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Los ángeles

Apocalipsis: Eventos Del Milenio (49)

febrero 8, 2012 by admin 3 Comments

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Apocalipsis

Capítulo 20

Versos 4-6

Eventos del Milenio

4 Entonces vi tronos donde se sentaron los que recibieron autoridad para juzgar. Vi también las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios. No habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni se habían dejado poner su marca en la frente ni en la mano. Volvieron a vivir y reinaron con *Cristo mil años.5 Ésta es la primera resurrección; los demás muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron los mil años.6 *Dichosos y santos los que tienen parte en la primera resurrección. La segunda muerte no tiene poder sobre ellos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.

La breve descripción de estos versos, comenzando con el v. 4, se refiere de una manera bastante breve a procurar describir los acontecimientos mas importantes de este nuevo orden milenario. Juan comienza aquí contemplando unos tronos y también a quienes se sientan en ellos (Lc 22:29-30; Mt 19:28). El Señor debemos recordar adelantó a los apóstoles que habrían de juzgar a las doce tribu de Israel.

Pero lo llamativo en este v. 4 es la acotación a “… las almas…” ya que se refiere a los mártires que habían sido decapitados -según la costumbre de las ejecuciones romanas- por negarse a adorar a la Bestia, ni reconocer su falsa autoridad, guardando el testimonio de Jesucristo con sus propias vidas. ¡Cuanto amor por el Salvador! ¡Que entrega! ¡Que compromiso! ¡Que consagración! Como sacude este testimonio, el lecho de una iglesia contemporánea que duerme el sueño de la complacencia. “Despiértanos Señor… porque a la puerta está el cumplimiento de la profecía!”

“Volvieron a vivir”… añade Juan, sí… volvieron a vivir, porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos pues para él todos viven! (Lc. 20:38). Nada nos puede separar de su amor… ni siquiera la muerte… que para el cristiano es nacer a la verdadera vida… como la cigarra cuando abandona su hábitat para elevar sus alas al vuelo de la verdadera libertad.

Así ellos, habiendo vencido la muerte “reinaron con Cristo mil años”. Ahora podrían gozar de las bendiciones de haber ofrendado sus vidas a su Señor.

¿Qué incluía ese nuevo estado de resurrección? Administrar el reino universal en la tierra como reyes, para concluir luego en un estado perfecto proyectado hacia la misma eternidad, como veremos luego en el capítulo siguiente.

Ahora bien, al llegar al v. 5, no debemos confundirnos, y entender, que los del v. 4 ya estaban resucitados. ¿Qué queremos decir?

Pues, que nos ayudará recordar, que esta primera resurrección – teniendo en cuenta todo el contexto del Nuevo Testamento – es una de etapas sucesivas y gloriosas.

Así, tenemos a Cristo que seguramente vendrá acompañado por los mencionados en el pasaje de Mt 27: 52,53.

Luego también, los que hayan participado en el arrebatamiento de la iglesia, según 1 Ts 4:15-17, el cual es muy importante consultar.

También le seguirán, los santos no pertenecientes a la iglesia y que se mencionan específicamente en el pasaje que estamos tratando en el verso 4. Podemos preguntarnos ¿Porqué? Pues, porque así como ellos, fueron humillados públicamente por su testimonio, así, son apartados por el Señor para presentar una victoria notable y relacionada con el establecimiento del reino de Cristo en la tierra.

Y los creyentes que hayan muerto durante el milenio, si entendemos que aun allí existirá la muerte (v. Is 65:20). Aunque aquí hay opiniones encontradas.

Finalmente, viene la segunda resurrección que está relacionada al juicio final de los impíos delante del Gran Trono Blanco. Donde comparecerán solo los incrédulos.

De esta manera el verso 6, enumera frases de bendición para los cristianos, como que son llamados “felices” o “dichosos”, dando a entender así, que se encuentran en un estado de perfecta felicidad, la que solo puede encontrarse en la misma presencia de Dios.

Es notable también la alusión que reza: “Sobre estos la segunda muerte no tiene autoridad”, recordemos que en el verso 14, leemos que “el lago de fuego es la muerte segunda”. Aclarando, así, que los que han muerto en el Señor, no sufren daño alguno de esta muerte segunda, pues “para los que están en Cristo Jesús no hay ya ahora ninguna condenación” (Ro. 8:1). ¡Sus ropas están lavadas con la sangre del Cordero!

Cobra mayor significado todavía, la verdad de que “… serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con El durante mil años”. A quién, si no a estos, se refiere ya desde el capítulo uno Juan, cuando dice en el 1:6, de que Cristo “… nos ha hecho un reino, sacerdotes para su Dios y Padre”. ¡Que maravilloso futuro para los lavados por la sangre del Cordero! Administrar los tesoros sagrados de nuestro Padre… privilegio exclusivo solo de sus sacerdotes y reyes. ¡Aleluya!

 

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Apocalipsis: El Milenio (48).

enero 24, 2012 by admin Leave a Comment

 

 

 

 

 

 

Apocalipsis

Capítulo 20

Otra vez, un ángel, es el protagonista, cuando Juan inicia el relato de otra faceta de  su revelación. Son por lo menos, catorce veces, que contempla un ángel (Ap 10:1;  1:18; 9:1 para citar algunos ejemplos). Las imágenes sobrenaturales se suceden  unas a otras a medida que el Espíritu lo hace recorrer sus caminos reveladores.

Los mil años

1 Vi además a un ángel que bajaba del cielo con la llave del *abismo y una gran cadena en la mano. 2 Sujetó al dragón, a aquella serpiente antigua que es el diablo y Satanás, y lo encadenó por mil años. 3 Lo arrojó al abismo, lo encerró y tapó la salida para que no engañara más a las *naciones, hasta que se cumplieran los mil años. Después habrá de ser soltado por algún tiempo. (Ap 20:1-3 NVI).

El ángel, tiene la guarda de “la llave del abismo”, que es el lugar de los demonios y espíritus inmundos según la Biblia nos enseña (Por ej. Ap 9:1, 2, 11; Lc 8:31; Ro 10:7). En relación con esta responsabilidad, el ángel, tiene la tarea de prender al diablo, atarlo y tenerlo atado por mil años. Ello involucra arrojarlo al abismo, usar la llave para encerrarlo, sellar la prisión y por último soltarlo al finalizar esos mil años.

