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Juan

Lo Que Grandes Hombres dijeron de Cristo (14).

septiembre 30, 2012 by admin 4 Comments

Tal ha sido el efecto impactante que la persona de Cristo ha tenido sobre la humanidad que creo nos será útil citar, aunque mas no sea solo algunos testimonios históricos de grandes personalidades.

LO QUE NAPOLEÓN DIJO DE CRISTO:

(Esto es generalmente reconocido como palabras genuinas de Napoleón; algunos dudan de su autenticidad).

«Conozco a los hombres, y te digo que Jesús no es hombre. Nos manda creer, y no da más razón que sus temibles palabras: «Yo soy Dios». Los filósofos tratan de resolver los misterios del universo son sus disertaciones vacías. Necios: son como el niño que llora por tener la luna para juguete. Cristo jamás titubea. Habla con autoridad. Su religión es un misterio pero subsiste por su fuerza propia. El persigue y exige de manera absoluta, el amor de los hombres, la cosa más difícil de conseguir en todo el mundo. Alejandro, César y Haníbal conquistaron el mundo, pero no tuvieron amigos. Yo mismo soy quizás, la única persona de mi época que ame a Alejandro, César y Haníbal. Alejandro, César y Carlomagno y yo hemos fundado imperios pero ¿sobre qué? Sobre la fuerza. Jesucristo fundósu imperio sobre el amor y en estos momentos hay millones que darían sus vidas por El. Yo mismo he inspirado a multitudes de tal manera que habrían muerto por mí; pero para ello era necesario mi presencia. Ahora que estoy en Santa Elena, ¿dónde están mis amigos? Estoy olvidado, pronto a volver a la tierra, y a ser comida de gusanos. ¡Quéabismo el que hay entre la miseria y el reino eterno de Cristo, aquel que es proclamado, amado y adorado, y cuyo reino se estáextendiendo por toda la tierra!

¿Es ésto la muerte? Te digo que la muerte de Cristo es la muerte de un dios. Te digo que Jesucristo es Dios.»

LO QUE DIJO RENÁN DE CRISTO:

«Sean cuales sean las sorpresas del futuro, aún no se ha levantado ni se levantarájamás, otro como Jesús de Nazaret.»

LO QUE DIJO JOSEFO DE CRISTO:

(Era un historiador judío, 37-100 DC – nacido y educado en Jerusalen. Fue General del ejército romano; fue capturado y después de la caída de Jerusalen fue llevado a Roma. Muchos eruditos creen auténtica esta declaración suya acerca de Jesús, pero otros creen que sea una interpolación). Es como sigue:

«Vivió por este tiempo Jesús, un hombre sabio, si en verdad se lo puede llamar hombre, pues fue hacedor de obras admirables. Era el Cristo. Pilato, a instancia de los principales de entre nosotros, le condenó a la cruz. Apareció vivo entre sus seguidores al tercer día. Los cristianos, así llamados por el nombre de El, no se han extinguido hasta este día. «

Tomada del Compendio Manual de la Biblia por H. Halley. Pág.485).

La vida de Cristo ha iluminado e inspirado a los grandes bienhechores de la humanidad. ¿Qué sería de este mundo sin la vida del hombre Cristo Jesús?

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Apocalipsis: ¿Qué haremos en el cielo? (55)

agosto 27, 2012 by admin 7 Comments

Capítulo 22

Las maravillas del cielo

“Luego el ángel me mostró un río de agua de vida, claro como el cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero, y corría por el centro de la calle principal de la ciudad. A cada lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce cosechas al año, una por mes; y las hojas del árbol son para la salud de las *naciones. Ya no habrá maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad. Sus *siervos lo adorarán; lo verán cara a cara, y llevarán su nombre en la frente. Ya no habrá noche; no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios los alumbrará. Y reinarán por los siglos de los siglos” (22:1-5).

Continúa El apóstol Juan describiendo para nosotros las maravillas del cielo. En el verso uno, nos imaginamos la gloria y la majestuosidad de ese trono eterno, donde habita la plenitud de Dios. Dice: “… del trono de Dios y del Cordero”, para que no haya duda que son la misma y única persona.

También del mismo trono desciende el río de agua viva que seguramente representa al Espíritu Santo y su obra perfecta desplegada a favor de los creyentes (Jn. 7:37-39; Ap. 7:17)en la tierra, pero que en el cielo será permanente, como todas las cosas celestiales. Así se nos presenta también en esta figura, la expresión completa de la Santísima Trinidad.

La segunda gran figura que nos describe el apóstol es el árbol de la vida. Es por cierto sorprendente la figura que tenemos delante de nuestros ojos. Nos imaginamos esta gran avenida de doble vía, pues dice que el río se sitúa en el centro de ella y a todo lo largo.

Puede ser que el árbol no sea uno solo sino varios, hasta doce conjeturan algunos autores teniendo en cuenta que están situados a “ambos lados” de la ribera del río de la vida. El uso del doce nos lleva de alguna manera hacia una expresión de acabado perfecto, que muestra la gran obra de Dios por amor a su pueblo.

Ya sabemos nosotros que Jesucristo es la vida en plenitud para los que hemos creído. Este árbol nuevamente accesible para el ser humano, representa en alguna manera todo lo que Cristo gano en el Calvario para nosotros. Pues el dijo: “Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia”.

Aunque dice que su hoja será de sanidad para las naciones. No debemos interpretarlo literalmente, ya que en el cielo no habrá enfermedad. Antes bien, representa y significa la preservación eterna de la vida de Dios en el creyente. Que significa salud física y salud espiritual en un sentido perfecto. Propio de los cuerpos glorificados. Que maravilla pensar que la vida eterna regresa al hombre en el mismo lugar donde la perdió. El paraíso restaurado o completamente nuevo, se encuentra en la misma ciudad celestial.

Y un gran acontecimiento tiene que quedar demostrado y ser declarado sin ambages. ¡Ya no habrá maldición! Recordemos que por el pecado del hombre, la tierra había sido maldecida (Gn. 3:17-19). Así, todo nos da a entender en este contexto que la recuperación del paraíso perdido, en una dimensión todavía mejor se lleva a cabo en el mismo cielo. En semejante estado de perfección espiritual no hay cabida para ninguna maldición. Lo que es perenne en el cielo es la bendición.

Detengámonos ahora, en un servicio muy especial delante del trono, y veamos a los hijos de Dios, levantar un culto al Dios verdadero, donde ofrecerán un servicio continuo de adoración el el cielo….”El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad. Sus *siervos lo adorarán;”…..(v, 3b). Bien que como Reyes y sacerdotes ese será nuestro mas grande privilegio (He. 10:2; 12;28; 13:10; 1P. 2:9).

Algunos se preocupan preguntándose: ¿Qué haremos en el cielo? O ¿cuál será nuestra tarea? Lo que podemos comprender es que habrá una continua adoración, pero también que la misma tendrá un alcance eterno que ni siquiera podemos imaginarnos, pues, sobrepasaría nuestro entendimiento humano.

