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arrebatamiento

Apocalipsis: La Batalla de Armagedón (47).

enero 11, 2012 by admin 1 Comment

 

Apocalipsis Capítulo 19

La condenación final de la bestia y del falso profeta, vv. 17-21

Es, sin duda, majestuosa la figura del ángel, que nos dice que “parado sobre el sol”, gritaba la invitación a todas las aves del cielo, a la gran cena de Dios. Cosa que de alguna manera presenta un gran contraste con las “bodas de la Cena del Cordero” en el verso 9. Pues también queda claro en el texto que es una “cena” para las aves de rapiña (vea también Ez 39:17-20).

Podemos detenernos a considerar el lugar geográfico donde se libra la batalla, y teniendo en cuenta el lugar paralelo anterior en 16:14,16. Donde se nos presenta como Armagedón, es decir la meseta de Meguido, también denominada en otros pasajes como “llanura de Jezreel o de Esdraelón”. Para citar solo algunos eventos importantes, que allí acontecieron, podemos recordar la lucha de Barac contra los cananeos (Jue. 4:5), cuando hasta las estrellas pelearon desde sus órbitas; allí también derrotó Gedeón a los Madianitas (Jue. 7). Allí murió Josías a manos del faraón Necao (2 R. 23:29), entre otros hechos.

“Los reyes de la tierra con sus ejércitos”, son los que hasta este momento tienen todo el poder político y económico. Pero el papel protagónico sobre ellos lo tiene la bestia, es decir, el Anticristo, que es la misma del 13:1-10 y los reyes serán los diez reyes de la gran confederación europea -y a cambio del poder que han recibido- además de otros aliados, ayudarán a la bestia en la batalla final. El verso 20, que nos relata la captura del Anticristo, nos muestra detalles de la actividad que el falso profeta había desarrollado a su favor. Falsos milagros, con los que había engañado sobre la tierra a los que tenían la marca de la bestia.

Debemos notar que en este relato, el Anticristo y su falso profeta son arrojados vivos al infierno (v. 20). Esto aunque no debemos olvidar, que el infierno fue creado para el diablo y sus ángeles (Mt 25:41) Cuando el diablo sea arrojado en el infierno (20:10), el Anticristo y su falso profeta, habrán pasado allí más de mil años.

Por otra parte, del resto de los enemigos solo se nos informa que “fueron matados por la espada de Cristo y que todas las aves se hartaron de sus carnes” (v. 21). Es normal que nos preguntemos ¿a dónde fueron ellos?. Pues, descendieron en su muerte al sepulcro, para acudir unos mil años después, al juicio final ante el Gran Trono Blanco (20:11 y ss), antes de ser igualmente arrojados al infierno (20:15; 21:818).

Tenemos que notar aquí, que la victoria se lleva a cabo, no por las fuerzas celestiales del ejército de Jesucristo, sino por la todopoderosa Palabra de Dios simbolizada por la “espada aguda” (vv. 15,21-VRV) que sale de su boca. Esta palabra es como espada de dos filos, ya que puede ser palabra de gracia y misericordia para unos y palabra de juicio contra otros.

Esta misma palabra deja bien claro por el mensaje del evangelio, que el gran amor de Dios por la humanidad, se hace carne en Jesucristo “para que todo aquél que en El crea no se pierda sino que tenga vida eterna”. El plan de Dios es que cada ser humano se apropie de su gracia y sea bendecido en esta tierra y en la eternidad

Pero también Dios, es en su carácter justo, santo y soberano. En El hay un equilibrio perfecto en su personalidad. Por eso confiamos en un Dios de amor que quiere lo mejor para su creación. Pero la palabra de Dios nos enseña que El no puede contradecir su propia palabra. Sería una locura despreciar su misericordia porque entonces solo queda pasar por un juicio sin misericordia.

No podemos solo tomar los pasajes bíblicos que nos hablan de su amor, e ignorar los que nos hablan de su justo juicio. Como dice un estudioso: “La presente época revela la gracia de Dios y el juicio suspendido. La época venidera aunque continuará siendo revelación de la gracia de Dios, ofrecerá evidencia contundente de que Dios trae a juicio toda obra malvada, y que los que desprecian Su gracia han de experimentar Su ira.”

 

 

 

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Apocalipsis: La Segunda Venida de Cristo (46)

diciembre 29, 2011 by admin 8 Comments

Apocalipsis Capítulo 19

La Segunda venida de Cristo (vs 11-16)

En este momento crucial del relato Juan ve los cielos abiertos, y a Cristo, que regresa a la tierra en la figura de un jinete montado en su caballo blanco. Esta descripción de “ví el cielo abierto” nos hace relacionarla directamente con Ezequiel 1.1, donde también el profeta afirma:

“En el día quinto del mes cuarto del año treinta, mientras me encontraba entre los deportados a orillas del río Quebar, los cielos se abrieron y recibí visiones de Dios.”

