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profecia

Los nueve dones del Espíritu: Discernimiento de Lenguas e Intepretación III -Conclusión- (7)

agosto 18, 2011 by admin 6 Comments

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El don de lenguas se parece al de la profecía. Si las lenguas son inspiradas por el Espíritu Santo estarán en perfecta armonía con la orientación que va llevando todo el grupo que está unido en alabanza y amor de Dios.En general, las lenguas se pronuncian en forma armoniosa, serena en armonía con el todo; y producen los frutos de la presencia del Señor: paz, alegría, recogimiento, amor etc. pero debemos sospechar cuando son lenguas angustiadas, discordantes, inoportunas, persistentes y hasta chillonas y molestas, que en realidad no traen ninguna sensación de paz ni bienhestar a nuestro espíritu, sino todo lo contrario.

Sin embargo, hemos de ver, que el don de discernimiento va más allá: dará certidumbre respecto del orígen de las lenguas. En cuanto al discernimiento de la interpretación de lenguas, discernimos no solamente el contenido de la interpretación, sino también su correspondencia o no con lo que se dijo en lenguas. Como la interpretación no pretende traducir el mensaje en lenguas, sino indicar su sentido, pueden darse más de una interpretación. Y es alli entonces, donde la madurez de quién ejerce el don, será de suma importancia para la bendición del cuerpo.

 

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Los nueve dones del Espíritu: Discernimiento de espíritus II (6)

julio 28, 2011 by admin 1 Comment

 

 

DISCERNIMIENTO DE LA PROFECÍA

Al menos podemos considerar tres: profecía verdadera, la no-profecía y profecía falsa. Estos tres tipos pueden aplicarse a las carismas de hablar en lenguas y de interpretación.

1) Profecía verdadera. Cómo principio básico, la profecía no se da aislada sino dentro de la vida espiritual de la iglesia. Y cuando todos están unidos «en un mismo espiritu», la profecía surge como un elemento de bendición y no aislado o «descolgado» de la situación que se está viviendo. La profecía verdadera edifica. Es decir, alienta, consuela, fortalece, da paz y gozo; hace sentir la presencia y la acción de Dios; lleva al arrepentimiento y a la conversión. La edificación recibida trae como respuesta un asentimiento interior que no es reacción emocional y que algunos llaman «testimonio interior.» Por ello, si una profecía no inspira, no ayuda, y al contrario, desanima o hiere, eso indica que no proviene de Dios. Porque Dios como Padre amoroso, reprende las faltas con firmeza pero con abundante amor, animando a cambiar y no dejando condenación ni desaliento.

2) No-profecía. La no-profecía ocurre cuando alguien habla, en forma de profecía, algo que en realidad no es un mensaje de parte de Dios. Y esto suele ocurrir con mucha frecuencia, lo que se dice puede ser bueno, aún podría ser un texto bíblico, pero en ese momento no es inspirado por Dios. No daña, pero tampoco edifica; parece faltarle poder, no encaja en el todo y deja una sensación de desconcierto, o peor aún, corta lo que hasta ese momento era una oración o canto armonioso y en el Espíritu. También ocurre el caso cuando a continuación de una profecía verdadera, la persona agrega sus propios pensamientos, su propia sabiduría. Llegan a modificar lo que al comienzo es auténtico. Por ejemplo, con sus propias ideas religiosas, sus emociones y problemas personales que no saben canalizar en los momentos adecuados. De allí la importancia de ser instruidos  «como miembros los unos de los otros»  para que al ejercer los dones (carismas) la meta sea edificar al Cuerpo en una actitud de negación del yo por amor al otro.

3) Profecía falsa. No se presenta con demasiada frecuencia y es relativamente fácil de discernir. Como es de suponer, siempre se presenta solapadamente, un contenido contrario a la doctrina de la iglesia. Puede estar inspirada por malos espíritus, como también de personas que sufren problemas emocionales o desórdenes en su vida moral y lo reflejan en palabras agrias, hostiles, condenatorias, presentadas en forma de profecía. A veces la raíz se encuentra en prácticas de ocultismo, o en grupos que andan en la búsqueda de experiencias de tipo espectacular o en el hecho de que en lugar de amor hay odio, envidias, desavenencias o alguna otra situación de pecado dentro del grupo.

CRITERIOS PARA JUZGAR LA PROFECÍA.

El don de discernimiento no necesita apoyos extraños; es un carisma o gracia de Dios que trae consigo su propia certidumbre. Si embargo de ser necesario, podemos buscar confirmación en diversos criterios. En cuanto a la falta de perfecta claridad, dice un escritor: «Nos es preciso aprender a vivir con las incertidumbres y ambiguedades inherentes a toda actividad espiritual en este mundo… la mayor parte de nuestras inspiraciones en esta vida son de orígen incierto y si queremos una certeza absoluta, jamás haremos nada. Sin embargo, si nuestra propia vida permanece francamente orientada hacia Dios, nuestro instinto para discernir en los otros lo que viene de El estará más desarrollado y será más seguro.» Por lo tanto, es importante destacar aquí, que todo cristiano debe depender para un juicio honesto de la profecía, de un conocimiento claro de la palabra de Dios por un lado, y de una experiencia de vida real con el Espíritu Santo por el otro. Tambien debemos notar que los criterios a seguir pueden ser objetivos y subjetivos:

CRITERIOS OBJETIVOS

Hablando siempre de la profecía verdadera:

1- Debe estar de acuerdo siempre con la enseñanza de la Biblia como Palabra de Dios aceptada por la iglesia.

2- Debe edificar la iglesia llevándola a la unidad y el crecimiento espiritual por el amor.

3- Suele presentarse con el amor y humildad del que en ese momento habla en el nombre del Señor.