Será todo nuevo y en constante descubrimiento acerca de la persona eterna de nuestro Dios. ¿Nos alcanzará la eternidad para conocer a un Dios tan grande y sublime? También estaremos continuamente sorprendidos por la cantidad de revelaciones y novedades que el tiene preparadas para nosotros.

Sin duda que el cielo no habrá tiempo para aburrirse. Allí de seguro, todas nuestras aspiraciones que no logramos en esta tierra podrán hacerse realidad en un proceso maravilloso trabajando en todos los aspectos de nuestra personalidad. Encajaremos perfectamente en el diseño eterno de Dios para nosotros. ¡Nosotros mismos seremos nuestra mayor sorpresa! Imaginemos…. nuestros cuerpos incorruptibles y sin limites de tiempo y espacio que nos detenga, y en un universo eterno. ¿Aburrimiento? ¡Creo que eso no existe en el cielo! ¡Gloria a Dios por su don inefable!

Pero este relato sigue sumando niveles de emoción:

“… lo verán cara a cara, y llevarán su nombre en la frente”. Esto es mas de lo que podemos pedir. Nos enseña aquí el Espíritu Santo que en el cielo la comunión eterna con Dios llega a su punto mas íntimo y perfecto. Sabemos que nadie podría ver a Dios directamente a su rostro y quedar vivo (Ex. 33:20), ¿pero qué si lo hacemos a través del sacrificio perfecto y redentor de Cristo? Por supuesto que no aclara aquí hasta que grado le veremos, o soportaremos. Pero si es claro que sólo por su gracia puede permitirnos ver su rostro y adorarle. Estaremos delante de El y le alabaremos.

Esta parte concluye con el verso cinco, con una declaración de la presencia de Dios en su plenitud que todo lo ilumina.

Así, como en el verso tres, vimos a los habitantes del cielo “sirviendo” como sacerdotes; aquí, ahora, los vemos reinando, es decir, como “Reyes”. Así como Cristo continuara reinando por la eternidad como “REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES”, así también sus redimidos co-reinarán con El por toda la eternidad. Ese es nuestro destino. Este nuestro mas caro anhelo. ¡Estar siempre con El! Y así, desde lo mas profundo de la eternidad nos llegan estas palabras poderosas, destruyendo a su paso las tinieblas de la noche presente:

“Ya no habrá noche; no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios los alumbrará. Y reinarán por los siglos de los siglos” (v. 5).

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Jesucristo, Su personalidad (13)

agosto 20, 2012 by admin 4 Comments

Como vimos en la entrega anterior, por toda esta grandeza contenida en un persona, nos resulta difícil comprender el misterio de la humanidad de Cristo.

Sin embargo, el saber que Jesucristo se sujetó en todo a la naturaleza humana, es para nosotros consolador. Sabemos que él puede comprendernos en cualquier etapa de nuestra vida porque él también la vivió.

Estuvo sujeto a las leyes del crecimiento (Lc. 2:52), de la obediencia (Lc. 2:51), de la limitación (Mr. 6:5-13:32), y también de la tentación (Mt. 4:1 y ss; Mr. 1:13; Lc. 4:2 y ss) aunque por supuesto sin pecado.

Como cualquier niño debió aprender a hablar, a andar, a leer y a escribir; preguntaba para saber y se asombraba de lo que no sospechaba, ya que como hombre no lo sabía todo (Lc. 9:18; Jn. 4:52; 11:34; Mt. 8:10; Lc. 7:9).

También despierta nuestra imaginación el deseo de imaginarnos cómo habrá sido el aspecto físico de Jesús.

Henry H. Halley (Pág. 475) nos dice que…

“El Nuevo Testamento no ofrece ninguna indicación del parecer físico de Jesús. La descripción legendaria más antigua data del siglo IV. Es una carta apócrifa que se atribuye a Publio Léntulo, amigo de Pilatos, y escrito al senado romano. No es auténtica. Y dice en parte como sigue:

“En este tiempo apareció un hombre dotados de grandes poderes. Se llama Jesús. Sus discípulos le llaman el hijo de Dios. Es de estatura noble y bien proporcionada, y de rostro lleno de bondad y al mismo tiempo de firmeza, de manera que quienes le contemplan le aman y le temen a la vez. Tiene el cabello de color vino, lacio y sin lustre, pero de las orejas para abajo crespo y lustroso. Su frente es llana y sin arrugas; todo su rostro sin defecto y adornado de cierta serena hermosura. Su aspecto es ingenuo y bondadoso. La nariz y la boca no tienen defecto alguno; la barba muy poblada y del mismo color del cabello; los ojos azules y muy brillantes.

Cuando censura o reprende es temible y cuando exhorta o enseña, su hablar es manso y amable.

Nadie le ha visto reír pero a menudo llora. Su estatura es alta; sus manos largas y hermosas. Habla con mesura y gravedad, y es poco dado a la locuacidad; en belleza sobrepasa a los mas de los hombres.””

Al leer los evangelios es fácil imaginarnos su persona. Como carpintero su fuerza física debe haber sido considerable y al hablar a grandes multitudes nos imaginamos su voz potente. Por el contenido de su enseñanza, lo pensamos con un perfecto dominio de sí mismo, no impulsivo en sus actos y de porte reposado, lleno de amor y hasta con cierta majestuosidad en sus movimientos. Sobre todo nos imaginamos el amor que irradiaba su rostro y la paz que transmitía en su conducta en actos tales como cuando ponía sus manos sobre los niños y los bendecía. Cuando sus discípulos estaban alterados y apurados, El era paciente para con todos y tenía tiempo para detenerse y dar misericordia.

Que Dios nos guarde de la prisa por “hacer cosas” para que no olvidemos que “el amor y la misericordia” por las personas es más importante.

Alguna leyenda dice que se lo veía llorando a menudo, pero que nunca reía. El Nuevo Testamento confirma que si lloraba, como ya mencionamos, pero en cuanto a que nunca se reía guarda silencio. Pero si deja entrever en su enseñanza una gran capacidad para el humor, lo que nos hace ver que Jesús era un hombre alegre y simpático.

Muchos creen basándose en Is. 53:2: “No hay parecer en él, ni hermosura; le veremos mas sin atractivo para que le deseemos” que en Jesús no había belleza física y que era más bien cargado de hombros y feo. Pero el contexto dice claramente que se trata del rostro de Jesús, desfigurado por los tormentos de su pasión (v. 3-5).

Si leemos con atención, su hermosura es profetizada en Sal. 45:2: “Eres el mas hermoso de los hijos de los hombres.” ¿De quién se puede decir ésto? Además, se le aplican con razón la alabanza de la esposa en Cantares 5:10 y ss: “Mi amado es blanco y sonrosado (es una grave equivocación traducir “rubio” como hacen muchas versiones) señalado entre diez mil… todo El es codiciable.”

Francisco Lacueva nos dice en relación a ésto:

“Por la atracción que ejercía sobre sus discípulos y sobre las multitudes que le seguían, no cabe duda de que había tal brillo en su mirada, un tono tan dulce y firme en su voz y una majestad tan grande en su rostro, en su andar y en todos sus gestos, que bien podemos suponer su perfecta belleza, teniendo también en cuenta que su cuerpo había sido formado por el Espíritu Santo del vientre de una virtuosa hebrea, raza que siempre ha dado bellísimas mujeres. No olvidemos el encanto que la virtud añade al atractivo físico.”