Así vemos, que por designio divino, previamente planificado, el diablo es totalmente anulado por un lapso de tiempo específico. Lo que resalta de una manera evidente, la soberanía de Dios, en relación a la “autoridad” que el diablo tiene como “príncipe de las tinieblas” sobre la humanidad caída.

Nunca debemos olvidar, que el control de todas las situaciones le pertenece al Señor, aún cuando no entendamos dichos acontecimientos en el orden natural.

En el verso 2, se describe al diablo con cuatro palabras muy claras acerca de quien es… “dragón, aquella serpiente antigua… el diablo… Satanás…”. Vale por su importancia citar aquí un comentario de Matthew Henry que nos clarifica la situación presente y también futura del diablo, respondiendo a una pregunta, así lo expone el:

“Pero dirá alguien: ¿Es que el diablo no está, y ha estado siempre, en el infierno? ¡Pues no! La Palabra de Dios nos asegura que eso no es así: Hasta Apocalipsis 12:8 (comp. con Ef. 6:11,12), vemos que el diablo y la mayor parte de sus ángeles (excepto los de Jud. v. 6) están ubicados en el cielo atmosférico. Desde allí, será arrojado a la tierra en lo mas álgido de la Gran Tribulación (v. Ap. 12:9). Ahora, en el tiempo señalado en el versículo 3, del presente capítulo, es arrojado de la tierra al Abismo (que no es todavía el infierno). Finalmente, en el versículo 10, lo vemos arrojado al lago de azufre ardiente, es decir, al infierno.” Como habrán apreciado es un comentario muy revelador.

Así concluye este relato del verso 3. Describiendo la entrada de la raza humana redimida a un período de paz sin límites en la tierra, que se entiende como el reino milenial y universal en la tierra. Y esto solo será posible debido al plan divino que ha cancelado al diablo y sus mentiras con las que engañaba a los habitantes de la tierra.

Mas allá de los diferentes puntos de vista interpretativos de estos acontecimientos,  debemos tener en cuenta, que su realidad, como un hecho concreto en medio del  devenir histórico, es que se repite tan solo entre los versos 2 al 7, ¡seis veces! … lo  suficiente como para tomar el significado literal, como una realidad, basada en la Palabra de  Dios (2 Ti 3:16). Evento del que tendremos el privilegio de participar todos los que  esperamos la manifestación gloriosa de nuestro Señor Jesucristo acompañado de su  iglesia.

Por ello el estudio, la meditación, o simplemente la lectura de este maravilloso libro, es tan significativa para el cristiano, pues a medida que avanza página tras página en el desarrollo de esta revelación, nuestro corazón se inflama de amor y pasión, esperando ese día glorioso.

Apocalipsis, es el libro que hace arder el corazón del guerrero cristiano, mientras avanza a la ciudad celestial. La misma presencia de Dios lo atrae. El anhelo ardiente de ver su gloria.

Aquí, la visión de lo eterno, renueva las fuerzas debilitadas. El resplandor de Su gloria, da nueva vida al cansado.

Es demasiado grande y maravilloso, para describir con palabras… ¡lo que el Padre a preparado para los que le aman!

 

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Apocalipsis: La Batalla de Armagedón (47).

enero 11, 2012 by admin 1 Comment

 

Apocalipsis Capítulo 19

La condenación final de la bestia y del falso profeta, vv. 17-21

Es, sin duda, majestuosa la figura del ángel, que nos dice que “parado sobre el sol”, gritaba la invitación a todas las aves del cielo, a la gran cena de Dios. Cosa que de alguna manera presenta un gran contraste con las “bodas de la Cena del Cordero” en el verso 9. Pues también queda claro en el texto que es una “cena” para las aves de rapiña (vea también Ez 39:17-20).

Podemos detenernos a considerar el lugar geográfico donde se libra la batalla, y teniendo en cuenta el lugar paralelo anterior en 16:14,16. Donde se nos presenta como Armagedón, es decir la meseta de Meguido, también denominada en otros pasajes como “llanura de Jezreel o de Esdraelón”. Para citar solo algunos eventos importantes, que allí acontecieron, podemos recordar la lucha de Barac contra los cananeos (Jue. 4:5), cuando hasta las estrellas pelearon desde sus órbitas; allí también derrotó Gedeón a los Madianitas (Jue. 7). Allí murió Josías a manos del faraón Necao (2 R. 23:29), entre otros hechos.

“Los reyes de la tierra con sus ejércitos”, son los que hasta este momento tienen todo el poder político y económico. Pero el papel protagónico sobre ellos lo tiene la bestia, es decir, el Anticristo, que es la misma del 13:1-10 y los reyes serán los diez reyes de la gran confederación europea -y a cambio del poder que han recibido- además de otros aliados, ayudarán a la bestia en la batalla final. El verso 20, que nos relata la captura del Anticristo, nos muestra detalles de la actividad que el falso profeta había desarrollado a su favor. Falsos milagros, con los que había engañado sobre la tierra a los que tenían la marca de la bestia.

Debemos notar que en este relato, el Anticristo y su falso profeta son arrojados vivos al infierno (v. 20). Esto aunque no debemos olvidar, que el infierno fue creado para el diablo y sus ángeles (Mt 25:41) Cuando el diablo sea arrojado en el infierno (20:10), el Anticristo y su falso profeta, habrán pasado allí más de mil años.

Por otra parte, del resto de los enemigos solo se nos informa que “fueron matados por la espada de Cristo y que todas las aves se hartaron de sus carnes” (v. 21). Es normal que nos preguntemos ¿a dónde fueron ellos?. Pues, descendieron en su muerte al sepulcro, para acudir unos mil años después, al juicio final ante el Gran Trono Blanco (20:11 y ss), antes de ser igualmente arrojados al infierno (20:15; 21:818).

Tenemos que notar aquí, que la victoria se lleva a cabo, no por las fuerzas celestiales del ejército de Jesucristo, sino por la todopoderosa Palabra de Dios simbolizada por la “espada aguda” (vv. 15,21-VRV) que sale de su boca. Esta palabra es como espada de dos filos, ya que puede ser palabra de gracia y misericordia para unos y palabra de juicio contra otros.