CRITERIOS SUBJETIVOS

Hablando de la profecía verdadera, vemos que producen en la iglesia: paz, amor, gozo y humildad y en definitiva, ¡los frutos del Espíritu Santo! Es un mensaje a la iglesia en el contexto que se encuentra esa iglesia local. Por ello es importante el fruto que producirá en su seno. Si tenemos presente estos criterios, es facil comprender la prudencia con que deben recibirse muchas profecías. Cuando una profecía es espectacular o anuncia sucesos futuros, hay que tomarla con mucha reserva y no darle crédito si no es confirmada. Algunas iglesias han tenido experiencias lamentables debido a que tales profetas intervenían en el gobierno de las iglesias y los nombramientos en su liderazgo. En la vida personal es aconsejable no tomar decisiones a base de profecías que dígan lo que una persona o grupo debe hacer. Los profetas no están llamados a dirigir la vida de las iglesias, ni personas o grupos, mucho menos a gobernar a través de profecías o nombramientos de cargos. Como todo otro carisma, están sujetos a la autoridad de la iglesia, representadas por su consejo pastoral. Un autor experimentado advierte: «No permitas que nadie tome autoridad sobre ti diciendo: «Dice el Señor.» La decisión final es tu responsabilidad como hijo de Dios.

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Los nueve dones del Espíritu: Discernimiento de espíritus (5)

julio 16, 2011 by admin 12 Comments

 

7- DISCERNIMIENTO DE ESPÍRITUS V10

Escribe un autor lo siguiente:

«El discernimiento presupone una vida de la iglesia que está llena de poderes sobrenaturales y manifestaciones de la presencia de Dios. La misma riqueza de la actividad divina hacer surgir a la superficie las fuerzas del mal, y es también un campo para actividad religiosa desviada.

El discernimiento… es la capacidad de penetrar a través de las apariencias externas para descubrir en el fondo si el orígen de una moción es Dios, el hombre con sus impulsos naturales, o el mal.»

Tenemos aquí un concepto general de lo que es discernimiento y una clara acentuación de su necesidad. Por supuesto, que en un ambiente de indiferencia espiritual nadie se interesa en discernir el orígen divino, humano o demoníaco de las motivaciones que hacen al ejercicio de los dones espirituales en el seno de la iglesia. Pero el cristiano verdaderamente entregado a su Señor le importa mucho precaverse del engaño y percibir con gozo cuando «es el Señor.» ( S. Juan 21:7).

Por ello, San Pablo nos exhorta: «Examinadlo todo, retened lo bueno.» ( I Ts 5:21) y da criterios de discernimiento en varios de sus escritos. Por ejemplo, puede leer: I Cor 13:1,2; 12: 2,3; Gal 5:16-26 entre otros. También señala el discernimiento de espíritus, como uno de los dones (carismas) necesarios para el bien de la iglesia, (I Co 12:10). Lo mismo hace San Juan cuando expresa sus recomendaciones tales como: «…no creáis a todo espíritu… Probad los espíritus si son de Dios.» Y continúa describiendo elementos para que la iglesia discierna el espíritu del anticristo que sutilmente se disfraza para entrar en al iglesia (I Juan 4:1-3).

ALGUNAS MANERAS DE DISCERNIR

Todos nos encontramos con situaciones que tenemos que definir, conductas a seguir, o determinaciones a tomar, ya sea en lo personal o en relación con la marcha de la comunidad cristiana, es decir, la iglesia.

1- Examinar las circunstancias con la luz de la razón, con prudencia y contando con la ayuda de la gracias de Dios. Dándole por cierto, prioridad a esta última en relación con las dos primeras.

Hacemos una evaluación de las experiencias pasadas y pesamos las posibles consecuencias de una u otra posición para elegir la mejor. La confirmación de una elección acertada será el sentirnos satisfechos y en paz interior.

2- Es en la que actúan los dones del Espíritu Santo – Sabiduría, entendimiento, consejo. Estas «inspiraciones» son difíciles de distinguir respecto de las inclinaciones naturales con las cuales se suelen mezclar, porque ambas las sentimos brotar de nosotros mismos.

Pero lo llamativo, es que las inspiraciones del Espíritu están impregnadas de un amor diferente que viene de Dios. No se trata tanto de distinguir el bien y el mal, sino de conocer la voluntad de Dios dentro de varias alternativas buenas. Si tenemos un espíritu dócil, la inspiración de Dios nos impulsa de continuo como una save brisa. Su paz, su consolación, que no consiste en consuelos sensibles se hacen sentir cuando se está en el lugar que Dios quiere.

3- Esta manera consiste en el don de Dios o carisma de discernimiento de espíritus. Este carisma, se define como una iluminación divina o manifestación del Espíritu Santo, por lo que una persona conoce cuáles espíritus están motivando o impulsando determinada actuación, para proteger del engaño del engaño a la iglesia. Es como un mensaje que viene de afuera, no de la persona misma. Se forma espontáneamente y súbitamente, sin aparente ocasión natural, completo en la mente. Nada tiene que ver la iniciativa, esfuerzo, ni preparación. Es un conocimiento que lleva consigo su propia convicción. No es perspicacia, instinto sicológico o espíriritu crítico; ni tampoco se confunde co el agrado o desagrado que nos infunden las cosas. (Continúa…)

Es un medio por el cual Dios da a conocer el orígen de lo que está sucediendo en un grupo, en una reunión, en una persona, o bien, en el ejercicio de algún carisma. Todo esto para el provecho del Cuerpo de Cristo. De allí que este don lo necesitan de una manera muy particular por su tarea, los pastores.

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Los nueve dones del Espíritu: Hacer milagros y profecía (4)

junio 27, 2011 by admin 5 Comments

 

 

 

5- HACER MILAGROS. Estos milagros son las «señales» que dijo Jesús «seguirían a los que creen.» (Mr. 16:17,18). En griego quiere decir literalmente «operación poderosa o sobrenatural.» Realizado delante de la gente incrédula, son señales poderosas que quebrantan a los corazones paganos ante la evidencia del poder de Dios. Tal era el método de predicación seguido por apóstoles y Pablo mismo: «con demostración del Espíritu y de poder…» I Co. 2:4,5. Así aún hoy en dia algunos discípulos tienen «el don» de lograr lo que es imposible para otros.

