Nombre que describe al Señor aquí es Fiel y Verdadero. Los creyentes los saben porque es el mismo Juan quien nos lo ha enseñado (1 Jn 1:9). Gracias a ese carácter perfecto del señor tenemos garantizado el perdón de nuestros pecados. El se mueve en fidelidad y verdad.

La otra característica es su justicia. Nunca debemos dudar que El siempre hará lo que es mejor. Aunque a veces nosotros no comprendamos sus caminos. Sus ojos –v 12– resplandecen como llama de fuego. Nada escapa a su Omnisciencia, El todo lo sabe. Las diademas que ciñen su cabeza representan su autoridad, son muchas porque El es El todopoderoso, y simbolizan la soberanía total y universal. No son perecederas como las del dragón y su agente el anticristo.

“Lleva escrito un nombre que nadie conoce sino sólo él.” Relacionado con los nombres con que se presenta el jinete aquí transcribimos el comentario de H. A. Ironside: «…el sentido de cada uno de los tres nombres es como sigue: a)El nombre que sólo Él conoce indica la gloria eterna del Hijo, al que solamente el Padre conoce; b) el Verbo de Dios alude a su Encarnación (Jn. 1:1, 14, 18); c) el Rey de Reyes y Señor de Señores alude a su segunda venida.”

Por otra parte, se nos dice que el jinete lleva un manto salpicado de sangre (como los generales romanos). Algunos creen que representa a otras batallas victoriosas. Sin embargo se me ocurre que puede representar la mayor de las batallas ganada por Cristo en la cruz del calvario. Su sangre derramada. Que venció al diablo, a la muerte y al pecado. En este caso será precisamente esa autoridad la que será aplicada en la batalla de armagedón contra sus enemigos.

En el verso 14, podemos apreciar el gran ejército que le sigue, que obviamente por la vestimenta “vestidos de lino blanco puro” se refiere a los redimidos. Lo cual no imposibilita que también lo acompañan ángeles, ya que siempre son ellos los que en el mundo espiritual ganan las batallas que se materializan en la dimensión humana.

Ahora en el verso 15, vemos las armas de este majestuoso general que dirige sus tropas victoriosas. La primera es:

a) Su palabra, simbolizada aquí por la espada que sale de su boca. “De su boca sale una espada afilada, con la que herirá a las *naciones.” Dice Bruce: “La espada simboliza el poder irresistible de su palabra de Juicio y de gracia.”

b) «Las gobernará con puño de hierro.» ( Comp. con 2:27; 12:5; Salmo 2:9; Is 11:4). Poniendo de relieve su autoridad indiscutible.

c) “Él mismo exprime uvas en el lagar del furor del castigo que viene de Dios Todopoderoso.” Solo podemos añadir aquí que ya es tarde para pedir misericordia luego de haber rechazado tantas y numerosas oportunidades de redención.

Concluye aquí con el v 16, “En su manto y sobre el muslo lleva escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.” Como decíamos al empezar este pasaje, imposible de siquiera poder captar toda la gloria de la persona de Cristo que aquí se presenta. Toda ella es llena de gloria e iluminada por la santidad del carácter de su presencia. El nombre en su muslo manifiesta su poderío y autoridad. Como lo describe M. Henry “… la rebelión contra Dios y contra su ungido (Sal. 2: 1-4) va a ser totalmente destruida. ¡Cómo se aprecia ahora la intimación del mismo Salmo 2:10-12, a fin de llegar a tiempo a la bendición que obtienen los que creen en Él.” ¡Gloria al REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES!

Notas al pie:

  1. Apocalipsis 19:15 gobernará — hierro. Lit. pastoreará con cetro de hierro; Sal 2:9.

 

 

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Apocalipsis: Las Bodas del Cordero (45)

diciembre 14, 2011 by admin 2 Comments



 

Apocalipsis capítulo 19

Las bodas del Cordero

6 «Después oí voces como el rumor de una inmensa multitud, como el estruendo de una catarata y como el retumbar de potentes truenos, que exclamaban:
«¡Aleluya!
Ya ha comenzado a reinar el Señor,
nuestro Dios Todopoderoso.
7 ¡Alegrémonos y regocijémonos
y démosle gloria!
Ya ha llegado el día de las bodas del Cordero.
Su novia se ha preparado,
8 y se le ha concedido vestirse
de lino fino, limpio y resplandeciente.»

(El lino fino representa las acciones justas de los *santos.)