Esta misma palabra deja bien claro por el mensaje del evangelio, que el gran amor de Dios por la humanidad, se hace carne en Jesucristo “para que todo aquél que en El crea no se pierda sino que tenga vida eterna”. El plan de Dios es que cada ser humano se apropie de su gracia y sea bendecido en esta tierra y en la eternidad

Pero también Dios, es en su carácter justo, santo y soberano. En El hay un equilibrio perfecto en su personalidad. Por eso confiamos en un Dios de amor que quiere lo mejor para su creación. Pero la palabra de Dios nos enseña que El no puede contradecir su propia palabra. Sería una locura despreciar su misericordia porque entonces solo queda pasar por un juicio sin misericordia.

No podemos solo tomar los pasajes bíblicos que nos hablan de su amor, e ignorar los que nos hablan de su justo juicio. Como dice un estudioso: “La presente época revela la gracia de Dios y el juicio suspendido. La época venidera aunque continuará siendo revelación de la gracia de Dios, ofrecerá evidencia contundente de que Dios trae a juicio toda obra malvada, y que los que desprecian Su gracia han de experimentar Su ira.”

 

 

 

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Apocalipsis: La Segunda Venida de Cristo (46)

diciembre 29, 2011 by admin 8 Comments

Apocalipsis Capítulo 19

La Segunda venida de Cristo (vs 11-16)

En este momento crucial del relato Juan ve los cielos abiertos, y a Cristo, que regresa a la tierra en la figura de un jinete montado en su caballo blanco. Esta descripción de “ví el cielo abierto” nos hace relacionarla directamente con Ezequiel 1.1, donde también el profeta afirma:

“En el día quinto del mes cuarto del año treinta, mientras me encontraba entre los deportados a orillas del río Quebar, los cielos se abrieron y recibí visiones de Dios.”

Verdaderamente el Espíritu Santo lleva a sus siervos a una dimensión espiritual gloriosa. Las limitaciones terrenas de tiempo y espacio parecen no existir. La actividad espiritual llega a ser de tal magnitud que nos deja sin palabras. Especialmente, porque si lees el Apocalipsis en oración, tu imaginación además de tu entendimiento también recibirá revelación. Y es ante ella, que quedamos sin palabras. Porque ¿cómo explicar con palabras humanas la manifestación de lo sobrenatural?

Este es el gran acontecimiento con el que comienza este libro, y al cual se le llama “la revelación”. Porque este es el momento en que Jesucristo se manifiesta, o revela al mundo en toda su gloria. Recordemos las palabras de Juan en el capítulo uno:

“¡Miren que viene en las nubes!

Y todos lo verán con sus propios ojos,

incluso quienes lo traspasaron;

y por él harán lamentación

todos los pueblos de la tierra. ¡Así será! Amén.

«Yo soy el Alfa y la Omega —dice el Señor Dios—, el que es y que era y

que ha de venir, el Todopoderoso.» (Ap 1:7,8).

Pero quiero que veamos también que en esta manifestación lo hace con toda la gloria y la magnificencia de Dios. Su figura es hermosa, y a la vez temible. Sólo sus seguidores pueden estar delante de el en adoración y disfrutando de su presencia. Los que no quisieron reconocerle… ese día lamentarán. Así lo describe el apóstol:

«Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba y, al volverme, vi siete candelabros de oro.13 En medio de los candelabros estaba alguien «semejante al Hijo del hombre»,[a] vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies y ceñido con una banda de oro a la altura del pecho.14 Su cabellera lucía blanca como la lana, como la nieve; y sus ojos resplandecían como llama de fuego.15 Sus pies parecían bronce al rojo vivo en un horno, y su voz era tan fuerte como el estruendo de una catarata.16 En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su rostro era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17 Al verlo, caí a sus pies como muerto; pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo. Yo soy el Primero y el Último,18 y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno. Ap 1:12-18.

¿No es hermoso como la biblia se amplía y explica a sí misma? Así sucede, cuando como en este caso, unimos los relatos relacionados aunque estén separado en el desarrollo.

Ante esta primera visión Juan queda tan afectado que cae como muerto a sus pies. ¿Quién podría estar en pie ante semejante gloria? Imaginemos entonces ante este relato del capítulo 19 que estamos tratando, cuando esa gloria de la presencia del Señor se manifieste en proyección a todo el mundo. Sin duda, toda rodilla se doblará!

Hay que notar también que esta es la segunda oportunidad en que se abre la puerta del cielo, como en 4:1 donde tenemos también un relato del arrebatamiento de la iglesia. Ahora en cambio, se abren para que Cristo y su iglesia regresen triunfantes a la tierra. Claro que para comenzar un proceso de conquista que terminará en un reinado de mil años.

Es normal entonces que nos preguntemos, pero ¿quiénes forman parte de esta iglesia conquistadora? Pues todos los santos redimidos del cielo, con los santos del Antiguo Testamento, los santos de la era de la iglesia y los santos de la tribulación. Todos ellos regresan pues deben participar en esa grande y determinante batalla denominada el armagedón.

El Nombre que describe al Señor aquí es Fiel y Verdadero. Los creyentes los saben porque es el mismo Juan quien nos lo ha enseñado (1 Jn 1:9). Gracias a ese carácter perfecto del señor tenemos garantizado el perdón de nuestros pecados. El se mueve en fidelidad y verdad.

La otra característica es su justicia. Nunca debemos dudar que El siempre hará lo que es mejor. Aunque a veces nosotros no comprendamos sus caminos. Sus ojos –v 12– resplandecen como llama de fuego. Nada escapa a su Omnisciencia, El todo lo sabe. Las diademas que ciñen su cabeza representan su autoridad, son muchas porque El es El todopoderoso, y simbolizan la soberanía total y universal. No son perecederas como las del dragón y su agente el anticristo.

“Lleva escrito un nombre que nadie conoce sino sólo él.” Relacionado con los nombres con que se presenta el jinete aquí transcribimos el comentario de H. A. Ironside: «…el sentido de cada uno de los tres nombres es como sigue: a)El nombre que sólo Él conoce indica la gloria eterna del Hijo, al que solamente el Padre conoce; b) el Verbo de Dios alude a su Encarnación (Jn. 1:1, 14, 18); c) el Rey de Reyes y Señor de Señores alude a su segunda venida.”

