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mesias

Apocalipsis: El dragón imitando la obra de Dios y de Cristo (28)

marzo 31, 2011 by admin 12 Comments

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 13: 1-10

El dragón imitando la obra de Dios y de Cristo

Satanás, arrojado del cielo sobre la tierra, lleno de odio se propone aprovechar el tiempo que le queda con el fin de destruir la obra de Dios en este mundo. Toda la historia de la humanidad es testigo de este esfuerzo maligno hasta el presente.

Este capítulo nos describe la estrategia del dragón para la lucha con la descendencia de la mujer, que representa sin lugar  dudas a la iglesia de Jesucristo el Señor.

La señal característica aquí es que su reino es organizado imitando el modelo de su adversario, es decir el cordero de Dios.

El diablo prepara para su bestia una especie de resurrección seguida por la entronización –imitándo la del cordero de Dios – para que todos le adoren.

Importante: todo el relato deja ver el propósito del dragón: ser adorado como dios. Y como no puede lograr esa meta. Causa ésta, en definitiva, por la cual fue arrojado del cielo. Hace todo lo posible para engañar a la gente. Siempre el diablo trabajará para robarle la gloria a Dios. Muchas veces usará si fuese necesario a los mismos cristianos. No son pocos los que caen en la trampa diabólica de enaltecerse contaminados con el espíritu de la serpiente antigua, que sigue susurrando a sus oídos: “Seréis como dioses.”

 Siempre imitando la obra de Dios, el dragón deberá recurrir a la segunda bestia, para enfrentar la formidable fuerza del cordero y de su iglesia. Aquí tenemos otra copia. Las dos bestias imitando a los dos testigos de Cristo – que ya vimos en apocalipsis 11 – se enfrentan con el cordero.

Así vemos que el capítulo 13, nos relata y describe esas dos bestias, que no son otra cosa que instrumentos del dragón para hacer la guerra a la iglesia de Cristo. ¿Quiénes son ó qué representan estas bestias?

La primera bestia puede representar el dominio político, representado a su vez por la Roma imperial en todo su esplendor militarista. Había conquistado con las armas todo el mundo conocido. Prácticamente se erguía como una bestia sedienta de poder, ante quien todos los otros reyezuelos se humillaban.

 La segunda bestia, podría representar el poder del sacerdocio pagano, especialmente el de Asia menor que se había sometido a los caprichos de los emperadores de turno.

También se interpreta a esta bestia como el poder religioso oficializado en el siglo III, cuando la Roma pagana se vuelve cristiana por orden de Constantino. Mientras la iglesia católica oficial, usaba su poder para enriquecerse, y obtener cada vez más poder social y político, la verdadera iglesia sobrevivía en la oscuridad de las catacumbas, en el temor de pagar con sus vidas si eran descubiertos.

 Algunos hablan de la bestia del occidente y la bestia de oriente. Interpretación ésta, que como veremos a continuación, siempre nos deja con esa sensación propia del apocalipisis. Por un lado nos representa lo que parece estar sucediendo en ese momento. Pero por el otro, la continuidaddel relato con figuras simbólicas, nos proyecta hacia un devenir de prueba y tribulación relacionada con un período de persecusión de la verdadera iglesia.

No debemos olvidar entonces, que Dios es soberano. Siempre habra preguntas que queden sin respuestas aparentes. Pero lo cierto, es que la revelación de Dios ha sido completada en la Biblia como su palabra. Así que el mensaje está claro, mientras la historia se desarrolla delante de nosotros, estamos llamados a confiar siempre. Jesucristo tiene la última palabra. Y eso es mas que suficiente.

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Apocalipsis: La persecusión de la iglesia (27).

marzo 16, 2011 by admin 5 Comments

La mujer huye al desierto.

Se ha interpretado que el “rio de agua” que el dragón lanzó tras la mujer quizás se refiera a las persecuciones de la iglesia del imperio romano, aunque parece acercarse más a las persecuciones de la gran tribulación.

¿Qué significa el desierto? Primero, puede significar la transición de la iglesia de judía a gentil. Los creyentes de la iglesia primitiva supieron lo que era la soledad de la fe, el rechazo y la marginación. Como su Señor la iglesia misma tuvo que beber de la copa del desierto.

También podemos interpretar el pasaje como que nos da a entender, que el remanente fiel de Israel será preservado entre los gentiles durante el período de la gran tribulación. Por supuesto nada es definitivo. Todas estas figuras son representativas.