 

 

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Apocalipsis: ¿Quiénes entraran al Cielo? (54)

julio 28, 2012 by admin 7 Comments

Lo que sigue, en el verso 8, es un relato primero de advertencia, de quienes no entraran al cielo. Y luego una lista con los pecados que cierran las puertas del cielo.

Comienza Juan con los cobardes. Precisamente en ese momento la iglesia sufría la cruel persecución ordenada por el emperador Domiciano. Seguramente se refería a los que se avergonzaban a de confesar públicamente a Cristo como Señor lo que significaba de seguro una cruel muerte.

Los incrédulos en general, pero también los que hacían una declaración falsa de fe.

Los abominables, se hallan descritos en pasajes tales como: Job 15:16; Sal 14:1 y Tito 1:15,16. Especialmente abominables son los hipócrita, según puede verse en Mt 7:22,23.

Les siguen los que están involucrados en cualquier clase de inmoralidad sexual. Del griego pórnois de donde viene el término “pornografía”.

“Los que practican artes mágicas” literalmente, los hechiceros. Advirtiendo el pensamiento de que esto no sea vigente para nuestros días, es que transcribo el comentario de M.Henry en su libro Escatología II (pág. 347):

“Si vamos a la Biblia, hallamos la conexión de la hechicería con la magia, la adivinación y el espiritismo, todo lo cual era abominable a YHWH (v., por ej., Éx. 22:18; Lv. 19:26, 31; 20:6, 27; Dt. 18:11-14; 2R. 9.22; Is. 19:3; Dn. 1:1, 2; Hch. 8:9-11). En nuestros días, la hechicería primitiva sigue vigente en muchas tribus de Asia, África y América. Lo verdaderamente lamentable es el auge que el ocultismo, el espiritismo y satanismo están cobrando en nuestros días entre las gentes que se tienen por más civilizadas. Más aún ni los propios creyentes son impermeables al esoterismo, revestido de múltiples formas, algunas aparentemente suaves. Hemos de estar, pues, alertados, ya que también estos irán al infierno”.

Continúa con los idolatras, los que adoran todo tipo de imágenes de yeso o metal. Pero se refiere también a los que entronizan en su corazón sus propios dioses, como la fama, el dinero, mundanalidad etc. (Mt. 6:24; Col. 3:5).

 

Se cierra esta lista con “todos los mentirosos”. Y no solo se refiere aquí a lo que dicen mentiras, sino también a aquéllos que toda su vida es una mentira. Es decir, un estilo de vida. Y ya sabemos, quien es el mentiroso por excelencia.

Para concluir, diremos que el orden en la lista no es casual. Tiene como fin advertirnos para que estemos alertas, de que aún la mas sencilla tentación puede ser una puerta al infierno. Por ello enfatizamos el contraste, mientras que los que vencen (V, 7) ellos heredarán el cielo; éstos últimos el infierno (ver Mt. 25:34 y ss.) Lo cual es la mas tristes de las herencias.

 

Transportado en el espíritu.

“Y me transportó en en el espíritu…” (V, 9), que maravilloso es pensar cuando leemos este relato, que de esta misma forma podremos trasladarnos en la eternidad que nos espera. Una donde no habrá limitaciones. ¡Y estaremos acompañados por ángeles!

Este ángel le muestra a Juan la gloria de la nueva Jerusalén. El ángel compara la ciudad a una “novia, la esposa del cordero” para darnos a entender la hermosura que se refleja a través de la misma.

La descripción de la ciudad, les plantea generalmente a los estudiosos, el clásico problema de interpretación (Hermenéutica) que se pregunta: ¿Qué es simbólico y que no lo es en este pasaje? Juan dice “lo que vio”. ¿Vio todo solamente en símbolos? Y el lo interpretó… ¿o vio las realidades y las expresó el mismo por medio de símbolos? Podemos hacer muchas explicaciones teóricas, pero lo cierto, es que lo mas importante, es que Juan vio una ciudad, que estaba habitada por santos de todas las edades y que la presencia de Dios estará presente allí de una manera especial. Parafraseando al Apóstol Pablo, fue arrebatado hasta el tercer cielo y decía, si en el espíritu o en el cuerpo no lo sé… pero yo estuve allí y vi cosas demasiados grandes para que el ser humano pueda explicarlas. (2 Co. 12:2).

 

Por otra parte, Juan también es impactado al ver la ciudad, mas que nada por su especial iluminación que describe de la siguiente manera: “Resplandecía con la gloria de Dios…” (V, 11) Es Dios mismo que manifiesta su gloria en todo su esplendor (Is. 58:8; 60:1, 2, 19). También mas adelante en el verso 23 veremos que “La ciudad no necesita ni sol ni luna que la alumbren, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera”. Aquí late nuestro corazón deseando la venida del Señor para poder participar en semejante espectáculo que dará toda la gloria al Cordero!

Juan se ocupará luego de tratar de describir con palabras humanas, la realidad y majestuosidad de tan impactante ciudad. Comenzando con sus medidas. 

“El ángel que hablaba conmigo llevaba una caña de oro para medir la ciudad,… (V, 11), de manera que cada parte de la celestial construcción tiene una medida que proyecta, o descubre un significado, como veremos ahora.

Por años, Babilonia se había enorgullecido de ser llamada la “ciudad de oro”. Ahora el ángel le muestra a Juan la verdadera ciudad dorada en su perfecto esplendor y magnificencia. Y por cierto esta llena de un pueblo santificado por la sangre preciosa del Cordero.

Se nos dice que las medidas de la ciudad son doce mil estadios, lo que equivale a dos mil docientos kilómetros. Veamos el excelente comentario, que hace H. Halley, y que nos ayudará a imaginarla en toda su grandeza:

“El doce es la firma del pueblo de Dios: hay doce puertas, en las cuales están inscritas los nombres de las doce tribus de Israel, y doce cimientos, con el nombre de los doce apóstoles. La ciudad constituía un cubo perfecto, como lo era también su prototipo: el Lugar Santísimo en el tabernáculo. Si se colocara la misma sobre los Estados Unidos, abarcaría desde la punta más septentrional de Maine hasta el extremo más meridional de Florida, y desde la Costa Este hasta el estado de Colorado; y se extendería a lo largo de unos dos mil doscientos sesenta kilómetros hacia el cielo. Doce mil es, entonces, el símbolo del pueblo de Dios multiplicado por mil, y representa al estado completo, perfeccionado y glorioso de la creación redimida.”

Sin duda, esto nos ayuda a comprender que nada es casual, o sin sentido, en la revelación que Juan a recibido. Aún las medidas son divinas. Así también lo es la certeza del cristiano acerca de los eventos por venir. Están perfectamente establecidos en los diseños perfectos de Dios para nosotros.