6- PROFECIA. Usamos esta palabra para designar comunicaciones que se presentan como mensajes explícitos de parte del Señor. Suelen estar formuladas en primera persona, por ejemplo: «Hijos míos, no tengan temor; Yo estoy con ustedes.»

«El que profetiza habla a los hombres para EDIFICACIÓN, EXHORTACIÓN Y CONSOLACIÓN.»       I co. 14:3.

«El que profetiza EDIFICA a la iglesia.» I Co. 14: 4. 

Estas tres palabras describen de una manera muy clara los rasgos de la verdadera profecia. Si no tiene como propósito edificar, exhortar y consolar a la iglesia, ya sea de manera personal o colectiva, tal profecia no es mas que una parodia, y no debe ser tenida en cuenta. Lo que se olvida con demasiada frecuencia es que la profecia siempre se ejerce en un espíritu de amor. Y el amor no hace daño al prójimo, asi que… ¡mucho menos a la iglesia!

El clima de la profecia.

Generalmente Dios habla al grupo cuando éste se encuentra preparado para escuchar. Cuando hay un CLIMA DE COMUNIÓN en el ESPÍRITU y un silencio que es silencio de oración.

Es bueno y ayuda mucho un clima de confianza, aceptación e indulgencia para los posibles errores, ya que la persona que no tiene el hábito de hacerlo suele sentirse cohibida al principio. Por cierto, que en un ambiente de incredulidad o indiferencia nada puede suceder. Pero si somos cristianos qn quienes el Espíritu santo se mueve con libertad, habrá en el grupo una «expectativa de fe» acerca de lo que el Señor puede decirnos.

No debemos privar a la iglesia de esta gran bendición. San Pablo anima a la iglesia diciéndoles… «procurad los nodnes espirituales, pero sobre todo que profeticeis.» I Co. 14:1. Y también repite en el mismo capítulo en el v.39 «procurad profetizar…» otra versión dice: «aspirar al don de la profecia.»

¿Qué debemos decir entonces? Que junto con la desaparición de la profecía en la iglesia aparece un empobrecimiento del ejercicio de los dones espirituales en el seno de la iglesia y ésto debilita y daña al Cuerpo de Cristo. Es como cercenar las raíces de un árbol y pretender que siga verde y lleno de vigor.

El proceso de la profecía.

Como podemos ver a continuación involucra tres elementos sucesivos:

(1) La inspiración profética.

(2) La comunicación de la profecía.

(3) La recepción por los que escuchan.

Cuando la persona recibe el mensaje se dan dos aspectos sucesivos:

En primer lugar, es el hecho de sentirse movido por Dios a hablar, o sea «la unción» que recibe para capacitarlo.

Y en segundo lugar, el aspecto siguiente es la iluminación de la mente, o sea, el mensaje claramente revelado.

El impulso a hablar se experimenta de distintas maneras en las personas: inclinación, inquietud, una carga que persiste, un sentimiento fuerte de la presencia de Dios, etc. La persona debe orar preguntándole al Señor si es suyo que hable, y si recibe una paz íntima luego de esa oración, ésta es la confirmación de estar en su voluntad. No debemos olvidar que hay una persona que necesita esa palabra. A su vez esa palabra puede significar un cambio trascendente para ella.

Lo mismo sucede con la iluminación del mensaje en diversas formas: ideas, palabras o frases en la mente, palabras escuchadas o leídas (Ej. salmos, textos bíblicos, etc), frases de un sermón, visiones, o simplemente una inspiración que la persona no sabe explicar.

El contenido de la profecía

En ocasiones la persona recibe todo el mensaje, otras veces lo va recibiendo a medida que lo dice, pero siempre lo dirá como algo que no surge de ella misma. Siempre es una palabra de Dios para ese momento: edifica, ayuda a conocer la voluntad de Dios y a crecer en su servicio; consuela produciendo paz y gozo, anima a los desanimados, fortalece a los débiles; corrige y amonesta suavemente y con amor, nunca en forma áspera o hiriente. Y lo más importante es que nos enseñan y dirigen en la vida cristiana.

Cómo dar  y escuchar las profecías

No se debe adoptar un aire de «solemnidad extrema» con gestos por demas religiosos. Tampoco hablemos tan bajo que no se escuche, ni tan alto que espantemos al auditorio, ya que la profecia se desarrolla en el contexto del cuerpo que es la iglesia. Y mientras se desarrolla en orden y con buen criterio todos están siendo bendecidos.

Una verdad que debe quedar claramente establecida: la profecía no es solamente palabra de Dios – queriendo o no, la persona puede agregar mucho de su parte. Según el grado de consagración de la persona, más pura y transparente podrá ser su profecía; pero no es perfecta por eso está sujeta, en primer lugar al discernimiento pastoral y luego a la supervisión de la iglesia.

Los cristianos que escuchan la profecía tienen la fe de la iglesia y el Espíritu Santo que los capacita para «juzgar» de lo oído (1 co 14:29 y 1 Ts 5:21), en base a los efectos que produce; es un discernimiento que opera de manera espontánea e inmediata en cada oyente. Debemos cuidarnos de no tener una actitud crítica o negativa pero tampoco de aceptarlo todo con excesiva ingenuidad. Un pastor anglicano escribe al respecto: «Lo profundo responde a lo profundo y el Espíritu testifica a nuestros espíritus si la profecía de de Dios o no.»

He aquí un testimonio como ejemplo: Oír las profecías siempre me produce paz, tranquilidad. A veces han significado una respuesta muy personal para mí. La mayor parte de las profecías que he escuchado me han ayudado, me han impulsado a corregir actitudes equivocadas. Algunas veces escuchando, me he sentido molesto, he experimentado rechazo por ese mensaje. Cuando esto mismo  les ha sucedido a los demás miembros reunidos hemos pensado que se trataba de no-profecía.»