Verdaderamente el Espíritu Santo lleva a sus siervos a una dimensión espiritual gloriosa. Las limitaciones terrenas de tiempo y espacio parecen no existir. La actividad espiritual llega a ser de tal magnitud que nos deja sin palabras. Especialmente, porque si lees el Apocalipsis en oración, tu imaginación además de tu entendimiento también recibirá revelación. Y es ante ella, que quedamos sin palabras. Porque ¿cómo explicar con palabras humanas la manifestación de lo sobrenatural?

Este es el gran acontecimiento con el que comienza este libro, y al cual se le llama “la revelación”. Porque este es el momento en que Jesucristo se manifiesta, o revela al mundo en toda su gloria. Recordemos las palabras de Juan en el capítulo uno:

“¡Miren que viene en las nubes!

Y todos lo verán con sus propios ojos,

incluso quienes lo traspasaron;

y por él harán lamentación

todos los pueblos de la tierra. ¡Así será! Amén.

«Yo soy el Alfa y la Omega —dice el Señor Dios—, el que es y que era y

que ha de venir, el Todopoderoso.» (Ap 1:7,8).

Pero quiero que veamos también que en esta manifestación lo hace con toda la gloria y la magnificencia de Dios. Su figura es hermosa, y a la vez temible. Sólo sus seguidores pueden estar delante de el en adoración y disfrutando de su presencia. Los que no quisieron reconocerle… ese día lamentarán. Así lo describe el apóstol:

«Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba y, al volverme, vi siete candelabros de oro.13 En medio de los candelabros estaba alguien «semejante al Hijo del hombre»,[a] vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies y ceñido con una banda de oro a la altura del pecho.14 Su cabellera lucía blanca como la lana, como la nieve; y sus ojos resplandecían como llama de fuego.15 Sus pies parecían bronce al rojo vivo en un horno, y su voz era tan fuerte como el estruendo de una catarata.16 En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su rostro era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17 Al verlo, caí a sus pies como muerto; pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo. Yo soy el Primero y el Último,18 y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno. Ap 1:12-18.

¿No es hermoso como la biblia se amplía y explica a sí misma? Así sucede, cuando como en este caso, unimos los relatos relacionados aunque estén separado en el desarrollo.

Ante esta primera visión Juan queda tan afectado que cae como muerto a sus pies. ¿Quién podría estar en pie ante semejante gloria? Imaginemos entonces ante este relato del capítulo 19 que estamos tratando, cuando esa gloria de la presencia del Señor se manifieste en proyección a todo el mundo. Sin duda, toda rodilla se doblará!

Hay que notar también que esta es la segunda oportunidad en que se abre la puerta del cielo, como en 4:1 donde tenemos también un relato del arrebatamiento de la iglesia. Ahora en cambio, se abren para que Cristo y su iglesia regresen triunfantes a la tierra. Claro que para comenzar un proceso de conquista que terminará en un reinado de mil años.

Es normal entonces que nos preguntemos, pero ¿quiénes forman parte de esta iglesia conquistadora? Pues todos los santos redimidos del cielo, con los santos del Antiguo Testamento, los santos de la era de la iglesia y los santos de la tribulación. Todos ellos regresan pues deben participar en esa grande y determinante batalla denominada el armagedón.

El Nombre que describe al Señor aquí es Fiel y Verdadero. Los creyentes los saben porque es el mismo Juan quien nos lo ha enseñado (1 Jn 1:9). Gracias a ese carácter perfecto del señor tenemos garantizado el perdón de nuestros pecados. El se mueve en fidelidad y verdad.

La otra característica es su justicia. Nunca debemos dudar que El siempre hará lo que es mejor. Aunque a veces nosotros no comprendamos sus caminos. Sus ojos –v 12– resplandecen como llama de fuego. Nada escapa a su Omnisciencia, El todo lo sabe. Las diademas que ciñen su cabeza representan su autoridad, son muchas porque El es El todopoderoso, y simbolizan la soberanía total y universal. No son perecederas como las del dragón y su agente el anticristo.

“Lleva escrito un nombre que nadie conoce sino sólo él.” Relacionado con los nombres con que se presenta el jinete aquí transcribimos el comentario de H. A. Ironside: «…el sentido de cada uno de los tres nombres es como sigue: a)El nombre que sólo Él conoce indica la gloria eterna del Hijo, al que solamente el Padre conoce; b) el Verbo de Dios alude a su Encarnación (Jn. 1:1, 14, 18); c) el Rey de Reyes y Señor de Señores alude a su segunda venida.”

Por otra parte, se nos dice que el jinete lleva un manto salpicado de sangre (como los generales romanos). Algunos creen que representa a otras batallas victoriosas. Sin embargo se me ocurre que puede representar la mayor de las batallas ganada por Cristo en la cruz del calvario. Su sangre derramada. Que venció al diablo, a la muerte y al pecado. En este caso será precisamente esa autoridad la que será aplicada en la batalla de armagedón contra sus enemigos.

En el verso 14, podemos apreciar el gran ejército que le sigue, que obviamente por la vestimenta “vestidos de lino blanco puro” se refiere a los redimidos. Lo cual no imposibilita que también lo acompañan ángeles, ya que siempre son ellos los que en el mundo espiritual ganan las batallas que se materializan en la dimensión humana.