Va a concluir Juan este relato (18-21) con un repaso de las piedras preciosas que alumbran con su brillo tan magnífica ciudad. Algunas de estas piedras preciosas no han podido ser debidamente reconocidas. Lo cierto, es que la belleza es tal que los cimientos brillan con los colores del arco iris. Vemos que cada puerta es una perla y todo esta conformado por los materiales mas bellos que el hombre pueda conocer. Eso crea un espectáculo glorioso mas allá de lo imaginable para cualquier hombre en sus cinco sentidos. Una visión de perfecta paz, belleza, gloria y seguridad. Solo la presencia de Dios puede ofrecer algo así. No es algo pasajero. Es la eterna felicidad para la que fuimos creados.

Contemplemos en el espíritu tal fascinante reino, y notemos que como la lumbrera del cielo es el Cordero… ¡allí no habrá noche!

Tampoco habrá necesidad de cerrar sus puertas… ¡pues allí no habrá criminales!

También esta asegurado quienes podrán entrar… ¡Los inscritos en el libro de la vida del Cordero! ¿Está tu nombre escrito en este libro?

Si no es así, no tardes en venir a sus pies. El nunca rechaza a los que se acercan buscando perdón y salvación.

¡Alabemos a Dios por una salvación tan grande!

 

 

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Jesucristo, Verdadero Hombre (12)

julio 24, 2012 by admin 6 Comments

I. C. JESUCRISTO VERDADERO HOMBRE

Hasta aquí vemos como el apóstol Juan en su evangelio nos ha pintado un cuadro maravilloso de la eternidad, en la que la divinidad de Jesucristo es puesta de manifiesto, ya sea en su eternidad pasada “con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” por boca del mismo Jesús, o también como el Logos encarnado, Dios hecho hombre.

 

Sin embargo, ni Juan ni los otros evangelistas como tampoco Pablo en sus escritos, dejan de pintarnos el cuadro de Jesucristo como verdadero hombre. Este es un hecho claramente enseñado en el Nuevo Testamento.

Los relatos de Mateo y Lucas en sus primeros capítulos nos verifican el hecho histórico de su nacimiento y presentando como su madre a la virgen María.

Y si no hay dudas que nació, menos puede haber que es un hombre.

Y como hombre era completo, poseyendo las tres partes esenciales de todo ser humano, es decir, cuerpo (Lc 24:39), alma (Mt 26:38) y espíritu (Jn 13:21).

Nació y vivió entre hombres en las mismas condiciones humanas que cualquier otro de su pueblo, sujetándose a todas las limitaciones humanas.

Se nos asegura que el creció y se desarrolló tanto en estatura como en sabiduría (Lc 2:52). Además vemos rasgos muy precisos de su humanidad en los relatos evangélicos, por ejemplo, se nos dice que tuvo hambre y sed (Mt 4:2; Jn 19:28), se cansó y tuvo que descansar (Jn 4:6; Mt 8:24).

Emocionalmente experimentó todos los rasgos sentimentales de la raza humana. Para citar algunos solamente: Jesús se enojó, amó y se entristeció (Mr 11:15-17; 10:21; Jn 12:27 y 11:35). Su sensibilidad es puesta de manifiesto cuando llega a la casa de su amigo Lázaro y se encuentra con que la muerte lo había arrebatado. Juan dice: “Y Jesús lloró.” El sintió como cualquier otro la pena de perder un ser querido. Y tal vez mucho más que eso, porque al ser El sin pecado, observaba con dolor el efecto del pecado en cada hombre. Su corazón se desangraba por una humanidad doliente y conquistada por la muerte.

También como hombre dio su vida “por amor”. Se sujetó a padecimiento y muerte, la muerte de cruz. Fue sepultado (como cualquier hombre) y resucitó por el poder de Dios la tercer día, pero no resucitó como un espíritu o un fantasma como algunos falsamente lo enseñan. Resucitó como un hombre, con un cuerpo humano glorificado. “El primogénito de entre los muertos” le llama Pablo. El primer hombre que sale airoso de la muerte. El la conquista. El es el primero. El está sentado hoy a la derecha del Padre con un cuerpo glorioso. Su cuerpo tiene forma de hombre.

El fue el primer hombre que llegó al cielo de esa manera. Así también tú y yo le seguiremos. No iremos desnudos, iremos con un cuerpo – “lo mortal se vestirá de inmortalidad” dice Pablo “y cuando ésto corruptible se haya vestido de incorrupción y ésto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria!” – 1 Co. 15:53b,54.

¿Saben cuál es la rabia que lleva el diablo desde la cruz hasta hoy? Que Dios pudiendo destruirlo con una sola palabra, lo humilló. ¿Cómo? Un hombre lo derrotó. El mismo hombre que el hizo caer en el Edén. Cristo descendiente de Eva e hijo de la virgen María lo derrotó muriendo en la cruz y resucitando al tercer día.

¿Para qué? Para que cada ser humano pueda hacer suya esta victoria.

Tu y yo somos victoriosos. Hoy el diablo ve en cada hombre y en cada mujer cristiana, la victoria de Cristo. No puede soportarlo. Si tuviera cuerpo haría crujir de odio sus dientes y arrojaría piedras contra cada cristiano, como lo hizo con Esteban, el primer mártir de la iglesia.

Pero ¿qué vio Esteban? ¿Un hombre derrotado? Todo lo contrario, el dijo: “veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios…” (Hch. 7:56). Allí en la gloria del cielo, está Cristo en victoria, y hacia allí caminamos nosotros.

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Apocalipsis: El Orden Perfecto del Cielo (53).

junio 30, 2012 by admin 2 Comments

Oí una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres *humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir.» Ap 21:3,4

En estos versículos podemos vislumbrar, aunque sea con nuestras limitaciones, lo que será en el cielo la maravillosa experiencia de nuestra íntima comunión con Dios.

“Él acampará en medio de ellos…” se refiere al tabernáculo donde la presencia de Dios estuvo siempre en medio de ellos.

Por otra parte nos hace recordar a la peregrinación de Israel por el desierto, donde Dios moraba en medio de su pueblo en el tabernáculo. A su alrededor estaban las tiendas de las doce tribus de Israel que sumaban toda una nación.

De la misma manera, el Verbo de Dios, al hacerse hombre, acampó (en gr. eskénosen, puso su tienda de campaña) entre nosotros (Jn 1:14). Ahora, sin embargo, en la mansión celestial habrá un solo tabernáculo donde el padre celestial vivirá con los suyos en una perfecta comunión.

Es maravillosa la frase “y ellos serán su pueblo.”, pues aquí se trata de la renovación del pacto de Dios con este pueblo que tanto ama y que tantas veces se ha alejado de El. Ahora, sin embargo, esta renovación es definitiva y gloriosa. El pacto ha llegado a la perfección y todas las promesas se han cumplido. ¡El pueblo de Dios ha llegado a su casa!

Ni lágrimas, ni muerte.

El vr 4, nos da a entender una verdad muy alentadora, que no habrá mas lágrimas que enjugar, pues en el orden perfecto del cielo, todo aquello que causa el dolor y tormento del alma – que es el pecado – habrá desaparecido por completo.