Muchos interpretan que después del surgimiento de “Babilonia”, la iglesia ramera del capítulo 17, así interpretada, la iglesia verdadera debió esconderse “mientras la iglesia ramera estaba sobre un trono de poder mundial, la iglesia verdadera estaba fuera de vista en el desierto.”

Notemos ahora lo llamativo de los tiempos utilizados en relación con los otros relatos.

Ya hemos visto que constantemente se utilizan tres expresiones que significan el mismo plazo de tiempo.

La ciudad santa fue hollada 42 meses.

La bestia vivió 42 meses después de sanar de su herida mortal.

Los dos testigos profetizaron en cilicio 1260 días.

Resumiendo: la ciudad santa fue hollada mientras la mujer estuvo en el desierto, los dos testigos profetizaban en cilicio, y Babilonia (la bestia revivida?) estaba sobre el trono, todo al mismo tiempo.

¿Cómo lo ven los distintos intérpretes?

-LOS FUTURISTAS lo entienden como tres años y medio literales.

-LOS HISTÓRICOS aceptan la teoría de un día por año (Ezeq. 4:6), según la cual 1260 días serían 1260 años y eso sería la duración aproximada de la edad media.

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Apocalipsis: La guerra en el cielo (26).

marzo 4, 2011 by admin 13 Comments

Apocalipsis 12

LAS FIGURAS Y SU POSIBLE SIGNIFICADO (Continuación…)

La guerra en el cielo (vrs 7-12).

Aquí vemos a Satanás enfurecido por su fracaso en eliminar al fundador del reino de Dios en la tierra, crucificándole, ¿a qué se refiere este relato de los versos 7 al 12? Parece que en su odio destructor el diablo se atrevió a seguir a Cristo en su ascensión cómo último intento de dañar la persona y obra de Cristo.

Decimos esto, porque debemos notar que el texto, nos saca del contexto terrestre, es decir, de la historia del pueblo y la iglesia militante, para llevarnos a un plano superior. La dimensión del cielo. Leamos el vr. 7: “Después, hubo una gran batalla en el cielo…”

Y así vemos una gran batalla. La que nos impacta al intentar imaginarnos en figuras lo que será o fue semejante enfrentamiento. ¿Se imaginan este impactante campo de batalla y el fragor de las armas?

El ejército de ángeles buenos se enfrenta a los espíritus caídos, y logran derrotarlos.

Al frente de los ángeles de está Miguel, (Mikaiel, término hebreo compuesto que significa: QUIEN COMO DIOS), quien con su victoria ha puesto el sello final, o mejor confirma la victoria de Jesucristo.

Jesús, hablando proféticamente sobre la derrota que le infligiría al diablo muriendo sobre la cruz, dijo: “Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será arrojado fuera.” Juan 12:31 (vers. Nácar Colunga).

En otra ocasión agregó “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.” Lc 10:18 (Vers. N.C).

En su ministerio terrenal la expulsión de los demonios era una clara demostración de victoria sobre el príncipe de las tinieblas, y también el claro retroceso de las tinieblas ante el poder del reino de Dios manifestado en Jesucristo.

De la misma manera los cristianos vencerán a los demonios en el poder del nombre de Jesús. El así lo ha establecido.

También es cierto que las persecuciones que El sufrió de parte del mundo y del príncipe Satanás alcanzarán muchas veces a los suyos, porque el discípulo no puede ser mejor que su maestro. (Juan 15:18-22).

En todo caso, la victoria de Cristo, siempre será nuestra victoria. Nada debemos temer.

Según Efesios 2:2, el cielo atmosférico es la morada de las potestades aéreas, según las creencias antiguas. Así se desprende también de la biblia.

En este ámbito tiene lugar la gran batalla ente las legiones del Padre Celestial (Mt. 26:53), y las de Satanás (vr.7).

El mismo Miguel, protector del pueblo de Israel en Daniel (10:21; 12:1), aparece en el apocalipsis como el protector y general del ISRAEL DE DIOS, es decir, la iglesia de Jesucristo.

Algo llamativo es que aunque este libro está lleno de referencias a los ángeles, es la primera vez que se da el nombre de uno de ellos.

Perdida toda oportunidad de causar daño en el cielo, desde ahora en adelante, el diablo se dedica a estorbar e impedir en cuanto  le sea posible, la obra redentora de Cristo en su extensión a través de la iglesia.

Hasta aquí, estamos viendo, si queremos resumirlo, que esta “guerra en el cielo”, es una representación gráfica, a la vez que simbólica, de lo que le sucedió a Satanás en la muerte y resurrección de Jesucristo.