Por otra parte, se nos dice que el jinete lleva un manto salpicado de sangre (como los generales romanos). Algunos creen que representa a otras batallas victoriosas. Sin embargo se me ocurre que puede representar la mayor de las batallas ganada por Cristo en la cruz del calvario. Su sangre derramada. Que venció al diablo, a la muerte y al pecado. En este caso será precisamente esa autoridad la que será aplicada en la batalla de armagedón contra sus enemigos.

En el verso 14, podemos apreciar el gran ejército que le sigue, que obviamente por la vestimenta “vestidos de lino blanco puro” se refiere a los redimidos. Lo cual no imposibilita que también lo acompañan ángeles, ya que siempre son ellos los que en el mundo espiritual ganan las batallas que se materializan en la dimensión humana.

Ahora en el verso 15, vemos las armas de este majestuoso general que dirige sus tropas victoriosas. La primera es:

a) Su palabra, simbolizada aquí por la espada que sale de su boca. “De su boca sale una espada afilada, con la que herirá a las *naciones.” Dice Bruce: “La espada simboliza el poder irresistible de su palabra de Juicio y de gracia.”

b) «Las gobernará con puño de hierro.» ( Comp. con 2:27; 12:5; Salmo 2:9; Is 11:4). Poniendo de relieve su autoridad indiscutible.

c) “Él mismo exprime uvas en el lagar del furor del castigo que viene de Dios Todopoderoso.” Solo podemos añadir aquí que ya es tarde para pedir misericordia luego de haber rechazado tantas y numerosas oportunidades de redención.

Concluye aquí con el v 16, “En su manto y sobre el muslo lleva escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.” Como decíamos al empezar este pasaje, imposible de siquiera poder captar toda la gloria de la persona de Cristo que aquí se presenta. Toda ella es llena de gloria e iluminada por la santidad del carácter de su presencia. El nombre en su muslo manifiesta su poderío y autoridad. Como lo describe M. Henry “… la rebelión contra Dios y contra su ungido (Sal. 2: 1-4) va a ser totalmente destruida. ¡Cómo se aprecia ahora la intimación del mismo Salmo 2:10-12, a fin de llegar a tiempo a la bendición que obtienen los que creen en Él.” ¡Gloria al REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES!

Notas al pie:

  1. Apocalipsis 19:15 gobernará — hierro. Lit. pastoreará con cetro de hierro; Sal 2:9.

 

 

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Apocalipsis: Las Bodas del Cordero (45)

diciembre 14, 2011 by admin 2 Comments



 

Apocalipsis capítulo 19

Las bodas del Cordero

6 «Después oí voces como el rumor de una inmensa multitud, como el estruendo de una catarata y como el retumbar de potentes truenos, que exclamaban:
«¡Aleluya!
Ya ha comenzado a reinar el Señor,
nuestro Dios Todopoderoso.
7 ¡Alegrémonos y regocijémonos
y démosle gloria!
Ya ha llegado el día de las bodas del Cordero.
Su novia se ha preparado,
8 y se le ha concedido vestirse
de lino fino, limpio y resplandeciente.»

(El lino fino representa las acciones justas de los *santos.)

9 El ángel me dijo: «Escribe: “¡*Dichosos los que han sido convidados a la cena de las bodas del Cordero!” » Y añadió: «Estas son las palabras verdaderas de Dios.»
10 Me postré a sus pies para adorarlo. Pero él me dijo: «¡No, cuidado! Soy un siervo como tú y como tus hermanos que se mantienen fieles al testimonio de Jesús. ¡Adora sólo a Dios! El testimonio de Jesús es el espíritu que inspira la profecía.»

Siguiendo la continuidad con el pasaje anterior, ahora vemos que esta gran multitud hace un anuncio. Las bodas del Cordero. Y con un desarrollo que va creciendo paulatinamente en importancia. Pues en este caso, es un clímax, que nos lleva al cumplimiento de la Palabra de Dios para todos los que esperamos viviendo en fe cada día.

Todo el multitudinario coro celestial canta:

“¡Alegrémonos y regocijémonos
y démosle gloria!
Ya ha llegado el día de las bodas del Cordero.
Su novia se ha preparado…” (v. 7).

Al comienzo de este estudio vimos brevemente algunas escuelas de interpretación. Entre ellas la futurista. Ellos creen que la iglesia fue llevada al cielo al comienzo de los siete años de la tribulación (4:1). Esto nos da a entender claramente que el compromiso nupcial de Cristo con su esposa, la iglesia, se hizo ya en el cielo. Esto es también afirmado en 1 Ts 4:17, donde nos dice que la iglesia salió al encuentro del Señor “en el aire”. Aquí se la describe como “preparada” término éste que en el griego significaba “que se preparó a si misma”, es decir, ya perfectamente “ataviada”.

¿Qué significa esto entonces? Que ahora, ya pasada la gran tribulación, y que los reinos del mundo han regresado a manos del Señor y de su Cristo, todo está listo para celebrar el gran banquete en la tierra. He aquí esa diferencia que ha veces confunde el bosquejo de los acontecimientos. Me refiero a que primero Cristo viene “por sus santos” (antes de la gran tribulación) y luego “viene con sus santos” (posterior a la gran tribulación).

En otras palabras, primero la iglesia se fue al cielo -mientras duró la gran tribulación – y luego regresará para reinar con Cristo por mil años.

Aquí debemos detenernos, pues es interpretado por la mayoría de los estudiosos, que al ser arrebatados nosotros la Iglesia – previo a la boda – entraremos en el reino celestial al tribunal de Cristo (que es una tribuna para recibir galardones y coronas). Así lo describe San Pablo:

“Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo.” (2 Co 5:10). Vea también 1 Corintios 3:14,15.

Esto es parte de la preparación que ya mencionamos, pues entonces, luego de este juicio el pueblo de Dios estará vestido de gala con lino fino, limpio y resplandeciente porque la sangre de Cristo le habrá santificado y perfeccionado. Con cuanta expectativa anhelamos escuchar a nuestro Señor decirnos: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!” (Mt 25:21).