En este contexto celestial no existirá ya la muerte, no habrá que lamentarse, ni existirá trabajo que resulte penoso para el hombre redimido. El orden de vida actual, donde toda clase de calamidad impera y destruye lo mejor de la naturaleza humana, habrá desaparecido. A su vez la gloria de la comunión con Dios volverá con creces a manifestarse en una felicidad indescriptible por la relación personal con Dios recuperada.

El mismo Señor Jesucristo declara en la eternidad:

El que estaba sentado en el trono dijo: «¡Yo hago nuevas todas las cosas!» Y añadió: «Escribe, porque estas palabras son verdaderas y dignas de confianza.» (Vr. 5).

Si le tiene que ordenar nuevamente a Juan que escriba, es sin duda, porque el apóstol debía estar absorto contemplando la persona de Cristo y la gloria que le rodeaba. ¿Y quién podría moverse cuando El habla? El mismo continua diciendo:

También me dijo: «Ya todo está hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tenga sed le daré a beber gratuitamente de la fuente del agua de la vida. (Vr. 6).

De una manera muy determinante, el Señor da a conocer cualidades de su carácter, para que quede claro Quién es el que ha hablado, como por ejemplo:

“Yo soy el Alfa y la Omega…” expresión que también hemos visto en 1:8. Se refiere a la primera y la ultima letra del alfabeto griego, lengua en la que está escribiendo Juan. Dando a entender que El es el comienzo de todo.

“… el Principio y el Fin.” De manera que la frase es equivalente con la anterior y la completa. Dejando establecido inequívocamente, que el que comenzó la historia humana, y controló su desarrollo en los tiempos, es el mismo que la culmina. Tanto mas cuando el sentido profético de la historia tiene que ver con la salvación eterna del hombre. Donde Cristo es su causa y el centro mismo donde todo se completa.

La invitación a beber del agua de la vida es siempre vigente. El alma humana sin Dios es un desierto seco y vacío. La invitación a beber del agua viva es al que verdaderamente tiene sed, a toda persona que íntimamente se insatisfecha. A través de toda la biblia se repite esta invitación vez tras vez. ¿Y quién no la necesita? Vea Is 55:1; Jn 4:10, 13, 14; 7:37-39. ¡Jesús es el agua viva que el alma necesita para conocer la verdadera felicidad!

Al que venciere

En los versículos 7 y 8 vemos un contraste muy llamativo entre sí, porque nos muestra los destinos opuestos de los malvados y de los que aman a Dios.

Primero, vemos que encierra una gran motivación pues promete bendición para “para los que venzan”. Y es llamativo porque esta expresión ocurre en el libro unas ocho veces. Esto tiene especial sentido, pues, en un libro que narra la lucha diaria por mantenerse firme en la fe, cobra especial relevancia (ver 1Jn 5:4). Juan mismo se encuentra desterrado por el emperador en la isla de Patmos mientras escribe. Entretanto la iglesia lucha cada día entre la vida y la muerte para mantenerse fiel en un imperio diabólico e idolátrico.

Así, por dura y dramática que sea la aflicción que cause esta persecución sufrida por la fe, el creyente mira la promesa concreta para “el que venciere”. Dice que “heredará estas cosas”, refiriéndose a todas las cosas que se han dicho acerca de la fe eterna. Y que encontramos a través de las páginas de la Biblia, como señales en el camino que nos impulsan a seguir el santo llamamiento. El alcance de lo que el vencedor recibirá se da a entender por la frase siguiente:

“… y yo seré su Dios y él será mi hijo” ¡Que maravillosa promesa y que inmenso privilegio! En otras partes de las escrituras encontramos también esta idea por demás alentadora (Ex 4:22; Dt. 14:1; 2 Sam. 7:14; Ro 8:17).

 

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Jesucristo, «Dios hecho hombre» (11).

junio 26, 2012 by admin 9 Comments

De Juan 1:1-3, se desprende que:

a) JESUCRISTO ES VERDADERO DIOS.

El Verbo se hizo hombre. La misma palabra por medio de la cual Dios creó todas las cosas tomó forma humana. El texto griego original, coloca primero el predicado “Dios”, sin artículo, denotando no una persona sino la misma naturaleza divina – como si Juan hubiera presentido que existirían personajes como los “Testigos de Jehová” y otros. Así la traducción correcta sería: “ Y Dios era el Verbo.”

Cuando intentan traducir “era un dios” lo hacen de manera incorrecta, basándose en Hechos 28:6, donde la traducción sí es correcta, pero no es la misma de Juan 1:1.

En el primer caso, los que opinaban que Pablo era un dios, eran idólatras que admitían muchos dioses, no así quien afirma que el Verbo era Dios. Juan era un judío enteramente monoteísta para quien la sola idea de admitir muchos dioses era una blasfemia.

b) En Romanos 9:5, se expresa:

“de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual ES DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS, bendito por los siglos. Amén”.

Otros textos que reafirman la divinidad de Jesús: Fil. 2:6 ss; Tito 2:13; 1 Jn 5:20. Todo el capítulo 1 de Hebreos nos habla sobre la superioridad del Hijo. Juan 20:28. Como vemos, en mas de una ocasión Jesucristo es llamado Dios.

Otra prueba fehaciente son los versículos que ponen a Cristo al igual que Dios el Padre: Jn 5:18; Fil. 2:6 y los que declaran que Jesucristo recibe la adoración y el honor que solo Dios merece, por ejemplo: Juan 5:23; Hch. 7:59; Heb. 1:6; Ap. 5:12-14.

La misma enseñanza de Jesús con sus pretensiones divinas molestaba a los judíos. El manifestaba tener una relación intima y eterna con el Padre. Noten por ejemplo:

“Mi Padre ha trabajado hasta ahora, yo también trabajo.” Juan 5:17

“Yo y el Padre somos uno solo”. Juan 10:30

“Yo estoy en el Padre, y el Padre está en mí”. Juan 14:11

De ahí la indignación y la acusación de los judíos cuando decían “… se ha hecho Hijo de Dios”. (Jn 19:7).

Así que parafraseando distintos versículos concluimos que:

Conocerlo a él era conocer a Dios;

verlo a él era ver a Dios;

creer en él era creer en dios;

recibirle a él era recibir a Dios;honrarlo a él era honrar a Dios.

Nos detendremos entonces, en unas de las controversias más fuertes de Jesús con los judíos relatados en el capítulo ocho de Juan.

“En verdad les digo, que el que hace caso a lo que yo digo, nunca morirá”… esta declaración era inaceptable para sus oponentes.

“Abraham y todos los profetas murieron – le contestaron – ¿acaso tú eres más que nuestro padre Abraham?… ¿Quién crees que eres tú?”

“Abraham, el antepasado de ustedes se alegró porque iba a ver mi día,” replicó Jesús.

Los judíos se quedaron más perplejos aún – “Todavía no tienes ni 50 años, ¿y dices que viste a Abraham?” le dijeron.

Entonces Jesús les contestó con una de las pretensiones mas punzantes que jamás hiciera antes: “En verdad les digo, que desde antes que Abraham existiera, existo yo.”