Pero también piensan algunos, que su lanzamiento del cielo puede ser simultáneo con la tribulación y causa de la misma. Es decir, consecuencia de la frustración y odio de Satanás.

Más allá del significado exacto, es, evidentemente aquello mismo que Jesús vio en su visión de Lucas 10:18.

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APOCALIPSIS: El dragón (25).

febrero 17, 2011 by admin 10 Comments

 

CAPÍTULO 12

A – LAS FIGURAS Y SU POSIBLE SIGNIFICADO (continuación…)

El dragón

3 «También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; 

4 y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese.»  Apocalipsis 12: 3-4

Este es claramente identificado como el diablo. Noten ustedes la descripción de este dragón. Las “siete cabezas, siete diademas y diez cuernos,” representan el dominio de Satanás como príncipe de este mundo caído; como también, sería mejor decir, su pretensión de dominio universal y sus esfuerzos por alcanzarlo.

Tengamos siempre en cuenta que: es el dios de este mundo; pero no es Dios. No es omnipotente, ni se halla en todas partes simultáneamente (omnipresente), tampoco sabe todas las cosas (omnisciente). No hay dos dioses, Dios y el diablo, solamente hay un Dios verdadero. Ni que hablar de creador y soberano. Simplemente el es un ser creado (un ángel) y por lo tanto limitado como tal. Es dentro del gobierno y la soberanía de Dios, un poderoso príncipe del mal, a quien por causas completamente desconocidas para nosotros se le permite perturbar a la raza humana. Sin embargo está claramente revelado en las escrituras que su destino es inevitable.

Su color escarlata o rojo, probablemente signifique su naturaleza homicida, como lo describió Jesús, el homicidio es su origen, y es también su arma.

El vr. 4, nos describe que “su cola arrastraba la tercera parte del cielo” y que las arroja sobre la tierra con gran ira. Estas estrellas no son otras cosas que representaciones de los ángeles que se rebelaron con él, ahora demonios, que bajo sus órdenes son arrojados a la tierra contra los santos de Dios, también para influir y llevar la apostasía a los dirigentes de la iglesia. Tal como también se demuestra en las páginas del Nuevo Testamento.

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Apocalipsis: Figuras y Representaciones (24).

enero 30, 2011 by admin 8 Comments

CAPÍTULO 12

A – LAS FIGURAS Y SU POSIBLE SIGNIFICADO (continuación…)

b-  El niño.

El lenguaje y el contexto implican sin duda de que se trata del Mesías. Además es notable que Juan se refiera al hijo que nace de la mujer con las palabras del Salmo 2:9, “los quebrantarás con vara de hierro.”

Al citar este salmo mesiánico Juan identifica a este niño varón el Mesías prometido por las profecías, es decir, Jesucristo. El cual según el Antiguo Testamento había de apacentar como soberano y dominador a Israel y a todas las naciones. Sería algo así como el lugarteniente de Jehová y trataría con dureza a quienes se sublevaran.

Aquí la mujer, recordemos, representa al pueblo elegido que en medio de grandes tribulaciones, dificultades y conflictos históricos permanentes logra dar a luz al Mesías.

Por otra parte, dice que el dragón, no pudo finalmente devorar al niño recién nacido porque “fue arrebatado para Dios y para su trono.” Vr. 5b

Sin duda que se está refiriendo a la ascensión de Cristo a los cielos, a la diestra del Padre, realidad esta, que significó la caída del dragón.

Llama la atención que Juan pasa del nacimiento de Jesucristo directamente a su ascensión, sin detenerse en su vida terrenal, y no es precisamente porque la desconozca, sino que quiere demostrar la impotencia de Satanás ante el poder omnipotente de Dios y de su hijo. También en su evangelio pasó por alto la infancia y la juventud de Jesús.

Lo que le interesa aquí es la continuación de la lucha entre el dragón y el niño, representado en sus seguidores. Debemos mencionar que a lo largo de su vida, Juan es un siervo marcado por las revelaciones de la gloria de Dios. Cómo una marca sobrenatural de su ministerio. Esto es muy importante porque marca un claro derrotero. El punto de llegada es uno solo para Juan: la gloria de Dios revelada en la persona de Cristo.

De todas maneras lo que hasta este punto del relato le interesa en sobremanera, es la continuación de la lucha entre el dragón y el niño, representado en sus seguidores. Jesús es el primogénito de muchos hermanos (Ro 8:29; Col. 1:15), que en su vida aquí en la tierra deberán identificarse con su misma suerte, dolorosa primero, gloriosa después.