9 El ángel me dijo: «Escribe: “¡*Dichosos los que han sido convidados a la cena de las bodas del Cordero!” » Y añadió: «Estas son las palabras verdaderas de Dios.»
10 Me postré a sus pies para adorarlo. Pero él me dijo: «¡No, cuidado! Soy un siervo como tú y como tus hermanos que se mantienen fieles al testimonio de Jesús. ¡Adora sólo a Dios! El testimonio de Jesús es el espíritu que inspira la profecía.»

Siguiendo la continuidad con el pasaje anterior, ahora vemos que esta gran multitud hace un anuncio. Las bodas del Cordero. Y con un desarrollo que va creciendo paulatinamente en importancia. Pues en este caso, es un clímax, que nos lleva al cumplimiento de la Palabra de Dios para todos los que esperamos viviendo en fe cada día.

Todo el multitudinario coro celestial canta:

“¡Alegrémonos y regocijémonos
y démosle gloria!
Ya ha llegado el día de las bodas del Cordero.
Su novia se ha preparado…” (v. 7).

Al comienzo de este estudio vimos brevemente algunas escuelas de interpretación. Entre ellas la futurista. Ellos creen que la iglesia fue llevada al cielo al comienzo de los siete años de la tribulación (4:1). Esto nos da a entender claramente que el compromiso nupcial de Cristo con su esposa, la iglesia, se hizo ya en el cielo. Esto es también afirmado en 1 Ts 4:17, donde nos dice que la iglesia salió al encuentro del Señor “en el aire”. Aquí se la describe como “preparada” término éste que en el griego significaba “que se preparó a si misma”, es decir, ya perfectamente “ataviada”.

¿Qué significa esto entonces? Que ahora, ya pasada la gran tribulación, y que los reinos del mundo han regresado a manos del Señor y de su Cristo, todo está listo para celebrar el gran banquete en la tierra. He aquí esa diferencia que ha veces confunde el bosquejo de los acontecimientos. Me refiero a que primero Cristo viene “por sus santos” (antes de la gran tribulación) y luego “viene con sus santos” (posterior a la gran tribulación).

En otras palabras, primero la iglesia se fue al cielo -mientras duró la gran tribulación – y luego regresará para reinar con Cristo por mil años.

Aquí debemos detenernos, pues es interpretado por la mayoría de los estudiosos, que al ser arrebatados nosotros la Iglesia – previo a la boda – entraremos en el reino celestial al tribunal de Cristo (que es una tribuna para recibir galardones y coronas). Así lo describe San Pablo:

“Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo.” (2 Co 5:10). Vea también 1 Corintios 3:14,15.

Esto es parte de la preparación que ya mencionamos, pues entonces, luego de este juicio el pueblo de Dios estará vestido de gala con lino fino, limpio y resplandeciente porque la sangre de Cristo le habrá santificado y perfeccionado. Con cuanta expectativa anhelamos escuchar a nuestro Señor decirnos: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!” (Mt 25:21).

Está claro que en esta boda cada creyente es invitado, pues es parte de la novia que representa la iglesia. No importa a que dispensación pertenezca como algunos discuten. Tampoco a que nación. En ese día glorioso solo podrán entrar a la boda los que habiendo sido lavados con la sangre del cordero, y como su novia… “se le ha concedido vestirse de lino fino, limpio y resplandeciente.» (19:8). ¡Que alto privilegio al que somos llamados! Como lo describe el ángel:

“¡*Dichosos los que han sido convidados a la cena de las bodas del Cordero!” Y añadió: «Estas son las palabras verdaderas de Dios.» (19:9).

Ante tales palabras Juan es movido a la adoración. Quizás por todo lo que el ángel representaba. Sin embargo estaba equivocado. Dios no comparte su gloria. Por ello debemos notar que no hay lugar en la fe cristiana y bíblica para la adoración a ángeles. Mucho menos para para la oración a ellos por quienes pretenden desviar la fe de un solo Dios verdadero.


Mientras todo eso sucede en el cielo, paralelamente aquí en la tierra estará la semana 70 o Angustia de Jacob y la gran tribulación. (Daniel 9:24-27, Jeremías 30:5-11, Mateo 24:21). Esto significa que una vez cumplidos los tiempos, la espera para la redención final habrá terminado y Cristo viene desde el cielo con sus santos. Sin duda que en el calendario y en el reloj de Dios, el tiempo se está acercando a su fin. ¡Dichosos los que estamos invitados a la boda del Cordero!

 


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