Entonces tomaron piedras para arrojarle. La ley de Moisés ordenaba matar a pedradas al blasfemo, y a primera vista, uno se pregunta ¿qué fue lo que ellos interpretaron como una blasfemia en las palabras de Jesús? Por cierto que estaba de por medio su pretensión de haber vivido antes que Abraham. Esto lo dijo varias veces. El había “bajado” del cielo, “enviado” por el Padre. Pero esa pretensión era tolerablemente inocente. Debemos observar con más cuidado. Notemos que el Señor no dijo: “antes que Abraham existiera, existía yo” sino “EXÍSTO yo” (literalmente: “yo soy”). Era por la tanto, la pretensión de haber existido eternamente antes que Abraham. Pero ni aún ésto es todo. En ese “yo soy” hay algo más que una pretensión de eternidad: hay una pretensión de deidad.

YO SOY, es el nombre divino con que Jehová se reveló a Moisés desde la zarza ardiente: “Yo soy el que soy… dirás a los hijos de Israel: Yo soy me envió a vosotros” (Ex. 3:14).

Este es el título que Jesús toma para sí con toda tranquilidad. Fue por eso que los judíos tomaron piedras para vengar tal blasfemia.

Otro hecho significativo, es que posteriormente, después de su resurrección, el incrédulo Tomás se encontraba con los otros discípulos en el aposento alto. Allí Jesús le invita a meter su dedo en las llagas y su mano en el costado. Sobrecogido de temor y tal vez de espanto Tomás exclamó: “Señor mío y Dios mío” (Juan 20:28). Jesús reprendió a Tomás por su incredulidad, pero no por su adoración.

A lo largo de su ministerio Jesús tenía plena conciencia de su divinidad, la enseñó y la afirmó con sus hechos.

Es suficiente mirar su vida, para caer a sus pies en adoración como lo hiciera el mismo Tomás.

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Apocalipsis: La Gloria del Cielo (52).

junio 4, 2012 by admin 5 Comments

Capítulo 21

Cielos nuevos y tierra nueva

“Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar”. (Ap 21:1).

La revelación que Juan escribe en su libro, no tiene su punto final con el espanto y el terror de los que fueron rechazados por su incredulidad.

La conclusión del relato en todo caso, será una descripción maravillosa de la bendita felicidad de los creyentes que con valor han persistido hasta llegar al cielo.

Ya no se trata del orden social establecido en el mundo del hombre pecador. Todo lo contrario. Se trata del hogar eterno en su plenitud y en su gloria. De lo que el mismo Señor Jesucristo prometió a sus seguidores:

En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. (S. Juan 14:2).

Un pasaje muy reconfortante y que nunca nos cansaremos de leer. Cuando se trata de una de las mas hermosas promesas para la fe cristiana. ¡La gloria del cielo! Es en estas maravillosas páginas que se inspiró San Agustín para escribir una de sus obras célebres: “La ciudad de Dios”.

Se trata, por otra parte, de no olvidarnos de donde somos, y frecuentemente, levantar nuestros ojos hacia el cielo. San Pablo también nos ayuda enseñando acerca de este concepto de una fe con proyección eterna, de esta manera:

“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.

Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. (Col. 3:1-4).

La convicción de una eternidad que nos espera, nos hace personas con visión. Amamos el cielo, porque allí se encuentra nuestra verdadera morada. Con su realidad en el corazón marchamos lleno de esperanza por este mundo. Como peregrinos. Con la certeza que ninguna prueba o dificultad será suficiente para detenernos. Tal como lo describe Juan Bunyan en su libro “El progreso del peregrino” -que les recomiendo leer para vivir una experiencia verdaderamente apasionante en la fe – cristiano, el personajes principal pasa por muchas tribulaciones. Pero sabiendo el que en su corazón el cielo es su hogar, cada acontecimiento es solo permitido para llevarlo a las puertas de la gloria.

 

El mundo tal como lo conocemos nosotros había dejado de existir.

Así comienza declarando Juan en esta sección de su relato,tal como lo describe el verso 1. En otras palabras el planeta tierra ha desaparecido. Tal es lo que Juan está viendo. Por cierto, en este punto hay muchas apreciaciones diferentes. Sin embargo parece estar muy claro que la transición es definitiva. Mas aún si tenemos en cuenta lo que nos enseña también Pedro en su epístola:

Pero El Día del Señor vendrá Como un ladrón.En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada.

Notas al pie: 2 Pedro 3:10 sueros: quemada. Var. Quedara Al Descubierto.

Es notable, que al parecer, esta descripción implicará grandes cambios físicos en el universo. Además, la idea es de una destrucción violenta y total. Hay en las frases una fuerza muy ilustrativa “los cielos pasarán con grande estruendo” (VRV), lo que puede referirse a una gran explosión, tanto por agentes internos de la humanidad misma, o externos procedentes del mismo espacio donde gravita la tierra.

Dice también “los elementos ardiendo serán deshechos” (VRV), lo cual como podemos ver involucra que la tierra “y las obras que en ella hay serán quemadas.” Así que no sabemos, si los cielos nuevos y la tierra nueva se refiere a esta tierra, la cual será renovada. O, en mejor de los casos, se trata de otra totalmente distinta. Aunque personalmente, pienso que esto es lo mas acertado de afirmar. Pues, creo sin lugar a dudas que Dios hace verdaderamente las cosas nuevas. La biblia afirma que el origen de todas las cosas es espiritual. Y así, el espíritu del hombre redimido, vuelve a su casa, a su hogar celestial. Donde lo espera una dimensión acabada de perfección.

A este pensamiento, le sigue otro punto sumamente interesante. Que si luego de la segunda venida de Cristo tendremos cuerpos espirituales, incorruptibles y glorificados, esto solo tiene sentido, ante el hecho de que no estamos ya confinados a un planeta, ni a casa material ninguna.

Antes, podremos recorrer libremente las esferas ilimitadas del espacio creado y de la eternidad,siguiendo los pasos de nuestro amado Señor. Meditemos en esto. Como El, luego de la resurrección, subió al padre y regreso con un cuerpo glorificado pero muy especial en sus capacidades.

El relato del evangelio nos dice que pasó a través de las paredes, y se presento en medio de la habitación donde estaban encerrados los discípulos por temor a los judíos. Ellos se aterrorizaron pensando que era un fantasma. Para tranquilizarlos Jesús les pide algo de comer. Y delante de sus ojos se come un pescado y un panal de miel.

¿Qué clase de cuerpo es uno que sube a la eternidad, hasta el trono del Padre, y luego baja en medio del hombre mortal y participa de sus alimentos? Esto que representa un gran problemas para un científico, no es mas que una señal de gozo para el cristiano!

Solo su cuerpo resucitado y glorificado podía hacerlo. Este era el primer precedente. Un cuerpo humano transformado y glorificado por el poder de Dios. Y lo maravilloso es que la escritura afirma que el Señor Jesucristo fue el primogénito entre “muchos hermanos”. Luego le seguimos nosotros!