Ahora en el verso 15, vemos las armas de este majestuoso general que dirige sus tropas victoriosas. La primera es:

a) Su palabra, simbolizada aquí por la espada que sale de su boca. “De su boca sale una espada afilada, con la que herirá a las *naciones.” Dice Bruce: “La espada simboliza el poder irresistible de su palabra de Juicio y de gracia.”

b) «Las gobernará con puño de hierro.» ( Comp. con 2:27; 12:5; Salmo 2:9; Is 11:4). Poniendo de relieve su autoridad indiscutible.

c) “Él mismo exprime uvas en el lagar del furor del castigo que viene de Dios Todopoderoso.” Solo podemos añadir aquí que ya es tarde para pedir misericordia luego de haber rechazado tantas y numerosas oportunidades de redención.

Concluye aquí con el v 16, “En su manto y sobre el muslo lleva escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.” Como decíamos al empezar este pasaje, imposible de siquiera poder captar toda la gloria de la persona de Cristo que aquí se presenta. Toda ella es llena de gloria e iluminada por la santidad del carácter de su presencia. El nombre en su muslo manifiesta su poderío y autoridad. Como lo describe M. Henry “… la rebelión contra Dios y contra su ungido (Sal. 2: 1-4) va a ser totalmente destruida. ¡Cómo se aprecia ahora la intimación del mismo Salmo 2:10-12, a fin de llegar a tiempo a la bendición que obtienen los que creen en Él.” ¡Gloria al REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES!

Notas al pie:

  1. Apocalipsis 19:15 gobernará — hierro. Lit. pastoreará con cetro de hierro; Sal 2:9.

 

 

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LA RESURRECCION FINAL (Pte 6)

julio 28, 2009 by admin 37 Comments

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LA RESURRECION FINAL

 

Después, Juan describe la resurrección final de todos los muertos restantes:

 

“Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos.

Y vi a los mertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron a-

biertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados

los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.

Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” Apocalipsis 20:20:11-15

 

En este relato observamos que la resurrección viene primero, y después el juicio. Este mismo principio se observa en cada etapa de la resurrección. Puesto que en sus cuerpos los hombres han cometido los actos buenos o malos, es en sus cuerpos también que tendrán que presentarse ante Dios para escuchar su juicio sobre esos actos.

 

Ya hemos visto que todos los que han confiado en Cristo para su salvación, serán resucitados antes del milenio. Esto incluirá los santos del antiguo pacto y los del nuevo pacto. Pareciera, por lo tanto, que la mayoría de los que resuciten al final del milenio, serán personas que han muerto en pecado e incredulidad.

 

En relación con esto es significativo qu Juan se refiera a los resucitados al final del milenio como “los muertos”: “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios.” Este lenguaje es diferente del que emplea para describir la resurrección de los justos muertos al principio del milenio. Respecto de éstos dice:

 

“Y vivieron y reinaron con Cristo por mil años.” (Apocalipsis 20:4).

 

Respecto de los justos resucitados, Juan dice no solo que fueron resucitados, sino tambien que “vivieron”; estaban vivos en el sentido más completo y verdadero. Por otra parte, los que Juan vio resucitar al final del milenio estaban todavía “muertos”. Aunque resucitados del sepulcro en sus cuerpos, estaban espiritualmente muertos, en delitos y pecados, alejados y excluidos de la presencia y confraternidad de Dios. Son llevados ante Dios por última vez, solo para oír su sentencia final de condenación sobre ellos.

A partir de entonces, su destino es el lago de fuego, “la muerte segunda”, el lugar de destierro final eterno, de la presencia de Dios, el lugar donde no hay esperanza ni cambio ni regreso.

 

Entre todos estos, sin embargo, la Escritura indica que habrá al menos dos categorias de personas que saldrán a la resurrección de vida y no de condenación.

Una de estas categorias incluye a gente como la reina del Sur (Sabá) y los hombres de Nínive a que alude Jesús:

 

“La reina del Sur se levantará en el juicio con los hombres de esta generación, y los condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí mas que salomón en este lugar. Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque a la predicación de Jonás se arrepintieron, y he aquí más que Jonás en este lugar.”

Lucas 11:31-32

 

En cada uno de estos ejemplos está claro que los hombres de esta generación (que rechazaron la misericordia que Jesús les ofrecía) se levantarán (resucitarán) para el juicio de condenación. Pero junto con ellos resucitarán dos grupos que recibirán misericordia en el juicio: la reina del Sur y los hombres de Nínive.

 

A diferencia de los santos del antiguo pacto, estos dos grupos no recibieron una revelación del sacrificio expiatorio de Cristo, anunciado en tipo y en profecía, en que ellos pudieran confiar para salvación. Consecuentemente no estarán incluidos en la resurrección de los que son de Cristo a su venida. Sin embargo, ellos respondieron en fe a la limitada luz que les llegó. Al final del milenio, por lo tanto, serán liberados de condenación y entrarán en la resurrección de vida.