Está claro que en esta boda cada creyente es invitado, pues es parte de la novia que representa la iglesia. No importa a que dispensación pertenezca como algunos discuten. Tampoco a que nación. En ese día glorioso solo podrán entrar a la boda los que habiendo sido lavados con la sangre del cordero, y como su novia… “se le ha concedido vestirse de lino fino, limpio y resplandeciente.» (19:8). ¡Que alto privilegio al que somos llamados! Como lo describe el ángel:

“¡*Dichosos los que han sido convidados a la cena de las bodas del Cordero!” Y añadió: «Estas son las palabras verdaderas de Dios.» (19:9).

Ante tales palabras Juan es movido a la adoración. Quizás por todo lo que el ángel representaba. Sin embargo estaba equivocado. Dios no comparte su gloria. Por ello debemos notar que no hay lugar en la fe cristiana y bíblica para la adoración a ángeles. Mucho menos para para la oración a ellos por quienes pretenden desviar la fe de un solo Dios verdadero.


Mientras todo eso sucede en el cielo, paralelamente aquí en la tierra estará la semana 70 o Angustia de Jacob y la gran tribulación. (Daniel 9:24-27, Jeremías 30:5-11, Mateo 24:21). Esto significa que una vez cumplidos los tiempos, la espera para la redención final habrá terminado y Cristo viene desde el cielo con sus santos. Sin duda que en el calendario y en el reloj de Dios, el tiempo se está acercando a su fin. ¡Dichosos los que estamos invitados a la boda del Cordero!

 


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Apocalipsis: Fiesta en el cielo (44)

noviembre 30, 2011 by admin Leave a Comment

Apocalipsis 19

¡Aleluya!

1 Después de esto oí en el cielo un tremendo bullicio, como el de una inmensa multitud que exclamaba:
«¡Aleluya!
La salvación, la gloria y el poder son de nuestro Dios,
2 pues sus juicios son verdaderos y justos:
ha condenado a la famosa prostituta
que con sus adulterios corrompía la tierra;
ha vindicado la sangre de los *siervos de Dios derramada por ella.»
3 Y volvieron a exclamar:
«¡Aleluya!
El humo de ella sube por los siglos de los siglos.»
4 Entonces los veinticuatro *ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron y adoraron a Dios, que estaba sentado en el trono, y dijeron:
«¡Amén, Aleluya!»
5 Y del trono salió una voz que decía:
«¡Alaben ustedes a nuestro Dios,
todos sus siervos, grandes y pequeños,
que con reverente temor le sirven!»
6 Después oí voces como el rumor de una inmensa multitud, como el estruendo de una catarata y como el retumbar de potentes truenos, que exclamaban:
«¡Aleluya!
Ya ha comenzado a reinar el Señor,
nuestro Dios Todopoderoso.

Aunque no creo que haya palabras que puedan expresar la grandeza de la gloria de Dios, que Juan estaba viendo, y que revela este capítulo. Sin embargo, Juan ha tratado con todos los elementos disponibles a su alcance, describir la grandeza de esta visión. Es de imaginar la impotencia que habrá experimentado… ¿cómo describir semejantes escenas celestiales?

Por ello, debemos notar que según el verso uno, el relato comienza cambiando del escenario humano a la dimensión eterna. De allí su grandeza. De allí su realidad que supera cualquier intento humano de describirlo.

“Después de esto oí en el cielo…” (v1a), hay como un paréntesis de tiempo entre el relato anterior y éste cuando ya el se encuentra en el mismo cielo. Antes, Juan estaba en medio de la conclusión del juicio de Dios en medio de la Gran Babilonia – que para él representa al imperio romano de su época, perseguidor y verdadero azote de la iglesia de Cristo.

Delante del mismo trono de De Dios, mira y escucha Juan, a una gran multitud que exclama sus constantes aleluyas, expresando a la vez, y de diferentes maneras, el carácter santo y justo de Dios en relación a su fidelidad para con quienes le han seguido, aún a costa de sus propias vidas.

Notemos, que la palabra aleluya, que no se usa en ninguna parte del Nuevo Testamento, en este capítulo aparece cuatro veces en los primeros seis versículos. Esta palabra procede de dos palabras hebreas que significan: “Alaben al Señor” (Sal 135:1).

Continuando con esta idea del verso uno, y ante todo este panorama de fiesta celestial rodeando el trono, nos comenta J. Vernon McGee: “El capítulo 19 marca un cambio dramático en el tono de Apocalipsis. La destrucción de Babilonia, capital del reino de la Bestia, señala el fin de la Gran Tribulación. Lo sombrío da paso al cantar. Hay un pasar de las tinieblas a la luz, de negro a blanco, de terribles días de juicio a espléndidos días de bendición. Este capítulo hace una definida bifurcación en Apocalipsis, y desemboca en el mayor evento para el mundo: la segunda Venida de Cristo. Es el puente entre la Gran Tribulación y el Milenio”.

Podemos notar también, que el relato del verso 4 es semejante a la que ya vimos en 4:4-10, sólo que en lugar de las alabanzas de allí, aquí simplemente tenemos un Amén, seguido del tercer Aleluya del capítulo.

Ahora en el verso 5 se expresa una nueva voz, esta vez “salida del trono”, y ante su invitación la fiesta en los cielos es grande cuando los santos, los veinticuatro ancianos, los cuatro seres vivientes (cap 4), y las demás huestes celestiales reconocen que Babilonia, representativa del sistema político-militar corrompido ha caído y está totalmente eliminada.

Todos estos forman un inmenso coro, cuya magnitud numérica y potencia vocal se pone de manifiesto representándola como una gran cascada y potentes truenos. Las voces elevan su canto con el cuarto y último “aleluya” y sigue con dos expresiones, “ha comenzado a reinar el Señor” y “nuestro Dios, el Todopoderoso”. Será de una gran bendición meditar en estos versos en oración para tu vida. En el espíritu verás como Juan, el futuro de Gloria que espera a su iglesia. Y a todos aquellos que día a día son probados, pero que aún así permanecen fieles, pues han aprendido, que “ha comenzado a reinar el Señor” y “nuestro Dios, el Todopoderoso” tiene la última palabra. ¡Bendiciones!