Si por fe podemos afirmar que “Pues, como el es, así somos nosotros en este mundo”, (1 Jn 4:17). ¡Cuanto mas en la eternidad! El cielo nuevo y la tierra nueva es una clara descripción del cielo de Dios donde habitaremos los creyentes sin limitaciones físicas ni humanas. Y transformados a su imagen.

Por otra parte, los nuevos cielos y la nueva tierra ya habían sido profetizados por Isaías (Is. 65:17; 66:22), pero la conexión no es con la eternidad, sino con el milenio. La consecuencia ha sido que esto ha producido confusión en muchos autores, ya que no lograron percatarse del doble plano que encierran dichas profecías.

Es decir, aplicaban en la misma profecía, sucesos separados históricamente entre sí por muchos siglos. Así que no debemos confundir el milenio, que es un tiempo de gobierno de Dios en la tierra, con el establecimiento eterno de los cielos nuevos y la tierra nueva, que simplemente son manifestados ante los ojos de Juan como una realidad ya existente, como hemos visto.

La nueva Jerusalén

Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido. (Ap 21:2).

Sorprende la descripción de la escena. La nueva Jerusalén es llamada aquí la ciudad santa, pues representa la morada de Dios. La visión de Juan deja bien claro que está describiendo algo que viene desde fuera de la tierra y que existía desde antes en el cielo (vea Juan 14:2; Heb 12:22-24).

Aquí, quiero transcribir un párrafo que me parece muy interesante acerca de la frase “bajando del cielo” en este verso que hace el reconocido comentarista Matthew Henry:

“La misma expresión se halla en 3:12, y esta repetición es notable, pues favorece la idea sostenida por muchos autores de que la nueva Jerusalén existía ya antes de ahora en el cielo (comp. con Jn 14:2) y se hallará, durante el Milenio, en torno a la tierra, como un satélite girando en su órbita, siendo retirada de la escena durante la destrucción de la primera tierra y el primer cielo, para descender después a la nueva tierra y posarse allí para siempre”.

Luego se destaca la frase “hermosamente vestida (o acicalada) para su prometido”, (Ap 19:7,8; Ef 5:27). Preparación esta que solo se puede alcanzar a través de la gracia (Ef 5:26,27), que justifica y santifica a la iglesia, para presentarla santa y sin mancha a su prometido.

De una u otra manera el cielo se manifestará en toda su gloria. Y cada uno de los que hemos creído seremos parte de su irrupción en el horizonte próximo de la historia humana. Historia que tiene un solo centro y un único clímax: Jesucristo! ¡Alabado sea su Nombre!

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JESUCRISTO, VERDADERO DIOS. (10).

mayo 20, 2012 by admin 10 Comments

I.B. JESUCRISTO, VERDADERO DIOS. Juan 1:1-3 

Como ustedes ven, hay demasiado para estudiar en el primer versículo de Juan. De la misma manera que la expresión “En el principio…” nos remontó a la existencia eterna de Jesucristo, ahora la frase “y el verbo de Dios” nos lleva a considerar un tema fundamental, como es la divinidad de Jesús. Primero, porque es un tema de doctrina, y segundo, porque si no podemos demostrar su divinidad el basamento de nuestra fe será demasiado superficial; especialmente en estos días en que las herejías sobre la de persona de Jesucristo se nos presentan en un envoltorio muy bien presentado.

Como cristianos debe quedarnos bien claro que a la luz de la Biblia, el Hijo, la segunda persona de la trinidad, es DIOS. Y éste es el propósito motivador de Juan cuando escribe su evangelio. Marcando una gran diferencia con los relatos de los otros evangelistas, nos comienza hablando del VERBO (en la mayoría de las versiones castellanas: LOGOS). No lo llamó ni Jesús, ni el Cristo. Porque Logos es la palabra universal, tanto para judíos como para griegos.

En este contexto nos ayudará comprender el valor que el judío le daba a la palabra. Cada palabra “era algo que tenía una existencia activa e independiente y que de hecho hacía cosas.”

El Profesor John Peterson escribe:

“Para el hebreo la palabra hablada era algo muy vivo… era una unidad de energía cargada de poder; vuela como una bala a su destino.” Y por esa razón, el hebreo era muy cuidadoso en sus palabras. El vocabulario hebreo tiene menos de 10.000 palabras, el griego tiene 200.000.

Este poder de la palabra se ha demostrado a través de la humanidad, para bien y para mal -cuando Hitler con una mente enferma y diabólica, pudo, con palabras hechas discurso convencer a un pueblo de ser superiores al resto de la humanidad.

En contraposición, en los días de la segunda guerra mundial, cuando Gran Bretaña carecía tanto de aliados como de armas, las palabras del Primer Ministro, Sir Wisnton Churchill, al hablar a todo el país por radio, hacían cosas en la gente: levantaban la moral y fortalecían el espíritu.

Se cuenta de cierta ocasión en que un grupo de viajeros visitaba el desierto asiático, un grupo de mahometanos les dieron la bienvenida. Saludaron a uno de ellos con el saludo acostumbrado: “la paz sea contigo.” En el momento, no advirtieron que era un cristiano, pero cuando descubrieron que había dicho una bendición a un infiel, se apresuraron a volver pidiendo que se las devolviera. La palabra era como una cosa que se podía enviar a hacer cosas y a la que se podía traer de vuelta.

Otro ejemplo similar en el Antiguo Testamento, tiene lugar cuando Jacob le roba la bendición a Esaú, la cual una vez pronunciada, era imposible de recuperar. (Gn 27).

Así también, vemos la palabra en una acción continua en el relato de la creación. A cada paso leemos: “Y dijo Dios…” (Gn 1:3, 6, 11). Esta palabra a través de la Biblia, es creativa, actuante y dinámica.

“Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos.” (Sal. 33:6).

“Envió su palabra y los sanó.” (Sal. 107:20).

Otras citas: Sal. 147:15; Is. 55:11; Jer. 23:29.

Así, vamos descubriendo que el término griego para palabra es logos. Pero logos no significa solamente palabra, también quiere decir, razón.

Por eso esta palabra era común tanto a griegos como a judíos; siempre que la usaban, estos dos significados estaban paralelamente entrelazados: palabra y razón.

No podemos profundizar mucho mas debido a las características básicas de este estudio. Pero ustedes también pueden notar que en el libro de proverbios “hay pasajes que resaltan un poder misterioso, creativo, vitalizador y eterno a la sabiduría.” (Sophia).

Se ve a la sabiduría personificada como un agente colaborador y eterno de Dios. Leamos por ejemplo:

 3:18 Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano, 

Y bienaventurados son los que la retienen. 

3:19 Jehová con sabiduría fundó la tierra;

Afirmó los cielos con inteligencia.

3:20 Con su ciencia los abismos fueron divididos,

Y destilan rocío los cielos. Proverbios.

Aconsejo leer con este pasaje también Prov. 4:5-13 y 8:22-30. Por cierto, quedaremos fascinados de estas expresiones de la sabiduría manifestada a través de las palabras de la boca de Dios!