 

¿Habrá otros de la misma categoría de la reina del Sur y los hombres de Nínive? Si así es, ¿quiénes? ¿Y cuántos? Las respuestas a estas preguntas pueden venir solamente de la omnisciencia del mismo Dios. No obstante, una cosa es cierta: los que han escuchado y rechazado el evangelio de Cristo se han excluido para siempre de la misericordia de Dios.

 

Una segunda categoría de gente que será librada de la condenación en la resurrección final serán los justos que hayan muerto durante el reino milenial de Cristo sobre la tierra.

 

Con respecto a este periodo milenial, encontramos el siguiente relato profético en Isaías:

 

“No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito.” Isaías 65:20

 

El cuadro que Isaías ofrece aquí de la vida en la tierra durante el milenio, indica que aunque el lapso de la vida humana será extendido mucho, de todas formas, tanto el justo como el pecador todavía estarán sujetos a la muerte. De esto podemos concluir que el justo que muera durante el milenio será resucitado a su final, pero que no estará sujeto al juicio de Dios sobre los injustos que resucitarán al mismo tiempo.

 

Si ahora volvemos a Apocalipsis 20, observamos lo completo y lo final que es la resurrección descrita por Juan:

 

“Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Apocalipsis 20:13

 

No habrá excepciones a esta resurrección final de los muertos restantes. Incluye a “cada uno”. Nadie es omitido. A cada dominio del universo creado por Dios se le exige con autoridad divina, que entregue a los muertos que tiene. Las tres palabras que Juan emplea en relación con esto son “el mar”, “la muerte” y “el Hades”.

 

El vocablo griego Hades corresponde al término hebreo Seol empleado en el Antiguo Testamento. El Hades o Seol es un lugar de confinamiento temporal para los espíritus de los difuntos, antes de su resurrección y juicio final. Después de la resurrección y juicio final, todos los injustos están condenados al lago de fuego. La palabra hebrea usada en el Antiguo Testamento para este lago de fuego no es Seol sino Gehena (infierno).

 

Por lo tanto hay una clara distinción entre Seol, o Hades, y Gehena, o lago de fuego. El Seol es un lugar de confinamiento temporal al que están condenados los espíritus-pero no los cuerpos-de los difuntos. El Gehena es un lugar de castigo final infinito, al que está condenada, después de la resurrección, la personalidad total de cada persona injusta: espíritu, alma y cuerpo juntos.

En Apocalipsis 20:14 se pone de manifiesto esta distinción entre Seol y Gehena:

 

“Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego”.

 

 

(Próxima entrega: “La muerte y el Hades son personas.”)

 

 

 

 

 

 

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AL FINAL DEL MILENIO (Pte 5)

julio 13, 2009 by admin 20 Comments

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AL FINAL DEL MILENIO

  Ahora examinaremos la fase final de la resurrección. Pablo indica que ésta será precedida de la resurrección de los verdaderos creyentes-”los que son de Cristo, en su venida”-y coincidirá con la consumación del reino milenial de Cristo:

“Pero cada uno a su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son decristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.” 1 Corintios 15:23-26

En el versículo 24 Pablo prosigue hasta la fase final de la resurrección. A esto se refiere él en la frase “Luego el fin”. Sigue adelante para indicar los otros sucesos importantes asociados con esta fase final de la resurrección.

Para entonces Cristo habrá completado su reino terrenal de mil años, al final del cual Dios el Padre habrá puesto a todos sus enemigos en sujeción a Cristo. El último de estos enemigos será la muerte.

  Después de esto, Cristo el Hijo, a su vez le ofrecerá su reino a Dios el Padre. De acuerdo con su posición de Hijo, voluntariamente pondrá su reino y su persona en sujeción a su Padre.

Este acontecimiento final del reino terrenal de Cristo lo describe Pablo dos versículos después:

“Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos. 1 Corintios 15:28

  Mientras estudiamos este cuadro profético del fin, observamos la perfecta armonía que exíste dentro de la Divinidad entre el Padre y el Hijo.

Primero Dios el Padre, durante el milenio, establecerá a Cristo el Hijo como su representante designado y gobernador sobre todas las cosas. Al final de este período el Padre habrá puesto a todos los enemigos de Cristo en sujeción a él; el último enemigo será la muerte. Después, Cristo el Hijo a su vez, sujetará bajo su Padre, su persona y todo lo que su Padre puso en sujeción bajo él. De este modo, dice Pablo, Dios el Padre, mediante Cristo, será “todo en todos”.

Este ofrecimiento de su reino completo que hace Cristo al Padre, representa el clímax y culminación del plan de Dios para todas las edades.

Pablo también describe esta gloriosa culminación del propósito de Dios:

“Dándonos a conocer (Dios) el misterio de su voluntad; según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.” Efesios 1:9-10

  Esto que hace Dios el Padre, de reunir todas las cosas en Cristo, traerá “la dispensación del cumplimiento de los tiempos”; es decir, el período que marcará la culminación y consumación de los planes de Dios, que han ido madurando gradualmente a lo largo de todas las edades precedentes.