¿De que se trataba entonces? Sin duda de un espíritu equivocado, también relacionaremos este tema cuando veamos el don de discernimiento de espíritus.

Enseñanza y profecía: Diferenciación.

Generalmente, el maestro apela a la inteligencia del alumno tratando de transmitirles las verdades de la fe como él mismo las ve, ordenadas en un sistema doctrinal (o teológico). Y todo esto supone capacidad pedagógica, es decir, formación e instrucción previa. Casi todo el que enseña teologia ha experimentado momentos de inspiración, manifestando un verdadero don de enseñar.

En cambio, la profecía es recibida SIEMPRE por inspiración y sucede de manera imprevisible, por ellos no se puede hacer de la profecía un ministerio estable ni programado, pero por supuesto, puede ser ordenado.

Hay personas mas sensibles y abiertas que otras en relación a este don, a las que Dios usa más a menudo para bendecir al cuerpo. Se dice de ellas que tienen «un ministerio de profecía.»

El contenido puede asemejarse al de la predicación o enseñanza; puede ser una exhortación o instrucción para los oyentes, perol no se trata de un cuerpo de doctrina, sino de un mensaje para la ocasión presente.

Profecía y enseñanza se complementan y pueden darse ambos ministerios en la misma persona, pero es bueno distinguirlos, ya que la iglesia necesita a ambos.

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La Muerte y el Hades son personas. (Pte. final)

agosto 12, 2009 by admin 58 Comments

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¿Cuál es exactamente la verdadera naturaleza de «la Muerte y el Hades», según la revela el «Nuevo Testamento»? La famosa visión de los cuatro jinetes del «Apocalipsis» arroja luz sobre esta pregunta. Con respecto a «los cuatro jinetes» Juan dice:

 

“Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía”.

Apocalipsis 6:8

 

Es obvio que a Juan le fue revelado que la «Muerte y el Hades» eran personas. Sólo una persona puede montarse en un caballo, y sólo otra persona puede seguir a la primera. Por lo tanto, este pasaje arroja luz sobre la naturaleza de la muerte y el Hades, revelados en las Escrituras.

 

En un sentido la muerte es un estado o condición. Es la cesación de la vida, lo que ocurre al separarse el espíritu del cuerpo. No obstante, la muerte es también una persona. «Muerte» es un ángel de las tinieblas, un ministro de Satanás, que reclama el espíritu de toda persona injusta que se separa del cuerpo cuando muere.

 

Una verdad similar se aplica también al Hades. En un sentido el Hades es un lugar de confinamiento para «los espíritus» de los difuntos. Pero en otro sentido, Hades es una persona. Hades, como Muerte, es un «ángel de las tinieblas», un ministro de Satanás, que sigue a los talones de Muerte. Hades se encarga del espíritu de los injustos que han sido reclamados por Muerte y los lleva al dominio de los espiritus de los difuntos, del que recibe su nombre: o sea, Hades.

 

Así Muerte y Hades son ambos ángeles de las tinieblas, ministros del dominio infernal de Satanás. Pero la diferencia entre ellos es esta: Muerte reclama primero los espíritus de todos los que mueren en injusticia; Hades los recibe de Muerte y los lleva a su lugar designado de encarcelamiento. Por esta razón Juan los vio moviéndose entre los hombres en ese orden: primero Muerte, reclamando los espíritus de los muertos; después Hades, llevándoselos a su prisión en el mundo inferior.

 

Esta escena de Apocalipsis arroja luz sobre las palabras de Jesús:

 

De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte.

Juan 8:51

 

Jesús no habla aquí que el creyente no padecerá la muerte física. El dice que el creyente no “verá muerte”. No se está refiriendo a la condición física resultado de la separación del espíritu y el cuerpo, sino a la persona del ángel de las tinieblas cuyo nombre es Muerte, y al otro ángel de las tinieblas, su acompañante, cuyo nombre es Hades.

 

Jesús quiere decir que el espíritu del verdadero «creyente», al separarse del cuerpo, jamás caerá bajo el dominio de estos dos ángeles de las tinieblas, Muerte y Hades. Más bien, como el mendigo Lázaro, el espíritu de un verdadero creyente difunto se encontrará con los ángeles del Señor – los ángeles de luz – y ellos lo escoltarán al paraíso.

 

Con esto presente, podemos comprender también la declaración de Juan que “el último enemigo que será destruido será la muerte” (Apocalipsis 20:14).

 

En cada uno de estos pasajes la referencia primordial es a Muerte y Hades como personas, ángeles de las tinieblas, ministros de Satanás y enemigos de Dios y de la humanidad. El último de los enemigos de Dios que recibirá la sentencia que merece será Muerte. Junto con Hades será arrojada dentro del lago de fuego, para reunirse allí con su señor, Satanás, y todo el resto de sus siervos y seguidores, tanto angélicos como humanos.

 

Con este acto final de juicio, el último de los enemigos de Dios será expulsado para siempre de su presencia.

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LA RESURRECCION FINAL (Pte 6)

julio 28, 2009 by admin 37 Comments

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LA RESURRECION FINAL

 

Después, Juan describe la resurrección final de todos los muertos restantes:

 

“Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos.

Y vi a los mertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron a-

biertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados

los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.

Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” Apocalipsis 20:20:11-15

 

En este relato observamos que la resurrección viene primero, y después el juicio. Este mismo principio se observa en cada etapa de la resurrección. Puesto que en sus cuerpos los hombres han cometido los actos buenos o malos, es en sus cuerpos también que tendrán que presentarse ante Dios para escuchar su juicio sobre esos actos.

 

Ya hemos visto que todos los que han confiado en Cristo para su salvación, serán resucitados antes del milenio. Esto incluirá los santos del antiguo pacto y los del nuevo pacto. Pareciera, por lo tanto, que la mayoría de los que resuciten al final del milenio, serán personas que han muerto en pecado e incredulidad.