Para el verdadero cristiano nunca hay dos caminos. Hay solo uno. El de su maestro. Deberíamos examinar siempre la profundidad de nuestro compromiso. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a seguir el ejemplo de nuestro señor? Y aunque nuestra respuesta sea débil, como nuestra naturaleza, una cosa es cierta, Jesucristo es el capitán que dirige los escuadrones de Dios. El no nos lleva hacia metas desconocidas. Sino por el camino que el ya vivió, recorrió y triunfó. Por eso el cristiano sabe, que aún en el peor de los casos, siempre será coronado con la victoria. Alentador, ¿verdad?

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Apocalipsis: La mujer y el dragón (23)

enero 11, 2011 by admin 17 Comments

Apocalipsis 12

La mujer y el dragón

 1 Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. un 2 Estaba embarazada y gritaba de dolor mientras ella estaba a punto de dar a luz. 3 A continuación, También apareció otra señal en el cielo: un enorme dragón rojo con siete cabezas y diez cuernos y siete coronas sobre sus cabezas. 4 Su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. El dragón se paró delante de la mujer que estaba a punto de dar a luz, por lo que podría devorar a su hijo en el momento de su nacimiento. 5 Ella dio a luz a un hijo, un hijo varón, que «va a regir a todas las naciones con un cetro de hierro. » Y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. 6 Y la mujer huyó al desierto a un lugar preparado para ella por Dios, donde podría ser atendido por 1.260 días. Nueva Versión Internacional, © 2010 (NVI)

                                                                                                                                 

Podríamos llamar con toda razón a este capítulo “el cuadro celestial del gran suceso de todos los tiempos”, ya que se trata nada menos que del relato del nacimiento del hijo varón, es decir, Jesucristo, y a su vez de la manifestación paralela y simultánea de los poderes satánicos con el propósito de destruir al Mesías.

Como vemos en el relato del apocalipsis no hay fechas precisas. A veces las figuras hablan del pasado y otras de un posible presente. No parece haber límites espacio – temporales.

Esto nos lleva a la narración de los evangelios, que nos presenta durante la vida de Cristo en la tierra una activa y frenética obsesión diabólica por destruirle. Así se refleja en cada período de su ministerio.

También observamos como Herodes intenta destruir al niñito Jesús tratando de persuadir a los magos que le revelaran el lugar de su nacimiento. Hay en el ministerio de Jesús relatos de frecuentes posesiones demoníacas y la oposición maligna que dan como resultado la crucifixión de Cristo. Claro que todo ello bajo el permiso soberano de Dios.

Así que este capítulo nos ampliará nuestra comprensión de los hechos como se daban en el mundo espiritual. Verdadero campo de batalla entre Dios y el diablo.

Notemos que hasta aquí el desarrollo de la apertura de los sellos y las trompetas ha llegado hasta el juicio final y  de la suerte del mundo.

Ahora, sin embargo, Juan vuelve al punto de partida y en una secuencia de visiones antes omitidas el escritor y protagonista apuntará a la suerte futura de la iglesia y su papel protagónico en la historia humana.

A – LAS FIGURAS Y SU POSIBLE SIGNIFICADO

a-      La mujer. Generalmente, la interpretación de que se refiere a la iglesia es la más aceptada. Como también en primer término el pueblo de Dios, Israel. Es decir, la iglesia de Reyes y Profetas del Antiguo Testamento. En el vr.1 Juan comienza diciendo que “apareció en el cielo una gran señal” la imagen de la mujer era realmente gloriosa y llena de luz, característica esta usada por los judíos para expresar la gloria de Dios. Otra versión dice: “una mujer envuelta en el sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas.”    

Todo este entorno de gloria, sin embargo, no impide el hecho, de que “clamaba con dolores de parto y las ansias de parir.” No cabe aquí detenernos sino solo de paso, para acotar que en la teología católica, los defensores del sentido mariológico ven es esta figura a la virgen María. Aunque esto para ellos, llamativamente, es una contraposición, pues el texto nos dice que gritaba con dolores de parto, y la tradición católica enseña que “la santísima virgen dio a luz a Jesús de una manera virginal y sin dolor.” Por otra parte, el Vr.17, habla “del resto de la descendencia de ella”, dando a entender los otros hijos que habría tenido, otra de las tantas evidencias bíblicas, a pesar de lo cual ellos enseñan que “María fue siempre virgen y tuvo un solo hijo Jesucristo.”