  Si ahora volvemos a Apocalipsis 20, veremos exactamente la manera en que la resurrección final de todos los muertos restantes se relaciona con las otras partes del plan de Dios para la consumación del reino milenial de Cristo.

Juan describe el último intento de Satanás de oponerse a la autoridad de Dios y de Cristo, y de provocar una rebelión contra ella. Esto sucede al final del milenio:

“Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión, y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo y los consumió. Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” Apocalipsis 20:7-10

Juan usa las frases “el campamento de los santos” y “y la ciudad amada” para describir la ciudad de Jerusalén y el territorio que la rodea. Durante el milenio, Jesusalén será el centro terrenal de la administración y gobierno de Cristo sobre las naciones de la tierra.

Durante este período, Satanás permanecerá prisionero en un abismo sin fondo, pero al final le será permitido salir sólo lo suficiente para provocar esta rebelión final entre las naciones gentiles, que culminará en un intento de atacar Jerusalén.

Pero Dios intervendrá con fuego del cielo. La rebelión será totalmente derrotada. Y el mismo Satanás será echado en el lago de fuego eterno, para ser atormentado allí junto con la bestia (el Anticristo) y el falso profeta. Estos dos últimos ya habrán sido echados en el lago de fuego cuando regrese Cristo a la tierra y comience el milenio.

 

(Próxima entrega: “La resurrección final”)

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LOS TESTIGOS Y LOS MARTIRES (Pte 4)

julio 1, 2009 by admin 35 Comments

Los testigos y los mártires

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En Apocalipsis 11 leemos el relato de dos testigos de Dios durante el período de la tribulación y su martirio final por “la bestia que sube del abismo”: el Anticristo.

 

«Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres

por tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados. (…) Pe-

ro despúes de tres días y medio entró en ellos el Espíritu de vida en-

viado por Dios, y se levantaron sobresus pies (…) Y oyeron una gran

voz del cielo que les decía: Subid acá. Y subieron al cielo en una nu-

be; y sus enemigos los vieron.»                  Apocalipisis 11:9,11-12

 

La referencia deja bien claro que esta fue una resurrección en todo el sentido de la palabra. Aunque sus cuerpos no fueron enterrados, estos dos mártires habían estado muertos por tres días y medio. Entonces, a la vista de todos sus enemigos, sus cuerpos fueron resucitados, y ascendieron al cielo. Es interesante observar que su ascensión al cielo es similar a cada uno de los casos que ya hemos examinado pues ocurre en una nube.

 

Parece claro que la resurrección de los dos testigos es distinta de la de los cristianos descrita en 1 Tesalonicenses 4:16-17. No está asociada con el descenso de Cristo de los cielos, ni se menciona otro acompañamiento, como de una trompeta o la voz de un arcángel.

 

Si ahora volvemos a Apocalipsis, encontramos el relato de lo que parece ser una etapa posterior a la resurrección de los justos:

 

«Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de

juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio

de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la

bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes

ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los

otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años.

Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene

parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potes-

tad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y rei-

narán con él mil años.»                                     Apocalipisis 20:4-6

 

La resurrección descrita aquí es de los que fueron decapitados y fueron mártires de Jesús durante el período de gobierno del Anticristo. Muestra que estos santos de la tribulación han sido resucitados al final de la gran tribulación, precisamente antes del establecimiento del reino milenial de Cristo. Ellos así comparten con el mismo Cristo, y con todos los otros santos resucitados, el privilegio de gobernar y juzgar a las naciones de la tierra durante el milenio.

 

Algunos comentaristas creen que estos mártires de la tribulación están incluidos en la resurrección de los cristianos descrita en 1 Tesalonicenses 4:16-17. Otros lo ven como una etapa distinta y subsecuente en la resurrección de los justos. Hay poco que ganar haciendo de estas diferencias un punto de controversia.

 

Juan cierra el relato de la resurrección de estos mártires con las palabras:

 

«Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tie-

en parte en la primera resurrección.»                Apocalipisis 20:5-6

 

Con estas palabras Juan aparentemente indica que “la primera resurrección” está terminada. Todos los que toman parte en esta resurrección son “bienaventurados y santos”. Es decir, todos son creyentes justos. (Hasta este punto, ninguno de los injustos a sido resucitado. La segunda resurrección, es que los injustos tienen su parte, la describe Juan en la última parte de Apocalipisis 20.)

 

Si ahora combinamos las revelaciones dadas por Pablo y Juan, podemos ofrecer el siguiente sumario de la resurrección de los justos:

 

La resurrección total de los justos, desde el momento que Cristo mismo resucitó hasta la resurrección de los mártires de la tribulación precisamente antes del milenio, Juan la llama “la primera resurrección”. Todos los que tomen parte en esta resurrección son “bienaventurados y santos”; es decir, todos son creyentes justos.