 

En relación con esto es significativo qu Juan se refiera a los resucitados al final del milenio como “los muertos”: “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios.” Este lenguaje es diferente del que emplea para describir la resurrección de los justos muertos al principio del milenio. Respecto de éstos dice:

 

“Y vivieron y reinaron con Cristo por mil años.” (Apocalipsis 20:4).

 

Respecto de los justos resucitados, Juan dice no solo que fueron resucitados, sino tambien que “vivieron”; estaban vivos en el sentido más completo y verdadero. Por otra parte, los que Juan vio resucitar al final del milenio estaban todavía “muertos”. Aunque resucitados del sepulcro en sus cuerpos, estaban espiritualmente muertos, en delitos y pecados, alejados y excluidos de la presencia y confraternidad de Dios. Son llevados ante Dios por última vez, solo para oír su sentencia final de condenación sobre ellos.

A partir de entonces, su destino es el lago de fuego, “la muerte segunda”, el lugar de destierro final eterno, de la presencia de Dios, el lugar donde no hay esperanza ni cambio ni regreso.

 

Entre todos estos, sin embargo, la Escritura indica que habrá al menos dos categorias de personas que saldrán a la resurrección de vida y no de condenación.

Una de estas categorias incluye a gente como la reina del Sur (Sabá) y los hombres de Nínive a que alude Jesús:

 

“La reina del Sur se levantará en el juicio con los hombres de esta generación, y los condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí mas que salomón en este lugar. Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque a la predicación de Jonás se arrepintieron, y he aquí más que Jonás en este lugar.”

Lucas 11:31-32

 

En cada uno de estos ejemplos está claro que los hombres de esta generación (que rechazaron la misericordia que Jesús les ofrecía) se levantarán (resucitarán) para el juicio de condenación. Pero junto con ellos resucitarán dos grupos que recibirán misericordia en el juicio: la reina del Sur y los hombres de Nínive.

 

A diferencia de los santos del antiguo pacto, estos dos grupos no recibieron una revelación del sacrificio expiatorio de Cristo, anunciado en tipo y en profecía, en que ellos pudieran confiar para salvación. Consecuentemente no estarán incluidos en la resurrección de los que son de Cristo a su venida. Sin embargo, ellos respondieron en fe a la limitada luz que les llegó. Al final del milenio, por lo tanto, serán liberados de condenación y entrarán en la resurrección de vida.

 

¿Habrá otros de la misma categoría de la reina del Sur y los hombres de Nínive? Si así es, ¿quiénes? ¿Y cuántos? Las respuestas a estas preguntas pueden venir solamente de la omnisciencia del mismo Dios. No obstante, una cosa es cierta: los que han escuchado y rechazado el evangelio de Cristo se han excluido para siempre de la misericordia de Dios.

 

Una segunda categoría de gente que será librada de la condenación en la resurrección final serán los justos que hayan muerto durante el reino milenial de Cristo sobre la tierra.

 

Con respecto a este periodo milenial, encontramos el siguiente relato profético en Isaías:

 

“No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito.” Isaías 65:20

 

El cuadro que Isaías ofrece aquí de la vida en la tierra durante el milenio, indica que aunque el lapso de la vida humana será extendido mucho, de todas formas, tanto el justo como el pecador todavía estarán sujetos a la muerte. De esto podemos concluir que el justo que muera durante el milenio será resucitado a su final, pero que no estará sujeto al juicio de Dios sobre los injustos que resucitarán al mismo tiempo.

 

Si ahora volvemos a Apocalipsis 20, observamos lo completo y lo final que es la resurrección descrita por Juan:

 

“Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Apocalipsis 20:13

 

No habrá excepciones a esta resurrección final de los muertos restantes. Incluye a “cada uno”. Nadie es omitido. A cada dominio del universo creado por Dios se le exige con autoridad divina, que entregue a los muertos que tiene. Las tres palabras que Juan emplea en relación con esto son “el mar”, “la muerte” y “el Hades”.

 

El vocablo griego Hades corresponde al término hebreo Seol empleado en el Antiguo Testamento. El Hades o Seol es un lugar de confinamiento temporal para los espíritus de los difuntos, antes de su resurrección y juicio final. Después de la resurrección y juicio final, todos los injustos están condenados al lago de fuego. La palabra hebrea usada en el Antiguo Testamento para este lago de fuego no es Seol sino Gehena (infierno).

 

Por lo tanto hay una clara distinción entre Seol, o Hades, y Gehena, o lago de fuego. El Seol es un lugar de confinamiento temporal al que están condenados los espíritus-pero no los cuerpos-de los difuntos. El Gehena es un lugar de castigo final infinito, al que está condenada, después de la resurrección, la personalidad total de cada persona injusta: espíritu, alma y cuerpo juntos.

En Apocalipsis 20:14 se pone de manifiesto esta distinción entre Seol y Gehena:

 

“Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego”.

 

 

(Próxima entrega: “La muerte y el Hades son personas.”)

 

 

 

 

 

 

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AL FINAL DEL MILENIO (Pte 5)

julio 13, 2009 by admin 20 Comments

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AL FINAL DEL MILENIO

  Ahora examinaremos la fase final de la resurrección. Pablo indica que ésta será precedida de la resurrección de los verdaderos creyentes-”los que son de Cristo, en su venida”-y coincidirá con la consumación del reino milenial de Cristo:

“Pero cada uno a su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son decristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.” 1 Corintios 15:23-26

En el versículo 24 Pablo prosigue hasta la fase final de la resurrección. A esto se refiere él en la frase “Luego el fin”. Sigue adelante para indicar los otros sucesos importantes asociados con esta fase final de la resurrección.

Para entonces Cristo habrá completado su reino terrenal de mil años, al final del cual Dios el Padre habrá puesto a todos sus enemigos en sujeción a Cristo. El último de estos enemigos será la muerte.