La interpretación más adecuada – volviendo entonces – seria ver en esta figura al Israel de Dios. Esto tiene bastante peso si comparamos pasajes del antiguo testamento en que Israel es representado bajo la figura de una mujer. Ver por ejemplo: Os. 2:19,20; Jer. 3:6-10 y Ezeq. 16:22.

Además también es notable que en el vr.6 Juan relata expresamente que la mujer huye al desierto donde fue alimentada. Sabemos por el libro de Éxodo que Israel huye de Egipto al desierto de Sinaí, allí es alimentado por Dios, hasta que se vuelve un pueblo fuerte, capaz de enfrentarse con sus enemigos.

Así, la mujer representa al pueblo de Dios personificado. Y nuestra pregunta es: ¿Qué pueblo es éste? ¿El del Antiguo testamento ó el nuevo Israel, es decir la iglesia de Cristo?

Antes de responder notemos que en el vr.17 Juan deja ver claramente que está hablando de la iglesia cristiana ya que presenta a la mujer como la madre “de los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.” Vr17b.

Resumiendo entonces: la mujer de nuestro texto representa en primer lugar, al Israel del antiguo testamento, del cual nace Jesucristo según la carne y en segundo lugar, representa al nuevo Israel, es decir, a la iglesia, que será el blanco de todos los ataques del dragón.

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Apocalipsis: La visión del templo de Dios en el cielo (22).

diciembre 27, 2010 by admin 8 Comments

 

Capítulo 11 (Continuación)…

Vrs 14-19. Vislumbrando los eventos por venir.

Aquí tenemos un adelanto de la victoria final de JESUCRISTO Y DE LA IGLESIA. Y esto es una dificultad por adelantado. Sin embargo haremos una descripción de los acontecimientos.

 –  Vr 15, tenemos la consumación de la victoria, mediante la cual, los reinos de este mundo pasan a ser del Señor y de su Ungido. Esta es una referencia al salmo 2:2, que habla del reinado eterno del Mesías. Por ello LOS VEINTICUATRO ANCIANOS, que representan a la totalidad de la iglesia, exclaman con voz de alabanza a través de un cántico de acción de gracias.

–  Vr 17, tenemos la asunción del poder por Dios reinando de manera efectiva. Aquí en referencia al reinado milenial. El milenio es un período de mil años de paz y prosperidad. Hay todo un proceso gradual de los acontecimientos, desde el momento que sonó la séptima trompeta, símbolo del perfecto reinado de Dios y Jesucristo.

–  Vr 18, el desarrollo continúa cuando al terminar el milenio, se produce el ataque final de todas las fuerzas hostiles a Dios. La batalla final se consumaría como se la describirá más adelante y entonces los poderes del mal serán definitivamente derrotados y su líder el mismo Satanás será arrojado al lago de fuego. En este punto todavía no han sucedido estos hechos. Es como un resumen por adelantado de lo que encontraremos más adelante.

–  Vr 19, la maravillosa visión del templo De Dios en el cielo. Recordemos que solo en el cielo conoceremos un verdadero templo de Dios. Todo lo humano es solo una sombra de la verdadera realidad en el cielo. No conocemos la verdadera presencia y gloria de Dios. Pero un día conoceré – en palabras de San Pablo – como fui conocido. En la eternidad recién CONOCEREMOS LA VERDADERA REALIDAD (1Cor. 13:12). Sin duda una proyección maravillosa de la fe para el creyente que impacientemente espera la venida de su Señor. Nuestra mente finita y mortal no puede imaginar siquiera el alto y profundo conocimiento que disfrutaremos en la gloria celestial. El término «entonces» está cargado de esperanza. Porque la victoria final de nuestro Señor es también la victoria nuestra. Una victoria plena en todo sentido. Cómo si no, podríamos explicar entonces el gran privilegio… ¡de conocer el verdadero templo de Dios en el cielo!

 

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LA RESURRECCION FINAL (Pte 6)

julio 28, 2009 by admin 37 Comments

cisne.jpg

LA RESURRECION FINAL

 

Después, Juan describe la resurrección final de todos los muertos restantes:

 

“Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos.

Y vi a los mertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron a-

biertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados

los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.

Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” Apocalipsis 20:20:11-15

 

En este relato observamos que la resurrección viene primero, y después el juicio. Este mismo principio se observa en cada etapa de la resurrección. Puesto que en sus cuerpos los hombres han cometido los actos buenos o malos, es en sus cuerpos también que tendrán que presentarse ante Dios para escuchar su juicio sobre esos actos.