 

Sin embargo, dentro de esta resurrección total de los justos, podemos discernir al menos cuatro sucesos distintos:

 

1- “Cristo, las primicias”: Cristo mismo y los santos del Antiguo Testamentos que fueron resucitados en ese momento que Cristo resucitó.

 

2- “Aquellos que son de Cristo, a su venida”: Los verdaderos cristianos que están listos para encontrarse con Cristo a su regreso, junto con los que murieron en la fe. Todos éstos juntos, arrebatados en las nubes para encontrarse con Cristo en el aire.

 

3- Los “dos testigos” del período de la tribulación, que dejan muertos pero sin enterrar durante tres días y medio, y que entonces son resucitados y ascienden al cielo en una nube.

 

4- Los que queden de los mártires de la tribulación, resucitados al final del período de la tribulación, para compartir con Cristo y otros santos el privilegio de gobernar y juzgar a las naciones de la tierra durante el milenio.

 

Tal es, en breve, el cuadro de la resurrección de los justos que se encuentra en el Nuevo Testamento.

(Próxima entrega: «Al final del milenio»)

 

 

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EL ARREBATAMIENTO DE LOS VERDADEROS CRISTIANOS (Pte 3)

junio 14, 2009 by admin 46 Comments

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La resurrección y el arrebatamiento de los verdaderos cristianos

 

Pablo describe la resurrección de los cristianos para recibir a Cristo en su venida:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” 1 Tesalonicenses 4:13-18.

 

El propósito primordial de la enseñanza aquí es consolar a los creyentes cristianos en lo relativo a otros cristianos-parientes u otros seres queridos-que han muerto. Estos cristianos que han muerto son descritos como “los que durmieron”,o, más exactamente, “los que durmieron en él”. Esto significa los que murieron en la fe del evangelio. El mensaje de consuelo se basa en la seguridad de que éstos, y todos los otros verdaderos creyentes, resucitarán.

 

La descripción real de esta fase de la resurrección es como sigue:

Primero: se oirán tres sonidos impresionantes que la precederán. El primero será la voz de mando del mismo Señor Jesucristo, tal como él mismo predijo:

 

“Todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” Juan 5:28-29

 

Unicamente la voz de Cristo tiene poder para hacer que los muertos salgan de sus tumbas. Pero en este momento particular él llamará sólo a los muertos justos; a los que han muerto en la fe. El llamado a los muertos injustos se reservará para la última fase de la resurrección.

 

Los otros dos sonidos que se escucharán en ese momento serán la voz de un arcángel y la trompeta de Dios. El arcángel aquí mencionado será probablemente Gabriel, pues pareciera que su ministerio especial es proclamar sobre la tierra las inminentes intervenciones de Dios en los asuntos de los hombres.

 

El uso principal de la trompeta en la Biblia es para reunir al puebo de Dios en algún momento especial de crisis. El sonido de la trompeta en esta ocasión sería la señal para que todo el pueblo de Dios se juntara a él en su descenso del cielo.

 

Sobre la tierra ocurrirán dos grandes sucesos en rápida sucesión.

Primero, todos los verdaderos creyentes que han muerto en la fe resucitarán.

Segundo, todos los verdaderos creyentes que estén vivos en la tierra en ese momento, sufrirán un cambio instantáneo y sobrenatural en sus cuerpos.

Entonces ambas compañías de creyentes-los que resucitaron y los que fueron transformados en su cuerpo sin haber muerto-juntos serán arrebatados rápidamente, por el poder sobrenatural de Dios, en el aire. Allí serán recibidos en las nubes, y en esas nubes se reunirán con su Señor y unos con otros. De ahí en adelante el Señor y sus creyentes redimidos permanecerán unidos para siempre en inalterable armonía y confraternidad.

 

Hay un significado especial en dos de los términos griegos que se úsan en este pasaje. Donde dice “seremos arrebatados”, el verbo griego traducido “arrebatados” es arpazö. Este significa quitar con violencia o tomar con precipitación. En el Nuevo Testamento se usa cuatro veces para describir la forma en que la gente es arrebatada hasta el cielo.

 

Además se usa en Hechos 8:39, donde leemos que “el Espíritu del Señor arrebató a Felipe” de donde estaba con el eunuco etíope. Jesús lo usa en Juan 10:12 para describir el lobo “arrebatando” las ovejas. También lo usa en Mateo 13:19 para describir a los pájaros llevándose las semillas sembradas junto al camino. Se usa en Judas versículo 23 para describir el acto de sacar gente del fuego.

 

Tradicionalmente, los comentadores de la Biblia han traducido arpazö con el vocablo arrebatamiento como nombre y arrebatar como verbo.

Arrebatar se deriva de un verbo latino que significa precisamente lo mismo que arpazó: “quitar o tomar alguna cosas con violencia y fuerza.” En el resto de estos estudios, usaremos arrebatar en este sentido, equivalente de arpazó. El uso que hace Pablo del verbo arpazö es deliberado y tiene la intención de dar la impresión de un acto violento y rápido. En realidad, sugiere el acto particular de un ladrón. Con respecto a eso, concuerda con otras escrituras, que comparan este aspecto de la venida de Cristo con el de un ladrón:

 

“He aquí, yo vengo como ladrón.” (Apocalipsis 16:15)

 

“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.” (Mateo 24:42-43)

 

Observemos la sugerencia de violencia en la frase “no dejaría minar su casa.”