  Después de esto, Cristo el Hijo, a su vez le ofrecerá su reino a Dios el Padre. De acuerdo con su posición de Hijo, voluntariamente pondrá su reino y su persona en sujeción a su Padre.

Este acontecimiento final del reino terrenal de Cristo lo describe Pablo dos versículos después:

“Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos. 1 Corintios 15:28

  Mientras estudiamos este cuadro profético del fin, observamos la perfecta armonía que exíste dentro de la Divinidad entre el Padre y el Hijo.

Primero Dios el Padre, durante el milenio, establecerá a Cristo el Hijo como su representante designado y gobernador sobre todas las cosas. Al final de este período el Padre habrá puesto a todos los enemigos de Cristo en sujeción a él; el último enemigo será la muerte. Después, Cristo el Hijo a su vez, sujetará bajo su Padre, su persona y todo lo que su Padre puso en sujeción bajo él. De este modo, dice Pablo, Dios el Padre, mediante Cristo, será “todo en todos”.

Este ofrecimiento de su reino completo que hace Cristo al Padre, representa el clímax y culminación del plan de Dios para todas las edades.

Pablo también describe esta gloriosa culminación del propósito de Dios:

“Dándonos a conocer (Dios) el misterio de su voluntad; según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.” Efesios 1:9-10

  Esto que hace Dios el Padre, de reunir todas las cosas en Cristo, traerá “la dispensación del cumplimiento de los tiempos”; es decir, el período que marcará la culminación y consumación de los planes de Dios, que han ido madurando gradualmente a lo largo de todas las edades precedentes.

  Si ahora volvemos a Apocalipsis 20, veremos exactamente la manera en que la resurrección final de todos los muertos restantes se relaciona con las otras partes del plan de Dios para la consumación del reino milenial de Cristo.

Juan describe el último intento de Satanás de oponerse a la autoridad de Dios y de Cristo, y de provocar una rebelión contra ella. Esto sucede al final del milenio:

“Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión, y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo y los consumió. Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” Apocalipsis 20:7-10

Juan usa las frases “el campamento de los santos” y “y la ciudad amada” para describir la ciudad de Jerusalén y el territorio que la rodea. Durante el milenio, Jesusalén será el centro terrenal de la administración y gobierno de Cristo sobre las naciones de la tierra.

Durante este período, Satanás permanecerá prisionero en un abismo sin fondo, pero al final le será permitido salir sólo lo suficiente para provocar esta rebelión final entre las naciones gentiles, que culminará en un intento de atacar Jerusalén.

Pero Dios intervendrá con fuego del cielo. La rebelión será totalmente derrotada. Y el mismo Satanás será echado en el lago de fuego eterno, para ser atormentado allí junto con la bestia (el Anticristo) y el falso profeta. Estos dos últimos ya habrán sido echados en el lago de fuego cuando regrese Cristo a la tierra y comience el milenio.

 

(Próxima entrega: “La resurrección final”)

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LOS TESTIGOS Y LOS MARTIRES (Pte 4)

julio 1, 2009 by admin 35 Comments

Los testigos y los mártires

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En Apocalipsis 11 leemos el relato de dos testigos de Dios durante el período de la tribulación y su martirio final por “la bestia que sube del abismo”: el Anticristo.

 

«Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres

por tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados. (…) Pe-

ro despúes de tres días y medio entró en ellos el Espíritu de vida en-

viado por Dios, y se levantaron sobresus pies (…) Y oyeron una gran

voz del cielo que les decía: Subid acá. Y subieron al cielo en una nu-

be; y sus enemigos los vieron.»                  Apocalipisis 11:9,11-12

 

La referencia deja bien claro que esta fue una resurrección en todo el sentido de la palabra. Aunque sus cuerpos no fueron enterrados, estos dos mártires habían estado muertos por tres días y medio. Entonces, a la vista de todos sus enemigos, sus cuerpos fueron resucitados, y ascendieron al cielo. Es interesante observar que su ascensión al cielo es similar a cada uno de los casos que ya hemos examinado pues ocurre en una nube.

 

Parece claro que la resurrección de los dos testigos es distinta de la de los cristianos descrita en 1 Tesalonicenses 4:16-17. No está asociada con el descenso de Cristo de los cielos, ni se menciona otro acompañamiento, como de una trompeta o la voz de un arcángel.

 

Si ahora volvemos a Apocalipsis, encontramos el relato de lo que parece ser una etapa posterior a la resurrección de los justos:

 

«Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de

juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio

de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la

bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes

ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los

otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años.

Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene

parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potes-

tad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y rei-

narán con él mil años.»                                     Apocalipisis 20:4-6

 

La resurrección descrita aquí es de los que fueron decapitados y fueron mártires de Jesús durante el período de gobierno del Anticristo. Muestra que estos santos de la tribulación han sido resucitados al final de la gran tribulación, precisamente antes del establecimiento del reino milenial de Cristo. Ellos así comparten con el mismo Cristo, y con todos los otros santos resucitados, el privilegio de gobernar y juzgar a las naciones de la tierra durante el milenio.

 

Algunos comentaristas creen que estos mártires de la tribulación están incluidos en la resurrección de los cristianos descrita en 1 Tesalonicenses 4:16-17. Otros lo ven como una etapa distinta y subsecuente en la resurrección de los justos. Hay poco que ganar haciendo de estas diferencias un punto de controversia.

 

Juan cierra el relato de la resurrección de estos mártires con las palabras:

 

«Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tie-

en parte en la primera resurrección.»                Apocalipisis 20:5-6

 

Con estas palabras Juan aparentemente indica que “la primera resurrección” está terminada. Todos los que toman parte en esta resurrección son “bienaventurados y santos”. Es decir, todos son creyentes justos. (Hasta este punto, ninguno de los injustos a sido resucitado. La segunda resurrección, es que los injustos tienen su parte, la describe Juan en la última parte de Apocalipisis 20.)