 

Ya hemos visto que todos los que han confiado en Cristo para su salvación, serán resucitados antes del milenio. Esto incluirá los santos del antiguo pacto y los del nuevo pacto. Pareciera, por lo tanto, que la mayoría de los que resuciten al final del milenio, serán personas que han muerto en pecado e incredulidad.

 

En relación con esto es significativo qu Juan se refiera a los resucitados al final del milenio como “los muertos”: “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios.” Este lenguaje es diferente del que emplea para describir la resurrección de los justos muertos al principio del milenio. Respecto de éstos dice:

 

“Y vivieron y reinaron con Cristo por mil años.” (Apocalipsis 20:4).

 

Respecto de los justos resucitados, Juan dice no solo que fueron resucitados, sino tambien que “vivieron”; estaban vivos en el sentido más completo y verdadero. Por otra parte, los que Juan vio resucitar al final del milenio estaban todavía “muertos”. Aunque resucitados del sepulcro en sus cuerpos, estaban espiritualmente muertos, en delitos y pecados, alejados y excluidos de la presencia y confraternidad de Dios. Son llevados ante Dios por última vez, solo para oír su sentencia final de condenación sobre ellos.

A partir de entonces, su destino es el lago de fuego, “la muerte segunda”, el lugar de destierro final eterno, de la presencia de Dios, el lugar donde no hay esperanza ni cambio ni regreso.

 

Entre todos estos, sin embargo, la Escritura indica que habrá al menos dos categorias de personas que saldrán a la resurrección de vida y no de condenación.

Una de estas categorias incluye a gente como la reina del Sur (Sabá) y los hombres de Nínive a que alude Jesús:

 

“La reina del Sur se levantará en el juicio con los hombres de esta generación, y los condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí mas que salomón en este lugar. Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque a la predicación de Jonás se arrepintieron, y he aquí más que Jonás en este lugar.”

Lucas 11:31-32

 

En cada uno de estos ejemplos está claro que los hombres de esta generación (que rechazaron la misericordia que Jesús les ofrecía) se levantarán (resucitarán) para el juicio de condenación. Pero junto con ellos resucitarán dos grupos que recibirán misericordia en el juicio: la reina del Sur y los hombres de Nínive.

 

A diferencia de los santos del antiguo pacto, estos dos grupos no recibieron una revelación del sacrificio expiatorio de Cristo, anunciado en tipo y en profecía, en que ellos pudieran confiar para salvación. Consecuentemente no estarán incluidos en la resurrección de los que son de Cristo a su venida. Sin embargo, ellos respondieron en fe a la limitada luz que les llegó. Al final del milenio, por lo tanto, serán liberados de condenación y entrarán en la resurrección de vida.

 

¿Habrá otros de la misma categoría de la reina del Sur y los hombres de Nínive? Si así es, ¿quiénes? ¿Y cuántos? Las respuestas a estas preguntas pueden venir solamente de la omnisciencia del mismo Dios. No obstante, una cosa es cierta: los que han escuchado y rechazado el evangelio de Cristo se han excluido para siempre de la misericordia de Dios.

 

Una segunda categoría de gente que será librada de la condenación en la resurrección final serán los justos que hayan muerto durante el reino milenial de Cristo sobre la tierra.

 

Con respecto a este periodo milenial, encontramos el siguiente relato profético en Isaías:

 

“No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito.” Isaías 65:20

 

El cuadro que Isaías ofrece aquí de la vida en la tierra durante el milenio, indica que aunque el lapso de la vida humana será extendido mucho, de todas formas, tanto el justo como el pecador todavía estarán sujetos a la muerte. De esto podemos concluir que el justo que muera durante el milenio será resucitado a su final, pero que no estará sujeto al juicio de Dios sobre los injustos que resucitarán al mismo tiempo.

 

Si ahora volvemos a Apocalipsis 20, observamos lo completo y lo final que es la resurrección descrita por Juan:

 

“Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Apocalipsis 20:13

 

No habrá excepciones a esta resurrección final de los muertos restantes. Incluye a “cada uno”. Nadie es omitido. A cada dominio del universo creado por Dios se le exige con autoridad divina, que entregue a los muertos que tiene. Las tres palabras que Juan emplea en relación con esto son “el mar”, “la muerte” y “el Hades”.

 

El vocablo griego Hades corresponde al término hebreo Seol empleado en el Antiguo Testamento. El Hades o Seol es un lugar de confinamiento temporal para los espíritus de los difuntos, antes de su resurrección y juicio final. Después de la resurrección y juicio final, todos los injustos están condenados al lago de fuego. La palabra hebrea usada en el Antiguo Testamento para este lago de fuego no es Seol sino Gehena (infierno).