Podemos decir, por lo tanto, que la venida de Cristo por su iglesia en este punto será como la de un ladrón en los siguientes aspectos. Será súbita, inesperada, sin advertencia; culminará en un solo acto violento de arrebatamiento. Además, lo que será arrebatado será el más valioso tesoro de la tierra: los verdaderos cristianos. Sin embargo, como ya hemos dicho, la venida de Cristo será diferente que la de un ladrón en un aspecto sumamente importante: Cristo se llevará únicamente lo que ya es suyo por derecho de redención.

 

Primera de Tesalonicenses 4:17 contiene otra muy importante palabra griega. Dice que nos encontraremos con el Señor “en el aire”. El vocablo griego usado aquí es aër.

Este es uno de los dos términos griegos normalmente traducidos “aire”. El otro es aithêr. La diferencia entre los dos es que aër denota el aire más bajo, la atmósfera que está en contacto con la superficie de la tierra; aithêr denota el aire más allá de la atmósfera, a considerable distancia de la superficie de la tierra.

 

Pablo se refiere otra vez a este mismo momento de la resurrección y arrebatamiento en primera Corintios:

 

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.” (1 Cor. 15:51,52)

 

Pablo da a conocer “un misterio”; un secreto del plan de Dios para la iglesia que no ha sido revelado antes. El secreto descubierto es este: Todos los verdaderos creyentes juntos serán arrebatados a la venida del Señor, pero no todos habrán muerto y resucitado.

Aquellos que estén vivos cuando venga el Señor, no morirán, pero sus cuerpos sufrirán un cambio instantáneo y milagroso. En este cambio sus cuerpos quedarán exactamente como los de los otros creyentes que han sido resucitados de la muerte.

 

El siguiente versículo resume la naturaleza del cambio que tendrá lugar:

 

“Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.” (1 Corintios 15:53)

 

En vez de ser mortal y corruptible, el nuevo cuerpo de cada creyente será inmortal e incorruptible.

¿Constituye esta descripción de Pablo un cuadro completo de la resurrección de todos los creyentes antes del establecimiento del reino de Cristo en el milenio?

La respuesta a esta pregunta parecería ser no. Porque parecería que al menos dos etapas más de la resurrección de los justos están anotadas en el libro de Apocalipsis.

 

 

(Próxima entrega: “Los testigos y los mártires.”)

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LOS CINCO PROPOSITOS DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO (2)

junio 2, 2009 by admin 48 Comments

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Los cinco propósitos de la segunda venida de Cristo

Brevemente, podemos mencionar los cinco propósitos principales por los que Cristo vendrá otra vez:

1- Cristo vendrá por la Iglesia. Vendrá como el Novio para recibir a todos los verdaderos creyentes como su novia. Ellos se unirán con Cristo, por resurrección o por cambio instantáneo de sus cuerpos todavía vivos. Jesús prometió a sus discípulos:

Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Juan 14:3

 

2- Cristo vendrá para la salvación nacional de Israel. El remanente nacional de Israel, que ha sobrevivido los fuegos de la gran tribulación, reconocerá a Jesús como el Mesías y así se reconciliará con Dios y será restaurado a su favor y bendición. Esto se predice en la promesa de Dios a través de Isaías, citada por Pablo:

Y luego todo Israel será salvo, como está escrito:

Vendrá de Sion el Libertador,

Que apartará de Jacob la impiedad.

Y este será mi pacto con ellos,

Cuando yo quite sus pecados.

Romanos 11:26-27

 

 

3- Cristo volverá para destronar al Anticristo y al mismo Satanás:

y entonces se manifestará aquél inicuo (el Anticristo), a

quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destrui-

rá con el resplandor de su venida (parousia).

2 Tesalonicenses 2:8

 

4- Cristo vendrá para juzgar a las naciones gentiles. El mismo hizo esta predicción:

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los

santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de

gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y

apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las

ovejas de los cabritos.

Mateo 25:31-32

En los versículos que siguen, Jesús describe en detalle el procedimiento del juicio.

 

5- Cristo vendrá para el establecimiento de su reino milenial sobre la tierra. Esto está incluido en el pasaje en mateo 25 y predicho en Isaías:

Entonces la luna se abochornará, y el sol se avergonzará,

porque el Señor de los ejércitos reinará en el monte Sion

y en jerusalén, y delante de sus ancianos estará su gloria.

Isaías 24:23 (BLA)

 

También profetizado en Zacarías:

Y el Señor será rey sobre toda la tierra; aquel día el Señor

será uno, y uno Su nombre.

Zacarías 14:9 (BLA)

El tiempo en que Cristo reinará así aparece en Apocalipsis 20:4, donde se habla de los mártires del período de la tribulación:

Y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

 

(Milenio es una palabra que proviene del latín y significa “un período de mil años.”)