 

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Apocalipsis: Alegría por la caída de Babilonia (43)

noviembre 16, 2011 by admin 1 Comment

Apocalipsis 18

Versos 20-24

Concluimos el estudio anterior, con la angustia de los reyes y mercaderes de la tierra. Ahora como un contraste muy significativo el apóstol Juan nos describe las aclamaciones en el cielo, donde los santos, los apóstoles y los profetas son estimulados a regocijarse por la caída de Babilonia. No es un festejo con espíritu vengativo, sino con la alegría de ver el triunfo de la justicia de Dios tan largamente esperado.

En primer lugar, (v. 20) el grito de aclamación, probablemente de labios del mismo Juan, como algunos piensan. Y que dice en la NVI:

20 ¡Alégrate, oh cielo, por lo que le ha sucedido!
¡Alégrense también ustedes, *santos, apóstoles y profetas!,
porque Dios, al juzgarla,
les ha hecho justicia a ustedes.» (18:20)

Y aunque el juicio de los malos sea la vindicación de los justos, sin embargo es significativo entender la actitud que debemos tener en estos casos. Un comentario esclarecedor es el de Bruce (ob. Cit., 1.705, 1.706) que dice: “En los juicios de Dios, rectamente considerados, el pueblo de Dios puede regocijarse de modo apropiado, pero se regocijará temblando, al recordar que Sus juicios comienzan por los de Su propia casa (1 P.4:1, siguiendo a Ez. 9:6; Am. 3:2.)”

En segundo lugar, tenemos lo que debemos interpretar como una acción simbólica de la desaparición total de la Gran Babilonia en el v21. Un ángel extremadamente fuerte levanta una gran rueda de molino y la arroja al mar con una palabra profética de inminente ejecución.

21 Entonces un ángel poderoso levantó una piedra del tamaño de una gran rueda de molino, y la arrojó al mar diciendo:
«Así también tú, Babilonia, gran ciudad,
serás derribada con la misma violencia,
y desaparecerás de la faz de la tierra.”

Esta escena es similar a la de Jeremías 51:61-64 en la que Dios le ordena al profeta que ejecute para representar la caída de Babilonia. El acto tiene una connotación destructiva, de la misma manera que una piedra arrojada al mar jamás volverá a ser hallada. Así sucedería con la Gran Babilonia.

Lo que vemos en tercer y último lugar en este capítulo tiene que ver con un silencio sepulcral… “Jamás volverá a oírse en ti…” (v.22ª).

Y en este caso será de importancia leer las palabras del ángel:

22 Jamás volverá a oírse en ti
la música de los cantantes
y de arpas, flautas y trompetas.
Jamás volverá a hallarse en ti
ningún tipo de artesano.
Jamás volverá a oírse en ti
el ruido de la rueda de molino.
23 Jamás volverá a brillar en ti
la luz de ninguna lámpara.
Jamás volverá a sentirse en ti
el regocijo de las nupcias.[b]
Porque tus comerciantes
eran los magnates del mundo,
porque con tus hechicerías
engañaste a todas las naciones,
24 porque en ti se halló sangre de profetas y de santos,
y de todos los que han sido asesinados en la tierra.»

Así que vemos aquí que el mismo ángel nos ayuda a descubrir las causas que determinaron la destrucción de la ciudad. (Podemos ver también textos similares en Jeremías 7:34; 16:9; 25:10; Isaías 13:20-22; Ezequiel 26:13).

Los mercaderes-que en el momento de escribir Juan pueden representar a Roma-habían traficado con las personas y corrompido la tierra (v 23b) convirtiéndose en magnates sin Dios que todo lo controlaban y manipulaban. Puede ver Isaías 23:8.

Por otra parte, con sus brujerías (hechicerías en la VRV), lo cual incluía drogas, venenos y pociones en las copas etc. Habían engañado, seducido y extraviado no solo a sí mismos sino también al mundo entero (v.23d, comp. Con Is.47:12).

Sin embargo, el peor crimen de todos era haber derramado sangre inocente. Esta siempre ha sido una de las marcas de los imperios a lo largo de la historia, v.24: “la de los profetas, que habían predicado el evangelio de salvación y habían amonestado para bien; la de los santos, que habían sellado con su sangre el difícil testimonio durante la Gran Tribulación; y la de todos los degollados (lit.) sobre la tierra”, por el mero hecho de obedecer a Dios y creer en Jesús (12:17).”

Concluyendo, les comparto un comentario sobre los versos 22 y 23, por D. Turner, en el Curso de la Academia Cristiana del Aire, Apocalipsis, página 105, col. 1ª.:”Todos estos que tuvieron relación con Babilonia, se acaban. No habrá mas jazz ni rock and roll, ni pinturas modernistas, ni novelas llamadas realistas, en vez de nombrarlas por su verdadero carácter de inmorales pornográficas, obscenas. Estas cosas que los espíritus diabólicos han usado como carnada o cebo para atraer y entrampar a la juventud especialmente, ya dejarán de existir, siendo quemadas todas en el fuego de Dios.” (Citado por M. Henry).

Todavía la Babilonia moderna que representa a nuestra sociedad mundial se siente arrogantemente auto poderosa. Pero la Palabra de Dios es fiel y verdadera. Dios no abandona a sus santos.

 

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Apocalipsis: El llanto de los Reyes y los Mercaderes (42)

octubre 30, 2011 by admin 4 Comments

Apocalipsis 18: 9 – 19

En estos versos, se nos describe de una manera bastante dramática, lo que sienten los Reyes y los Mercaderes por la caída de Babilonia. También las endechas con que se lamentan por su destrucción.

Al menos son tres los grupos específicos que lloran también paralelamente (vv 11-19), al ver el incendio y la destrucción total de la tan próspera ciudad. Ellos representan a todas luces el corazón del sistema político y comercial del cual se vanagloriaban. Reyes, comerciantes y marineros. A través de ellos se realizaba toda transacción de las diferentes riquezas de objetos preciosos y de manufacturación. Es interesante observar esa larga lista con la que los mercaderes comerciaban con la gran ciudad, en algunos de sus detalles.