 

Por lo tanto hay una clara distinción entre Seol, o Hades, y Gehena, o lago de fuego. El Seol es un lugar de confinamiento temporal al que están condenados los espíritus-pero no los cuerpos-de los difuntos. El Gehena es un lugar de castigo final infinito, al que está condenada, después de la resurrección, la personalidad total de cada persona injusta: espíritu, alma y cuerpo juntos.

En Apocalipsis 20:14 se pone de manifiesto esta distinción entre Seol y Gehena:

 

“Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego”.

 

 

(Próxima entrega: “La muerte y el Hades son personas.”)

 

 

 

 

 

 

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AL FINAL DEL MILENIO (Pte 5)

julio 13, 2009 by admin 20 Comments

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AL FINAL DEL MILENIO

  Ahora examinaremos la fase final de la resurrección. Pablo indica que ésta será precedida de la resurrección de los verdaderos creyentes-”los que son de Cristo, en su venida”-y coincidirá con la consumación del reino milenial de Cristo:

“Pero cada uno a su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son decristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.” 1 Corintios 15:23-26

En el versículo 24 Pablo prosigue hasta la fase final de la resurrección. A esto se refiere él en la frase “Luego el fin”. Sigue adelante para indicar los otros sucesos importantes asociados con esta fase final de la resurrección.

Para entonces Cristo habrá completado su reino terrenal de mil años, al final del cual Dios el Padre habrá puesto a todos sus enemigos en sujeción a Cristo. El último de estos enemigos será la muerte.

  Después de esto, Cristo el Hijo, a su vez le ofrecerá su reino a Dios el Padre. De acuerdo con su posición de Hijo, voluntariamente pondrá su reino y su persona en sujeción a su Padre.

Este acontecimiento final del reino terrenal de Cristo lo describe Pablo dos versículos después:

“Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos. 1 Corintios 15:28

  Mientras estudiamos este cuadro profético del fin, observamos la perfecta armonía que exíste dentro de la Divinidad entre el Padre y el Hijo.

Primero Dios el Padre, durante el milenio, establecerá a Cristo el Hijo como su representante designado y gobernador sobre todas las cosas. Al final de este período el Padre habrá puesto a todos los enemigos de Cristo en sujeción a él; el último enemigo será la muerte. Después, Cristo el Hijo a su vez, sujetará bajo su Padre, su persona y todo lo que su Padre puso en sujeción bajo él. De este modo, dice Pablo, Dios el Padre, mediante Cristo, será “todo en todos”.

Este ofrecimiento de su reino completo que hace Cristo al Padre, representa el clímax y culminación del plan de Dios para todas las edades.

Pablo también describe esta gloriosa culminación del propósito de Dios:

“Dándonos a conocer (Dios) el misterio de su voluntad; según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.” Efesios 1:9-10

  Esto que hace Dios el Padre, de reunir todas las cosas en Cristo, traerá “la dispensación del cumplimiento de los tiempos”; es decir, el período que marcará la culminación y consumación de los planes de Dios, que han ido madurando gradualmente a lo largo de todas las edades precedentes.

  Si ahora volvemos a Apocalipsis 20, veremos exactamente la manera en que la resurrección final de todos los muertos restantes se relaciona con las otras partes del plan de Dios para la consumación del reino milenial de Cristo.

Juan describe el último intento de Satanás de oponerse a la autoridad de Dios y de Cristo, y de provocar una rebelión contra ella. Esto sucede al final del milenio:

“Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión, y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo y los consumió. Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” Apocalipsis 20:7-10

Juan usa las frases “el campamento de los santos” y “y la ciudad amada” para describir la ciudad de Jerusalén y el territorio que la rodea. Durante el milenio, Jesusalén será el centro terrenal de la administración y gobierno de Cristo sobre las naciones de la tierra.

Durante este período, Satanás permanecerá prisionero en un abismo sin fondo, pero al final le será permitido salir sólo lo suficiente para provocar esta rebelión final entre las naciones gentiles, que culminará en un intento de atacar Jerusalén.

Pero Dios intervendrá con fuego del cielo. La rebelión será totalmente derrotada. Y el mismo Satanás será echado en el lago de fuego eterno, para ser atormentado allí junto con la bestia (el Anticristo) y el falso profeta. Estos dos últimos ya habrán sido echados en el lago de fuego cuando regrese Cristo a la tierra y comience el milenio.