 

Si ahora combinamos las revelaciones dadas por Pablo y Juan, podemos ofrecer el siguiente sumario de la resurrección de los justos:

 

La resurrección total de los justos, desde el momento que Cristo mismo resucitó hasta la resurrección de los mártires de la tribulación precisamente antes del milenio, Juan la llama “la primera resurrección”. Todos los que tomen parte en esta resurrección son “bienaventurados y santos”; es decir, todos son creyentes justos.

 

Sin embargo, dentro de esta resurrección total de los justos, podemos discernir al menos cuatro sucesos distintos:

 

1- “Cristo, las primicias”: Cristo mismo y los santos del Antiguo Testamentos que fueron resucitados en ese momento que Cristo resucitó.

 

2- “Aquellos que son de Cristo, a su venida”: Los verdaderos cristianos que están listos para encontrarse con Cristo a su regreso, junto con los que murieron en la fe. Todos éstos juntos, arrebatados en las nubes para encontrarse con Cristo en el aire.

 

3- Los “dos testigos” del período de la tribulación, que dejan muertos pero sin enterrar durante tres días y medio, y que entonces son resucitados y ascienden al cielo en una nube.

 

4- Los que queden de los mártires de la tribulación, resucitados al final del período de la tribulación, para compartir con Cristo y otros santos el privilegio de gobernar y juzgar a las naciones de la tierra durante el milenio.

 

Tal es, en breve, el cuadro de la resurrección de los justos que se encuentra en el Nuevo Testamento.

(Próxima entrega: «Al final del milenio»)

 

 

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EL ARREBATAMIENTO DE LOS VERDADEROS CRISTIANOS (Pte 3)

junio 14, 2009 by admin 46 Comments

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La resurrección y el arrebatamiento de los verdaderos cristianos

 

Pablo describe la resurrección de los cristianos para recibir a Cristo en su venida:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” 1 Tesalonicenses 4:13-18.

 

El propósito primordial de la enseñanza aquí es consolar a los creyentes cristianos en lo relativo a otros cristianos-parientes u otros seres queridos-que han muerto. Estos cristianos que han muerto son descritos como “los que durmieron”,o, más exactamente, “los que durmieron en él”. Esto significa los que murieron en la fe del evangelio. El mensaje de consuelo se basa en la seguridad de que éstos, y todos los otros verdaderos creyentes, resucitarán.

 

La descripción real de esta fase de la resurrección es como sigue:

Primero: se oirán tres sonidos impresionantes que la precederán. El primero será la voz de mando del mismo Señor Jesucristo, tal como él mismo predijo:

 

“Todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” Juan 5:28-29

 

Unicamente la voz de Cristo tiene poder para hacer que los muertos salgan de sus tumbas. Pero en este momento particular él llamará sólo a los muertos justos; a los que han muerto en la fe. El llamado a los muertos injustos se reservará para la última fase de la resurrección.

 

Los otros dos sonidos que se escucharán en ese momento serán la voz de un arcángel y la trompeta de Dios. El arcángel aquí mencionado será probablemente Gabriel, pues pareciera que su ministerio especial es proclamar sobre la tierra las inminentes intervenciones de Dios en los asuntos de los hombres.

 

El uso principal de la trompeta en la Biblia es para reunir al puebo de Dios en algún momento especial de crisis. El sonido de la trompeta en esta ocasión sería la señal para que todo el pueblo de Dios se juntara a él en su descenso del cielo.

 

Sobre la tierra ocurrirán dos grandes sucesos en rápida sucesión.

Primero, todos los verdaderos creyentes que han muerto en la fe resucitarán.

Segundo, todos los verdaderos creyentes que estén vivos en la tierra en ese momento, sufrirán un cambio instantáneo y sobrenatural en sus cuerpos.

Entonces ambas compañías de creyentes-los que resucitaron y los que fueron transformados en su cuerpo sin haber muerto-juntos serán arrebatados rápidamente, por el poder sobrenatural de Dios, en el aire. Allí serán recibidos en las nubes, y en esas nubes se reunirán con su Señor y unos con otros. De ahí en adelante el Señor y sus creyentes redimidos permanecerán unidos para siempre en inalterable armonía y confraternidad.

 

Hay un significado especial en dos de los términos griegos que se úsan en este pasaje. Donde dice “seremos arrebatados”, el verbo griego traducido “arrebatados” es arpazö. Este significa quitar con violencia o tomar con precipitación. En el Nuevo Testamento se usa cuatro veces para describir la forma en que la gente es arrebatada hasta el cielo.

 

Además se usa en Hechos 8:39, donde leemos que “el Espíritu del Señor arrebató a Felipe” de donde estaba con el eunuco etíope. Jesús lo usa en Juan 10:12 para describir el lobo “arrebatando” las ovejas. También lo usa en Mateo 13:19 para describir a los pájaros llevándose las semillas sembradas junto al camino. Se usa en Judas versículo 23 para describir el acto de sacar gente del fuego.

 

Tradicionalmente, los comentadores de la Biblia han traducido arpazö con el vocablo arrebatamiento como nombre y arrebatar como verbo.

Arrebatar se deriva de un verbo latino que significa precisamente lo mismo que arpazó: “quitar o tomar alguna cosas con violencia y fuerza.” En el resto de estos estudios, usaremos arrebatar en este sentido, equivalente de arpazó. El uso que hace Pablo del verbo arpazö es deliberado y tiene la intención de dar la impresión de un acto violento y rápido. En realidad, sugiere el acto particular de un ladrón. Con respecto a eso, concuerda con otras escrituras, que comparan este aspecto de la venida de Cristo con el de un ladrón:

 

“He aquí, yo vengo como ladrón.” (Apocalipsis 16:15)

 

“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.” (Mateo 24:42-43)

 

Observemos la sugerencia de violencia en la frase “no dejaría minar su casa.”