Todo lo que servía para la ostentación humana, joyas y atuendos diversos (v 12). Vea también Ezequiel 27:12 y ss.

Muebles de lujo: las maderas más finas y olorosas (v 12b).

Luego describe las diferentes especies, y también los ungüentos y lo mejor del trigo, del vino y del aceite (v 13ª).

Continúa con el ganado y los caballos, para las carreras o para la guerra (v 13b).

Y concluye su lista con lo más triste, enmarcando hasta dónde puede llegar la corrupción humana. El tráfico humano. Las almas de los hombres. Su esclavitud.

De este trágico panorama comenta Matthew Henry lo siguiente: “Finalmente, “cuerpos” (gr. Sómata). El vocablo griego es el que los LXX usan para designar a los esclavos en Génesis 36:6. Realmente, para los amos paganos, los esclavos eran meramente cuerpos para el trabajo, para los juegos circenses o para los burdeles de prostitución masculina. Y, con los cuerpos, las almas humanas o, mejor, vidas humanas, ya que psukhás no tiene aquí ningún sentido moral ni espiritual, sino que designa probablemente “los esclavos dedicados a las artes liberales, a ser pedagogos, literatos, artistas” (Bartina, ob. Cit., pág. 796).”

¿Cómo se puede explicar tanta maldad para que el hombre venda y compre a su semejante como mercadería? Solo la diabólica presencia del espíritu del anticristo operando en la humanidad hasta enceguecerla. Hoy como lo ha sido en toda la historia humana el tráfico humano sigue siendo una realidad aún en niños pequeños. La sociedad contemporánea en su bajeza moral ha llegado a aceptar la prostitución en sus diferentes formas como legal. Indefectiblemente a la venta o servicio del cuerpo van unidas las preciosas “… almas de los hombres.” Almas que Satanás quiere que se pierdan. Pero que Dios ama hasta el límite de toda paciencia concebible y quiere que se salven (2P 3:9b).

Posteriormente, el autor hace como una “recapitulación final”. La versión Reina Valera dice:

Los frutos codiciados por tu alma se apartaron de ti, y todas las cosas exquisitas y espléndidas te han faltado, y nunca más las hallarás (18:14).

La primera frase de este verso, nos muestra el origen de toda esta calamidad inminente por la que viene el juicio de Dios. La codicia y el amor hacia lo espléndidamente mundano como forma de vida egoísta. Tal es la situación de un alma que no ha sido redimida por la obra redentora del Cordero de Dios.

Pues la idea en el texto original designa “todo lo que más apetecían los que compraban y vendían”, esa es la idea del v 14 que dice literalmente: “y el fruto del deseo de tu alma se alejó de ti.”

Así que todo lo que representaba su prosperidad y esplendor -que los enorgullecía- se había desvanecido definitivamente.

Todo el clamor y duelo de estos comerciantes, en realidad (vs 16,17) que era lo que ellos tenían fijado en sus corazones. En contrapartida, nos hará bien y traerá luz a nuestro espíritu, recordar las palabras de nuestros Señor Jesucristo.

No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. Mt 6: 19-21

¡Cuán fácil podemos ser contaminados por los valores seculares que niegan los principios de Dios! Por ello la misma palabra de Dios nos exhorta a examinar de continuo nuestro corazón.

Todas las lamentaciones y lloros de los marinos y sus socios mercantes, por ejemplo en el v 19, no eran de pena por la ciudad o sus habitantes, sino más bien por lo mucho que les dolía a su orgullo lo que ellos mismos habían perdido. Todo ese arrojarse polvo sobre su cabeza era señal de gran duelo entre los orientales. Claro que era un gran dolor egoísta por ellos mismos y que más amaban ¡sus riquezas!


 

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Apocalipsis: ¡Escapa de Babilonia! (41)

octubre 14, 2011 by admin 1 Comment

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Apocalipsis 18: 4 – 8

Aunque ya hemos comentado el verso cuatro, sin embargo, cabe reflexionar acerca de que esta orden de Dios a su pueblo (el remanente que todavía quedaba en la ciudad), tiene un cariz de urgencia, porque nos da la impresión de que los acontecimientos están viniendo ahora mismo sobre sus cabezas.

Tan urgente – recordamos aquí – como la forma apresurada en que los ángeles de Dios empujaron a Lot y su familia a salir de Sodoma y Gomorra ante su inminente destrucción (Gn 19:15).

Nos ayudará leer estos versículos del capítulo 18 en la NVI de la Biblia:

4 Luego oí otra voz del cielo que decía:
«Salgan de ella, pueblo mío,
para que no sean cómplices de sus pecados,
ni los alcance ninguna de sus plagas;
5 pues sus pecados se han amontonado hasta el cielo,
y de sus injusticias se ha acordado Dios.
6 Páguenle con la misma moneda;
denle el doble de lo que ha cometido,
y en la misma copa en que ella preparó bebida
mézclenle una doble porción.
7 En la medida en que ella se entregó a la vanagloria y al arrogante lujo
denle tormento y aflicción;
porque en su corazón se jacta:
«Estoy sentada como reina;
no soy viuda ni sufriré jamás.»
8 Por eso, en un solo día le sobrevendrán sus plagas:
pestilencia, aflicción y hambre.
Será consumida por el fuego,
porque poderoso es el Señor Dios que la juzga.»

Si miramos con atención los eventos se desarrollan delante de nosotros de una manera ordenada. Primero, porque si los creyentes que sobrevivieron a la persecución de la bestia no salen a tiempo les alcanzará también a ellos todas estas plagas, que van a ser derramadas inmediatamente.

A continuación se nos describe la causa de tan gran castigo. A Babilonia le ha llegado su hora por el hecho de que “sus pecados se han apilado hasta el cielo”, que es como decir, que han llegado hasta el mismo Dios. Haciendo “recordar” a Dios la magnitud de sus maldades.

En el verso 7, podemos apreciar lo grave de su pecado que es glorificarse a sí misma y vivir en un lujo desmesurado, lo que expresa en su corazón un orgullo y una jactancia sumamente exagerada. Convencida de que su pretendido estado de seguridad perduraría para siempre.