 

(Próxima entrega: “La resurrección final”)

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LOS TESTIGOS Y LOS MARTIRES (Pte 4)

julio 1, 2009 by admin 35 Comments

Los testigos y los mártires

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En Apocalipsis 11 leemos el relato de dos testigos de Dios durante el período de la tribulación y su martirio final por “la bestia que sube del abismo”: el Anticristo.

 

«Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres

por tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados. (…) Pe-

ro despúes de tres días y medio entró en ellos el Espíritu de vida en-

viado por Dios, y se levantaron sobresus pies (…) Y oyeron una gran

voz del cielo que les decía: Subid acá. Y subieron al cielo en una nu-

be; y sus enemigos los vieron.»                  Apocalipisis 11:9,11-12

 

La referencia deja bien claro que esta fue una resurrección en todo el sentido de la palabra. Aunque sus cuerpos no fueron enterrados, estos dos mártires habían estado muertos por tres días y medio. Entonces, a la vista de todos sus enemigos, sus cuerpos fueron resucitados, y ascendieron al cielo. Es interesante observar que su ascensión al cielo es similar a cada uno de los casos que ya hemos examinado pues ocurre en una nube.

 

Parece claro que la resurrección de los dos testigos es distinta de la de los cristianos descrita en 1 Tesalonicenses 4:16-17. No está asociada con el descenso de Cristo de los cielos, ni se menciona otro acompañamiento, como de una trompeta o la voz de un arcángel.

 

Si ahora volvemos a Apocalipsis, encontramos el relato de lo que parece ser una etapa posterior a la resurrección de los justos:

 

«Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de

juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio

de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la

bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes

ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los

otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años.

Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene

parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potes-

tad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y rei-

narán con él mil años.»                                     Apocalipisis 20:4-6

 

La resurrección descrita aquí es de los que fueron decapitados y fueron mártires de Jesús durante el período de gobierno del Anticristo. Muestra que estos santos de la tribulación han sido resucitados al final de la gran tribulación, precisamente antes del establecimiento del reino milenial de Cristo. Ellos así comparten con el mismo Cristo, y con todos los otros santos resucitados, el privilegio de gobernar y juzgar a las naciones de la tierra durante el milenio.

 

Algunos comentaristas creen que estos mártires de la tribulación están incluidos en la resurrección de los cristianos descrita en 1 Tesalonicenses 4:16-17. Otros lo ven como una etapa distinta y subsecuente en la resurrección de los justos. Hay poco que ganar haciendo de estas diferencias un punto de controversia.

 

Juan cierra el relato de la resurrección de estos mártires con las palabras:

 

«Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tie-

en parte en la primera resurrección.»                Apocalipisis 20:5-6

 

Con estas palabras Juan aparentemente indica que “la primera resurrección” está terminada. Todos los que toman parte en esta resurrección son “bienaventurados y santos”. Es decir, todos son creyentes justos. (Hasta este punto, ninguno de los injustos a sido resucitado. La segunda resurrección, es que los injustos tienen su parte, la describe Juan en la última parte de Apocalipisis 20.)

 

Si ahora combinamos las revelaciones dadas por Pablo y Juan, podemos ofrecer el siguiente sumario de la resurrección de los justos:

 

La resurrección total de los justos, desde el momento que Cristo mismo resucitó hasta la resurrección de los mártires de la tribulación precisamente antes del milenio, Juan la llama “la primera resurrección”. Todos los que tomen parte en esta resurrección son “bienaventurados y santos”; es decir, todos son creyentes justos.

 

Sin embargo, dentro de esta resurrección total de los justos, podemos discernir al menos cuatro sucesos distintos:

 

1- “Cristo, las primicias”: Cristo mismo y los santos del Antiguo Testamentos que fueron resucitados en ese momento que Cristo resucitó.

 

2- “Aquellos que son de Cristo, a su venida”: Los verdaderos cristianos que están listos para encontrarse con Cristo a su regreso, junto con los que murieron en la fe. Todos éstos juntos, arrebatados en las nubes para encontrarse con Cristo en el aire.

 

3- Los “dos testigos” del período de la tribulación, que dejan muertos pero sin enterrar durante tres días y medio, y que entonces son resucitados y ascienden al cielo en una nube.

 

4- Los que queden de los mártires de la tribulación, resucitados al final del período de la tribulación, para compartir con Cristo y otros santos el privilegio de gobernar y juzgar a las naciones de la tierra durante el milenio.

 

Tal es, en breve, el cuadro de la resurrección de los justos que se encuentra en el Nuevo Testamento.

(Próxima entrega: «Al final del milenio»)

 

 

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