Así podemos resumir brevemente los cinco propósitos principales por los que Cristo vendrá:

1- Cristo vendrá por la Iglesia, para recibir para sí mismo a todos

los verdaderos cristianos.

2- Cristo vendrá para la salvación nacional de israel.

3- Cristo vendrá para derrocar al Anticristo y al mismo Satanás.

4- Cristo vendrá para juzgar a las naciones gentiles.

5- Cristo vendrá para establecer su reino milenial sobre la tierra.

 

Si bien hay un acuerdo general entre todos los creyentes en la Biblia respecto de estos propósitos principales de la segunda venida de Cristo, ha habido mucho debate y controversia en los detalles y la relación precisa de cada uno con todo el resto.

Algunas de los principales interrogantes que se han presentado son: ¿Todos estos propósitos para el regreso de Cristo se llevarán a cabo simultáneamente o habrá un tiempo intermedio entre unos y otros? Si es así, ¿en qué orden tendrán lugar? ¿Es posible que algunos coincidan con otros?

En este estudio evitaremos entrar innecesariamente en cuestiones controversiales, y nos circunscribiremos al aspecto particular del regreso de Cristo que está directamente relacionado con la resurrección de los justos.

(Próxima entrega: “La resurrección y el arrebatamiento de los verdaderos cristianos.”)

 

 

 

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LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO (1)

mayo 21, 2009 by admin 31 Comments

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Los que son de Cristo, en su venida

En el capítulo anterior examinamos la primera fase de la resurrección, llamada “Cristo, las primicias”. En el relato de la resurrección de Cristo en el Nuevo Testamento, vimos qué exacta y completamente cumplió la tipología profética de la ceremonia de las primicias, tal como estaba mandada para Israel en el Antiguo Testamento.

 Ahora procederemos a examinar la segunda fase importante de la resurrección; a la que Pablo se refiere como “los que son de Cristo en su venida” (1 Corintios 15:23).

Marcas de los verdaderos creyentes

Observemos con cuidado las frases exactas empleadas con respecto a esta segunda fase de la resurrección. Primero, el griego traducido aquí “venida” es parousia. Este es el término principalmente usado en el Nuevo Testamento para denotar ese aspecto de la segunda venida de Cristo que concierne primeramente a la Iglesia; es decir, la venida de Cristo, el Novio, para tomar a su novia, la Iglesia.

Segundo, tenemos que observar con qué cuidado Pablo especifica quiénes tomarán parte en esta segunda fase de la resurrección. El dice: “los que son de Cristo”. Esto ciertamente no incluye a todos los que hacen profesión de fe en Cristo. Cubre únicamente a quienes se han entregado de manera tan total y sin reservas a Cristo que son enteramente suyos. Ya no se pertenecen a sí mismos; pertenecen a Cristo.

Pablo describe un doble “sello” que marca a los que llenan estos requisitos:

«Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce le Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo». 2 Timoteo 2:19

En última instancia, sólo el Señor mismo conoce exactamente quiénes son los que le pertenecen a él. En su conducta externa, sin embargo, todos esos creyentes tienen una característica común: “se apartan de iniquidad”. Cualquiera que carezca de este segundo sello externo, no está entre los que el Señor reconoce como suyos.

En Gálatas, Pablo da una marca más que distinguen a esas personas:

«Pero los que son de Cristo, han crucificado la carne con sus pasiones y deseos». (5:24)

Los que profesan ser cristianos y llevan una vida negligente, carnal, egoísta, no serán contados entre los que Cristo recibirá como suyos.

Cristo viene es verdad, “como un ladrón”, pero ciertamente no viene a robar. El tomará consigo solamente los que ya son suyos.

Con esta advertencia en mente, consideremos qué ocurrirá en esta segunda fase principal de la resurrección. Puesto que está establecido que tendrá lugar “a la venida de Cristo”, es claro que la segunda fase está directamente asociada con su regreso.

El regreso de Cristo es uno de los principales temas de la profecía bíblica. Alguien ha estimado que por cada promesa en la Biblia relativa a la primera venida de Cristo, hay por lo menos cinco relativas a su segunda venida. Esto demuestra que parte tan grande desempeña el tema de la segunda venida de Cristo en el total de la revelación de la Escritura. Por esta razón queda fuera del alcance de nuestros estudios debatir en detalle cada cuestión relacionada con la segunda venida de Cristo.

Sin embargo, vale señalar que, en el propósito eterno de Dios, la segunda venida de Cristo está ordenada para llevar a cabo muchos propósitos diferentes. Estos propósitos son, en cierto sentido, distintos unos de otros, mas todos están interrelacionados en el plan total de Dios. Cada uno constituye un aspecto principal de la segunda venida de Cristo, una parte importante de todo el acontecimiento, según se anuncia en la Escritura.

(Próxima entrega: “Los cinco propósitos de la segunda venida de Cristo”)

Escogido de “el manual del cristiano lleno del Espíritu” por Derek Prince

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