Reflexionando algo mas. Así como vimos que logos significa palabra y también significa razón, llegamos a la importancia del término logos en el sentido de sabiduría.

“La sabiduría tenía esa existencia eterna, esa función de iluminadora, ese poder creador que Juan atribuía a la palabra, al verbo, al logos, con el que identificaba a Jescristo.”

 ¿Se dan cuenta entonces, de lo que sucedía cuando Dios hablaba y la palabra salía de su boca?

Esa palabra que salía de su boca, era el logos, el verbo, la sabiduría… ¡éra el mismo Señor Jesucristo!

El entendimiento del termino logos, como también su relación con todo el mensaje bíblico, es de vital importancia. Por ello nos hemos detenido en su análisis. Pues de lo contrario, corremos el riesgo de no captar en su verdadera dimensión, el concepto divino-humano de Cristo en todo su glorioso significado.

Pero, si todo esto significa el logos para el judío, ¿qué del griego, a quiénes quería llegar Juan también con su mensaje?

El uso de la palabra comenzó en la misma ciudad donde Juan escribe el evangelio, en Efeso. Había allí, un filósofo llamado Heráclito. Tal vez los que han visto algo de filosofía lo recuerdan.

Su idea fundamental, era que todo este mundo está en un estado de movimiento continuo. Todo cambia día a día y momento tras momento. Su ejemplo famoso era que resultaba imposible bañarse dos veces en el mismo río. Uno se baña, sale, se vuelve a bañar, pero el río ya no es el mismo, porque las aguas han corrido y ya no regresan.

Así se preguntaba: ¿Cómo puede tener sentido un mundo en el que todo es un flujo y un cambio constante?

Y se respondía: todo este flujo y cambio no suceden al azar, están controlados y ordenados, siguen un esquema continuo todo el tiempo; y lo que controla ese esquema es el Logos, la palabra, la razón de Dios. Este era el principio de orden por el cual seguía existiendo el universo. De la misma manera lo aplicaban al universo moral, el bien y el mal. A partir de allí el mundo griego adaptó esta palabra con fascinación.

De manera que el mundo griego conocía todo lo referente al logos. Veía en el logos el poder creador y directo de Dios, el poder que hizo el universo y lo mantiene en movimiento.

Juan, logró al escribir su evangelio, que se llegara a los griegos con un término universal que no les era extraño y le permitía presentarles a Jesucristo como el logos eterno de Dios.

Así, brevemente, el propósito es entender el contexto que movió a Juan a usar el término. Esto nos habrá preparado para pasar al siguiente tema de estudio, donde pondremos las bases bíblicas a un enunciado fundamental para la fe cristiana. Jesucristo es verdadero Dios.

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LA PRE-EXISTENCIA DE JESÚS – 2da Pte – (9)

abril 23, 2012 by admin 8 Comments

  1. A. LA PRE-EXISTENCIA DE JESÚS. Juan 1:1-3.

Al leer los relatos evangélicos inspirados por el Espíritu Santo, encontraremos una vida que es del todo completamente humana. Una persona en la que se encuentran todas las cualidades de una verdadera humanidad. Y sin embargo, hay algo que le hace diferente de aquellos que le rodean, y que lo destaca sobre los otros mortales. La Biblia lo presenta como hombre entre hombres experimentando el proceso natural de su nacimiento, vida y muerte.

Al mismo tiempo lo presenta como UNO que es del todo diferente; lleno de gracia y de poder, y cuya actividad entre los hombres refleja aquella gloria que no es humana sino divina. Es llamado EL HIJO DEL HOMBRE, pero también EL HIJO DE DIOS. ¿Cuál es entonces, la explicación?

Comencemos entonces, señalando que Juan, nos presenta la existencia eterna de Jesucristo (Juan 1:1-3). Este pasaje sublime nos recuerda a las primeras palabras del Génesis. Lo declara de una manera terminante “Dios” y “Creador”.

Esto está de acuerdo con toda la escritura que desde el Antiguo Testamento, declara su pre-existencia eterna. Por ejemplo en Miqueas: 

5:2 Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.

Estos eran vislumbres que el Espíritu Santo daba a los profetas acerca de la gloria del Mesías venidero. Cómo estas hay muchas alusiones más que sólo pueden aplicarse al eterno Hijo de Dios. Lo mismo sucede en el Nuevo Testamento.

Juan enfatiza en su evangelio, que Jesús era una personalidad existente desde la eternidad. Jesús habló “de la gloria que tuvo con el Padre antes que el mundo fuese” (Juan 17:5), y como si en algunos momentos de su vida terrena deseara volver a su hogar.

Teniendo en cuenta que el fin del evangelio de Juan era establecer la verdad de que Cristo era en realidad el hijo de Dios, veamos otras citas de la vida de Cristo, en la eternidad pasada:

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy. (Juan 8:58).

… sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba,… (Juan 13:3).

Y en la oración que Jesús hace al Padre, el mismo declara:

Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. (Juan 17:5).

Son todas afirmaciones asombrosas, más allá de la comprensión limitada de una mente finita y mortal. Eliminan las barreras del tiempo, uniendo el pasado y el futuro en un solo y eterno presente.

Encontramos mas pruebas de esta verdad sublime en los escritos de San Pablo. Se sugiere leer los siguientes textos con detenimiento: Fil 2:6; Col 1:15 y 19; 1 tim 3:16 y Heb 1:3 y 13:8.

Otra prueba importante de la existencia de Cristo, antes de su encarnación, lo hace el escritor de Hebreos cuando le atribuye las obras de la primera creación:

Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra,

Y los cielos son obra de tus manos. (Heb 1:10).

También leemos:

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.

Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; (Col 1:16,17).

Otra prueba indudable de la pre-existencia de Cristo, es su presencia en el Antiguo Testamento. Es un tema apasionante, aunque no lo trataremos por falta de tiempo. Pero no nos cabe la menor duda de que EL ÁNGEL DE JEHOVÁ, que se menciona a través de sus páginas no es otro que el mismo Señor Jesucristo. Sin duda entonces, que dejamos más que establecida en esta breve reseña la pre-existencia de Cristo.

Las siguientes citas hablan del ÁNGEL DE JEHOVÁ y ustedes tendrán la tarea de cotejarlas y hacer un pequeño trabajo. Gén 16:17; 18:1; 22:11, 12; 48:15, 16; y Ex 3:2, 14. Deberán responder sobre cada cita bíblia las siguientes preguntas: ¿Qué dice el texto sobre la persona de Jesucristo? ¿Qué atributos del Ángel de Jehová se relacionan directamente con la persona de Jesucristo? ¿Puede encontrar otros textos bíblicos en las escrituras que afirmen o den a entender en su contexto que el Ángel de Jehová es el mismo Señor Jesucristo? ¿Por qué? Luego de analizar y estudiar estos textos, ¿Qué es lo que mas le ha llamado la atención acerca de la pre-existencia de Jesús? Explique con sus propias palabras.

Esta tarea – si asi lo desea – puede enviarla por email a info@estudiosbiblicoscristianos.net donde le será devuelta con los comentarios del profesor. ¡Bendiciones!

 

 

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