Podemos decir, por lo tanto, que la venida de Cristo por su iglesia en este punto será como la de un ladrón en los siguientes aspectos. Será súbita, inesperada, sin advertencia; culminará en un solo acto violento de arrebatamiento. Además, lo que será arrebatado será el más valioso tesoro de la tierra: los verdaderos cristianos. Sin embargo, como ya hemos dicho, la venida de Cristo será diferente que la de un ladrón en un aspecto sumamente importante: Cristo se llevará únicamente lo que ya es suyo por derecho de redención.

 

Primera de Tesalonicenses 4:17 contiene otra muy importante palabra griega. Dice que nos encontraremos con el Señor “en el aire”. El vocablo griego usado aquí es aër.

Este es uno de los dos términos griegos normalmente traducidos “aire”. El otro es aithêr. La diferencia entre los dos es que aër denota el aire más bajo, la atmósfera que está en contacto con la superficie de la tierra; aithêr denota el aire más allá de la atmósfera, a considerable distancia de la superficie de la tierra.

 

Pablo se refiere otra vez a este mismo momento de la resurrección y arrebatamiento en primera Corintios:

 

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.” (1 Cor. 15:51,52)

 

Pablo da a conocer “un misterio”; un secreto del plan de Dios para la iglesia que no ha sido revelado antes. El secreto descubierto es este: Todos los verdaderos creyentes juntos serán arrebatados a la venida del Señor, pero no todos habrán muerto y resucitado.

Aquellos que estén vivos cuando venga el Señor, no morirán, pero sus cuerpos sufrirán un cambio instantáneo y milagroso. En este cambio sus cuerpos quedarán exactamente como los de los otros creyentes que han sido resucitados de la muerte.

 

El siguiente versículo resume la naturaleza del cambio que tendrá lugar:

 

“Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.” (1 Corintios 15:53)

 

En vez de ser mortal y corruptible, el nuevo cuerpo de cada creyente será inmortal e incorruptible.

¿Constituye esta descripción de Pablo un cuadro completo de la resurrección de todos los creyentes antes del establecimiento del reino de Cristo en el milenio?

La respuesta a esta pregunta parecería ser no. Porque parecería que al menos dos etapas más de la resurrección de los justos están anotadas en el libro de Apocalipsis.

 

 

(Próxima entrega: “Los testigos y los mártires.”)

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LOS CINCO PROPOSITOS DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO (2)

junio 2, 2009 by admin 48 Comments

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Los cinco propósitos de la segunda venida de Cristo

Brevemente, podemos mencionar los cinco propósitos principales por los que Cristo vendrá otra vez:

1- Cristo vendrá por la Iglesia. Vendrá como el Novio para recibir a todos los verdaderos creyentes como su novia. Ellos se unirán con Cristo, por resurrección o por cambio instantáneo de sus cuerpos todavía vivos. Jesús prometió a sus discípulos:

Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Juan 14:3

 

2- Cristo vendrá para la salvación nacional de Israel. El remanente nacional de Israel, que ha sobrevivido los fuegos de la gran tribulación, reconocerá a Jesús como el Mesías y así se reconciliará con Dios y será restaurado a su favor y bendición. Esto se predice en la promesa de Dios a través de Isaías, citada por Pablo:

Y luego todo Israel será salvo, como está escrito:

Vendrá de Sion el Libertador,

Que apartará de Jacob la impiedad.

Y este será mi pacto con ellos,

Cuando yo quite sus pecados.

Romanos 11:26-27

 

 

3- Cristo volverá para destronar al Anticristo y al mismo Satanás:

y entonces se manifestará aquél inicuo (el Anticristo), a

quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destrui-

rá con el resplandor de su venida (parousia).

2 Tesalonicenses 2:8

 

4- Cristo vendrá para juzgar a las naciones gentiles. El mismo hizo esta predicción:

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los

santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de

gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y

apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las

ovejas de los cabritos.

Mateo 25:31-32

En los versículos que siguen, Jesús describe en detalle el procedimiento del juicio.

 

5- Cristo vendrá para el establecimiento de su reino milenial sobre la tierra. Esto está incluido en el pasaje en mateo 25 y predicho en Isaías:

Entonces la luna se abochornará, y el sol se avergonzará,

porque el Señor de los ejércitos reinará en el monte Sion

y en jerusalén, y delante de sus ancianos estará su gloria.

Isaías 24:23 (BLA)

 

También profetizado en Zacarías:

Y el Señor será rey sobre toda la tierra; aquel día el Señor

será uno, y uno Su nombre.

Zacarías 14:9 (BLA)

El tiempo en que Cristo reinará así aparece en Apocalipsis 20:4, donde se habla de los mártires del período de la tribulación:

Y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

 

(Milenio es una palabra que proviene del latín y significa “un período de mil años.”)

Así podemos resumir brevemente los cinco propósitos principales por los que Cristo vendrá:

1- Cristo vendrá por la Iglesia, para recibir para sí mismo a todos

los verdaderos cristianos.

2- Cristo vendrá para la salvación nacional de israel.

3- Cristo vendrá para derrocar al Anticristo y al mismo Satanás.

4- Cristo vendrá para juzgar a las naciones gentiles.

5- Cristo vendrá para establecer su reino milenial sobre la tierra.

 

Si bien hay un acuerdo general entre todos los creyentes en la Biblia respecto de estos propósitos principales de la segunda venida de Cristo, ha habido mucho debate y controversia en los detalles y la relación precisa de cada uno con todo el resto.

Algunas de los principales interrogantes que se han presentado son: ¿Todos estos propósitos para el regreso de Cristo se llevarán a cabo simultáneamente o habrá un tiempo intermedio entre unos y otros? Si es así, ¿en qué orden tendrán lugar? ¿Es posible que algunos coincidan con otros?

En este estudio evitaremos entrar innecesariamente en cuestiones controversiales, y nos circunscribiremos al aspecto particular del regreso de Cristo que está directamente relacionado con la resurrección de los justos.

(Próxima entrega: “La resurrección y el arrebatamiento de los verdaderos cristianos.”)

 

 

 

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