Así es siempre el engaño que el diablo ofrece a cualquier sistema jurídico social que pretende vivir en prosperidad sin tener conciencia de un verdadero temor de Dios.

Dios tiene mucha paciencia (2P 3:9). Pero en sus planes eternos, cuando el juicio llega es siempre instantáneo y llega cuando nadie lo espera (Mt 24:36-44). Es lo que da a entender la frase “en un solo día la alcanzarán todas sus plagas…” remarcando así, la rapidez de esta visitación. También podemos ver otros ejemplos en Dn 5:5 “…en aquella misma hora” ó en Lc 12:20 donde afirma “esta noche” allí nos recalca que el rico insensato lo perdió todo en una sola noche.

¿Qué aprendemos nosotros de esta parte del relato de Juan? Debemos estar siempre preparados porque no sabemos cuando El puede visitarnos. O que juicio puede caer sobre la tierra. O sobre nuestra ciudad. Siempre pensando que nos toca vivir en una sociedad trastocada en sus valores espirituales y morales. También ahora como esta babilonia simbólica el mundo se jacta de no necesitar ayuda y mucho menos a Dios.

Mientras tanto, seamos nosotros por la gracia de Dios sal y luz en medio de ella. Ya que en cualquier momento el Señor puede decirnos “salid de en medio de ella pueblo mío…” porque ha llegado su hora. La cual para ellos será de juico más para nosotros de gloria. Clamemos a Dios para que siga derramando su misericordia sobre la tierra y en cada lugar donde nos toca vivir a cada uno. “¡Úsame Señor como instrumento para la salvación de las almas perdidas!”

Por eso, queridos hermanos, mientras esperan estos acontecimientos, esfuércense para que Dios los halle sin mancha y sin defecto, y en paz con él. 2P 3:14

 

 

 

 

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Apocalipsis: La caída de Babilonia (40)

septiembre 28, 2011 by admin 1 Comment

Capítulo 18

LA CAÍDA DE BABILONIA

Recapitulemos entonces, pues debemos notar que los capítulos diecisiete y dieciocho son en realidad una especie de intervalo, que nos brindan más información acerca de la caída de Babilonia.

El capítulo diecisiete nos proporcionó por su relato, una mayor y más detallada comprensión relacionada con la desaparición de ese sistema religioso llamado – según el vr 5 – el misterio de la gran Babilonia (vea también el 14:8).

El capítulo que nos ocupa ahora, nos dará aún más datos significativos sobre la gran destrucción del sistema político, militar y económico entre otros que la ciudad de Babilonia representa en este relato.

Lo primero que nos llama la atención, como ya lo mencionamos anteriormente es como la actividad angélica continúa siendo protagonista en estos capítulos. De allí el comienzo del relato del verso uno, que nos presenta otra vez la imagen gloriosa de un ángel que desciende del cielo, y hace notar Juan “…con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria.”

Contrastando así mucho más notablemente el poder y la gloria del mensajero, que representa a su Señor con la maldad de quiénes debían recibir el mensaje de juicio y sobre el cual ya no tenían poder de cambiar su designio. Simplemente porque el tiempo estaba ya cumplido y el juicio ya se estaba ejecutando.



Nos podemos imaginar esa ciudad, orgullosa de sí misma, una verdadera fortaleza que se construyó a orillas del gran rio Éufrates, se dice que sus jardines colgantes eran una de las siete maravillas del mundo conocido, y que contaba entre sus hazañas el haber llevado al pueblo de Dios cautivo según el relato del Antiguo Testamento.

Así que de una manera metafórica, Dios utiliza el mismo nombre de esa potencia mundial pagana, para la que posterior al relato de Juan cautivará a los habitantes de la tierra.

Veremos entonces que en este capítulo Juan nos describirá de una manera muy llamativa la destrucción de la ciudad de Babilonia, que es la sede del poder político y económico del Anticristo. En el capítulo anterior vimos como nos describía el desmantelamiento del sistema religioso idólatra mundial. Ahora comienza el capítulo dieciocho diciendo: “Después de esto”; en clara referencia a la destrucción de la Babilonia religiosa. Tal como le fuese mostrado en la visión que le fue revelada.

Dice en el verso 2, que la gran ciudad que representa los sistemas políticos y religiosos del mundo se convirtió en “morada de demonios.” Y desde la isla de Patmos donde se encuentra exiliado predice la destrucción de Babilonia, como un hecho ya consumado. Para algunos intérpretes se refiere a la caída del imperio romano. ( Ap 11:8; 14:8).

En el verso 3, dice que los Reyes de la tierra cometieron adulterio (espiritual) con ella y que los comerciantes se enriquecieron a costa de sus lujos excesivos. Bien advierte la escritura que el amor al dinero es la raíz de toda clase de males (1 Ti 6:10).

Ahora, como en un paréntesis obligado aparece el verso 4, con una clara advertencia profética que es común siempre al pueblo de Dios (Is 52:11; Jer 51:45) cuando se refiere a Israel o en todo caso a la iglesia contemporánea (2Co 6:17).

En todo caso, esta voz celestial que se escucha viene revestida de autoridad. Su propósito es claro. Nos enseña que debemos vivir en santidad para no ser partícipes de pecados ajenos. Mucho más si tenemos en cuenta que cada día esperamos la venida de nuestro Señor y Salvador.

El verso 5, nos hace reflexionar acerca de la enseñanza en el Antiguo Testamento donde se nos enseña que la demora de los juicios divinos significaba una mayor retribución para la siguiente (Mt 23:34-36).

De todas maneras hasta aquí el relato nos hace tomar conciencia de la inminente manifestación de este juicio final. Oremos y perseveremos, para que en ese dia estemos de pie con una fe fortalecida, por el conocimiento de su palabra y una vida verdaderamente consagrada. Aún en la debilidad humana, y cuando la gente tiene miedo por toda clase de crisis, el cristiano levanta su cabeza para mirar a su Señor. No lo olvides entonces:

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,
puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.” Hebreos 12:1-3

Este es el secreto en medio de la crisis moral y espiritual que está destruyendo nuestra sociedad. Correr con paciencia la carrera, no abandonar nunca. Jesús no se cansó. Y espera que nosotros le emulemos. ¡¡Puestos los ojos en Jesús!!

 

 

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